Día 2 (Sitges Film Festival 2013) 18-04-2024 00:51 (UTC)
   
 

All cheerleaders die
(Chris Sivertson y Lucky McKee, 2013)


All cheerleaders die




Ficha técnica


Título original:
All cheerleaders die
Año:
2013
Nacionalidad:
EEUU
Duración:
90 min.
Género:
Comedia, Terror
Director:
Chris Sivertson y Lucky McKee
Guión:
Chris Sivertson y Lucky McKee
Reparto:
Caitlin Stasey, Sianoa Smith, Tom Williamson y Libertad Green


Sinopsis


Una joven rebelde con la misión de hacer caer al capitán del equipo de futbol se alista a un grupo de cheerleaders para conseguir su propósito, pero una serie de trágicos acontecimientos hará que las chicas se vean empujadas a una batalla sobrenatural en la que las muertes abundar
án.


Crítica


En el decálogo de los diez mandamientos recurrentes del imaginario escolar americano la posición más importante del fútbol americano, la del quarterback (por norma general el chico más deseado del centro), ocupa un destacado lugar en la lista, siendo su réplica femenina la capitana de las animadoras (que sea rubia, hermosa y poco inteligente son los tres requisitos que debe cumplir), quienes en la cumbre de la polaridad se encargan de llevar a cabo numerosas reuniones con el objetivo de confraternizar (y otros cometidos de índole más fisiológica); el resultado de invertir esta relación para que protagonicen enfrentamientos mortales es All cheerleaders die, y los responsables de llevarlo a cabo no son otros que Lucky McKee (The Woman, memorable visualmente como pocas) y Chris Sivertson (Sé quién me mató, cuyo principal aliciente era la presencia de Lindsay Lohan), quienes han precisado nada menos que más de diez años para decidirse a realizarla formalmente (el proyecto nació entonces cuando los dos acababan de graduarse en la USC Film School), lo cual no se traduce en un minucioso trabajo de mejoría constante sino en el preludio de una lenta y poco madurada trama de evidente insuficiencia tanto profesional como comercial al tratarse de un título rudimentario que, no obstante, consiguió un codiciado lugar entre las diez películas escogidas para formar parte de la serie Midnight Madness en el Toronto International Film Festival de la temporada.


La obra originaria se lanzó el mercado doméstico en dos mil uno pasando desapercibida, como en el paso de ésta correspondiente revisión (al fin y al cabo no se trata de otra cosa) por el ya citado Toronto International Film Festival 2013 y el Festival de Sitges 2013, cosechando en éste último un tímido aplauso a su término y numerosas comentarios negativos a la salida de la sala, denotando una vez más la hipocresía que reina por parte del respetable en un certamen que de amenazadoramente vulgar que se está tornando cohíbe mucho, una reinvención de la que los propios autores dijeron “nos está llevando al apasionante mundo del cine palomitero, y no podríamos estar más emocionados al tener la libertad creativa que una empresa como Modernciné ofrece para los escritores y los directores, esto va a ser muy emocionante, lleno de gran espectáculo con un reparto joven para morir; las pretenciosas palabras solamente acertaban en dos cosas, la independencia y la plenitud de inmadurez entre el elenco actoral, pero ambas se dan en su vertiente menos deseada, dotando al metraje de una incomprensible rareza de imposible traducción interpretada por unos chicos sin el más mínimo encanto ni atractivo más allá del físico, un abandono de la serie b que había primado en sus carreras con cierta tendencia a la seriedad hacia un desprejuiciado invento fallido.


