Día 3 (Sitges Film Festival 2011) 22-04-2021 10:56 (UTC)
   
 

Bellflower
(Evan Glodell, 2011)


Bellflower




Ficha técnica


Título original:
Bellflower
Año:
2011
Nacionalidad:
EEUU
Duración:
106 min.
Género:
Acción, Drama
Director:
Evan Glodell
Guión:
Evan Glodell
Reparto:
Evan Glodell, Jessie Wiseman, Tyler Dawson, Rebekah Brandes, Vincent Grashaw, Zack Kraus, Keghan Hurst, Alexandra Boylan, Bradshaw Pruitt, Brian Thomas Evans, Britta Jacobellis y Ceaser Flores


Sinopsis


Dos amigos se han ayudado de las películas para crear un arsenal de armas y modificar coches para, en caso de que comience la guerra nuclear, poder defenderse en condiciones; cuando uno de ellos se enamore y se acabe rompiendo ese amor, se darán cuenta de que no sólo un desastre nuclear puede desencadenar el Apocalipsis.



Crítica


Como si del mismísimo Quentin Tarantino se tratase (salvando las distancias), Evan Glodel divide su primer filme, intenso y magnífico, en capítulos (aunque no tan enrevesados como el maestro citado suele llevar a cabo, sino explicativos a través de saltos temporales); pero es que el director no solamente se limita a dirigir su primera obra, sino que escribe y, lo más sorprendente, protagoniza de forma extraordinaria el metraje, resultando ser un director, guionista y actor polifacético que maravilla.


Woodrow (el propio Evan Glodel, increíblemente creíble e impredecible como su propio personaje) y Aiden (Tyler Dawson, algo ausente pero más que correcto en los momentos cumbres), un amigo suyo de toda la vida, son dos fanáticos de la saga Mad Max (protagonizada años atrás por el actualmente director Mel Gibson) que han elegido como guía espiritual dicha franquicia para construir armas (su obsesión reside en fabricar un lanzallamas casero, potencialmente peligroso como podremos comprobar en una insólita, al igual que el resto del filme, secuencia) y personalizar su vehículo (el Medusa, en evolución imaginativa constante) con el objetivo de convertirse en los amos del mundo cuando 
una figurada hecatombe nuclear provoque un cataclismo.

Una noche, bebiendo en una de las mesas del bar que suelen frecuentar, Woodrow conoce a Mily (Jessie Wiseman, otra actriz muy a tener en cuenta en el futuro) en un concurso de comer cucarachas, embarcándose junto a ella en un viaje por la carretera, cruzando medio país; él termina perdidamente enamorado, mientras que ella le advierte desde el primer momento que le traerá problemas y que la mejor decisión es no intentar la relación de pareja; el fin del mundo que tantas veces han imaginado tendrá lugar al generarse una serie de sucesos a cual más dramático, al mismo tiempo que Woodrow descubre que un corazón roto puede desencadenar la más brutal de las venganzas promovida por la ira (la acción que lleva a cabo contra la posterior pareja de la chica es sencillamente irrepetible, de una demencia tal que hipnotiza sin remedio).


Bellflower
, tan inclasificable como genial, es una de esas películas que dan sentido al Sitges Film Festival (festival en el que se proyectó, con una acogida inmejorable, la película de Evan Glodel, y recibiendo finalmente un más que merecido premio a la Mejor Película por parte del Jurado Carnet Jove), una producción en la que conviven la comedia romántica y la acción más trepidante con aires fantásticos, fruto del odio y la sobredosis de testosterona (así como de alcohol y otras drogas) que va padeciendo el protagonista, una mezcla explosiva que genera un clímax polémico y desemboca en un final abierto e imaginativo, dejando al espectador formular sus propias conclusiones acerca de lo sucedido.

Preparaos para disfrutar (si tenéis la ocasión) de una cinta que borra por completo los límites entre el cine amateur y el profesional (la fusión de ambos estilos perfectamente identificables es contínua), un metraje en el que las interpretaciones y la estética se fusionan con un hilo argumental apasionante y cautivador; a mi entender, se trata de la revelación de la recientemente finalizada 44 edición del Sitges Film Festival, que trae consigo reminiscencias a El Club de la Lucha y recuerda en muchos aspectos (especialmente el trato que la propia paranoia recibe) a la controvertida y polémica A Serbian Film
ago tan cierto como plausible.



Daniel Espinosa


Kill list
(Ben Wheatley, 2011)


Kill list



Ficha técnica

Título original: Kill list
Año: 2011
Nacionalidad: Gran Bretaña
Duración: 91 min.
Género:
Drama, Suspense
Director: Ben Wheatley
Guión: Ben Wheatley y Amy Jump
Reparto: Neil Maskell, Myanna Buring, Harry Simpson, Michael Smiley, Emma Fryer, Struan Rodger, Esme Folley, Ben Crompton y Gemma Lise


Sinopsis

Tras un accidentado trabajo en Kiev que le dejó violentas secuelas psicológicas, Jay, un soldado reconvertido en asesino a sueldo, lleva ocho meses sin trabajar; su mujer y su hijo deben sufrir su crispación hasta que Gal, un antiguo amigo de las Fuerzas Armadas, le propone un encargo consistente en una lista de objetivos, no muy extensa pero de tal calibre que terminará por arrastrar a Jay hacia el corazón de las tinieblas.


