La noche más oscura 24-08-2017 01:06 (UTC)
   
 

La noche más oscura
(Kathryn Bigelow, 2012)


La noche más oscura




Ficha técnica


Título original:
Zero dark thirty
Año:
2012
Nacionalidad:
EEUU
Duración:
157 min.
Género:
Acción, Suspense
Director:
Kathryn Bigelow
Guión:
Mark Boal
Reparto:
Jessica Chastain, Jason Clarke, Joel Edgerton, Jennifer Ehle, Mark Strong, Edgar Ramírez, Kyle Chandler, Harold Perrineau, Jeremy Strong, Chris Pratt, Nash Edgerton, Scott Adkins, Taylor Kinney, Frank Grillo, Mark Duplass, Stephen Dillane, Mike Colter y James Gandolfini


Sinopsis


A las 00:30 de la madrugada del uno de mayo de dos mil once un comando de los marines penetró en la residencia de Osama Bin Laden para eliminar al considerado como hombre más buscado de la historia...



Crítica


La polémica e inquietud que un acto terrorista de repercusión mundial puede provocar alcanza cotas incalculables cuando se trata de uno dirigido a una de las edificaciones más emblemáticas de los Estados Unidos; la adaptativa directivamente Kathryn Bigelow ha decidido aprovechar la expectación que la incomprensión genera para consolidarse definitivamente como una de las mejores directoras del cine contemporáneo mediante el empleo de la esencia de la maquinaria propagandística del estado y, en última instancia, poderosa herramienta ideológica recurriendo a un fascinante apartado visual y unos gloriosos efectos sonoros, a los cuales acompaña un reparto repleto de actores consagrados y experimentados que, de nuevo, están a la altura del enorme derroche que sus respectivas labores solicitan (salvo excepciones puntuales, como Kyle Chandler, quien verdaderamente desespera tratando de convencer con sus patéticos gestos faciales en lugar de hacerlo verbalmente a través de sus aprovechables diálogos como ya hiciera en la sobrevalorada y resumidamente aburrida Super 8).

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La noche más oscura
(cuyo título original se corresponde con la hora en la que se produjo el asalto definitivo al antagonista siempre presente aunque no visualmente del metraje) se podría definir como una lapidaria crítica hacia los métodos norteamericanos frente a los atentados talibanes (los primeros se dibujan como salvajes torturas sin medida mientras que los segundos se justifican en gran medida sosteniendo que se trata de represalias en aras de responder a las atrocidades recibidas, atrocidades poco menos que exigibles y totalmente comprensibles), una síntesis tan cierta como criticable, como lo es el presumiblemente anecdótico hecho que los personajes que aparecen en la trama no cambien lo más mínimo físicamente a lo largo de los doce años que comprende la misma, descuidado aspecto (al que cabría sumar un buen número de errores más) que denota la intención del director de implorar (el personal modo de grabación así lo afirma) la provocación más absoluta en detrimento de simplemente recoger sucesos verídicamente sucedidos y debidamente documentados (tal oficialidad se limita a plasmar levemente los atentados en orden cronológico para así, torpemente, poder ir evolucionando la trama hacia el desenlace que más interesa pero menos intríngulis pudiera haber contraído, siendo incluso cómico en los instantes finales al solicitarse la presencia de la familia pronunciando sus nombres, totalmente surrealista y fuera de lugar).
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A raíz de los fatídicamente mortales atentados del once de septiembre de dos mil uno atribuidos (y aceptados con cierto orgullo por el mismo) a Osama Bin Laden éste se convierte en el objetivo principal de los miembros más experimentados de la CIA comandados por Dan (Jason Clarke, crudo y perfecto reflejo del sentido patrio más acérrimo el que encarna), organización militar que incorpora a una nueva integrante (la bella Jessica Chastain, soberbia y plenamente entregada a la causa) para ayudar a descifrar el complejo entramado que imposibilita dar con el paradero del mencionado terrorista; tras doce años de incesantes búsquedas y numerosas decepciones (en la mayoría de ocasiones con varias víctimas como muestra de la torpeza estratégica adoptada), en concreto el uno de mayo de dos mil once, logran descubrir por el simple hecho de deducir que para poder controlar todos los aspectos que la posición social del buscado exige éste debía habitar en un lugar céntrico y no en una cueva (hipótesis que en la vida real se barajó en todo momento) el lugar ocupado por el líder de Al Qaeda, quien reside inamovible protegido en una impenetrable fortaleza en la que habitan sus hermanos, sus respectivas mujeres y los cuantiosos hijos de todos ellos.

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El tiempo empleado para consumar el propósito parece llegar a su fin, pues la misión está a punto de finalizar y la captura se antoja inminente, pero la operación se complica enormemente cuando uno de los aviones utilizados por los marines como medio de ataque queda atrapado en la imponente residencia a asaltar; la única posibilidad de que el plan no se desmorone es que todas las partes colaboren como previamente se ha pactado y los acontecimientos no se tornen inesperados enemigos, pues de lo contrario podría suponer otro de tantos fracasos sin tan siquiera haber culminado el nuevo intento (realmente son especulaciones y no obviedades las que impulsan al servicio de inteligencia estadounidense a emprender un nuevo movimiento masivo) de una obsesión que lejos de concluirse con la matanza de Osama continua profundamente almacenada en las mentes de quienes protagonizaron tal hazaña (el plano final, mostrando a la protagonista satisfecha por haber cumplido su deber pero tristemente afectada al darse cuenta de los incalculable sacrificios que ello a su puesto, es el inmejorable ejemplo de ello).

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Duración y reconocimiento parecen ser últimamente dos conceptos inevitablemente ligados (así lo confirma la cinta en cuestión al haber sido nominada a cuatro Globos de Oro en la presente edición de los prestigiosos galardones), pero en este caso la excesivamente longeva historia (dos horas y media de película que contienen numerosas secuencias fácilmente desechables) únicamente mantiene el pleno interés del público (el intelectual se encuentra en constante actividad debido a la multitud de hechos históricos que se plasman en la pantalla y la íntima relación que guardan con el desenlace) en el último cuarto de metraje, obviamente el menos elaborado desde una vertiente argumental pero enormemente potente desde una visual, logrando estremecer y potenciar los instintos del espectador hasta límites insospechados; así, Kathryn Bigelow aprovecha su película para hacer patente su opinión conflictiva de manera inteligente y elegante, aunque en tal ejercicio se puedan distinguir deficiencias tan graves como el soporífero tramo medio y personajes secundarios poco aprovechados, amén de las ya mencionadas ideologías cuestionables e igualmente reprochables con una obra que podría convertirse en todo un hito en la historia del séptimo arte pero difícilmente así sea (mucho más elocuente e igualmente contundente fue la anterior propuesta de ésta, En tierra hostil, cuatro años atrás, con la cual la presente guarda grandes semejanzas pero poco se aproximan argumental y paisajísticamente), pues
innumerables erratas hacen que no deba catalogarse como (sin embargo siempre resulta impredecible el éxito de un filme, por lo que resta esperar).


Daniel Espinosa




 
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