Maddy (Caitlin Stasey, puede que la única que logra salvarse, no sin ser condescendiente, de la quema de insoportables actuaciones) es una chica rebelde de apenas diecisiete años del instituto Blackfoot y una paria entre sus compañeros de secundaria que tiene un odio especial el capitán del equipo de futbol americano, quien la traicionó tiempo atrás y por lo cual urde un plan para infiltrarse en el equipo de animadoras para lograr que sus despampanantes integrantes se sumen a su causa, la de vengarse del que considera el hombre más odioso sobre la faz de la tierra, pero su misión se ve truncada, una vez conseguida la simpatía de las deseadas féminas, por un trágico giro de acontecimientos por el cual todas ellas son víctimas de un fatídico accidente de coche propiciador de sus muertes; sin embargo, una obsesiva enamorada de la recién aceptada ha seguido de cerca los sucesos y, mediante el empleo de una magia negra que domina y a la que habitualmente recurre para mantener a salvo a su amor platónico (ello se debe a que sus conocimientos de brujería la hacen creer firmemente que cuando deje de hacerlo algo horrible la sucederá, como en efecto ocurre), las resucita para que regresen en forma de vampiras, viéndose así envueltas en una batalla sobrenatural (el elemento en cuestión es implantado meramente para tonificar las luchas entre sexos) repleta de mutilaciones y asesinatos (en medio de la más desacertada e ingenuamente malvada plasmación de tópicos parodiados) que jamás olvidarán (ni el público al ser penosos).


Los efectos especiales, de auténtica denuncia (la calidad es tan precaria que apenas podría llegar a catalogarse de serie zeta, con todo el decoro que ello supone para las producciones ideadas para la misma y la deshonra en la se traduce para otras que se circunscriben en un plano mucho más ambicioso, siendo el caso de la presente el segundo), cumplen únicamente su cometido en aquellos impactos más logrados (básicamente el primer percance saltador y la última sorpresa que depara la trama al más puro estilo Evil dead), lo cual, unido al resto de laboríos (destacando, obviamente negativamente, el absurdo argumento urdido por dos genios como Chris Sivertson y Lucky McKee, de los cuales no se observa ninguna de las excelentes particularidades que demostraron en sus anteriores obras), prácticamente obliga a sentirse no defraudado sino ultrajado, y es que el nivel que alcanza es infame; el comienzo, que parece augurar un divertimento desinhibido presumiblemente similar a American pie no es más que un espejismo, pues el filme deriva rápidamente hacia la más lastimosa combinación de El cazador de sueños y las brujas de Eastwick en una versión desfasadamente universitaria de las mismas al antojarse asumiblemente alocada en un principio y posteriormente una insultante congregación de sandeces  que lejos de conformar cuanto menos carnaza no proporciona más que aburrimiento y no, como algunos medios aseguraban por comprensibles intereses, una hilarante y sorprendente película salpicada de sobresaltos que no defrauda al público sediento de sangre (puede que, de hecho, nada se aleje más de la realidad que dicha aventuración).


En su conjunto (aunque todos los apartados analizados de forma particular sería más de lo mismo), All cheerleaders die es un desquiciante desenfreno en el que cada minuto es peor que el anterior hasta llegar al desenlace, un final que refuerza las horribles sensaciones que durante toda la historia se han ido percibiendo, un descomunal sinsentido que solamente podría llegar a disfrutarse por parte de aquellos calenturientos adolescentes con acné o quilos de más que deseen visionar aluna que otra secuencia lésbica, pero el bajo contenido sexual (si al menos éste fuera alto serviría para mantener el pulso respecto a la infinidad de vídeos que circular por la red) de las mismas hace que tan siquiera esa posibilidad pueda barajarse, pues el sentido tórrido se limita a unos cuantos besos que se aproximas más a los que en ocasiones se dan en el ámbito paterno filial que en el erótico; lo más alarmante del asunto es que la película aspire a convertirse en una pieza de culto instantáneo a partir de una risible congregación de elementos mal traídos y relacionados entre sí, no siendo por ende más que un irrisorio bochorno fílmico y, lo que es peor, el primer capítulo de la que promete convertirse en una saga, porque dos entregas ya pueden considerarse como tal y, a juzgar por la resolución y el texto que le sigue, es bastante evidente que así será al señalarse específicamente que la presente es la primera parte de una antología (nadie duda que suponga un enorme esfuerzo pero la esperanza ha dejado paso al escepticismo y desgastarse el bolsillo o simplemente la retina al visionar en la prometida secuela ya no es una opción) que muy posiblemente encabece el listado de las peores sagas de todos los tiempos, ya no del género en sí mismo sino de todos.



