- Sherlock #6 22-09-2021 05:30 (UTC)
   
 

                               “Sherlock #6”, de GDM Games

Sherlock #6

Antesala

Sherlock #6

Muchos lectores (si no todos) conocerán la actividad lúdica que causa furor en todo el planeta denominada escape room (o terminología derivada), aquella que se basa en la resolución de pruebas en una sala (o varias) para ir averiguando cómo avanzar hacia la salida antes de que el incesante cronómetro llegue a cero (clásicamente se conceden sesenta minutos aunque en la actualidad algunas experiencias superan la hora con holgura), siendo esta una síntesis un tanto superficial pero válida para la ocasión; lo que tal vez menos sepan es que existe una línea que la editorial ha patentado con tanto acierto como imaginación para trasladar dicho ocio al ámbito doméstico, resultando todo un reto tanto para principiantes como para expertos en la materia, siendo oportuno consultar el nivel atribuido para estimarlo bien con antelación.

Cada ejemplar de la colección se compone de un mazo de treinta y dos cartas, cada una de ellas con mayor o menor relevancia para la misión encomendada (la decisión de atribuir más o menos importancia a unas u otras recae enteramente en los jugadores, de uno a ocho, quienes solamente sabrán si han acertado o no en tan complicado laudo cuando consulten el relato de los sucesos); cada caja goza de su oportuna ilustración (así como la autoría y el título) en el anverso, mientras que en el reverso consta un pequeño texto temático (junto con un código que redirecciona al avance) y la dificultad (de entre un rango de tres), amén del sello de los responsables (GDM Games y Enigma Studio), el serial (tanto en barras como cifras) y una imagen digital (oséase un enlace a una pista sonora) vinculada con el sistema usado.

La partida se desarrolla por turnos individuales hasta que se jueguen todas las cartas (empezando con tres), pudiendo cada cual revelarla (colocándola sobre la mesa de modo que el resto de participantes puedan consultar la información que contiene atendiendo a que si no es trascendental resta un punto al recuento póstumo) o descartarla (situándola boca abajo en un mazo de descarte sin comentarla hasta los impases conclusivos), robando tras ello otra; cuando se agotan se procede a la revisión global para conjeturar unánimemente una hipótesis que explique los hechos (en dicha fase se puede hablar libremente de todo cuanto se recuerde), abriendo tras ello el cuestionario y respondiendo a las diez preguntas (cada una suma dos) en él formuladas para, después, comprobarlas con las del folleto oficial.

Así pues, la mecánica es sencilla y partiendo de una carta inicial se deben seguir las citadas reglas (para conservar e incluso incrementar el secretismo al que se apela es menester no detallar nada más al respecto) para desgranar pistas, exponer teorías y deducir hechos con el objetivo de resolver el misterio planteado (lo cual conllevará una duración aproximada de una hora), midiendo la audacia alcanzada por los participantes en comparación con la puntuación de referencia (Sherlock Holmes, Mycroft Holmes, Irene Adler, John Watson e Inspector Lestrade en orden estrictamente descendente de éxito); conviene advertir que cada caso es único e irrepetible ya que la historia no variará lo más mínimo, por lo que la rejugabilidad es nula en ese sentido práctico aunque observar a otros proceder es toda una gozada.

Sherlock #6

Asesinato en el Sind Mail

Sherlock #6

La sinopsis (debidamente modificada para no desvelar toda la intríngulis prematuramente) empieza “un hombre se acerca al compartimento llamando a la puerta con los nudillos”, continúa “la voz del interior aún es débil pero se comienza a entender a medida que se altera” y concluye “traigan a un médico”; así pues, el inicio de la partida se antoja un tanto confuso, aunque el devenir de la misma esclarece (casi) todas las dudas que uno albergue si se adopta una postura paciente e imaginativa, pues en ambas virtudes residirá la clave para descifrar una intríngulis mucho más compleja (o puede que no tanto para ya curtidos en la materia que la capten rápidamente) de lo que aparenta hasta bien avanzada la historia e incluso cuando ya se ha concluido formalmente, y es que la satisfacción que suscita es enorme.

