- The human centipede: Tom Six edition 21-05-2019 19:03 (UTC)
   
 

            “The human centipede: Tom Six edition”, de Tom Six



The human centipede: Tom Six edition



Título original: The human centipede: Tom Six edition
Año: 2018
Nacionalidad: Holanda
Duración: +7h
Género: Comedia, Drama, Terror
Director: Tom Six
Guión: Tom Six
Reparto: Dieter Laser, Akihiro Kitamura, Andreas Leupold, Ashley Williams, Ashlynn Yennie, Bernd Kostrau, Rene Wit, Andreas Leupold, Laurence Harvey, Dominic Borrelli, Georgia Goodrick, Lucas Hansen, Emma Lock, Dan Burmaner, Bill Hutchens, Eric Roberts, Robert Sardo, Tommy Listerch, Bree Olson, Tom Six, Michael Flores y Clayton Rohner
Formato: Blu-ray
Discos: 2
Audio: inglés 2.0 y 5.1
Subtítulos: francés, español, italiano, latino y portugués
Calificación: +18
Región: libre
Precio: 52,99€
Enlace: www.sixentertainmentcompany.com/shop (
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                   The human centipede: Tom Six edition (2018)
The human centipede: Tom Six editionThe human centipede: Tom Six editionThe human centipede: Tom Six edition
A falta de pocos meses para que se estrene The onania club, el director más políticamente incorrecto del planeta, Tom Six, vuelve a ser noticia por el lanzamiento en formato doméstico (concretamente en Blu-ray) de la recopilación de su saga insignia, The human centipede, la cual llega bajo la firma de Six entertainment company (distribuidora independiente a la que Cementerio de noticias estará eternamente agradecida por su excelente atención y generosa colaboración aunque la copia llegara con un importante defecto de fábrica) no como una opción sino como una obligación para todo coleccionista con afición al onanismo, y es que las características técnicas que presenta no tienen precedentes; sin la siempre comprometida restricción regional (la edición limitada que ocupa se puede reproducir en cualquier país) y con múltiples mejoras (tales como los cuidados subtítulos multilingüe y el impecable apartado audiovisual, incluyendo el idioma español y los cinco altavoces respectivamente), siendo el principal reclamo la hasta la fecha inédita versión en color de la segunda entrega, lo cual permite apreciar matices que con la ausencia del mismo (cabe recordar que originalmente se comercializó en blanco y negro) pasaron inadvertidos para añadirla más valor si cabe al posibilitar que lo que se insinuaba ahora se muestre en todo su esplendor, para beneplácito de fanáticos.

Los dos discos que componen el producto ofrecen más de siete horas de duración total (contabilizando largometrajes sin censura, escenas eliminadas, finales alternativos, vídeos promocionales y mucho más material adicional con la empresa de conectar las piezas entre sí mediante una elegante e intuitiva interfaz de navegación por menús, además de un libreto físico con confesiones y dedicatorias del responsable) en óptima calidad (la máxima para este tipo de grabación, pues la resolución es de nada menos que mil ochenta píxeles), viniendo perfectamente almacenados en una caja metálica que hará las delicias de propios y extraños a un precio algo elevado (poco más de cincuenta euros con gastos de envío a cualquier parte del mundo) pero consecuente a las circunstancias que rodean a tan particular ocasión; así, bajo su emblemática rúbrica (“100% medically accurate”), el autor exprime al máximo la franquicia por (presuntamente) última vez en aras de brindar una experiencia única, cerrando de este modo el apasionante (y mundialmente criticado, ya sea para bien o para mal) ciclo iniciado allá por el dos mil nueve prácticamente diez años después debiendo alertar, como es menester y a riesgo de parecer reiterativo, que se debe alcanzar la mayoría de edad para afrontar el desafío artístico que el realizador ha patentado con tanta personalidad.