Daniel Espinosa




Escape from tomorrow

(Randy Moore, 2012)


Escape from tomorrow




Ficha técnica


Título original:
Escape from tomorrow
Año:
2012
Nacionalidad:
EEUU
Duración:
88 min.
Género:
Fantástico, Suspense
Director:
Randy Moore
Guión:
Randy Moore
Reparto:
Roy Abramsohn, Elena Schuber, Jack Dalton, Katelynn Rodríguez, Danielle Safady, Annet Mahendru, Lee Armstrong, Kimberly Jindra, Trey Loney, Amy Lucas, Alison Lees y Anthony Oporta


Sinopsis


Un viaje posmoderno y surrealista en las entrañas de la familia del entretenimiento, una batalla épica que comienza cuando un padre desempleado de mediana edad pierde su cordura durante un encuentro con dos chicas adolescentes en el parque de atracciones más famoso.



Crítica


Disneyworld
es sinónimo de magia, de alegría e ilusión para los más pequeños de la casa, un universo de príncipes y princesas, de reinos encantados, unicornios, malvadas brujas y moralinas recalcitrantes, y es que durante prácticamente cien años la poderosa industria creadora de tan popular infraestructura (toda ella plasmada para la ocasión en una tercera persona que más bien es primera al permanecer la cámara en todo momento a apenas unos centímetros de la acción, facilitando la inmersión en la historia e incluso antojándose como una especie de simulador a la altura del más realista simulador) ha logrado edificar una sólida imagen de marca que evoca la inocencia, la candidez, la bondad y la blancura y, desde luego, una película como Escape from tomorrow no entra de modo alguno dentro de los planes de tan poderosa compañía, siendo así hasta tal punto que augurar que si a alguien se le ocurriera descongelar antes de tiempo a su creador seguramente le daría un síncope al conocer la existencia del filme hasta el punto de desear no haber abandonado nunca la forma gélida no es atrevido sino obvio; es tan evidente que la propuesta se percibe como un ataque directo a la famosa entidad que incluso durante la rueda de prensa posterior a la presentación de la misma en el Festival de Sundance 2013, uno de los pocos certámenes en la que ha sido proyectada tan imperdible propuesta, surgieron las primeras voces que aseguraban la respuesta inmediata de ésta en forma de querella ante los tribunales apuntando que por allí corría un representante que impediría que se diera a conocer en ningún lugar porque iba a hacer todo lo posible para ello, algo que, como era de esperar, despertó más interés si cabe entre aquellos conocedores del producto en cuestión, estéticamente logrado disfrutable, siendo todo un acierto que en el Sitges Film Festival 2013 se le concediera el Premio a la Mejor Película dentro de la Sección Noves Visions Emergents.

