Día 5 (Sitges Film Festival 2013) 18-04-2024 01:00 (UTC)
   
 

Almost human
(Joe Begos, 2013)


Almost human




Ficha técnica


Título original:
Almost human
Año:
2013
Nacionalidad:
EEUU
Duración:
80 min.
Género:
Ciencia ficción, Terror
Director:
Joe Begos
Guión:
Joe Begos
Reparto:
Graham Skipper, Josh Ethier, Vanessa Leigh, Caron Rae, Diana Porter, Antohny Ambrosino, Bill Rice, Adam Finelli y Claire Berger


Sinopsis


Mark Fisher, un hombre que dos años atrás desapareció de su casa absorbido por un brillante haz de luz, ha vuelto para sembrar el caos...



Crítica


Sin relación alguna con las mediocres películas de zombies nazis rodadas a principios de los ochenta (es preciso señalar esto en primera instancia por motivos obvios), Almost human creó una gran expectación desde que su cartel promocional (obra de The dudes design, compañía cuya concepción artística se sitúa en el plano de la excelencia con diseños de auténtico mérito como el presente) viera la luz, curiosidad que ha alcanzado su cenit con las oportunas proyecciones en certámenes (al fin y al cabo el mercado de la cinta parece estar circunscrito en el ámbito de los festivales especializados y pertenecer a sus respectivas secciones oficiales) de todo el mundo, despertando más interés si cabe a raíz de darse a conocer (mediante las opiniones de los presentes a dichas veladas cinéfilas) el sumo cuidado con el que ha sido acabo el producto, con un argumento primitivo pero eficaz; la mezcla de ciencia ficción (en este caso abducciones, eventos morbosos donde los haya) con terror (cometidamente diluido para dotar de más relevancia a la pavorosa atmósfera que impregna cada fotograma de nostálgica magia) siempre ha sido una debilidad para muchos, percibiéndose en cualquier caso una calidad claramente superior tanto en la definición de personajes como de la tensión que puebla la historia a la mayoría de semejante índole, siendo el contexto situacional (en una pequeña población de montaña) un aporte propio de Stephen King que comporta una considerable elevación de las expectativas, a pesar de lo presumible, gratamente consumadas.


En un acto tan instintivo como pensar seriamente en saludar al transeúnte que, con un gesto amable y a la vez exigente, solicita al conductor la detención del autobús en el que uno va circulando por territorios tanto céntricos como periféricos, nace sonrojarse por el incontrolable beneplácito que delata la sonrisa dibujada por las situaciones plasmadas (no risibles sino complacientes), y es que la estrategia de Joe Begos (quién creería que sólo acumula un cortometraje previo en su carrera a juzgar por la naturalidad con la que se desenvuelve detrás de las cámaras) de dosificar el misterio que contrae la transformación (más de comportamiento que de físico) del antagonista, junto con una sobrada dosis de violencia y terror a la vieja usanza, funciona inmejorablemente; nada de adolescentes proclives a mostrar gratuitamente sus senos ni excéntricas comicidades, el trabajo luce maduro y emocionante a pesar de no contar con actores reconocidos y ser evidente que el recorrido internacional se antoja complicado, pues aun siendo un metraje de bajo presupuesto realizado por y para los amantes de las películas de género con insalvables restricciones, es más efectivo que el hecho de caminar por la calle resguardado bajo el cobijo de un paraguas mientras llueve y bastar ver cómo otro cierra el suyo para hacer lo propio aunque siga cayendo agua a raudales o haga una eternidad que no lo hace, sin pretender ser más de lo posible partiendo de una idea atractiva para el espectador que se va desarrollando de manera muy humilde y oriunda, regalando divertidos y sangrientos momentos no tanto novedosos como justificables en relación a la trama y, sobre todo, genialmente recreados.


