Sharknado 23-10-2017 15:30 (UTC)
   
 

Sharknado
(Anthony Ferrante, 2013)


Sharknado




Ficha técnica


Título original:
Sharknado
Año:
2013
Nacionalidad:
EEUU
Duración:
86 min.
Género:
Ciencia ficción, Terror
Director:
Anthony Ferrante
Guión:
Thunder Levin
Reparto:
Ian Ziering, Tara Reid, John Heard, Cassie Scerbo, Heather Jocelyne, Julie McCullough, Tiffany Cole, Trish Coren y David Bittick


Sinopsis


Una ciudad está aterrorizada por miles de tiburones que fueron traídos por un huracán; cuando los tornados empiezan a formarse, los asesinos mortales comienzan su destrucción en el agua, la tierra y hasta en el aire.



Crítica


Pocas personas en la actualidad se aventurarían a negar que las redes sociales juegan un papel fundamental en la difusión de las películas (especialmente las de corte independiente que no disponen de tanta promoción como las de índole más comercial) pero, para aquellos que todavía se empeñan en obviar o reprochar por principios sustentados en directrices posiblemente más válidas pero obsoletas a día de hoy lo que resulta evidente, llega Sharknado para abrirles los ojos, un producto procedente de la cadena Syfy (caracterizada por combinar entretenimiento con divulgación científica en todo el material que diariamente ofrece) producida por la archiconocida The Asylum (encargada de parodiar trabajos de variada procedencia y género) que viene precedida de un gran revuelo mediático, para ser más concretos (y al mismo tiempo poner de manifiesto el poderío de las nuevas tecnologías) durante su emisión se registraron más de trescientas ochenta y siete mil menciones y a lo largo de la noche alrededor de seiscientas mil llegando a producirse picos de hasta cinco mil comentarios por minuto, cifras que la sitúan por encima de fenómenos recientes como el noveno episodio de la tercera temporada de “Juego de Tronos” que conmocionó la red; ha sido tal el éxito de la propuesta que el propio canal, en esta ocasión en su versión española (todo lo citado con anterioridad hace referencia a la norteamericana) la estrenará en primicia rompiendo la habitual exclusiva del país del cual procede (mayormente por no interesar a más público que el que lo visiona con frecuencia) el próximo mes de septiembre extendiéndose asimismo el evento a otras obras de la franquicia Hecho como El ataque del tiburón de dos cabezas y Megatiburón contra Crocosaurio, e incluso se estrenará en pantalla grande (volviendo de nuevo a tierras estadounidenses) para que los seguidores de tan inusual corriente de masas puedan disfrutar de la proyección en doscientas salas de cine repartidas por todo el territorio.

Sharknado  Sharknado
Una trama sumamente descabellada e igualmente hipnotizadora que provoca profundas carcajadas (la historia se podría resumir en un tornado sobre la ciudad de Los Ángeles arrastrando tras de sí a cientos de tiburones vivos que atacan a los habitantes de la misma) es la base de la que se ha valido Anthony Ferrante (responsable de aquel intento fallido pero cuanto menos correcto de thriller sobrenatural titulado Boo que se lanzó directamente en formato doméstico pasando por las estanterías de los pocos videoclubs españoles que apostaron por disponerla en alquiler con más pena que gloria) para despertar el interés de numerosos rostros populares de la industria hollywoodiense, quienes comentaron en tiempo real la película, como en el caso del guionista Damon Lindelof (uno de los creadores de Perdidos, el cual se ofreció mientras la veía a escribir su secuela) y la actriz Mia Farrow (que compartía en su cuenta impresiones posteriormente compartidas por la también intérprete Olivia Wilde), personalidades que no han hecho sino sumarse a la inusual buena acogida y desmesurada gratitud de los espectadores de a pie; siendo realmente absorbente, exquisitamente ridícula, maravillosamente absurda, dramáticamente histérica y adjetivaciones derivadas e igualmente acertadas son las más oportunas, pues es evidente que el título se añade a la larga lista de películas de bajo presupuesto destinadas a un sector muy concreto cuyos integrantes verterán fabulosos comentarios acerca de la misma enfrentándose al resto, puede que el noventa y nueve por ciento del total, que sostendrán que la catalogación de monstruosa debe abarcar al producto en su conjunto y no tan solo al género al cual supuestamente pertenece, y es que digerir gustosamente prácticamente una hora y media de verdadera irracionalidad no se antoja para nada sencillo si no se es fan de esta clase de pseudoterror, mostrándose en su máximo esplendor en un desenlace que, como no podía ser de otra manera, es descabellado a la par que épico (a más de uno el objeto desencadenador del sanguinario final que en estos le traerá sospechosas reminiscencias de la de la carismática trilogía Evil dead).

