“Te convertirás en un fotógrafo para hacer un reportaje... las salas están llenas de gente que se interpone entre tu cámara y las obras de arte... ¿podrás completar el objetivo?”, así versa la reveladora a la par que curiosa sinopsis de Prado; se trata de la nueva incursión lúdica de Zacatrus bajo la licencia expresa del célebre museo que da sentido al título, un loable e inaudito logro (la concesión implica un deber que se corresponde superando con holgura las expectativas pregeneradas) que sin duda evidencia el valor de la idea original de Julio Falagán (con la inestimable labor ilustrativa de Patri de Blas que por enésima vez demuestra su envidiable e innato talento) para posicionarla en un lugar referencial dentro del siempre competitivo sector que ocupa postulándose seriamente como la mayor lindeza de toda la temporada.
El contenido de la robusta caja (con una práctica cuna separatoria interna dividida en tres secciones customizadas) de reducidas dimensiones (exactamente dieciocho centímetros de largo por trece de alto por cuatro de ancho) consta de ciento veintinueve cartas (de cerrado, cuadros, encargos, hora, personaje y visitante), cinco fichas (de cámaras y de guardia), un tablero (desplegable a la mitad), un ticket (de inicio) e instrucciones (sendos manuales); empleando sabiamente las acciones básicas (ayudar, cambiar, comodín, mover y seguridad), a lo largo de ocho rondas (con un importancia suprema de la estrategia elegida al situar el resto de elementos) se determinará los niveles de prestigio de los diferentes contendientes en el cometido de proclamarse el vencedor aunque todos lo serán de manera indirecta.
Los emblemáticos lienzos que se plasman (citados a continuación en riguroso orden alfabético) son “Capitulaciones de boda y baile campestre” (Jean Antoine Watteau), “Carlos III” (Antonio Rafael Mengs), “Carlos V en la batalla de Mühlberg” (Vecellio di Gregorio Tiziano) “Ciego tocando la zanfonía” (Georges de La Tour), “Cristo muerto sostenido por un ángel” (Antonello de Messina), “El archiduque Leopoldo Guillermo en su galería de pinturas de Bruselas” (David Teniers), “El caballero de la mano en el pecho” (El Greco), “El cardenal” (Rafael), “El descendimiento” (Rogier Van Der Weyden), “El pamaso” (Nicolas Poussin), “El paso de la laguna Estigia” (Joachim Patinir), “El sueño de Jacob” (José de Ribera), “El tesorero municipal” (Marinus Van Reymerswal), “El triunfo de la muerte / los borrachos” (Pieter Brugel)...
...“Judit en el banquete de Holofernes” (Rembrandt Harmensz)...“La anunciación” (Fra Angelico), “La bacanal de los andrios” (Vecellio di Gregorio Tiziano), “La crucifixión” (Juan de Flandes), “La familia de Felipe V” (Louis Michel Van Loo), “La fragua de Vulcano” (Diego Velázquez), “La Inmaculada Concepción” (Giambattista Tiepolo), “La maja desnuda” (Francisco de Goya), “La muerte de Viriato jefe de los lusitanos” (José de Madrazo), “La negación de San Pedro” (Nicolás Tournier), “La vendimia” (Francisco de Goya), “La Virgen con el Niño” (Francesco Trevisani), “Las hilanderas” (Diego Velázquez), “Las lanzas” (Diego Velázquez), “Las meninas” (Diego Velázquez), “Las tres Gracias” (Pedro Pablo Rubens),”Los borrachos” (Diego Velázquez), “Los fusilamientos” (Francisco de Goya), “Saturno” (Francisco Goya)...
...“Tríptico del Jardín de las Delicias” (El Bosco) y “Venus y Adonis” (Paolo Veronés), todos ellos con profesionales descripciones en su reverso (junto a un código bidi para ampliarlas escaneándolo con el móvil) amén de la nacionalidad (española, francesa, inglesa o italiana), el siglo (del quince al diecinueve) así como la temática (bíblica, historia, mitología, oficios, realeza o retratos) para nutrir de conocimiento contextual al respetable; es menester enfatizar que la nitidez de impresión brinda la oportunidad de apreciarlos realistamente (por supuesto presencialmente las sensaciones se multiplican infinitamente), simulándose asimismo sensacionalmente las tesituras típicas de quien regenta un negocio tan singular como esclavo en el que salvaguardar el legado es obligatoria e inevitablemente prioritario.