El trece de octubre de mil novecientos ochenta y siete (la fecha en sí misma no es relevante pero deja entrever, al igual que el patrocinio de Channel 83, que la primacía del estilo retro es total) Seth (Graham Skipper, la fragilidad inicial y la paulatina fuerza de voluntad que se ve obligado a asumir las representa notablemente), un hombre cuya existencia transita entre lo mediocre y lo mundano sin que nadie le tome en consideración, huía despavorido por los frondosos bosques del condado de Patten hasta personarse en la casa de Mark (Josh Ethier, muy poderoso en todos los sentidos del término), su mejor amigo desde la infancia, y la novia de éste, Jen (Vanessa Leigh, a pesar de que en los compases más dramáticos denota algo de inexperiencia desempeña bien su labor), advirtiendo a la pareja acerca del infierno alienígena en el que se había convertido el exterior asegurando que una luz azulada había abducido a cierto conocido en común, pero el repentino anfitrión no lo creyó y, al ir a comprobar lo que realmente estaba sucediendo, un estridente zumbido le atrajo haciéndole desaparecer misteriosamente tras proferir un profundo grito; acusado de ser el causante de la desaparición en cuestión y puesto en libertad al poco tiempo por falta de pruebas, el testigo presencial masculino vive perpetuamente atormentado, contrariado e incomprendido, mas ahora, dos años después, brutales crímenes están ocurriendo, crueles asesinatos de imposible asunción racional que harán que todo cambie, y es que las señales se están repitiendo, las luminiscencias vuelven a atisbarse en el oscuro cielo nocturno del lugar y, lo más perturbador, un cuerpo desnudo cubierto de una extraña sustancia viscosa ha aparecido, el de Mark, pero ahora sólo es casi humano (aquí reside la evidente motivación del título)...


En un inicio se homenajea a la inusual Xtro (puramente de ciencia ficción con elementos extraterrestres) de Harry Bromley, pero los impases de terror y gore son frecuentes y recuerdan enormemente al clásico La Cosa de John Carpenter, aunque, a pesar de lo que la sinopsis pueda hacer pensar, Almost human es un slasher independiente americano en el que el reparto protagonista, que voluntariosamente se hace cargo de los papeles principales (los encargados de hacer lo propio con los secundarios tienen la única empresa de morir atrozmente y por ello juzgarlos es complicado), sustenta la permanencia del interés al cumplir a la perfección con su cometido sin excesivos alardes, lo cual se presume un acierto al haber podido percibirse ridículas unas encarnaciones más exageradas; todos aquellos que disfruten con este tipo de producciones se recrearán con los sencillos pero tremendamente eficaces métodos empleados (a pesar del muy ajustado presupuesto funcionan a las mil maravillas, especialmente en lo que a efectos especiales se refiere), siendo lo más importante no la banda sonora, la fotografía o las interpretaciones individualmente sino el conjunto de los elementos, uniéndose todos ellos para crear un producto que alimenta esa ansia de ver lo que no se encuentran habitualmente (excepciones siempre las hay, pero pocas) en salas comerciales, abundando en las carteleras cintas con más movimiento que el que produce el constante ir y venir del transporte metropolitano en cualquiera de sus siempre agobiantes rutas.


Durante ochenta minutos (contabilizando los créditos finales y la breve secuencia posterior, un detalle antaño común y en la actualidad olvidado que prácticamente obliga al espectador a ver transitar por la pantalla todos los nombres de los participantes en la producción para, finalmente, ser recompensado con algunos segundos más de metraje, no tan relevantes como curiosos y, normalmente, como aquí sucede, prometedores de una futura secuela), el festín de diversión y vísceras se sirve en un plato frío (la venganza contra los no muertos o corporeidades ocupadas por seres no humanos sabe así mejor según el dicho popular) de majestuosa composición de ingredientes, en este caso no culinarios sino fílmicos, consumiéndose la película en un abrir y cerrar de ojos; el plausible debut (tanto en la dirección como en el guión) de Joe Begos puede que sea intrascendental, pero la descomunal emoción de plenitud que el filme deja, una inexplicable emoción con reminiscencias a los años setenta (así como a películas más recientes como El cazador de sueños y las ya citadas en el párrafo anterior por la compartición de ideales relacionables, por no sentenciar exactamente idénticos) que se aleja por completo de la que suelen suscitar ésta clase de propuestas, nefastamente desarrolladas e igualmente alargadas hasta extenuar, algo que aquí no se da al presentarse una historia básica pero absorbente y un minutaje que para nada precisa de aguante al desplegarse dinámica y rápidamente una trama perfectamente digerible, es más, totalmente regocijante, salvo los últimos diez minutos, pues sin llegar a ser una debacle resultan precipitadamente convulsos y escasamente elocuentes.




