“Motel Penumbra”, de Fran Moreno

“¡Qué agradable es ver que regresa a nuestro apacible motel!... no podemos ocultar que le hemos echado de menos... incluso las grotescas criaturas que se arrastran por nuestros oscuros pasillos están deseosas de volver a darle una cálida bienvenida... sin embrago tengo que informarte de que las cosas han cambiado mucho tras su última visita... este ciclo contiene algunas peculiaridades que harán de su estancia algo completamente nuevo”, de tan perturbador modo luce el inicio de la sarcástica e incipiente sinopsis de Motel Penumbra; se trata (no formalmente pero sí en un plano paralelo) de la continuación a Motel Discordia de Fran Moreno, obra presentada en voz en off por Víctor (anfitrión por antonomasia) asumiendo ahora el rol de Drévor/Rick (el asesino de la especie de franquicia) durante la travesía.

En Introducción se advierte de las consecuencias venideras, en ¿Cómo adentrarse en el motel... una vez más? se explican las seis claves a tener en consideración, en La historia de Motel Discordia se resumen los hechos pasados para contextualizar los presentes, en Prólogo se da el enésimo reinicio como nexo de unión con el mensaje “hay una sensación para ti en el sótano” invitando al comienzo y en Pistas y soluciones se vierten consejos generales e indicaciones expresas; para recorrer habitaciones (con sus respectivas versiones underground “sacrificio” mediante) distribuidas en tres plantas (a priori) basta con sumar dígitos (al proceder se entiende rápidamente) a partir de retos magistralmente hilados, la inmensa mayoría lógicos pero varios exigentes de una “idea feliz” y/o consultar las ayudas ofrecidas al final.

En el reglamento (no deja de serlo en última instancia el segundo punto) se describen Hojas de localizaciones (listado de los lugares a inspeccionar cual improvisado índice), Localizaciones (referencias concretas de los emplazamientos básicos), Secciones (resultado de las interacciones efectuadas), Marcadores (imposiciones necesarias para penetrar en ciertos rincones tanto numéricos como colúricos), Objetos (recursos para almacenar en aras de utilizarlos en el momento adecuado) y Enigmas (jeroglíficos a superar para avanzar); más allá de desvelarse añejas motivaciones e inéditos sucesos, los escenarios alternativos (amén de los ya conocidos) a través de abruptas transiciones (no lineales) (des)dibujan un gigantesco laberinto difuminándose la delgada línea que distancia el (auto)control del caos.

En las ubicaciones (autobuses, barracones, bosques, cabañas, caserones, coches, cocinas, colinas, corredores, cuevas, discotecas, dormitorios, fiestas, lagos, mataderos, pasarelas, porches, psiquiátricos, recepciones, salidas, sótanos, terrazas, trincheras...) aguardan decenas de recursos (aguijones, cizallas, colmillos, cuchillas, fotografías, lágrimas, libros, llaves, mecheros, muñecos, navajas, pendientes, tubos, zapatillas...), muchos con provecho inmediato o ulterior para sitios (agujeros, armarios, cajas, candados, cunas, muebles, puertas, rendijas...); el propósito es hallar el desenlace, (re)encontrándose con ilustres inquilinos (los dejà vú se suceden) en una vorágine sensorial que consolida el demencial viaje de aceptación con una siniestra atmósfera cuyo viciado aire imperante se percibe real.

La intríngulis se basa en reconstruir los recuerdos fragmentados de la paradoja residual en la que se desarrollan los acontecimientos (el aura lovecraftiana encandila) fruto de la mente del Creador (la figura que genera el texto para que cobre vida), quien los ha redactado en su solemne máquina de escribir (con el consumidor como cómplice) esperando que nadie ose revelarse; el posicionamiento de la numerología atribuida a las páginas provoca tanta confusión en el vaivén de saltos como spoilers del multiverso en los primeros compases (hay que anotar los progresos pues de lo contrario pueden derivar en caminos erróneos), pero al interiorizar el modus operandi es quimérico no devorarlo más fugazmente que la oscuridad lo hace con la cordura de los visitantes sobre los recovecos de la psique humana.

El peculiar e inédito (o al menos atrevido e infrecuente) estilo narrativo (en último término la tipología en la que mejor se englobaría) aúna novela (cómo no tildarla parcialmente así) con elementos típicos de escape room (el popular entretenimiento en el que los participantes disponen de un tiempo concreto para resolver acertijos en aras de abandonar la sala antes de agotarlo), recordando a los clásicos librojuegos Elige tu propia aventura (la hiperficción explorativa creada por el estadounidense Edward Packard en los treinta en la que el lector toma decisiones sobre la forma de actuar que tienen los personajes); los citados parecidos se centran en la (aquí simulada) recogida de cosas para emplearlas a posteriori junto a la modificación del transcurrir, despertando un insondable interés desde el segundo cero.

Aunque al principio el avance es algo ambiguo e inentendible (pese al apartado específico destinado a detallar las consignas a tal efecto) al poco se torna automático e intuitivo (la dinámica requiere bastante pericia para asimilarse naturalmente), convirtiéndose en una fantástica e inmersiva experiencia en la que la falsa libertad (realmente está muy limitada por razones obvias pero la impresión es de tenerla sobradamente) logra que el consumidor se sienta el absoluto protagonista de la tétrica velada; si bien es cierto que se extrañan matices materiales e ilustrativos (léase componentes tangibles o visuales como un mapa que aumentaría el impacto óptico), no lo es menos que la enorme agilidad e intensidad (la manera de consumarse es sumamente celebrable) lo hacen un aspecto meramente anecdótico.

Se antoja genial como complemento para el trabajo primigenio (está tan estrechamente ligado que es poco menos que una extensión), viendo la luz (esa que no abunda al conservar el tono sombrío e inquietante) de nuevo bajo el sello editorial de Suseya Ediciones (siempre apoya a talentos emergentes) en una edición física cuyo valor económico (el precio de venta oficial asciende a dieciséis euros) que resta completamente justificado; únicamente queda aconsejar la compra a todo el mundo (en especial veteranos en la materia), conviniendo destacar que objetivamente es imprescindible disfrutar previamente del título original porque algunos asuntos solo cobran sentido dotándoles de la información ya adquirida (en cuanto a situaciones y/o personajes) del decadente e hipnótico lore compartido.

Compra (oficial): Motel Penumbra
Instagram (autor): Fran Moreno
Instagram (editorial): Suseya Ediciones
YouTube (promo): Motel Discordia + Motel Penumbra

Daniel Espinosa, a fecha 16 de marzo del 2026