El origen de toda la polémica se encuentra primordialmente en dos razones, la primera de ellas que el metraje fue íntegramente rodado en el interior de las instalaciones del parque temático sin consentimiento de la compañía (por lo visto el equipo técnico y el artístico entraron como simples turistas y filmaron sin previo aviso y, comprobado el resultado, lo cierto es que la estrategia seguida no deja de tener un descomunal mérito y extenuante para lograr que ninguno de los operarios se diera cuenta de lo que estaba sucediendo a su alrededor) y la segunda, quizás la más sangrante, reside en el hecho de que el largometraje del debutante Randy Moore retrata el popular emplazamiento como una especie de circo del horror bajo cuya carpa tiene lugar una opresión surrealista de tintes kafkianos; obviamente los capitostes de Disney no están felices con la propuesta, pero por otro lado ese lado oscuro y maligno que se saca a flote la añade una gran dosis de morbo, convirtiéndose en el principal reclamo de la controvertida ópera prima del autor y, sea como fuere, a día de hoy no ha mediado querella alguna contra el mismo, probablemente porque no querrán darle a la película más publicidad de la necesaria, pues si se llevara a cabo por la razón que fuera recibiría una atención mediática con la que de otra manera tan siquiera puede soñar el responsable y eso es precisamente lo que se pretende evitar a pesar de que el daño ya está hecho, pues la difusión del trabajo no ha tardado en fructificar de manera masiva habiendo sido premeditado, de buen seguro, desde que se urdió, y es que la directa alusión a la desvinculación más absoluta (“la película es una obra de ficción y ni Walt Disney Company, ni Siemens Corporation ni ninguna de sus subsidiarias, afiliados afiliadas, afines, oficiales, empleados, contratistas o agentes tienen ninguna participación en la producción” es como versa el primer texto) de una problemática que de antemano se conocía iba a originarse (de hecho sin él las limitaciones de difusión del producto serían mucho mayores de las que ya son debido al nulo atractivo de la trama en sí misma), muestra modestia e inocencia de intenciones tan falsa (de qué otra manera podría catalogarse el hecho de anunciar las palabras anteriormente recogidas y posteriormente sucederse los créditos iniciales con la tipografía de letra característica de la compañía afectada en cuestión) por parte del director en aras de, con evidentes pretensiones, tratar de ocupar un lugar en el siempre sugerente cine de culto de una forma tan válida como mezquina distorsionando la imagen de tan visitado e ilusionante emplazamiento, consiguiendo con creces su propósito al presentar un metraje sumamente singular, por lo que los medios puede (por no afirmarlo rotundamente) que no sean los correctos pero el resultado es el deseado y por ende la maniobra podría considerarse reprochablemente inmoral pero infinitamente impecable.


Jim White (Roy Abramsohn, inmensamente convincente) es un pobre desgraciado que recibe una llamada telefónica minutos antes de disponerse a disfrutar de la última jornada de las apasionantes vacaciones de las que está gozando junto a su esposa Emly (Elena Schuber, algo apática pero igualmente correcta) y sus dos hijos, Elliot y Sara (Jack Dalton y Katelynn Rodríguez, de apenas seis años cada uno de ellos ambos aparentan más edad de la que tienen tanto gestual como interpretativamente), en la que le comunican que está despedido, por lo que la infantiloide emoción que hasta entonces presentaba se transforma en agónico desespero y éste, cuando empieza a observar los síntomas de una gripe felina (así es denominada a partir del ecuador de la historia, pudiéndose combatir fácilmente con la paulatina ingesta de vitamina ce según sostienen los entendidos en el percal) que cualquier visitante es susceptible de contraer sin tan siquiera darse cuenta contrayendo graves consecuencias para su salud, en inquietante paranoia; así, con la desconfianza a flor de piel, percibe todos los elementos que le rodean en el parque de atracciones floridense como horribles peligros a excepción de dos preadolescentes parisinas (la nacionalidad francesa la clarifican las escuetas conversaciones que mantienen con el frustrado desempleado) a las que les encanta tararear una misteriosa melodía (cual canto de sirena será la que anuncie la inminente aparición en pantalla de las mismas) con las que casualmente coincide en el tren que transporta a los clientes de un lugar a otro de tan gigantesco escenario, el cual representará su desmoronamiento vital al obsesionarse de forma enfermiza con ellas, viéndose impulsado por fuerzas invisibles a seguir a las desconocidas féminas a todas horas.