Daniel Espinosa




Cheap thrills
(E.L.Katz, 2013)

Cheap thrills




Ficha técnica


Título original:
Cheap thrills
Año:
2013
Nacionalidad:
EEUU
Duración:
85 min.
Género:
Comedia, Suspense
Director:
E.L.Katz
Guión:
David Chirchirillo y Trent Haaga
Reparto:
Pat Healy, Ethan Embry, Sara Paxton y David Koechner


Sinopsis


Craig, un padre de familia en plena crisis económica, ahoga sus penas en un bar cuando; una pareja le propone recibir cierta cantidad de dinero si va cumpliendo una serie de acciones, y apenas duda en aceptar...



Crítica


Aunque la comedia negra no es, por desgracia, uno de esos géneros prolíficos (e incluso se podría decir que es realmente complicado encontrar títulos que merezcan la pena), Cheap thrills es sin duda alguna uno de ellos, pudiéndose prever que así sería a juzgar por cómo salió reforzada de su paso por el South by Southwest 2013 celebrado en Austin donde, además de llevarse el Premio del público, obtuvo reseñas verdaderamente halagüeñas (en el certamen de Boston tampoco se fue de vacío, pues se alzó con el Premio al Mejor Director), fundamentando la intríngulis en el inconformismo irracional (en este caso en su vertiente económica) y el temor de un futuro incierto; E.L.Katz, uno de los nombres confirmados para participar en la esperada The abc’s of Death 2 el año próximo, es el responsable de tal éxito al firmar un debut que venía precedido por su faceta como guionista al participar en cintas como Autopsy y The little one (en efecto, títulos fuertemente desconocidos pero presentes en su currículum junto con otros siete en los que ha ejercido en idéntica labor), habiendo traspasado para la ocasión la labor escritural a David Chirchirillo y Trent Haaga, dupla experta en la serie zeta más pura que dan lo mejor de sí para complementar los demás apartados, todos ellos cuanto menos notables y en algunos casos (como por ejemplo el de la fotografía) excelentes, resultando desechables solamente algunos planteamientos presumiblemente filosóficos y existenciales que no traspasan los límites de la absurda demagogia.


Craig (Pat Healy, sencillamente soberbio), un padre de familia reducida (mujer e hijo en común) azotado por la crisis general que recientemente ha recibido el último aviso de desalojo por parte de las autoridades, acude al taller mecánico en el que presta sus servicios habitualmente con la esperanza de poder disfrutar de un aumento salarial que le permita a su familia afrontar la citada notificación a fin de no verse implicados en acciones legales pero, lejos de ello, su encargado le comunica que está despedido, por lo que decide acudir al bar que de tanto en cuando frecuenta para ahogar sus penas en alcohol y, una vez allí, se reencuentra con Vince (Ethan Embry, muy natural en su desinhibición permanente), un viejo compañero de secundaria que actualmente ejerce de cobrador de morosos con el que conversa durante un buen rato hasta que un desconocido y la pareja de éste les proponen participar en una especie de juego aparentemente inofensivo; él responde al nombre de Colin (David Koechner, el curioso rostro que posee le beneficia sobremanera en su labor) y ella al de Violet  (Sara Paxton, irresistible como nunca e impecable como siempre en su encarnaci
ón de peligrosa musa al servicio del materialismo), y forman un dúo amoroso mantenedor de una relación abierta (el detalle cobrará importancia en una escena concreta) en plena celebración del aniversario de la última de lo más excéntrico como bien demuestra su gusto por las apuestas (por acertar si un anciano mirará los pechos o el trasero de la camarera es la primera que plantean) y el repentino deseo de que los dos extraños (tanto para ellos como entre sí debido al paso del tiempo) se sometan a determinadas acciones a cambio de una cierta cantidad, pagada en el acto, a convenir.

La noche se hará muy larga, y es que al poco de iniciar la remunerada actividad la pareja invita a los antiguos amigos de enseñanza obligatoria a su imperiosa morada para seguir con la particular fiesta de la que han formado parte voluntariamente, aclarándose tempranamente que se están relacionando con unos descerebrados (que guarden toda su fortuna en el interior de una caja fuerte sin que ésta esté cerrada con una combinación numérica ejemplifica su demencia) cuyo único objetivo es brindarles la oportunidad de lograr dos cientos cincuenta mil dólares libres de impuestos si aceptan seguir cumpliendo la serie de desafíos que les irán planteando (cincuenta por terminarse un chupito de tequila, dos cientos por hacer enfadar a una chica para que les abofetee, trescientos por orinarse en los pies del contrincante, quinientos por golpear a un musculoso guardia de seguridad, mil doscientos por defecar en la casa del vecino, cuatro mil quinientos por cometer un adulterio, quince mil por cortarse el dedo meñique de la mano, cincuenta mil por comerse a un perro
y, el desfase absoluto, la totalidad del botín por cometer un delito penado con la sentencia de muerte en algunos estados); ante la imperiosa necesidad de abonar los cuatro mil quinientos dólares de la deuda contraída por parte de uno y la motivación del poderoso caballero de otro, los excéntricos anfitriones tornan las pruebas (a cada cual más demente y cada vez con un componente de dolor mayor, lo cual ensalza el contundente e inmenso poderío del maquillaje empleado) en una competición insana en el que quedará en entredicho el sentido de la palabra amistad y el delirio absoluto hará acto de presencia, mas cuando la ilegalidad se combine con la rivalidad y el incordio ajeno se traduzca en éxito el resultado no deparará bondad...