Crítica

Ben Wheastley puede presumir de haber desbancado de mi lista negra a The Squad (proyectada en la antepenúltima jornada del Sitges Film Festival 2011), ya que su cinta, Kill list, se ha convertido indudablemente en una de las peores películas visionadas en el recientemente terminado año; no es solamente la penosa historia la que ha logrado tal (des)mérito, sino que a ello contribuyen las actuaciones, los escenarios, el montaje y, especialmente, el desenlace (que intenta asemejarse a la polémica y cuanto menos sugerente A Serbian Film y apenas logra alcanzar el nivel de la peor producción amateur de la historia del cine, con todo el respeto que se mnerece dicha clase de obras, totalmente dignas, por supuesto).

Jay (Neil Maskell, convincente al principio pero paródico al final) y Shel (Myanna Buring, correcta, sin más) forman un matrimonio como otro cualquiera, que disfrutan sus momentos de pasión y padecen los episodios de odio e ira clásicos en una relación promovida por la lujuria; una noche deciden invitar a cenar a su casa a un buen amigo de éste, Gal (Michael Smiley, sarcástico a la par que incoherente), el cual acude con su nueva pareja Fiona (Emma Fryer, que apenas aparecerá en escena pero tendrá un protagonismo importante e incomprensible al término del filme), una mujer de aspecto demoníaco y corazón muy oscuro.

Debido a la falta de trabajo y la necesidad de aportar dinero al hogar (en gran medida por la enorme presión a la que la mujer le somete), Jay decide aceptar el trabajo que Gal le propone, consistente en asesinar a los figurantes de una lista compuesta por tres nombres (un sacerdote psicótico, un bibliotecario pedófilo y un trabajador dentro del marco gubernamental), remitida por un misterioso magnate que no permitirá que vuelvan con sus respectivas familias hasta haber cumplido por completo el encargo; los dos ex-integrantes de las Fuerzas Armadas deberán unir valor y cordura (precisamente de lo que carece el metraje) para terminar con la vida de los individuos que aparecen en la facilitada lista.

Un interesante comienzo de la trama hace prever que visionaremos una cinta elaborada argumentalmente e impactante visualmente (dos escenas, pertenecientes a los asesinatos de las dos primeras personas que tienen que matar los protagonistas masculinos, de veras generan tal pensamiento), pero un desarrollo atrabancado e ilógico por completo hace que comencemos a cambiar de parecer, y un desenlace bizarro y completamente denunciable termina por provocar una repulsión hacia la película que hace difícil exponer alegatos positivos hacia la misma.

Por si fuera poco criticable lo hasta ahora expuesto, el inútil intento por sorprender a la vez que asemejarse sospechosamente a la ya mencionada A Serbian Film (varias escenas y la propia finalización del filme son poco menos que plagiadas) hacen que el espectador sienta enormes deseos de que el primer nombre que constara en la lista de personalidades a matar que aparece en la cinta hubiese sido el del director, ya que cuesta imaginar una película con tan poca personalidad y decencia escenográfica, pudiéndose salvar exclusivamente las ya comentadas secuencias pertenecientes a los dos primeros asesinatos, la cual cosa es absolutamente insuficiente para lo que la ocasión merece.



Daniel Espinosa



Lobos de Arga
(Juan Martínez Moreno, 2011)


Lobos de Arga




Ficha técnica


Título original:
Lobos de Arga
Año:
2011
Nacionalidad:
España
Duración:
102 min.
Género:
Comedia, Terror
Director:
JuanAventuras, Martínez Moreno
Guión:
Juan Martínez Moreno
Reparto:
Secun de la Rosa, Gorka Otxoa, Mabel Rivera y Carlos Areces


Sinopsis


Un pueblo gallego vive atemorizado bajo el poder de una maldición, la cual únicamente podrá desaparecer si un miembro de la familia que originó la misma es sacrificado siendo ofrecido a un hombre lobo.



Crítica


Dos tipos duros
fue la comedia que supuso el debut de Juan Martínez Moreno en el año 2003, y ya dejó (en un derroche de atrevimiento y clarificación aptitudinal y actitudinal) una imagen típica del incombustible Quentin Tarantino trasladada al cine español en la actriz Rosa María Sardà cuando ésta sangraba a borbotones al serle amputadas las manos (violento recurso que para la ocasión se magnifica y multiplica, sucediéndose amputaciones, decapitaciones y vómitos putrefactos por doquier); con su segundo largometraje, la dramática Un buen hombre, el director demostró que sabía adaptarse a toda clase de circunstancias contemplando los más variados géneros; con Lobos de Arga, su tercera película, retoma la senda de su ópera prima imprimiéndola un toque fantástico en el que el equipo de maquillaje ha realizado un trabajo costoso y formidable (la responsable primeriza de ello es Raquel Fidalgo, aunque en cuanto a diseño y maquillaje de los hombres lobo se refiere es Arturo Balsiero, dos nombres propios muy a tener en cuenta de cara al futuro e incluso en el presente), siendo éste el aspecto más destacable y el más peyorativo el argumental, no tanto por su solidez (resulta razonablemente correcto en gran medida) como por su previsibilidad (a pesar de las diferentes variantes y cursos que va tomando la trama), hecho que no dota de frescura a una película que podría haber supuesto un punto de inflexión en el género de terror cómico patrio (no obstante, el conjunto logra alcanzar la calificación de notable).