La desestructuración del clásico clan de cuatro integrantes irá incrementando exponencialmente a medida que las alucinaciones se sucedan, siendo las interminables colas que se forman ideales para hacer enloquecer a cualquiera, una eternidad de espera que posibilita (e incluso incita a ello) la confección de innumerables hipótesis existenciales e irracionalidades varias, mas cuando la fantasía de torne realidad (lo cual no tiene por qué ser agradable) todo cobrará tintes pesadillescos, pues todo lo que acontece se debe a un maquiavélico plan urdido por parte de los altos cargos de una corporación robótica que pretende aprovecharse de la imaginación de las personas no para maximizar la rentabilidad de sus servicios sino para satisfacer los aspiraciones de ciertos residentes creídos felices pero tremendamente ávidos de ser apreciados en el período de transición que aseguran están padeciendo; de este modo el protagonista vivirá un viaje posmoderno y surrealista en las entrañas del entretenimiento en la que la cordura no tiene espacio de maniobra y los más variados desvaríos (entre muchos y por orden cronológico se podrían citar pavos que en realidad son emús, collares que resultan ser reliquias de ocultismo, encuentros sexuales tan precipitados como sufridos, competiciones de aguante de respiración bajo el agua que son confundidas con intentos de suicidio, míticas esferas que son comparadas con gigantes testículos, princesas propias de cuentos de hadas que practican la prostitución y fuegos artificiales de clausura que se traducen en el preludio de una tragedia) se suceden.


Es evidente que la polémica es un poderoso aliciente y en esta producción abunda en cuantía, y es que aunque de haber sido desarrollada en otro emplazamiento posiblemente hubiese tenido la misma buena acogida de la que ha gozado la manipulación de dicho escenario (al fin y al cabo la realidad es ésta y hay que ceñirse a lo que se muestra y no a alternativas, en cualquier caso basadas en suposiciones, desbravadoras de méritos) que se da, recurriendo a la acidez cuando debiera plasmarse la consagrada alegría, es tan sorprendente como inquietante, turbación a la que contribuye enormemente el formato colorista con el que es presentada, siendo el blanco y el negro los dos únicos tonos que se observan durante toda la trama, lo cual no distorsiona el parecer que se trata de suscitar sino que contribuye a la consumación del mismo, una hipnótica mezcla de obsesiones y divagaciones que mantienen al espectador absolutamente atento de cada acontecimiento que sucede (algunos verdaderamente ocurrentes y otros representantes de la mayor rareza que uno pueda conjeturar); así, Escape from tomorrow no puede dejar de ser recomendada hasta la saciedad no solamente por traducirse en una producción indiscutiblemente original sino por contener una serie de ideologías muy alabables centradas en una curiosa revolución de la mentalidad humana sumamente psicológica, y es que más allá de la extravagante puesta en escena (el autor no busca la espectacularidad sino la contundencia visual) y la simple aunque intensa aventura que protagoniza el cabeza de la familia que visita tan lúdico lugar (no cuesta lo más mínimo conectar con dicho personaje al presentarse muy cercano e incluso reconocible) se encuentra una profundidad tal que más de uno se replanteará su existencia, amén de mostrarse reacio de visitar el vendido desde siempre como edén de la diversión, un pletórico ejercicio de viveza extrema (con falso intermedio incluido) desconcertante a la par que absorbente que encuentra el mejor ejemplo del maravilloso lucimiento de los efectos visuales (así como especiales) de los que hace gala durante algo menos de noventa minutos en su escatológico y vello (que no bello) desenlace, siendo una cinta excepcional de principio a fin.




Daniel Espinosa




Hooked up

(Pablo Larcuen, 2013)


Hooked up




Ficha técnica


Título original:
Hooked up
Año:
2013
Nacionalidad:
España
Duración:
79 min.
Género:
Suspense, Terror
Director:
Pablo Larcuen
Guión:
Eduard Sola y Daniel Fernández
Reparto:
Stephen Ohl, Jonah Ehrenreich y Natascha Wiese


Sinopsis


Tonio y Peter, dos jóvenes estadounidenses, viajan a Barcelona en busca de fiesta y, sobre todo, mujeres; durante la primera noche de juerga conocen a unas chicas con las que se van a una casa en la que las cosas darán un vuelco dram
ática y sanguinariamente inesperado...


