- The Horror Country (1) 21-05-2026 06:51 (UTC)
   
 

 “The Horror Country (1)”, de Manuel Carballal y Salvador Larroca



La sinopsis oficial versa “la agencia de detectives THC es de las más prestigiosas del mundo resolviendo asesinatos desde su lujosa base de operaciones hasta que se topan con los ovnis... siguiendo el caso del asesinato de una espía española años atrás el equipo se encontrará en medio de una conspiración con tintes alienígenas que les llevará a recorrer todo el mundo”, modificándose ligeramente para evitar repeticiones conceptuales en aras de mantener la rigurosidad imperante en los párrafos que conforman el artículo que ocupa; se trata del fantástico primer volumen (encuadernado a tapa dura a todo color) de lo que promete ser una longeva franquicia (justificado estaría atendiendo a las enormes posibilidades del universo creado), recomendado de antemano encarecidamente su adquisición (los cincuenta ajustados euros de desembolso están plenamente amortizados) por los motivos que se expondrán (a los que por supuesto cabría agregar centenares más según el criterio propio de cada sujeto).



Tras la apoteósica portada (en la que aparecen los principales protagonistas para ir asimilando el carácter que cobra la ocasión) se halla un mapamundi (Nova Totius Terrarum Sive Novi Orbis Tabula) con la clásica marca de café sirve de elemento inversivo (la marca de taza de café en el margen superior simulando un empleo asiduo del mismo lo formaliza), continuando los menesteres técnicos de rigor (así como agradecimientos expresos); después del extenso índice (desglosando cada segmento) se facilitan unas cartas de los artífices con anécdotas limítrofes con confesiones (ejercen Salvador Larroca de dibujante, el Manuel Carballal de coguionista junto al anterior y Elena Merino de supervisora debiendo añadir a la dupla Angelina Kolarova - Claudia Larroca en su labor de diseño y maquetación), una tripartita declaración de intenciones en toda regla que culmina con síntesis testimoniales de archiconocidas figuras (nada menos que Arturo Pérez-Reverte, Chema Alonso, Javier Sierra, Antonio Caravaca o Rodrigo Cortés entre ellas).



A partir de entonces comienza la numeración (hasta la trescientos nueve además de consejos póstumos para consumir tanto al podcast Elena en el país de los horrores que es el inaugural tipo true crime en español como la meritoria bibliografía de  con una treintena de títulos publicados) de las épicas páginas (cómo tildar sino al tremendo gramaje que tienen amén del lujoso acabado destilando una calidad secundada por el contenido), resultando una novela gráfica (por catalogarla comúnmente aunque abarca mucho más) que vale su peso en oro (expresión popular que podría sentenciarse literal aquí puesto que sin precisar con exactitud supera el quilo); conviene destacar la independencia de la misma circunscrita en el universo THC (acrónimo de The Horror Country) promocionada por Shadowlands al no tener nada tiene que envidiar a similares fabricados con sumas presupuestarias que multiplican la del presente, siendo adictiva e interesante por igual (como bien restará ejemplificado en esta reseña).



Un resumen (ultrasintético para conservar el factor sorpresa) de la historia sería que Prólogo recoge un inquietante avistamiento del cielo, Capítulo (en adelante C. para abreviar) 00 una presuntuosa publicidad servicial, C.01 un oscuro misterio de metafísica, C.02 una ferviente reunión de profesionales, C.03 una revolucionaria aplicación de tecnología, C.04 un vertiginoso repaso de plan, C.05 una forzosa petición de favor, C.06 una deliberada velo de pesquisas, C.07 un provechoso viaje de negocios, C.08 una aérea recopilación de tesituras, C.09 una rocambolesca cita de improvisación, C.10 una extraña autopsia de evaluación, C.11 un violento ejercicio de redención, C.12 un laureado proceso de regresión, C.13 una curiosa convención de eruditos, C.14 un anómalo incidente de espejismo, C.15 un picajoso experto de manifestaciones, C.16 una frenética táctica de asalto, C.17 un incautado material de valor, C.18 un vasto paisaje de hielo, C.19 una inesperada devolución de escritos, C.20 un vil sistema de cifrado...



...C.21 una suculenta entrevista de entendimiento, Anexo una furtiva serie de aclaraciones, Glosario una larga retahíla de terminología, Epílogo un dilatado estudio de dogmas y Extra (se suprime la nomenclatura explícita por cortesía) una desternillante alternativa de perspectiva, siendo tal vez una misión inútil e injusta pero sin duda necesaria sobre todo para clarificar cuán variopintos asuntos aguardan a ser descubiertos por el público; el abanico de escenarios (baños de cobijo, bares de paso, bases del ejército, clínicas de salud, clubs de carretera, despachos de prácticas, edificios de empresas, estaciones de tren, galerías de tiro, gimnasios de contacto, hospitales de urgencia, locales de striptease, montañas de leyenda, moradas de tapadera, navíos de salto, observatorios de disertación, refugios de calma, restaurantes de comida, salas de fe, sedes de cónclave, templos de chamanismo, transportes de aire, trincheras de rebate...) formaliza tremenda osadía ejecutora, siendo loable (quimera tornada eficiencia).



