Kon-Tiki 17-10-2017 09:41 (UTC)
   
 

Kon-Tiki
(Espen Sandberg y Joachim Roenning, 2013)


Kon-Tiki




Ficha técnica


Título original:
Kon-Tiki
Año:
2013
País:
Noruega
Duración:
118 min.
Género:
Acción, Aventuras
Director:
Espen Sandberg y Joachim Roenning
Guión:
Allan Scott y Petter Skavlan
Reparto:
Sverre Valheim, Anders Baasmo, Gustaf Skarsgard, Agnes Kittelsen, Odd Magnus, Tobias Santelmann, Jakob Oftebro, Thomas Arnold y Jorgen Berthage, Manuel Cauchi y Richard Trinder


Sinopsis


Thor Heyerdahl es un explorador científico que sostiene que el descubrimiento de la Polinesia se produjo por parte de Perú; para demostrar que su teoría es cierta, inicia un viaje de varios miles de kilómetros a través del océano Pacífico a bordo de una balsa...



Crítica


Las aventuras (tal vez sea propicio referirse a ellas como desavenencias) marítimas no suelen digerirse con facilidad aun gozando de repercusión y reconocimientos a nivel internacional (el ejemplo más inmediato es la reciente La vida de Pi, con la cual la presente cinta guarda más de una semejanza pero en todas ellas ésta se sitúa en un nivel superior) debido a su comúnmente extrema duración y soporífero desarrollo, pero cuando se trata de una película centrada en el absoluto sentido biográfico y no el sensacionalista (únicamente narrar los sucesos con ciertas dosis de ficción sin profundizar en absurdos ideales tan personales como criticables es un claro síntoma de ello, además de entrañar una agradecible aunque apenas deducible formalmente menor duración) la diferencia es enorme; ésta última condición es la que, contra todo pronóstico, lleva aparejada la última obra comercializada por la siempre influyente distribuidora A Contracorriente Films, Kon-Tiki, la cual se presenta como una epopeya de dimensiones épicas en la que la primacía del raciocinio (salvando la acometida suicida a criaturas asesinas que acontece en el ecuador de la trama y la descerebrada decisión que desemboca en el desenlace de la misma) y un exquisito apartado audiovisual (los sonidos sumergen y las imágenes estremecen) brillan de tal forma que apenas se pueden encontrar argumentos negativos más allá de la inevitable habitualidad histórica empleada (necesaria para contextualizar la historia y dotarla de credenciales).

Kon-Tiki  Kon-Tiki
El nombre del metraje deriva del dios creador de los incas, Wiracocha, de quien se aseguraba surgió de las aguas para crear el cielo y la tierra, habladurías tan fundamentadas como la verdadera existencia (y penurias sufridas) de los personajes que en el mismo se recogen, sumamente entrañables y difícilmente criticables; el realismo prevalece por encima de la recurrida fantasía para ofrecer al espectador una experiencia de complicada comparación e inconcebible indiferencia, un producto que seguramente no funcionará igual de bien que muchos otros de semejante índole (pues se suele premiar más la comercialidad que la profundidad narrativa) pero que contrae notables complicaciones (resueltas magistralmente tornándose fascinaciones) respecto a ellos (tales como la mantenencia de la tensión, la traslativa fidelidad de todo aquel que va apareciendo en pantalla con su inspirativa persona física y la incesante plasmación de los peligros que van sucediéndose para padecimiento de la poco experimentada tripulación protagonista, tanto animales como naturales) y fructifica (a la par que gratifica) de inmejorablemente modo.