                   The human centipede I: First sequence (2009)
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Lo mejor: la indudable certeza de no restar indiferente después de proceder al visionado de tan extravagante y genuino metraje, el cual fue aclamado en prestigiosos certámenes especializados (tales como el Sitges film festival y el Fantastic fest, alzándose en este último con el premio a la mejor película) en su año de producción; el guión urdido por Tom Six no da tregua, desde la presentación de los personajes hasta el desenlace final, pasando por la inclusión de una pareja de policías para dar lugar a alguna escena más de tensión e intriga respecto a la fácilmente presumible fortuna que les deparará a los mismos; el hecho de disfrazar de serie z un trabajo mucho más digno de mención que otros de similar (en ningún caso idéntica al ser la propulsora absoluta en estos lares) índole es fascinante porque, lejos de recrearse en imágenes repulsivas y escatológicas, la primordial baza de la que se vale el responsable es la imaginación de cada espectador, obligándolo a que se cuestione cuán respetuoso es de veras con el pobre prójimo.

Lo peor: la dualidad de caracteres comportamentales de las bellas protagonistas (una débil y otra fuerte) implica que la empatía hacia ellas sea, más que limitada, anecdótica, suscitándola más (aunque sea moralmente incorrecto reconocerlo) el villano elegido para la ocasión, un excelso Dieter Laser que borda su cometido como pocos lo han logrado en la historia del séptimo arte; la violencia plasmada (más psicológica que visual) rompe estereotipos preconcebidos, algo que entusiasmará hasta la extenuación a unos pocos (entre los que se encuentra un servidor) y desagradará sobremanera a muchos, pues en lugar de derramarse cientos de litros de sangre se opta por horrorizar mediante diálogos ácidos como las sustancias contenidas en los bidones de una central térmica; el constante debate interno de cuál de las tres posiciones que forman el ciempiés humano (monstruosa invención que, a juzgar por los datos que se vierten, no parece tan inviable como uno creería) es la peor, perturbando mucho la cuestión.





                   The human centipede II: Full sequence (2011)
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Lo mejor: la confesión del director antes del lanzamiento de la pieza, a modo de adelanto argumental, de que la misma sería muy diferente a la original (tanto para bien por no compartir apenas matices con aquella como para mal precisamente por lo mismo) para, un año más tarde (y tras prohibirse en varios países, entre ellos uno coproductor, el Reino Unido), comprobarse que así es, habiéndose invertido el tiempo necesario para que contenga una labor cinematográfica de calidad y una fotografía sencillamente sobresaliente partiendo de la asombrosa y a la vez ridícula idea de la original eludiendo a la extravagancia como método de reclamo (coser a varias personas entre sí respetando la obviedad de que los alimentos deben introducirse por la cavidad bocal del primero y salir por el aparato excretor del último para que formen un solo sistema digestivo sería la mejor síntesis si se aluden detalles técnicos de menor aunque considerable importancia), pudiéndose tildar aquella respecto a la presente de cometida y desenfadada (si bien algunos comportamientos y percales siguen percibiéndose cómicos); el meticuloso ejercicio (nada casual sino consciente) que contiene la película (sin ir más lejos la fascinación con la que la figura del ciempiés se convierte en un símbolo fálico), un fulminante viaje al epicentro del delirio más excesivo que va más allá del onanismo y ofrece alternativas en base a la buena construcción de un personaje principal que se ve rápidamente eliminada en un segundo acto (casi tercero por duración) en el que la creación de la prometida invención humana es el único objetivo de plasmación, reflejándose el desconocimiento (y correspondiente retahíla de atrocidades) de quien lleva a cabo tan detestable experimento desde un punto de vista satírico pero sobrio, obviando dibujar sonrisas a pesar de lo que sucede en pantalla, siendo más adelante cuando el responsable trata de trascender y pierde cierta entidad; la brillante interpretación de Laurence Harvey encarnando a un solitario asmático mentalmente discapacitado (además de pervertido) que vive con su madre en un barrio marginal londinense merece una mención a parte, siendo un villano de ensueño que se percibe como una especie de camaleón cuyo estrabismo y enormidad corporal (aun siendo su tamaño cercano al enanismo) son rasgos que aterran de veras apenas profiriendo unas pocas palabras, la mayoría de ellas fruto de divagaciones, pues apenas habla a lo largo de todo el largometraje.