Podrá gustar más o menos pero resulta indiscutible que la sociedad actual se caracteriza por ser sumamente capitalista, imperando la economía de mercado y teniendo un precio sino preestablecido a acordar (el dinero es, como bien se plasma aquí, capaz de comprar incluso los valores de cualquiera) y esto, por desgracia, también incluye a las personas, siendo el más inmediato ejemplo de ello la proliferación de programas que han visto durante la última década en los que todo parece ser válido para conseguir cinco minutos de gloria (esto se menciona en el cinta explícita y oportunamente a modo de extendida justificación); recuerda ésta película en ciertos aspectos a la majestuosa Funny games (no sólo por la tipografía seleccionada para anunciar el título en la que supone la antesala de los créditos finales sino especialmente en cuanto a la motivación última de la violencia, estrictamente gratuita)
, si bien en la presente las motivaciones de los personajes dista en cuantía de las de aquella y, sobre todo, la ambigüedad moral del desenlace (en la pieza de Michael Haneke quedaba claro el mensaje), preguntándose el espectador si, en el fondo, justificaría esas decisiones, y todo ello con un ritmo narrativo adecuado y escenas muy cercanas al gore (la escasa necesidad de incidir en ellas es admirable), por lo que en su realmente grandioso conjunto poco más se puede pedir (reminiscencias a los orígenes de Quentin Tarantino, tanto en sarcasmos varios como en la formidable banda sonora, se sucedem), en todo caso al contrario.

Cheap thrills
es una comedia negra como el carbón que plantea las posibles y degradantes consecuencias de una situación tan de actualidad como es la crisis económica ofreciendo una alternativa jornal muy peculiar aunque parcialmente asumible (la descontrolada crueldad que acepta el protagonista no se antoja aceptable pero la alternativa de venderse al mejor postor por cierta cantidad dineraria a cambio de sufrir determinadas fechorías bien podría traducirse en realidad en casos desesperados como los que sin duda muchas familias están sufriendo), una irreverente burla social que, sin embargo, está planteada desde una perspectiva tan extrema que se zafa de los reproches que podría recibir por parte de aquel sector más conservador y defensor de la dignidad humana; así, exagerada y contundente, la obra de la estrella de Pop skull y Home sick (sí, polifacético es el realizador de apenas treinta y dos años de edad) de disfruta a lo grande, percibiéndose el divertimento que se propone despertar desde el primer instante gracias a un equipo actoral ideal y una importante decisión, la incondicional defensa de la creatividad como eje primordial sobre el cual pivotan situaciones varias, la mayoría de ellas con fuerte contenido fácilmente censurable, tratándose de una de las propuestas más atrevidas (y cabría añadir imprescindibles) de todos los tiempos no apta para todos los públicos ateniendo a que el desarrollo de la historia está infestado de escatología y salvajismo, removiendo estómago y conciencia, en definitiva, E.L.Katz se ha lucido.



Daniel Espinosa




Europa report

(Sebastián Cordero, 2013)


Europa report




Ficha técnica


Título original:
Europa one
Año:
2013
Nacionalidad:
EEUU
Duración:
85 min.
Género:
Ciencia ficción, Drama
Director:
Sebastián Cordero
Guión:
Philip Gelatt
Reparto:
Sharlto Copley, Michael Nyqvist, Daniel Wu, Anamaria Marinca, Christian Camargo, Karol Wyra, Embeth Daz e Isiah Whitlock


Sinopsis


Un equipo de astronautas es enviado a una peligrosa misión privada...