Kon-Tiki  Kon-Tiki
Residente cincuenta y cinco años atrás (época perfectamente recreada) en el siempre peligroso barrio neoyorquino de Brooklyn, Thor Heyerdahl (Sverre Valheim, inmaculado en cada uno de los meticulosos gestos que efectúa) fue un joven antropólogo aventurero y entusiasta de origen noruego que sostenía firmemente que la Polinesia fue colonizada por los habitantes de Sudamérica llegando desde el este y no de Asia como se cree, tesis únicamente respaldada por las investigaciones realizadas por el mismo durante diez años en las Islas Marquesas (concretamente en Fatu Hiva, tierra en la que personalmente vivió su hipótesis) con su esposa Liv (Agnes Kittelsen, sufridora y gratamente pasional), mujer con la cual tuvo posteriormente dos hijos; ante la oposición financiera por parte de los editores científicos al negarse a creer que los incas peruanos fueron la excepcional civilización que hace mil quinientos años predijo que las corrientes de viento y mar en el pacífico bajo corrían de este a oeste y osaron realizar el presunto viaje desde Tiki hasta Polinesia subidos a una balsa ligera considerando que los océanos no fueron obstáculos sino rutas y recorriendo así ocho mil quilómetros, la posibilidad de probar por sí mismo lo descrito llega cuando conoce Herman Watzinger (Anders Baasmo, creciente y finalmente convincente), un vendedor de neveras que antiguamente se dedicaba a la ingeniería e insta a Thor a llevar a cabo el pretendido y legendario viaje.

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Una vez reproducido el diseño de la balsa original utilizando los mismos materiales que se supone emplearon los colonizadores, se unen a los improvisados capitán y comandante el alma del asbesto Torstein (Jakob Oftebro, extrovertido y formidable), el héroe de guerra Knut (Tobias Santelmann, imponente a la par que locuaz) y el navegante Erik (Odd Magnus, enfermizo pero acertado) para comenzar el periplo desde Perú hacia su destino, hazaña que abarcará aproximadamente cien días; para que la gesta resulte exitosa la expedici
ón compuesta por seis integrantes, pues cabe añadir al grupo al cámara Bengt (Gustaf Skarsgard, algo equívoco en ciertos compases) para documentar la misión, deberán enfrentarse a sanguinarios tiburones, gigantescas ballenas y luminiscentes anfibios (amén de una climatología tan natural como imprevisible) contrarrestando la desesperación con convicción, la depresión con fe y el infortunio con esperanza, descubriendo finalmente que la obsesiva ambición profesional tal vez haya podido dilapidar irreversiblemente sus vida personales (en especial la faceta familiar).
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Tras haber sido visionada por más de novecientos mil espectadores en Noruega (teniendo en cuenta que el país está habitado por cinco millones de personas es una verdadera barbaridad), posicionarse en el segundo lugar del listado de las películas más vistas de la región (Kitchen stories sigue encabezando la relación), contar con el presupuesto de realización más elevado de una producción proveniente de dicha nación (algo más de dieciséis millones de dólares se han invertido en la misma) y ser nominada a los Premios Satellite (Mejor Película Extranjera y Mejor Sonido), los Globos de Oro (Mejor Película Extranjera) y los Oscar (Mejor Película Extranjera) en sus respectivas últimas ediciones, la cinta se ha convertido en el mayor fenómeno noruego de la historia, predecible éxito que ya inició el propio Thor Heyerdahl al escribir un libro (traducido a sesenta y seis idiomas debido a su inmejorable acogida) y un documental (añadido de manera excepcional al clásico adelanto cinematográfico para la ocasión y ganador de un prestigioso Oscar cincuenta años atrás, hazaña que solamente consiguió repetir el cortometraje de animación The Danish Poet) de compartido título; la pretendida internacionalidad y presumible difusión de Kon-Tiki encuentra su mejor alegato en el hecho de que se rodara por completo y de forma paralela en noruego e inglés, existiendo una versión en cada uno de los idiomas y posibilitando así una ostensiblemente mejoría comercial, curiosa opción a la que cabe añadir el mayor acierto del director, el de mantener la perfecta armonía entre transcurso de la trama y acontecimientos en todo momento, resultando amenos e incluso ligeros los en otras ocasiones insoportables ciento veinte minutos de filme.



Daniel Espinosa






 
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