La escueta e inquietante sinopsis de Motel discordia versa “llevas tanto tiempo huyendo que ya ni siquiera sabes lo que te persigue... ¿por qué tienes tanto miedo Drévor?”, evidenciando el carácter que prima a lo largo de las nada menos que doscientas cuarenta páginas a doble cara que componen el trabajo; dividido en siete capítulos formales (estos a su vez fraccionados en subapartados complementados con interludios para facilitar tanto el disfrute como la comprensión al contener elementos argumentales de extrema crudeza), la lectura se torna potente e instantáneamente dinámica (e insidiosa) complicando ostensiblemente pausarla al no hallarse apenas el momento adecuado a pesar de que el acontecer no es precisamente agradable ni digerible.
+ ¿Quién eres? (prólogo): un acto autolítico como control preventivo para evitar herir a terceros contempla el dolor como exploración... “la razón es una esclava de la emoción”, “¿por qué te esfuerzas tanto?”...
# 1 El motel: una redención queda impune cuando resta latente que la carne es débil... “Dios creó a todo ser viviente con el objetivo último de ser una fuente de supervivencia”, “¿por qué huele tanto la sangre?”...
# 2 Recuerdos: un sondeo de los alrededores aprueba (re)conocer a seres con sus (pre)ocupaciones en un eterno dejà vú... “abrázame en el infierno”, “¿cuántas veces hemos tenido aquí esta conversación?”...
+ César: una infancia feliz repleta de intrépidas expediciones se ve truncada por una enfermedad que provoca ira como suma liberación... “la música es la expresión de un sentimiento”, “¿él no puede morir?”...
# 3 Se desata el infierno: un extraño estado de abstracción con inhóspitas confesiones deriva en frenética huida... “todo se desvanece”, “¿no tienes la abrumadora convicción de que ya estás en tu casa?”...
+ Jéssica: un paseo hospitalario en un antaño convento con capilla propicia encuentros entre dos almas necesitadas... “la furia es una respuesta más útil que el miedo”, “¿por qué te gusta este cuadro?”...
# 4 Psiquiátrico: un despertar del letargo con confusión e insondable desasosiego deja paso a un casi catatónico (sub)estado... “creo que soy el destino”, “¿este lugar se rige por leyes que puedas entender?”...
# 5 Alumbramiento: un llamada a gente con capacidades especiales les atrae como meros receptáculos... “en nuestro interior aguarda una bestia que está desando salir”, “¿cuántas veces hemos estado aquí?”...
+ David: una reunión con lamentaciones por pérdidas sigue completando el bizarropuzzle... “por grande que sea el número si lo multiplicas por cero da igual”, “¿sigues huyendo de tus demonios?”...
+ Joel: un depresivo empleado se cobija en un mundo de fantasía precipitando una masacre de epifanía suprema..., “si le pasa algo buscará la forma de tornarlo enfado”, “¿crees que soy un monstruo?”...
# 6 Psiquiátrico discordia: una ensoñación con proyecciones de retorcido humor (re)inventa escenas en una repetición en bucle... “era tan fluctuante como la llama de una vela”, “¿y si no despierto más?”...
+ Claudia: una crisis prolongada concluye en una supuesta empatía en la que lo políticamente correcto se diluye como sangre en la lluvia... “el dolor es una sensación por explorar”, “¿y si no son solo pesadillas?”...
# 7 Drévor: un ruinoso teseracto cambia (o no) el comienzo (o final) de todo regresando al parasitario origen de la irremediable encrucijada... “no hay marcha atrás”, “¿a dónde vas cuando se apagan las luces?”...
+ Epílogo: una tenue meditación de efímera enajenación invita a compartir las impresiones e hipótesis póstumas... “la cordura odia la paradoja”, “¿cuánto tardará en hacerse con el control de la historia?”...
+ Otros ciclos: una revisión de cuatro contextos ya conocidos desafía la excentricidad más permisiva amenizando la supuesta despedida... “soy tu jod*** pesadilla”, “¿dónde leches habrá escondido el cuerpo?”...
El duro e impávido relato pivota sobre un protagonista (sería básico e injusto tildarlo de villano) de perfil psicopático, precisamente la original e interesante perspectiva que impera salvo algunos compases destinados a plasmar el par(d)ecer de las víctimas con enorme virtuosismo que reprime constantemente sus sentimientos (por las secuelas físicas pero sobre todo emocionales que alberga) portando una carga (tanto literal como metafórica) que traspasa los folios; que nadie piense que el viaje brinda complacencias e inutilidades, porque el frenético ritmo imposibilita la aparición de estados indeseables en pro de un demente e hipnótico tour por los soslayados e infrecuentes (por aprensión o temor a lo desconocido) recovecos de la psique humana.