Crítica


El ecuatoriano Sebastián Cordero dirige con mano de hierro la crónica de la primera expedición tripulada a un lugar del espacio exterior del que se sabe tiene un océano bajo el hielo, pero cabe señalar ya de entrada que los que esperen un espectáculo de rayos láser e invasiones alienígenas que se abstengan de verla (no se trata de una propuesta análoga ni a La guerra de las galaxias ni a Apollo 18), siendo el visionado obligatorio para los aspirantes a exobiólogos e ingenieros aeroespaciales, pues se dan infinidad de explicaciones haciendo los tecnicismos entendibles y la experiencia es muy próxima a la de estar a bordo de un simulador de última tecnología; con Europa report ha sucedido algo extraño, y es la película de ciencia ficción dura (probablemente se trate de una de las más científicas producciones de dicho género de la historia del séptimo arte, incluso más que 2001: Una odisea en el espacio, La amenaza de Andrómeda y, sin duda, que muchos de los documentales del canal de televisión Discovery Max, siendo rodada de hecho siguiendo los tópicos de los documentales dramatizados tan de boga en los tiempos que corren) se estrenó en formato de video bajo demanda dos meses antes que el propio en salas comerciales, posibilitando que aquellos impacientes puedan hacer algo que no harían en otras circunstancias, verla en versión original, lo cual permite percibir cada pequeño matiz de una obra de la que se disfruta cada uno de los minutos que la componen pudiendo ser, sin embargo, considerada por algunos aburrida y no convirti
éndose en un gran éxito.

Dos de los elementos más populares del cine de género en la actualidad, el falso documental de bajo presupuesto y el thriller de metraje encontrado (o lo que es lo mismo, cámara en mano), se combinan junto a una ciencia ficción justificada en todo momento para dar un efecto razonablemente plausible e impresionantemente controlado gracias, en gran medida, a un guión que cuenta de una manera intrigante una historia que ha sido narrada muchas veces antes (Philip Gelatt y el propio director son los responsables del escrito), dejando a un lado los vistosos efectos especiales y los sobresaltos baratos para convertir meticulosamente una serie de clichés (curioso es que la compresión de alimentos ni impide la ingesta de ajo al ser muy aconsejable su consumo) en una contemplación que cuestiona el lugar del ser humano en el universo; el conjunto de recursos visuales, principalmente planos estáticos de los personajes mientras solucionan cuestiones prácticas que complican los retos de su trascendental misión, mantienen un tono naturalista en todo momento que se ven complementados por una descomunal intensidad que encuentra, en incluso amplía, el formato irracionalmente popular en el que transcurren los terroríficos (por ser tan asumibles y creíbles que uno puede interiorizarlos con suma facilidad y mayor repercusión psicológica) acontecimientos, alejados del globo terráqueo pero no de la intríngulis subyacente en la raza humana.

La misión Europa Uno supuso el primer intento de enviar al hombre (incluir una tripulación comportó enormes gastos al implicar cubrir determinadas necesidades y crear cierto confort pero las pretensiones no dejaban otra opción) al espacio profundo permitiendo que durante más de seis meses el mundo entero observara con todo detalle el devenir de la misión al ser televisada en directo (la idea de llevar más allá el popular formato “Gran Hermano” podría barajarse seriamente a juzgar por los descabellados programas que ven la luz hoy en día), la cual fue suscitada a raíz de que los científicos descubrieran agua en la luna glacial de Júpiter (la cuarta para ser más exactos) subyaciendo las indagaciones de la NASA que revelaron señales de calor bajo el área conocida como el Caos de Conamara presumiéndose la existencia de microorganismo unicelulares (algo estadísticamente improbable, de hecho imposible, en el sistema solar), siendo el último instante filmado un error fatal en las comunicaciones entre la tripulación y el equipo de control; haciendo uso de las miles de horas de metraje recientemente desclasificado la Empresa Aurora trata de completar la historia al completo (todo ello fruto de la mentira que el largometraje supone, que nadie piense que se trata de un conjunto de imágenes reales ni tan siquiera de un caso verídico por mucho que las declaraciones de los teóricos protagonistas y demás involucrados en la quimérica labor hagan creer lo contrario al interpretarse todas las personalidades notablemente), remontándose diecinueve meses, diez días y catorce horas antes, cuando los integrantes concedieron una rueda de prensa en vísperas del inminente viaje que iba a descubrir nuevos horizontes para la humanidad a la vez que ampliar inmensamente las fronteras creídas limitantes de la misma.

