Snowpiercer 25-06-2017 17:17 (UTC)
   
 

Snowpiercer
(Bong Joon-ho, 2013)


Snowpiercer




Ficha técnica


Título original:
Snowpiercer
Año:
2013
Nacionalidad:
Corea del Sur
Duración:
121 min.
Género:
Ciencia ficción, Suspense
Director:
Bong Joon-ho
Guión:
Bong Joon-ho y Kelly Masterson
Reparto:
Chris Evans, John Hurt, Song Kang-ho, Tilda Swinton, Ed Harris, Jamie Bell, Octavia Spencer, Ewen Bremmer y Luke Pasqualino


Sinopsis


Un fallido experimento para solucionar el calentamiento global mató a la mayoría de la humanidad; los únicos supervivientes son los pasajeros de un tren que atraviesa el mundo con un motor de movimiento eterno.



Crítica


El filme más caro de la historia del celuloide surcoreano (el presupuesto alcanza nada menos que cuarenta millones de dólares), cuyo primer visionado en la XI Muestra de Syfy de Cine Fantástico celebrado en Madrid suscitó numerosos elogios por parte de la prensa especializada así como una entusiasta acogida del público asistente (confirmándose el furor en taquilla al haberse recuperado en tan solo diez días en cartelera la citada cantidad económica dispuesta, convirtiéndose posteriormente en un fenómeno que ha batido todos los récords de recaudación en el estado del cual proviene) tiene nombre propio tanto en cuanto a título como a director, Snowpiercer y Bong Joon-ho, una de las cintas más esperadas de la última década que ve la luz bajo la firma del responsable de numerosos emblemas cinéfilos orientales (entre ellos Memories of Murder, The Host y Mother); ésta adaptación de la novela gráfica “Le Transperceneige” de Jean Rochette y Jacques Loeb (reeditada como “Rompenieves” en España por la editorial Bang!) se exhibirá en su versión extendida sin cortes ni censuras en la mayoría de países en los que será comercializada (como suele ser habitual éstas medidas son frecuentadas por determinadas naciones para evitar mostrar actitudes creídas indecentes en las mismas aun no siendo castigadas en muchas ocasiones cuando se realizan), uno de tantos alicientes para aconsejar acudir al cine (la inmensidad de la propuesta solamente se percibirá como es debido en salas aptas para exprimir al máximo su apartado audiovisual) y proceder a ello, para no molestar, sin bebida ni palomitas, pues salvo pequeños descuidos (es toda una inc
ógnita cómo un abrigo de adulto se altera rápida e inexplicablemente hasta adecuarse al tamaño de un niño) la infinidad de elementos que se da es apoteósica.
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Entre la ciencia ficción distópica (aquella en la que una realidad alternativa se convierte en asumible) y la acción épica (los momentos heroicos se suceden sin cesar previa humanización y ralentización de los mismos) transita ésta oscura (la tonalidad del conjunto lo es amén de la propia premisa de la que parte) aventura sin concesiones desplegada en un mundo post apocalíptico (hermanado referencial y conscientemente con 1984 de George Orwell), un poderoso espectáculo que no da tregua al espectador (salvo la lentitud con la que transcurren los primeros minutos) al ofrecer lucidez y ferocidad a partes iguales para que el género fantástico conviva con referencias políticas, filosóficas, de crítica social y estrafalario humor (la excentricidad de algunos compases, como el momento de la antorcha olímpica próximo al ecuador y la canción escolar de poco después exigen la compartición de genuinidad para ser disfrutados), todo ello teñido con la internacionalidad que el reparto actoral permite aprovechar; basta con mencionar el equipo que se encuentra detrás del trabajo para dejar patente la profesionalidad del mismo, pues el guión ha sido adaptado por el propio autor junto a Kelly Masterson (Antes que el diablo sepa que has muerto), la banda sonora corre a cargo de Marco Beltrami (En tierra hostil), el diseño de producción es de Ondrej Nekvasil (El Ilusionista), los efectos visuales están supervisados por Eric Durst (Spiderman 2), el coordinador de especialistas es Julian Spencer (28 semanas después) y la dirección artística la asume Stefan Kovacik (El secreto de los Hermanos Grimm), unión de competitividades para la que se han dispuesto decorados tan majestuosos como el propio tren en el que transcurre gran parte de los acontecimientos, una construcción de seiscientos cincuenta metros de largo en el Estudio Barrandov de la República Checa.