El trabajo con alma de filler familiar está destinado a disfrutarse con carácter educativo hasta por aquellos de más corta edad (se aconseja a partir de los ocho años pero es una cifra meramente orientativa aunque certera por la parcial complejidad global) en sosegadas partidas (para cada una se estima una duración de treinta minutos), abanderando la fluidez (las mecánicas explicadas por el maestro masivi al término de la presente reseña) como divertimento con inapelable fundamento; mencionar que la metodología puede parecer (al menos a priori) poco ortodoxa (desde un prisma de asunción de roles en relación a ítems dispuestos), sin embargo la multitud de ejemplos que alberga el manual (además de la pericia cosechada con el devenir de las contiendas) facilita la asimilación para resultar objetivamente sencilla.
El hecho de contemplarse un modo en solitario (con ligeras modificaciones respecto a las consignas estándar para acumular más puntos que el vigilante tornando la velada una especie de desafío individual contra la automatizada inteligencia artificial) aumenta las posibilidades de entretenimiento, si bien conviene aclarar que la experiencia alcanza su plena excelencia al proceder con el número máximo de participantes (oséase cuatro); en ambos casos la exhaustiva elaboración textual de Antonio García Villarán (doctorado en Bellas Artes que colabora a tal efecto) luce en todo su glorioso esplendor, ofreciendo una visión fidedigna de algunas de las más memorables hazañas pintorescas recopiladas en una portable joya que satisfará a deseosos de profundizar en asuntos popularmente omitidos.
Por último sentenciar (sin riesgo a errar en dicha afirmación) que es una de las propuestas (sino la que más) detallista de la marca (cuyo abanico lúdico merece una estantería única), englobando un sinfín de matices por descubrir por uno mismo; por todo lo expuesto se antoja sumamente justo el galardón del I Concurso de Creación de Juegos de Zacatrus (la primera edición de muchas celebrada por la firma amiga que aquí ejerce de flamante editorial), traduciéndose en un aporte cultural de enorme riqueza (en contraposición a la requerida como desembolso para adquirir una copia ya que asciende a veintidós ajustado euros) que permite estar virtualmente (salvando las distancias e incidiendo en la vertiente fantástica en el más amplio sentido del término) en tan laureado recinto desde la comodidad del propio hogar.
Como complemento recomendado para la ocasión (pese a desvincularse de ella al discernir el tamaño) es la denominada Deck Box Zacatrus, destacando entre sus virtudes la alta capacidad de almacenaje (oficialmente se indican ochenta pero en el testeo púramente funcional realizado por un servidor el espacio admitió la introducción perfecta de cien cartas tipo Magic en fundas Premium que evidentemente ascenderían a más de no están protegidas al menguar ostensiblemente el grosor); también congratula la gama de colores (amarillo, azul, negro, rojo o verde), adaptándose por ende a la predilecciones particulares de cada cual aun con idénticas características (con una franja superior en blanco para escribir lo que se quiera identificándose así el material sin apertura alguna) generales.
Como principal aspecto negativo se encuentra la producción en sí del estuche (la calidad final es bastante mejorable pudiendo agrietarse los laterales al percibirse desgraciadamente vulnerables a golpes incluso de leve fuerza), al que cabe añadir haciendo honor a la verdad que la zona superior desilusiona en demasía (no resta fija cerrándose por defecto al compartir la estructura con el cuerpo exigiendo ir con cuidado para mantenerla en buenas condiciones); no obstante, el económico precio (apenas ciento veinte paupérrimos céntimos) termina de justificar la versátil compra para consumidores habituales de los naipes (los setenta por cuarenta y cinco por noventa y cinco milímetros totales se adecúan a la media popular de esta clase de pseudohobbies de pulcritud adicional) suponiendo un gran resguardo.