Lo peor: la casi quimérica dificultad para discernir entre realidad y ficción (entendiendo como tales la propia esencia del autor), pues en la cinta se pronuncian diálogos con cierta sorna y es fácil trazar una delgada línea entre el improvisado doctor y el propio realizador en una repetición casi exacta de la fase de adiestramiento (la cual podría haber sido suprimida sin el más mínimo inconveniente), constatándose que no nace sólo como provocación sino que hay una necesidad imperial y puede que incluso deje entrever (por no sentenciar que lo hace explícitamente) que se puede lograr convertir lo atrozmente desagradable en un admirable arte; la caricatura (no puede llegar a denominarse retrato) de alguien al borde de la locura por culpa de su padre carcelario que sigue traumatizado por la difícil niñez que padeció (los abusos psicológicos y sexuales por parte de su progenitor eran habituales) solo encontrando razón de vivir en superar la hazaña de quien él considera su guía (es decir, el pletórico Dieter Laser) aumentando el número de participantes (la fundamentación de las elecciones, por desgracia, no queda nada clara) en su composición de tres a nada menos que doce, una personalidad desdibujada hasta convertirse en mera excusa tormentosa (no tanto para él sino para el resto de la humanidad y, más concretamente, para sus sufridas víctimas); la controversia continúa, la polémica aumenta y el entretenimiento se disfraza de macabro vanguardismo provocando tantas náuseas entre los que creen firmemente que producciones de semejante índole no deberían tan siquiera ver la luz en el ámbito doméstico como levantamiento de pulgares entre aquellos masoquistas que disfrutan con esta especie de reducción al absurdo (así la definió  la prestigiosa revista Variety junto con otras lindezas), disparidad de opiniones (todas ellas aceptables en cualquier caso) que impiden catalogarla de sobresaliente para la mayoría (he aquí el motivo de este alegato negativo) pero demencial (en sentido positivo) para un sector muy selecto tanto en la versión original (en apasionante blanco y negro) como en la comercializada años después (a todo color), contradiciendo para éstos la máxima de que segundas partes nunca fueron buenas (después de El padrino 2 no volvió a ser categórica) una secuela directa que, contra todo pronóstico, resulta más escatológica, nociva, visceral y, en resumen, poderosa que su flamante antecesora.





                 The human centipede III: Final sequence (2015)
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Lo mejor: la reunión de Dieter Laser y Laurence Harvey, los dos rostros más resolutivos e impactantes de sendas anteriores entregas, en una misma película; el suplemento energético importado de tierras africanas que ingieren los ya citados villanos del filme en varios compases, tan controvertido como la propia trilogía; la satisfacción que supone poder disfrutar del angelical rostro de la actriz de cine para adultos Bree Olson, reconvertida para la ocasión en atractiva (algo nada meritorio al ser innato) e insegura secretaria cual objeto sexual de dos pervertidos (el consumo de cierta parte femenina importada del extranjero no hace sino confirmarlo) ávidos de consumar sus sueños.

Lo peor: el pretencioso desvarío de Tom Six, autor de tan singular saga, al pretender elevar al infinito (de tres integrantes pasó a doce y ahora a quinientos) su propia idea original sin denotar aptitudes suficientes; la tendencia a limitar todo cuanto acontece a un lenguaje escatológico sin sentido alguno, en algún momento cómico pero en la mayoría de compases ofensivo sin más para sustentar las dos nominaciones cosechadas (peores director y largometraje) en los populares Premios razzie; la prácticamente nula oferta de lo que realmente se espera de un producto de semejante índole (tanto impertinente como definido), exceso visual en su decadente esplendor.


 
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