Yo, monstruo 16-01-2026 01:11 (UTC)
   
 

Yo, monstruos, de Santiago Expósito 
 

Se han invocadmitos como instrumento novelístico en multitud de ocasiones, pero rara vez (o directamente nuncaconversando con ellos para tratar de entenderlos (o al menos exponer sus respectivas versiones) en lugar de evitarlos (el acto reflejo por antonomasia que genera el medio a lo desconocido) como Santiago Expósito Amaro propone; la excelsa portada (en la se observan gloriosamente representados de manera visual los tres protagonistas de otras tantas historias que conforman la obra) adelanta el carácter adulto (en su acepción más prohibitiva e imprescindible) que prima, sirviendo la célebre frase de Stephen King “los monstruos son reales y los fantasmas también... viven dentro de nosotros y a veces ellos ganan” sita en la contracubierta de categórica e inmejorable síntesis no oficial. 

 

La atípica e hipnótica forma de relatar los segmentos es la denominada técnica del verso, que se basa en la armonía de la métrica (el conjunto de regularidades sistemáticas medido en sílabas), el ritmo (la musicalidad o cadencia que generan los acentos) y la rima (la repetición de sonidos a partir de vocales y/o consonantes finales) para crear una estructura armoniosa de aparentemente simples palabras; el término proviene del latín “versus” (que significa “línea” o “surco”) relacionado con la acción de “verteré” (“girar” o “volver”), usándose para describir los cauces que deja el arado al virar para trazar una nueva trinchera en el campo adoptándose cual metáfora en la escritura poética para el texto con las características que ocupan al implicar también “cambiar” con mucha asiduidad para empezar otros renglones. 

 

Lo mencionado anteriormente puede antojarse una mera e inútil anécdota pero en absoluto lo es ya que dicha información complementa el objetivo del responsable de plasmar sus inquietudes más oscuras (con rotunda e intencionada crudeza) a la perfección a modo de liberadora e introspectiva terapia, indicando en la solapa interior sus inicios acompañados de afirmaciones como “esto no va de pensar” o “soy adicto” que evidencian su cometido presente; desde los tebeos hasta el gran Don Quijote (pasando por Blues, Historia, Humanidades, Poesía, Rock e incluso Amor), la retahíla de referencias (corrientes, figuras o simplemente conocimientos) que le han servido de inspiración se reflejan en mayor o menor medida en esta pequeña e intensa incursión literaria con aroma a existencialidad aplicable a todos. 

 

Tras una sentida dedicatoria (muy familiar sin descuidar camaradas de estudio o personal de sanidad) al que sigue un revelador prólogo de A.Jessica Herrera (tildando el trabajo de “exorcismo” con tintes de alquimia por su efecto posterior), tiene cabida la tríada de arquetipos (simbología pura) antecedidos de lapidarias sentencias (extractos de pasajes o declaraciones limítrofes con confesiones) dotados de códigos bidi póstumos (redirigiendo a las canciones que han ejercido de solemnes e incorpóreas musas); a continuación se detallarán (sorteando profundizar en exceso para mantener intacto el atrevido e impactante factor sorpresa asumiendo como tal las intríngulis sobre las que pivotan) los mismos, recomendando fervientemente no indagar al respecto para proceder “virgen (careciendo de prejuicios) a la lectura. 

 

En Yo, Asterión (“dos cosas hay en el mundo que parecen estar una sola vez... arriba el intrincado Sol... abajo Asterión” de Jorge Luis Borges) se recupera una de las fábulas más clásicas convirtiendo los muros ciclópeos en el constante tránsito de variopintos cadáveres ávidos de tórridos encuentros entre los que resisten los que conciben el sincero romanticismo como admirable valentía adaptando el discurso para modernizarlo poniendo en entredicho la empatía cuando se da por egoísta envidia disfrazada de loable compasión; “la bestia existe”, “no hay límite, “la salvación a cambio de una escena”, “nadie puede escapar a su destino”, “los dioses en el fondo nunca perdonan”... 

 

En Yo, Marylin (“soy dulce por fuera... un cordero que todos quieren acariciar... pero por dentro tengo garras y enormes dientes y ganas de devorar carne humana” de Marylin Monroe) se reivindica la figura de la aclamada mocatriz como bandera del empoderamiento feminista, al tiempo que se critica ferozmente a la industria americana aludiendo a la obsesión que antes de fallecer despertaba para tornarla castigo divino llevando a cabo la revolución pendiente que siempre se la atribuyó; “ahora soy la muerte rubia”, “ya no volverán a matarnos”, “fue más fácil ser víctima que enfrentarme a mis miedos”, “soy la oscuridad que crearon”, "dónde voy con este cielo enterrado bajo mis párpados", "es esta tierra que tiembla donde dejo el puño nublado", “es este sol que me transforma en eclipse”, “mi última película”, “mi alimento eres tú”... 

 

En Yo, Ánima (“soy poco más que una traición en punto muerto” de Enrique Villareal) se dibuja a los difuntos como seres que trascienden la luz en la que se les ubica por creencia contemplativa para situarlos en el extremo de un prisma igualitario que no entiende de clases, ajusticiando al prójimo para esperanzarle con consejos desvelándole la demoledora vedad; “los monstruos también lloramos”, “nuestra tumba es el planeta entero”, “la fe es un concepto inútil”, “la luz al final del túnel es un efecto óptico”, “la conciencia pesará como mostraba la mitología griega”, “el silencio es el epitafio definitivo”, “las guerreras como tú llevan tatuada la rosa de los vientos en la mirada en busca de la felicidad hacia los cuatro puntos cardinales”, “siempre pensamos inconscientes no habrán consecuencias”, "vive para que luego vivas"... 

 

El mérito de expresar tanto (vaya que sí) en tan poco (la extensión puede llevar a equívocos) es mayúsculo, pues la cantidad de asuntos abordados en apeas sesenta páginas netas (restando las de rigor así como las destinadas a otro pormenores ya citados) con un recurso tan genuino como el del que se vale el autor (bella prosa exquisitamente entremezclada con temas sonoros) se traduce en una experiencia gratificante hasta casi literalmente extasiar; el plausible e ingente número de locuciones lapidarias (tales como las recopiladas en estricto orden de aparición descontextualizadas para eludir precoces e inoportunos spoilers) colma de satisfacción, invitando (sino obligando) a meditar acerca de si el estilo de vida seguido es el adecuado para sentirse épica e infinitamente pleno como la misma reclama por sí sola. 

 

Huelga aclarar que supone un viaje (hasta los infiernos de la cognición para regresar al mandando plano tangible) no apto para estómagos sensibles (ni mentes cerradas ante osadas reinvenciones), pero para quienes lo valoren debidamente la congratulación les saciará por completo haciéndoles reflexionar con lo expuesto extrapolándolo a su privacidad; por último señalar que el precio de venta al público (especificado en la parte posterior del tomo junto al serial identificativo 979-13-87620-28-8 transcrito aquí para facilitar la búsqueda a aquellos interesados en su adquisición en el amplio catálogo de la editorial Olé Libros) asciende a quince euros, desembolso totalmente justificado atendiendo a la calidad que atesora el contenido gozando del beneplácito de muchos comercios para elegir el preferido en la compra. 

 
Daniel Espinosa, a fecha 16 de enero del 2026 

 
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