Así, los espectadores podrán comprobar cómo el capitán William Xu (Daniel Wu, empeñado en demostrar que se pueden alcanzar objetivos impensables), los doctores Daniel Luxemourg (Christian Camargo, dedicado a explorar los ambientes más extremos desde que es adulto) y Katya Petrovna (Karolina Wydra, experta en biología marina y oceanografía), los ingenieros Andrei Block (Michael Nyqvist, veterano astronauta con prácticamente trescientos cincuenta días en el espacio exterior que únicamente odia la comida) y James Cirrigan (Sharlto Copley, apasionado de su profesión) y la inmadura e imprudente pilota que pretende ir más rápido que nadie Rosa Dasque (Anamaria Marinca, atrevida e inmadura pretende ir más rápido que nadie) se enfrentan a múltiples erupciones solares y a la intensa radiación del plantea padeciendo la expedición un sinfín de contratiempos; gravedades artificiales por rotación, propulsiones por motores de plasma, salidas al exterior que requieren cierto tiempo de preparación, principios de congelación de los reactores, problemas puertos de navegación a causa de la climatología exterior, válvulas que gotean exigiendo ser revisadas sin demora, transferencias orbitales complicadas por fuertes turbulencias, quimioluminiscencias causadas por interferencias, ecos que emulan el sonido de las lamentaciones más terroríficas que uno pueda llegar a imaginar, sondas que son golpeadas por algo desconocido, hydrazinas que impiden regresos, inyectores que se derriten rápidamente, líneas de combustible dañadas... todo esto y mucho más en un ecosistema tan complejo como impredecible en el que sus respectivos sacrificios pueden que no logren el cometido que con ellos se intentaba, y es que aterrizar fuera del objetivo marcado para el análisis de la superficie con amplias pruebas usando un brazo robótico para proceder con el taladro del hielo y el despliegue de una sonda a distancia es una circunstancia que contráriamente a lo que creen complicará mucho la empresa.

Hay que matizar que pese a ser una película de ciencia ficción, como bien se indicaba al inicio de la crónica, no acontecen ni persecuciones interestelares ni combates contra razas extraterrestres (lo cual es de agradecer aunque solamente sea para variar por una vez), sino que el enfoque de Europa report ahonda más en temas científicos como la astrofísica y la astrobiología (el todopoderoso buscador Google puede resolver las dudas que tales conceptos pueden suscitar tanto en significado como en adecuación de aplicabilidad a quien las albergue y sienta la curiosidad de responderlas), todo ello desarrollado de una forma escrupulosamente científica (las vistas son creíbles y a los ojos y oídos del profano más que creíbles) y considerablemente profunda (las problemáticas de ingeniería espacial se alternan con otras más terrenales) a excepción del pésimo desenlace (no tiene la menor cabida en una trama tan racional la criatura que se plasma en el mismo); podría afirmarse que se trata de una alternativa muy válida a la reciente Gravity (innumerables son los puntos en común que guardan ambas amén, ya sea por mera casualidad o debido a una estrategia de la presente de solaparse al interés que conllevará el éxito asegurado de tal superproducción, de compartir fecha de lanzamiento aunque una al ámbito doméstico y la otra a miles de salas de cines haciendo alarde de un descomunal despliegue promocional) con mucho menos presupuesto y mayor complejidad argumental, lo cual tiene sus pros (como conocer con exactitud todo lo relacionado con la aeronáutica, que como bien se demuestra no es ni mucho menos de fácil comprensión) y sus contras (la maravillosa dramatización combinada con compases de humor que en la otra se dan en esta se cambian por inciertas situaciones un tanto forzadas en las que, no obstante, el reparto actoral rinde a un gran nivel) pero, en cualquier caso, el largometraje es tremendamente disfrutable dentro de lo que implica la particular fórmula (es evidente que una predisposición facilitará la buena acogida de la propuesta) que se emplea para desarrollarse siempre y cuando se obvie el ya mencionado catastrófico final y las estridencias visuales que lejos de impactar marean sobremanera, las dos únicas deficiencias considerables (la primera de ellas podría haber implicado una menor atribución de nota pero el deber de atenerse al conjunto hace que no corresponda desbaratar todo lo bueno que alberga la cinta por ello) de una aventura, como en la misma se señala aproximadamente en su ecuador por parte de uno de los viajantes en términos poco ortodoxos, cosmóticamente excepcional.



Daniel Espinosa

 
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