Las ubicaciones (Antárctica, Baltimore, La Habana, Langley, Malmstrom, Manassas, Montserrat, New York, San Francisco, Washington DC, Williams...) enamoran, desarrollando las distintas caracterizaciones (agentes, almirantes, asesores, astrónomos, aviadores, bailarinas, bandidos, biológos, brujas, camareras, campesinos, captores, cibermagos, confidentes, coroneles, cónsules, consultores, curas, diputados, doctores, ejecutivos, entrenadores, estafadores, farmacéuticos, funcionarios, hackers, heladeros, ingenieros, inventores, maestras, mafiosos, marines, matemáticos, mayordomas, médicos, militares, paracaidistas, periodistas, peritos, pilotos, policías, políticos, porteros, presidentes, químicos, reporteros, sacerdotes, sicarios, skaters, terroristas...); en ellas se valen de un amplio arsenal (bombas, cuchillos, cuerpos, láseres, misiles, piedras, pistolas, proyectiles, revólveres, rifles, subfusiles...) para consumar los dispares cometidos preasignados, para nada pocos (todo lo contrario).



En la trama confluyen múltiples temas (algunos más amables que otros abundando los controvertidos como aborto, abuso, alcoholismo, algoritmia, alquimia, ciberdelincuencia, criminología, criptografía, esteganografía, hipnotismo, nazismo, geopolítica, ocultismo, psicología, racismo, tecnocracia...), enfatizándose la ufología conspiranoica al traducirse en el que más llama poderosamente la atención e interés por el multiplanteamiento del que goza (derivando en la denominada metalogía); para ello se implica a entidades internacionales (del calibre de ARPA - Advanced Research Projects Agency, CESID - Centro Superior de Información de la Defensa, CIA - Central Intelligence Agency, GCHQ - Government Communications Headquaters, MUFON - Mutual Ufo Network, NASA - Administración Nacional de Aeronáutica y del Espacio, NORAD - North American Aerospace Defense Command, NSA - National Security Agency, USAF - United States Air Force...), estremeciendo el conjunto (demasiado de hecho por la verosimilitud).



Con reminiscencias a un sinfín de trabajos artísticos ajenos al formato impreso (Encuentros en la tercera fase, Expediente XDeadpool, Indiana Jones, Matrix, Proyecto Blue Book, Star Wars, Superman,Tintín...) siendo la percepción no de burdo plagio sino de sentido homenaje, congratulando sin remedio (obviamente en especial a los amantes de estos pero al resto también por el dinamismo e idoneidad de introducción); el uso de originales e irreverentes técnicas narrativas (en las viñetas se combinan diferentes recursos que casan a la perfección) ofrecen una experiencia singular con la que vincularse de por vida, funcionando de maravilla (las sensaciones que despierta lo logran con creces más allá de las ilustraciones de infarto) al traspasar lo físico (el efecto de movimiento es eficaz e impactante al abandonar constantemente los globos textuales alternándose con onomatopeyas que transmiten incluso más que frases convencionales o difuminando el fondo de la acción en sí para fingir con rotundo éxito somnolencia).



Se aúna realidad (con fehacientes datos como que Marte recibió el nombre en honor al dios de la guerra e imágenes tomadas con cámaras fotográficas tangibles) con ficción (para muchos de buen seguro confiables e irrefutables pruebas divulgadas como meras falacias para evadir controles gubernamentales u otra clase de organizaciones capaces de censurar a aquel que se atreva a contradecirlas), bajo la apariencia de archivos clasificados; el grupo de persuasivos e intrépidos investigadores (la tríada Hellen/Sheep - Manny - Sal/Stone a la que acompaña el afable can Alistair) se enfrenta a unas creencias que trascienden el simple folklore, dejando varias frases lapidarias (“vivimos en la era de la postverdad donde un relato convincente prima sobre los hechos”, “casi todo lo que vemos puede ser una ilusión”, “somos lo que creemos”, “nuestra fe nos dicta lo que es correcto”, “queremos respuestas simples a preguntas complejas” o “el pensamiento mágico puede ser la antesala al esquema científico”).



Las ocurrencias dignas de alabar (el símil de la sociedad obre la que pivota todo con un sabueso hasta simbolizar uno corpóreo dicha tenacidad, la brutal caricatura de la dupla presentadora del programa televisivo Cuarto Milenio, la reinvención del célebre Hombre de Vitruvio con las  proporciones consecuentemente alteradas, el easter egg textual dirigiendo a la web de la misma, el mensaje en la sudadera de cierto paciente rindiendo tributo a Tim Burton...) se suceden sin cesar, al igual que las referencias verídicas como modelos de aviones (B-12, Darpa X-Plane, F-117, Ngad F-47, Northrop Grumman B2, SR-71 Blackbird...) o tonalidades escrupulosamente idénticas (la censurable parte en el Ride the lighting lo plasma sin fisuras) que denotan el alucinante e inconmensurable trabajo de campo previo; las alusiones al Capitolio o el World Trade Center (¡hasta el Pentágono o la Casa Real desfilan por las hojas!) documentan (in)creíblemente la contextualización universal, presumiéndose apta sin dilación (grosera).



Los escasos negativismos observables obedecen a pormenores como la apertura de la obra que limita el examen integral (se antoja asumir máximo cuidado ya que los márgenes interiores dificultan el visionado panorámico al solaparse meridianamente con tosquedad) o el desorden argumental que complica ostensiblemente la fluidez lectora (como norma general basta con seguir ordenadamente de arriba abajo estrictamente compaginando lados pero no siempre es la solución), compensando dichas críticas el glorioso producto final; solamente queda aconsejar (de nuevo tras semejante exposición de alegatos) la compra del cómic (se engloba en este género literario a pesar de distanciarse de él en muchos aspectos) adjuntados al término de esta humilde crónica, asegurando el disfrute valorando el talento derrochado (sin importar predilecciones) deseando con ansia que el próximo tomo vea la luz cuanto antes para averiguar cómo avanza (la confirmación sita en el anticlímax cercano al desenlace así lo augura sin discusión).



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Daniel Espinosa, a fecha 01 de enero del 2026

 
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