Crítica


“La primera película rodada íntegramente con iphone” versa entre exclamaciones el eslogan promocional de la que supone la ópera prima de Pablo Larcuen, genuinidad que debió cautivar a Jaume Collet-Serra para posicionarse como presentador de la misma, es decir, una especie de apadrinamiento (así como pequeña aportación dineraria extra al constar también como productor) que sirve para llamar la atención del público al leer el nombre de tan laureado cineasta en un cartel de corte puramente independiente en sintonía con la sumamente económica índole de la propuesta en cuestión, Hooked up, cuyo título significa “conectado” en sintomática correspondencia al dispositivo con el que es filmada; que la tecnología ha evolucionado en los últimos tiempos a pasos agigantados hasta no desmerecer lo más mínimos los aparatos adquiribles por parte de cualquier ciudadano a costosas maquinarias de la cinematografía clásica es una evidencia ya deducible desde hace mucho, pero que con un simple dispositivo telefónico se pueda conseguir algo tan espectacular como lo que se recoge en el presente largometraje era inimaginable hasta comprobarlo personalmente, pues por más que se diga y asegure que así es la única manera de saber si es verídico es teniendo la oportunidad de visionar el producto por uno mismo y, gracias a su incorporación en la programación del decepcionante Sitges Film Festival 2013 (nada menos que en la sección oficial a competición), muchos lo han podido hacer suponiendo uno de los pocos aciertos de tan progresivamente decadente certamen.

Anímicamente afectado por la reciente ruptura unilateral con su pareja (la decisión la tomó ella tras sorprenderle besándose con otra chica en una festejo), el cometido Peter (Stephen Ohl, en momentos de exigencia alta cae una y otra vez en el error de gesticular en demasía tornándose prácticamente cómica su labor) se une al que promete ser un viaje apoteósicamente libertino junto a su descerebrado mejor amigo Tonio (Jonah Ehrenreich, notable a lo largo de toda la trama), quien logra convencer a su deprimido camarada asegurándole con total convencimiento una experiencia como nunca antes tan siquiera hubiera imaginado en la que el desenfreno se apoderará de ellos proporcionándoles placer a raudales; el destino que han creído como propicio para conseguir consumar su suculento propósito no es otro que Barcelona, una ciudad (según ellos mismos citan conversando entre ellos) en la que abundan chicas bellas a la par que promiscuas (al parecer numerosos estudios demuestran que el origen patrio es sinónimo de ambas características) y alcohol tan abundante como barato (no es ni mucho la primera vez que los turistas comentan esto al venderse en su país mucho más caro), amén de un sinfín de locales en los que la fiesta se prolonga hasta el amanecer (por lo visto cuanto más oscuro y sucio sea mejor es la sensación que causa), propicia combinación que no dudarán en tratar de exprimir ya en la primera salida nocturna que efectúan un considerándola de tanteo para conocer el ambiente de la urbe catalana.


En su búsqueda de emociones fuertes se topan con una explosiva joven que les encandila instantáneamente hasta el punto de seguirla sin tan siquiera preguntarle su nombre ni el por qué de tanta predisposición a la deshabitada casa de sus abuelos, edifico en el que quedarán atrapados tras sufrir el integrante más cuerdo de ellos un fatídico (y sangriento) incidente con la enigmática anfitriona (la nula explicación del motivo por el cual tiene lugar una mordedura en las partes nobles del chico deja en evidencia las carencias narrativas de la cinta), encontrándose encerrados en el mismo sin poder salir ni por puertas ni por ventanas (la cantidad de unas y otras es descomunalmente descabellada, como lo es también el hecho que de un instante a otro se hayan reforzado sus respectivos sistemas encerradores mediante la añadidura de candados y alambres de espino); investigando el emplazamiento averiguan (a través de recortes de periódico colgados en la pared de una de las habitaciones y gracias a la inestimable traducción de la bilingüe conquista del otro extranjero en discordia) que la seductora muchacha que les ha llevado hasta allí para situarlos en tan preocupante situación falleció abrasada varios años atrás al sufrir mortales quemaduras como resultado de un fatal incendio, lo cual no hace sino agravar todavía más un percal de dimensiones gigantescas que rápidamente origina la aparición de sospechas y desconfianzas entre los hasta entonces hermanos no carnales, mas cuando el propulsor de la aventura le confiese a su reacio compañero que él fue quien maquinó todo para que su antigua novia le cazara en plena infidelidad (lo fundamenta en que lo hizo para abrirle los ojos al haber hecho lo ella propio con anterioridad aunque para nada lo crea el afectado al pensar que lo que realmente pretende es salir con ella) la locura se adueñará de ambos deparándoles el destino idéntica suerte aunque con diferente, prácticamente contrapuesta, ejecución.