Drévor (Rick Shelton en ciertas circunstancias) va cruzándose con multitud de personajes en su ardua e introspectiva epopeya (vaya si lo es), entre los que cabe destacar Abel (el feto de inminente nacimiento), Adrián (el supervisor de rebosante odio), Álex (el niño de cercenador paternal), Alexander (el administrativo de fulgurante represalia), Andy (el anciano de escuálida figura), Ángel (el cocinero de orondo cuerpo), Bolívar (el sospechoso de delatadora conducta), Carmen (la limpiadora de desmotivadora labor) César (el mastín de furtivas salidas), Claudia (la esposa de humilladora actitud), Dana (el guardia de aleccionador sentir), Daniel (el estudiante de pésima desdicha), David (el policía de ultrametódica agudeza), Elena (la sanitaria de inabarcable cercanía)...
...Erik (el joven de cálido amorío), Estela (la novia de sádicos fetiches), Gabriel (el infiel de mezquino semblante), Iván (el agente de servicial camadería), Jessica (la chica de avanzada gestación), Joel (el marido de exagerada docilidad), Julio (el catedrático de romántica poesía), Linda (la moribunda de macilentos rasgos), Mónica (la dueña de seductora cercanía), Noah (el ejecutor de metalizada justicia), Raúl (el centinela de puntual asistencia), Rayo (el perro de divertida torpeza), Rose (la recepcionista de ávida seducción), Saúl (el profesor de acción heroica), Sebastián (el doctor de amigable sensatez), Samuel (el acosador de nefasta fortuna), Sheila (la adolescente de íntimo trato), Slash (el muñeco de sutil estampa) o Toni (el regente de turbia mirada).
La inmensa mayoría están interrelacionados entre sí (con nomenclaturas secundarias que oscilan según las etapas como consecuencia de una cruenta terapia de prematura consumación con trágicos e irreversibles efectos con un recipiente como focalización para atisbar un motivo por el que luchar), omitiendo dicha conexión para preservar un mínimo de factor sorpresa; consiguiendo moderar (solo parcialmente) la peligrosa e intensa tentación de ahondar en los complejos problemas subyacentes, el voraz instinto animal (en su acepción simbólica pero también tangible) al que se alude con el trastorno de identidad disociativo amenazando en el horizonte revela paulatinamente las claves para dotar a todo de una orgánica cohesión.
Tremendamente provocativa (en el más amplio sentido del término) e irreverente (cómo adjetivar sino un lenguaje que no entiende de corrección sino de transparencia), la historia trata de arrojar luz (desde la oscuridad más absoluta) a los sombríos pensamientos típicos de un perturbado sin justificar los deleznables actos perpetrados (solamente exponiendo las causas viables); infinitamente descriptiva e ilustrativa (la fórmula elegida prácticamente ofrece imágenes), la misma logra suscitar tanto recelo (por la brutalidad) como entusiasmo (por la adicción generada) con tintes lovecraftianos (la criatura con tentáculos es la más obvia referencia junto al reto de mantener la cordura ante tan horrendas e inconcebibles situaciones de orden primigenia) de órdago.
Construyendo mentalmente los fatídicos sucesos narrados (en una tercera persona tan próxima que se confunde con la clásica técnica subjetiva) se aprecia cómo el resultado se asemeja a una película o videojuego, una especie de híbrido de muchas producciones; con fuertes reminiscencias a Identidad del gran James Mangold (la limitación unilateral difiere pero no así la confluencia de comportamientos en un mismo sujeto o el escenario principal) o Silent hill 2 del visionario Masashi Tsuboyama (aunque los monstruos son más mundanos la dualidad de planos existenciales es similar al igual que varias iconografías como los acusadores ojos en la pared), el concepto de lo grotesco alcanza inusitadas cotas germinando en ideas.
Con la canción “Everything fales” de Poets of the fall como lema sonoro no oficial (sin descuidar “The musical box” e “Invisible touch” de Génesis o “When the circle be unbroken” de Johnny Cash), el thriller danza con otros géneros en un tétrico baile en el que la opresiva atmósfera oprime el corazón tanto como el serial killer de rigor sus evocaciones tras cadenas con candados para tratar inútilmente de ocultarlas hasta a sí mismo; el machismo va cogido de la mano del maltrato con asombrosa delicadeza (dotada de la frialdad que exigen tan controvertidas cuestiones), con impases (reales u oníricos) de auténtico pavor psicológico dignos de alabar con bastante densidad textual pero nada desquiciante al nutrir al lore de holgada profundidad.
El autor (Francisco Moreno Alcalá) demuestra cómo su experiencia adquirida educativamente (después de acabar Psicología se especializó en Inteligencia Emocional) casa a la perfección con su afán por inmiscuirse en asuntos comprometidos, siempre desde un prisma ficticio (se declara un devorador de libros desde muy pequeño) fácilmente trasladable al tangible; por todo lo expuesto (amén de un sinfín de alegatos igualmente positivos que eternizarían la presente reseña), la recomendación se convierte en caso obligatoria, con simbolismos por doquier que cada cual seguro adaptará a su vida para emplearlos fructíferamente como enseñanza a asimilar e interiorizarse con fascinante transición cíclica como la mencionada en tamaña obra.