Cuenta la leyenda (plasmada en forma de una excelente secuencia animada al inicio, tan genial como canalla) que el pueblo de Arga, situado en el norte de la península (más concretamente en Galicia), fue castigado con una temible maldición al someter al acto sexual forzoso a un feriante gitano que actuaba en un circo que actuó en dicho pueblo, hombre que fue utilizado por la marquesa Mariño al no conseguir ser fecundada nunca por la incompetencia de su marido; ésta, consistía en que su hijo Diego (Marcos Ruiz, ni una palabra balbucea pero terror infunde), en su décimo aniversario, se convertiría en hombre lobo, y únicamente desaparecería dicha brujería cuando pasaran cien años al alimentarse de un descendiente directo de la familia (es decir, se engendró un hombre lobo a través de multitud de atrocidades y, por ende, el castigo por parte de la mujer, meiga como no podía ser de otra manera, parece incluso justificada y sirve a la vez de curiosa pero pobre premisa histórica).

Al transcurrir el tiempo señalado, Tomás Mariño (Gorka Otxoa, el protagonista de Pagafantas que vuelve a demostrar sus talentosas dotes de actuación), es invitado a Arga supuestamente para reconocerle su labor como escritor y ser nombrado hijo adoptivo de la localidad, aunque apenas haya tenido éxito con su única obra publicada hasta la fecha y, acompañado de su perro Vito y su mejor amigo de la infancia Calisto (Carlos Areces, caracterizado con un acento gallego poco consecuente y sobrante, aunque el personaje sea una bomba de relojería en su vertiente positiva), así como de la inesperada visita de su ineludible editor literario Mario (Secun de la Rosa, uno de los actores que menos encaja en su papel y aún así gratifica su presencia), descubrirá que el recibimiento no será todo lo hospitalario que esperaba, ya que pronto lo atraparán para realizar con él un ritual con la intención de eliminar la mencionada maldición que pesa desde hace siglos sobre el pueblo; así, y bajo las órdenes de su tío multiempleado Evaristo (Manuel Manquiña, atemorizante y genial en su labor, incluso cuando se convierte en hombre lobo), sufrirá una tediosa percusión que finalizará con el inicio de una segunda maldición al pasar los cien años estipulados para poder finiquitar la primera sin ser solventada, la cual implicará de forma activa a toda Arga y únicamente podrá intentar ser erradicada con la inestimable ayuda del sargento de la Guardia Civil (Luis Zahera, delirante y desternillante su interpretación) y de Rosa (Mabel Rivera, en Mar adentro ya fascinó y lo vuelve hacer en una faceta completamente diferente), la abuela madrileña que acude en ayuda de Tomás tras ser informada de la realidad que acontece en el pueblo, lugar en el que el turismo rural no es precisamente aconsejable en la actualidad...

El polifacético (detrás de las cámaras) Juan Martínez Moreno cambia de registro y se introduce en los moldes del género de terror de ascendencia hispana en el que los mitos y las leyendas del norte de la península se funden con el humor de última hornada en una historia de maldiciones y hombres lobo en la que las situaciones absurdas y los diálogos más tópicos irán sucediéndose, aunque sin llegar a aburrir ni aborrecer gracias a un tono adulto claramente necesario a fin de componer un trabajo digno de mención en muchos aspectos; el filme entretiene y divierte como el que más, finalidades que parecen ser las únicas a las que optaba dicha cinta y que consuma con suma brillantez (así lo reconoció el público de la Semana de Cine Fantástico y de Terror de San Sebastián al brindarla el premio a la Mejor Película), en gran parte al tridente protagonista formado por Gorka Otxoa, Carlos Areces y Secun de la Rosa (citados en orden de relevancia y exposición).

Lobos de Arga suscita reacciones tan encontradas como encontrados son los elementos opuestos de esta curiosa producción de licántropos gallegos con toques de terror (el subgénero más adecuado para definirla sería el gore, contando con escenas bestiales y sangrientas, a pesar de no ser ni mucho menos la tónica habitual escenográficamente), y es que jugar al contraste constantemente homenajeando al cine de hombres lobos realizado en España décadas atrás a la vez que riéndose de algunos de los elementos arquetípicos del mismo no puede agradar a todo el público, pero la inmensa mayoría de espectadores saldrán convencidos de haber pasado un rato agradable con un metraje español, sensación que muy pocas veces se da y mucho menos en este género cómico (ejemplos como Spanish movie sostienen dicha afirmación).



Daniel Espinosa

 
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