La decisión de brindar cuantiosa información textual en detrimento de visual (nada menos que veintiuna cartas frente a once incluyendo una inaugural prácticamente idéntica a otra) no agradará a quienes valoren la espectacularidad inmediata, aunque a la postre se presume la mejor forma de presentar un caso digno, como expresamente se indica en cierto momento del mismo, de cualquier entrega del célebre agente secreto James Bond (de hecho las similitudes con alguna de sus peripecias son evidentes obviando una puesta en escena claramente basada en la clásica obra Asesinato en el Orient Express de Agatha Christie); la recomendación esencial sería recomponer los hechos cronológicamente para tratar de resolver el misterioso crimen acaecido en un tren plagado de curiosos personajes con desigual participación.

La narración respeta una escrupulosa coherencia (en ocasiones se abusa de banales subtemáticas sin otro cometido que el de desestabilizar a los intrépidos detectives para provocar sus deslices) más que plausible, pues amén de determinado suceso viperino que extravía de la senda correcta y cierta acción criminóloga que no termina de ser creíble por la facilidad con la que se perpetra el resto de ocurrencias obedecen a una lógica totalmente asumible; la compartición de tesis e informaciones previamente fundamentadas en criterios objetivos es, cómo no, la base del éxito conjunto (que nadie olvide que se trata de una experiencia grupal en la que todos ganan o pierden de poder tildarse así el desenlace que se obtenga) y la esencia de toda una superproducción cinéfila reconvertida en juego de mesa.

En cuanto a la resolución, no cabe duda que contestar con acierto la mayoría de las preguntas planteadas no es precisamente sencillo (cabe recordar que la dificultad otorgada es la máxima), pues entre las muchas hipótesis que se barajarán hay una que cobra especial sentido pero, a la postre, es errónea (se hace mención a dicha conjetura porque con certeza se planteará como definitiva por parte del respetable mundano), así que el resultado final seguramente no se corresponderá con el esperado; no obstante, la puntuación es meramente anecdótica (lo importante es disfrutar de una velada intercambiando opiniones en una distendida reunión entre familiares o amigos), conviniendo deleitarse con el formidable guión que los responsables han urdido en la concisa e interesante lectura póstuma.

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Ensayos fabianos

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La sinopsis (debidamente modificada para no desvelar toda la intríngulis prematuramente) empieza “un reputado abogado que lucha contra la desigualdad ha fallecido en misteriosas circunstancias”, continúa “su viuda ha contactado con el espíritu de su esposo durante una sesión de espiritismo con una famosa médium que asegura saber quién es el asesino de su marido” y concluye “mientras tanto los empresarios se oponen con gran vehemencia a la idea de compartir sus beneficios argumentando que les perjudicaría tanto a ellos como a la sociedad británica en general”; así pues, resta evidente desde incluso antes de iniciar la partida cuál es el tema central sobre el que pivota la misma, albergando multitud de sorpresas que merecen la pena ser descubiertas personalmente a medida que se avanza en ella.

La carta número quince, sin desmerecer al resto (aunque para hacer honor a la verdad la inmensa mayoría son mucho más simples en cuanto a laboriosidad visual se refiere), es una auténtica obra de arte en sí misma que merecería exponerse en cualquier colección privada (las reminiscencias a populares cuadros de la época en la que supuestamente se sitúa la historia son obvias e inmediatas), no mencionándose nada sobre ella por razones obvias; en conjunto, el mazo no resulta tan espectacular como otros, primando la tipología declarativa (se contabilizan nada menos que trece mientras que reveladoras hay cuatro, referenciales siete e ilustrativas ocho, de estas últimas una mitad de orientación horizontal y la otra vertical) para ensalzar un guión magistralmente hilado para no dejar cabos sueltos.

La narración es algo confusa (en especial en cuanto a una publicación concreta se refiere que induce a fatales equívocos al plantearse un tanto difusa desde una vertiente espaciotemporal) de no adoptar una postura limítrofe con una visión puramente panorámica de la misma mediante la compartición de tesis e informaciones previamente fundamentadas en criterios objetivos, presumiéndose el telón de fondo (des)dibujado de gran impacto emocional (cómo no al aludirse un delicado contexto político social como el que ocupa) pese a desaprovecharse el aura mística que se deja entrever gozará de gran relevancia (nada más lejos de realidad); recomendar analizar con detenimiento cada detalle es lo más sensato, aunque de las tres propuestas que conforman la presente hornada es la más imperfecta.