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La humanidad, abrumada por los efectos cada vez más visibles del calentamiento global, liberó una sustancia artificial en la capa baja de la estratosfera para erradicar la problemática, pero el descenso de la temperatura fue tan drástico que propició una nueva era glacial, acabando con la mayoría de vida existente en el planeta, sobreviviendo a la catástrofe solamente los pasajeros del Snowpiercer, un transporte de rumbo eterno que circula a través de una vía circular que se expande alrededor de cuatrocientos treinta y ocho quilómetros por todo el mundo a través de un desierto de hielo y nieve gracias a un motor en perpetuo movimiento en el que la gente se amontona en sus vagones separados por clases, la menos favorecida aguarda en la sección de cola sufriendo hambre mendigando por una barra de proteínas diaria mientras que la poderosa viaja en la parte delantera con todo tipo de privilegios y excesos; esto se repite a diario hasta que Curtis (Chris Evans, irreconocible merced a la al abundante y mugriento vello que porta pero especialmente convincente) y Gilliam (John Hurt, poco más que correcto debido a la lamentable condición con la que debe desenvolverse), el líder de la sección de cola y el mentor de éste respectivamente deciden, cansados de esta distinción tan despótica y cruel, revelarse para cambiar el orden implantado por los déspotas gobernantes que estipularon tal separación (de hecho cada cual debe ocupar la sección que les atribuyó el motor sagrado teóricamente al azar) y guiar a un grupo de sublevados para que avancen luchando por la mejoría de sus condiciones al tiempo que descubren tras cada nueva puerta derribada un microcosmos apremiado con más y mejores lujos a medida que se acercan al frente de la locomotora futurista formada por decenas de mundos casi imposibles de conectar entre sí, un gigantesco sistema ecológico cerrado (traducido en virguería mecánica visual para el público) que esconde los secretos (y sobre todo multitud de conflictos) de la propia condición humana.
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El fiel reflejo del espejo social que se transmite mediante la carencia total de esperanza inicial de unos (la única finalidad es satisfacer las necesidades lúdicas y laborales de otros) en contrapartida a la imposición dictatorial (liderazgo que por otro lado es necesario como se evidencia a la postre) de los pertenecientes a la élite, acentuándose todavía más dicha oposición existencia en tiempos de crisis, bien merece otorgar la catalogación de formidable a la cinta, pero es que la sensación de tremendismo (en cuanto a aciertos se refiere) se extiende a todos y cada uno de los apartados que la componen (la compaginación de contenido adrenalítico y reflexivo, impregnado en cualquier caso de misticismo, es inmaculado), siendo por ello más oportuna tal adjetivación; puede que en ciertos compases se represente de manera bastante estereotipada la perfecta pirámide sindical (desde el proletariado hasta el dictador megalómano, pasando por los cuerpos del orden, los presos, los cocineros, los profesores, los sastres, los peluqueros, los intelectuales y los más acomodados invadidos por el hedonismo), pero esto se logra disimular sin resultar mera publicidad ideológica ávida de convertirse en un icono revolucionario antisistema (posicionamiento que no tiene por qué dar malos resultados como se demostró en V de Vendeta) limitándose a representar el perfecto vehículo para el tradicional héroe de a pié que lucha contra todos los obstáculos con los que se encuentre por conseguir su objetivo, siendo impredecible su devenir hasta la conclusión.
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En su primera película de habla inglesa, coproducida entre Corea y Estados Unidos, el director cuenta con un elenco repleto de estrellas estadounidenses donde destacan, amén del protagonista masculino (ejerciendo de héroe y príncipe del pueblo otra vez con la novedad de que lo hace sin antifaz ni escudo), una Tilda Swinton desatada y majestuosa en toda la ridiculez, crueldad y excentricidad de su personaje, un Ed Harris cuya portentosa presencia llena la pantalla y, como no podía ser de otro modo, un Song Kang-ho sublime, uno de los actores talismán de cineastas como el mismo responsable y Park Chan-wook (quien, por cierto, figura como productor de la película), todos ellos convierten la trama en el reflejo de la jerarquía mezquina de la sociedad actual con una división de clases en desigualdad de derechos y privilegios, una ácida sátira al sistema (tanto estructural como de valores) envuelta en un cuento violento de ciencia ficción orquestado con maestría; para aquellos que (comprensiblemente) temían que el metraje pudiera restar personalidad al trabajo de Bong Joon-ho por aquello de la nacionalidad compartida hay que decir que pueden despreocuparse, porque en este nuevo ejercicio estilístico y narrativo de cine coreano no se echan de menos ni la representación casi poética de la sangre con sus arrebatos pasionales ni el tono que bascula sin patrón entre escenas de carga dramática y excéntrica (potenciadas por una calidad infinita), y es que la limitación de espacio no supone una barrera al prodigio innato del autor para rodar un cúmulo de secuencias de acción trepidantes (algunas verdaderamente memorables) en la que ha sido definida, no sin razón, como una especie de The Raid horizontal (cabe recordar que aquella se desarrollaba en un edificio y, por ende, todo acontecía verticalmente), sin bien la presente resulta mucho más descafeinada en cuanto a brutalidad explícita.



Daniel Espinosa




 
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