Uno de los grandes problemas que tiene el cine patrio es que no sabe promocionar bien sus producciones, ya sea por desidia, falta de medios o cualquier otra excusa más o menos creíble, y es precisamente por ello que muchas de ellas están abocadas a una invisibilidad más o menos pronunciada aunque tampoco haga falta tanto poder adquisitivo para conseguir la curiosidad de los espectadores como bien demuestra el autor con ésta pieza, reconociendo el mismo responsable la capacidad del medio de captura del que se ha valido de traducirse en un gancho comercial, siendo ante todo una herramienta barata que le permitió sacar adelante la propuesta con un presupuesto muy contenido (exactamente catorce mil míseros euros idealmente empleados en el montaje de la misma en un alarde de inteligencia adaptativa); a pesar de las innumerables dificultades que haya tenido para llevar a cabo tan seductor trabajo y los impedimentos técnicos con los que se haya encontrado a medida que lo confeccionaba, lo cierto es que el malsano y claustrofóbico terror que en la pantalla se plasma difícilmente se encuentra al dibujarse un opresivo infierno minimalista del que el respetable es partícipe en todo momento al magnífico aprovechamiento de cuantas posibilidades se presentan, siendo por ende una pequeña obra de arte en cuanto a provechosa (y sumamente admirable) inventiva se refiere, ya que incluso la calidad audiovisual, uno de los aspectos que más podían preocupar a propios y extraños, luce realmente bien salvo en compases de un frenetismo tal que es difícil observar con aceptable claridad la acción.


Amén de patentar un nuevo subgénero en el tan dilatado ámbito del material preexistente (no se trataría de cámara sino de móvil en mano), Pablo Larcuen ha logrado diseñar un producto que funciona a las mil maravillas si se obvia por completo la racionalidad explicativa y el asumible razonamiento de la misma, siendo este apartado lastimosamente primitivo e incluso inservible (el evidente tránsito de Hostel a Saw pasando por [Rec] entretiene enormemente pero el componente sentimental, abarcando éste gran parte de las escenas que acontecen a partir del ecuador del metraje, entorpece no tanto la sencilla lectura presentada como la sostenibilidad del mismo); el conteniendo de Hooked up alberga en cualquier caso inolvidables momentos que crearán escuela y muy posiblemente darán origen a una revisión americana a juzgar por la evidente viabilidad comercial de una historia tan gratificante como reivindicativa, pues que nadie se olvide de que se trata de una película urdida (tanto direccionalmente en solitario como argumentalmente junto a Edu Sola) por un joven talento dado a conocer a raíz de participar con su práctica de tercer curso en la ESCAC (Mi amigo invisible) en el prestigioso Festival de Sundance 2009 y alzarse hace apenas un año con el premio a la mejor obra de la Sección Oficial Fantàstic del Sitges Film Festival 2012 gracias a su trabajo de graduación (Elefante), hazañas que no hacen sino contradecir las palabras de cierto político que declaró hace bien poco que la subvención estatal (nunca una parte fija sino variable) destinada al séptimo arte es más que suficiente y lo que no es solvente es la calidad de los autores que realizan las producciones que con dicha (escasa) ayuda económica.




Daniel Espinosa

 
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