- El fin de la eternidad 18-04-2024 02:01 (UTC)
   
 

         “El fin de la eternidad”, de Isaac Asimov (Algar Editorial)

El fin de la eternidad

La sinopsis versa “en el siglo veintisiete la humanidad crea la Eternidad, una organización formada por las mentes más brillantes de cada época que podrán viajar a través del tiempo para fomentar el comercio y alterar la historia del planeta Tierra muchas veces trágica... con el extraño privilegio que da ser un Eterno, los miembros de la organización abandonan sus vidas al servicio del resto... todo parece perfecto hasta que uno de sus miembros más brillantes (Andrew Harlan) se enamora en uno de sus viajes de una no-Eterna (Noÿs Lambent)... perseguidos por la implacable maquinaria institucional, huirán a través de los siglos para preservar su futuro juntos aunque ello suponga romper todas las reglas e incluso osar destruir la Eternidad”.

El fin de la eternidad

Como bien se indica en la contraportada (la parte frontal luce espectacular con un diseño elegante e intrigante con relieve incluido), la novela forma parte del universo La Fundación, un conjunto de por lo menos dieciséis libros de ciencia ficción escritos por el propio Isaac Asimov que esbozan (según sus propias palabras) “una especie de historia del futuro”; ampliando las posibilidades argumentales y éticas de los textos sobre viajes y paradojas temporales (de este perfil pero en el ámbito cinéfilo un servidor siempre recomienda el visionado de la película catalogada unánimemente por la crítica de culto Donnie Darko dirigida por Richard Kelly), el autor firma una delicia literaria que se eleva por e
ncima de los géneros existentes con rigor pero atrevimiento.

El fin de la eternidad

Esta profunda reflexión sobre la naturaleza del ser humano (más concretamente del alcance de las acciones tomadas por quienes se autodeclaran dueños de su futuro olvidando que la influencia en los demás es soberana e irremediable) se divide en dieciocho capítulos que abarcan un total de trescientas catorce páginas (amén de una para el índice); “El Técnico”, “El Observador”, “El Aprendiz”, “El Programador”, “La Temporal”, “El Trazador Vital”, “El preludio del delito”, “El delito”, “Interludio”, “¡Atrapado!”, “Completando el círculo”, “El principio de la Eternidad”, “Más allá de los límites de la Eternidad”, “El primer delito”, “Buscando en la Época Primitiva”, “Los Siglos Ocultos”, “El círculo se cierra” y “El comienzo del Infinito” son los títulos.

El fin de la eternidad

Por el escenario (cual función teatral a la que se asemeja en no pocos instantes el presente relato) desfilan singulares personajes de las más diversas categorías, tales como administradores (Arbut Lemm), investigadores (Jan Verdeer), programadores (Henry Wadsman, Henry Hobbe Finge y Laban Twissell), sociólogos (Kantor Voy), técnicos (Andrew Harlan y August Sennor) y trazadores (Neron Feruque), evidenciándose así la jerarquización a la que se apela; asimismo, se aprecia una valiosa labor de campo (la palabra encriptado “átomo” da fe de ello) con expresiones únicas (tal vez la más emblemática sea “por todos los tiempos”) e inauditas razas (como los Mekkano), desarrollándose la mayoría de sucesos en la fecunda Época Primitiva.

El fin de la eternidad

Las referencias a frases tradicionales con reminiscencias patrias como “de chamuscarle la barba al rey de España” (atribuida al corsario Francis Drake) u otras de cosecha propia como “coge con fuerza la ortiga y se convertirá en palo contra gente enemiga” (qué gran verdad) casan a la perfección con la vanidad, prudencia, existencialidad, vulnerabilidad, determinismo, secretismo y machismo que se transmite, ensalzándose en último término la figura de la mujer pese a que anteriormente se critique ácidamente; sí, se percibe cierta pretenciosidad en tamaña odisea, pero el compendio de filosóficos e impredecibles giros de guión congratulan al dueño de tan genial fábula.

El fin de la eternidad

Los conceptos sumamente revolucionarios e interesantes como “Cambios de Realidad”, “Campo de Mallanohn”, “CMN (Cambio Mínimo Necesario)”, “Compresor”, “Computaplex”, “Consejo Pantemporal”, “Departamento de Transportes Intertemporales”, “Estado Básico”, “Junta Central”, “Manual Temporal”, “Obras Completas”, “Principios Fundamentales”, “Realidad Variable”, “RDM (Respuesta Máxima Deseada”) y “Siglos Ocultos” abundan, por lo que hasta que uno no comienza a familiarizarse con ellos el entendimiento es arduo; la terminología se aproxima, en efecto, a una física cuántica que curiosamente pivota sobre la exploración ya no del Amor (con mayúsculas) sino del cortejo, pues la impuesta impasividad lo rechaza.

El fin de la eternidad

La lectura puede resultar densa para quienes no sean partidarios de propuestas alejadas de la mera comercialidad (cualquier elección cultural es digna aunque en no pocas ocasiones la trivialidad prime en detrimento del crecimiento particular), exigiendo cierta implicación para interiorizar correctamente las divagaciones (auténticas invitaciones a reflexionar sobre cuestiones aparentemente banales pero ciertamente trascendentales) expuestas; extrapolar lo narrado a la vida cuotidiana es inevitable e intencional, mimetizándose con un (co)protagonista que cede ante sus impulsos más primitivos (en absoluto desde una vertiente negativa) en aras de sentirse pleno para desesperación de un poder supremo cuyo control no supera (jamás lo hará) el libre albedrío.

El fin de la eternidad

La adaptación del clásico que ocupa del ya citado célebre científico y dramaturgo norteamericano de origen ruso (considerado un extraordinario divulgador) bajo el sello de Algar Editorial (englobada en la colección en órbita) es sencillamente maravillosa, publicándose con un precio oficial de venta al público (menos de doce euros) justificado no solo por el contenido sino también por la presentación (una tapa dura de lujo que asegura la integridad física del volumen; en definitiva, se trata de un trabajo imprescindible para los amantes de los mundos distópicos ávidos de nuevas emociones (si todavía no conocían el mismo) en el que confluyen ideas factibles e imaginativas con una maestría digna de atribuírsela exclusivamente a eruditos en la materia.

El fin de la eternidad

Daniel Espinosa, a fecha 16 de junio del 2022

 
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