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A veinte millas de la Costa de Méjico, un pesquero en el que se han reunido dos hombres de negocios para conseguir llegar a un acuerdo económico para vender el uno al otro un paquete que contiene veinte mil tiburones se ve sorprendido por una tromba marina (una especie de huracán acuático que se podría definir sin entrar en correcciones estudiosas como un maremoto aunque éste sería definido por los expertos como un terremoto oceánico), siendo arrastrado (o más bien llevado aéreamente) hasta las paradisíacas playas de California, en las que el antiguo militar (ello se deduce de la prácticamente inapreciable mención que hace el mismo al inicio de la historia) reconvertido en actual leyenda del surfeo Phil (Ian Ziering, ídolo juvenil de la revisionada Sensación de vivir que se muestra muy correcto en todo momento) disfruta de su apacible vida refugiado en su medianamente exitoso negocio; el desconocimiento provoca que se barajen numerosas hipótesis acerca del hecho que ha provocado el fenómeno (algunos sostienen que se trata de un efecto secundario del calentamiento global y otros que es una forma de cobrarse venganza el todopoderoso), por lo que ante el desconcierto el ídolo de los amantes de las tablas decide embarcarse, junto a su cliente más fiel (John Heard, un tanto forzado pero igualmente indispensable) y a su predilecta camarera Nova (Cassie Scerbo, rasguñada hasta la saciedad pero al parecer inmortal), en un viaje prácticamente suicida con el objetivo de reunirse con su mujer todavía April (Tara Reid, totalmente desechable al no transmitir nada de lo que demostró albergar en la saga American Pie) y sus dos hijos, una aventura en la que los desastres naturales y las criaturas fantásticas parecen conjeturar colaboración para impedir que llegue a buen puerto.

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Alternativas al clásico juego del tiro al plato un tanto peculiares, alcantarillas que facilitan el tránsito de animales que teóricamente no caben por ellas, oleajes que arrasan todo lo que se encuentran a su paso pero seleccionando a qué incautos escépticos de la fuerza meteorológica barren, calles infestadas no precisamente de peatones, torrenciales tormentas que estallan con potencia para desvanecerse repentinamente, norias que parecen cobrar vida para que los que se encuentran en sus inmediaciones emulen la huida del mítico Indiana Jones de la roca que incesantemente le perseguía, estridentes sonidos que figuran ser los que se escuchan al producirse un gigantesco mordisco, explosivas chicas que saben muy bien cómo utilizar un palo de billar a modo de arma letal, conversaciones de taberna que no tienen fundamento alguno, gente corriendo de un lado a otro sin otro propósito que el de alarmar al resto, vehículos que explotan sin sufrir ninguna ignición, torniquetes que sirven de excusa para que cuerpos esculturales se muestren en todo su esplendor, llamadas de emergencia a números inciertos que no encuentran destinatario, profesores que reflexionan acerca de los inconvenientes que contrae su profesión, casas que se derrumban sin motivo aparente, comentarios machistas tan innecesarios como traídos, inasumibles actitudes que imposibilitan cualquier opción de supervivencia, disconformidades familiares que merman otras relaciones más inminentemente prioritarias, coches casualmente abandonados dotados de nitrógeno para aumentar radicalmente la velocidad máxima del bólido en cuestión y así poder huir sin demasiados inconvenientes de las autoridades que tratan de que su labor sea fructífera, letreros que sobrevuelan el cielo para impactar de lleno en aquellos destinados a morir de la manera más chocante posible, piscinas que arden cual leña recién recogida del bosque, inesperadas abducciones de procedencia desconocida, desiguales forcejeos entre la raza humana y la fuerza de la naturaleza en los que se alza victoriosa la primera, aviones abandonados que pueden repararse sin conocimientos previos, predilecciones domésticas para defenderse y, en especial, muchas vísceras desparramadas y miembros amputados (con los consecuentes litros de sangre producidos por tales atrocidades) es lo que uno puede encontrar en tan curioso filme, un cúmulo de inconexiones tan bochornosamente plasmadas (tal vez por ello más divertidas si cabe) como impagables.

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Tal ha sido el fenómeno generado por Sharknado que ya se ha anunciado una segunda entrega (Nueva York sería la ciudad en la que se ambientaría) con fecha de estreno para el diecisiete de julio del año próximo, sin haberse confirmado la presencia del reparto original aun habiendo declarado el propio Anthony Ferrante (oficialmente ya se puede asegurar que éste sí repetirá función direccional) que todos están invitados a unirse, aunque Tara Reid no estaría considerada para protagonizarla según han trascendido extraoficialmente los productores de este proyecto televisivo tras reunirse, llegándose a afirmar por parte de fuentes fiables que solamente Ian Ziering será el único que vuelva a aparecer en la secuela cinematográfica (durante el rodaje del filme en California recibieron cincuenta mil dólares cada uno, por lo que se especula que tiene que considerarse el brindar un salario mayor para ésta y por lo tanto se debe prescindir de los que ya se lucraron de la primera con el objetivo de no malbaratar el poco dinero del que dispongan en el reparto); una vez resuelta la incógnita de a quién diantres se le ocurriría consumar con aparente convicción la apoteósica idea de mezclar los fundamentos de la impactante Twister de Jan de Bont con los de la inolvidable Jaws de Steven Spielberg y obviada la lentitud del ritmo narrativo con la que se suceden los anunciados reclamos insuficientemente aprovechados (aclara tal afirmación que los ataques sean aún más ridículos en el medio que se supone es el propicio, el agua, limitándose a situar la cámara justo detrás de la claramente plastificada aleta o simular los desplazamientos forzadamente dentro del líquido salado con unos recursos de ordenador muy poco ortodoxos), no cabe dejar de lado las limitadas posibilidades de una nueva aventura, y es que qué duda cabe que queda demostrado que a falta de presupuesto para poder ofrecer unos efectos especiales de calidad buenas son descabelladas ocurrencias y que si éstas se van presentando durante la trama a modo de situaciones imposibles de creer resultan todavía más divertidas, pero repetir la fórmula y desechar la opción de ceñirse a un mayor realismo (o cuanto menos espectacular desde una perspectiva más elaborada) no es la mejor opción para no
cometer idénticos errores.


Daniel Espinosa




 
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