Resolver el caso contestando correctamente un elevado tanto por ciento de las preguntas planteadas no es quimérico (desde el uso de cierto desinfectante hasta la credibilidad de determinada profesional la intuición popular no lleva a equívocos), mas sí lo es acertar con la conjetura de cada suceso acaecido, antojándose una misión prácticamente imposible al acumularse (o descartarse) naipes inadecuados, lo cual repercute negativamente en el resultado final; a tal efecto, es poco (o nada) recomendable reunirse más de tres personas, pues el proceso rudimentario se puede eternizar (la cooperación es clave al ganar o perder como equipo y algún integrante muy posiblemente divagará durante más tiempo del deseable) y, lo que es peor, dilapidar la fluidez que tanto reclama la ocasión para disfrutarse.

Sherlock #6

La copia

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La sinopsis (debidamente modificada para no desvelar toda la intríngulis prematuramente) empieza “los asistentes llegan a la sala de subastas tomando asiento entre murmullos”, continúa “dos hombres acceden al escenario descargando un cuadro grueso apoyando su base contra el suelo” y concluye “la tensión se apodera de la sala mientras el tasador observa el cuadro exclamando que la pieza es una falsificación”; así pues, la vuelta de tuerca de la serie (como todo el mundo sabrá ya clásicamente gira en torno a un asesinato) se hace latente desde la propia premisa, con un fraude que guarda más de un secreto tan oculto que costará conseguir que vea la luz (en último término corresponde a los intrépidos investigadores hacerlo con sus perspicaces dotes detectivescas) hasta al más curtido en la materia.

El mazo que ocupa destaca (entre otras cosas) por sus geniales ilustraciones (hasta siete en todo su esplendor más dos parciales), ricas en matices visuales (la vertiente escritural la copan las otras veintitrés) para beneplácito del público alabador de dichas técnicas expresionistas (tan respetable como tener un criterio completamente opuesto y ensalzar la parte argumental que, por cierto, en este caso sorprende gratamente con alusiones explícitas a edificios emblemáticos como determinado hospital); no obstante, valga aclarar que la posición de un elemento (concretamente de un lápiz) impide una lectura lo suficientemente plácida como para no suscitar molestias, aumentando por el contrario la sensación de correspondencia e inmersión en una trama digna de disfrutarse varias veces pese a conocerla de antemano.

La narración presenta una ingente cantidad de personajes (actores, encargados, jefes, marchantes, propietarios, subastadores, tasadores...), lo cual se traduce en una continua aportación de hechos actitudinales que precisan de gran atención e inquisición, pues de lo contrario será imposible discernir lo que realmente goza de relevancia (aunque cabe señalar que casi todo la tiene y la clave está en ir hilándolas); como dato meramente curioso (se tildará de tal al no atisbar el por qué), en la misma se observan mayúsculas sin sentido entre frases, un descuido (o tal vez algo premeditado ocultado públicamente) que ciertamente generar confusión, y es que concentrarse ya es de por sí es especialmente complicado entre tantas pesquisas (por no sentenciar evidencias) aparentemente esenciales.

La resolución será muy dispar incluso en el mismo grupo (de optar por anotar las respuestas de cada integrante por separado) debido a que la aproximación al mundo en el que se circunscribe el trabajo es tan genial como complejo, con una dificultad indicada en la caja que posiblemente difiera de la percibida (más de uno la considerará demasiado baja) al decidirse respetar escrupulosamente la temática (hasta el punto de plasmarse una discriminación en cuanto a procedencia artística se refiere que, aunque justificada, despertará más de un debate entre los asistentes a la velada); por todo lo expuesto (y otros pormenores obviados para no eternizar la crónica), se puede afirmar sin temor a equivocarse que la nueva oleada saciará a cualquiera, superando las expectativas incluso de los más habituales.

Sherlock #6

Daniel Espinosa, a fecha 26 de febrero del 2021

 
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