Día 3 (Sitges Film Festival 2018) 27-01-2022 21:26 (UTC)
   
 

Glass
(M.Night Shyamalan, 2018)






Ficha técnica

Título original: Glass
Año: 2018
Nacionalidad: EEUU
Duración: 129 min.
Género: Drama, Suspense
Director: M.Night Shyamalan
Guión: M.Night Shyamalan
Reparto: James Avoy, Bruce Willis, Samuel L.Jackson, Sarah Paulson, Anya Taylor, Spencer Treat, Shayna Ryan, Charlayne Woodard, Luke Kirby, Rob Yang, Brian Donahue, Adam Thompson, Marisa Brown, Kyli Zion, Diana Silvers, M.Night Shyamalan, Nina Wisner, Serge Didenko, Russell Posner, Leslie Stefanson, Kimberly Fairbanks, Rosemary Howard, Johnny Hiram, Marc Glick, Brick Mason y Bostin Christopher


Sinopsis

Tres personas con súperpoderes se enfrentan a un devenir común...


Valoración

Lo mejor: la invitación a la reflexión sobre dos cuestiones, si existe gente excepcional (entiendo como tal la dotación de poderes excepcionales) y, en caso afirmativo, si los mismos deben actuar socialmente en aras de buscar el bien (héroe) o el mal (villano), residiendo la originalidad (y valía) de la cinta en el prisma expositivo, pues que la narración sea mediante quienes ostentan el don (o la maldición) en cuestión no es habitual en tan ubicuo subgénero, creándose así un excéntrico e insatisfactorio (a grandes rasgos) universo muy cercano al mundo del cómic pero en un plano pseudoterrenal; la reunión del reparto original de la saga, destacando (de nuevo) de entre el elenco un imponente James Avoy por la inconmensurable labor que desempeña encarnando a tantas personalidades como matices poseen éstas (veinticuatro en total, aunque no todas ven, literalmente, la luz), siendo el verdadero protagonista de una trama en la que brilla muy por encima de los otros dos pilares fundamentales sobre los que pivota la misma y que, bajo la batuta de West Thordson, coreografían una ruda (y episódica) confrontación que reivindica lo extraordinario dentro de lo cotidiano; el cierre que supone el filme que ocupa a una trilogía (cada película con un título referencial a la principal estrella abordada) que merecía mucho más, pues denota grandilocuencia, ampulosidad, solemnidad, complacencia e indulgencia (entre otros adjetivos igualmente peyorativos), convirtiéndose en una cita ineludible para los amantes de las viñetas (personajes con milagrosas fuerzas, desdoblamientos identificativos y preponderancias intelectuales, por mencionarlos en orden cronológico, afrontan sus respectivas debilidades, es decir, fobias acuáticas, sensibilidades lumínicas y fragilidades óseas enfundando chubasqueros, chándales y vestiduras), pero acérrimos.

Lo peor: el enésimo cameo del director en una de sus producciones, una particular licencia que denota cierto egocentrismo y afán, si no de protagonismo, de cierta notoriedad corpórea, complementando en este caso la breve aparición con la pronunciación de varias frases que se antojan, más que deberes escriturales, confesiones propias; la inexactitud cronológica de los hechos resulta tan interesante como irregular y, por más que se trate de justificar, se inició como una autoconclusiva propuesta (Unbreakable: El protegido) cuyo éxito propició una siguiente entrega (Split: Múltiple) directamente ligada a ella solo por el trasfondo y el desenlace, favoreciendo el alabado cómputo de ambas una tercera (Glass: Cristal) para tratar de explicar demasiado con poco (la totalidad de los minutos no se aprovecha como debiera en este sentido y sí en relación al ya aludido debate sobrehumano); la figura que permanece en la sombra conociendo (supuestamente) los secretos de las otras dos en discordia (no supone ninguna revelación que es la que da nombre al presente metraje) no entusiasma, de hecho provoca más rechazo (obviando la trascendencia de sus inestimables apariciones en pantalla) que cualquier otro sentimiento, tal y como sucede con la propia obra que, en la inmensa mayoría de espectadores (entre los que se incluye un servidor), suscitará una decepción de dimensiones tan épicas como las acciones plasmadas, aunque parezca lo contrario, tópica e inconsistentemente.



Daniel Espinosa



Nancy
(Christina Choe, 2018)







Ficha técnica

Título original: Nancy
Año: 2018
Nacionalidad: EEUU
Duración: 81 min.
Género: Drama, Suspense
Director: Christina Choe
Guión: Christina Choe
Reparto: Andrea Riseborough, Ann Dowd, Jeanie Smith, Steve Buscemi, John Leguizamo, Sahara Meer, Virginia Kull, Samrat Chakrabarti, Linda Kutrubes, Olli Haaskivi, Tibor Feldman y René Ifrah


Sinopsis

Una joven con problemas para distinguir entre realidad y ficción está cada vez más convencida de que fue secuestrada cuando era niña...


Valoración

Lo mejor: la sensibilidad con la que Christina Choe ejerce de maestra de ceremonias dirigiendo la cinta es primorosa, solo pudiendo lograr semejante resultado una mujer (sin pretender recurrir a defensas feministas ni a ideología alguna) al recogerse en cada plano la sombra de una sospecha que, al fin y al cabo, está siempre presente de un modo u otro ya no solo en la película sino en la vida real (la desconfianza con la que convive la raza humana se remonta a su propia existencia), valiendo su peso en oro un guión (la ira que desemboca cierta huida felina como símbolo de efímera posesión es especialmente impactante) que, allá por donde se ha distribuido el filme, ha conquistado tanto a espectadores como a medios especializados (tanto es así que se alzó con el premio al mejor guión en la última edición del Festival de Sundance) al derrochar creatividad e ilusión cinéfilas; la fotografía de Zoe White es imperiosa e imponente, captándose a través de ella multitud de matices (casi inapreciables en un único visionado) a partir de paisajes tan gélidos como la narrativa misma (la crudeza tratando el delicado tema de los secuestros de bebés es hermosamente enfermiza) que terminan por encandilar al respetable tanto como la protagonista a los demás personajes (con estratégicas e inteligentes técnicas para conseguir sus turbios propósitos), a quienes manipula (muchas veces por consentimiento expreso de ellos a causa de sus frustrantes decepciones personales) a su antojo para evidenciar que siempre habrá quien se beneficie de la desgracia ajena al preferir fabricarse una identidad ficticia en un mundo en el que las relaciones no son tanto físicas como virtuales y el peligro acecha a cada esquina (o llamada telefónica), no residiendo la esperanza en la genética sino en el interior de cada cual; la dupla masculina formada por John Leguizamo y Steve Buscemi (en ningún momento confluyentes en pantalla), encarnando a sendos seres con carencias filiales, aportan mucho talento a un reparto cuya exigida frialdad (factibles mentiras e inventadas apariencias incluidas) no merma su acercamiento al público, que se abstraerá por completo con una trama que avanza sin prisa ni pausa hasta concluir tal y como debe, sin concesiones ni dilaciones con confesiones no pronunciadas que resuelven las incógnitas planteadas, siendo más relevante el cuándo que el qué para invitar a una profunda deliberación existencial.

Lo peor: el ritmo (así como el argumento) no se define desde un principio y ese ejercicio de paciencia y comprensión no agradará a más de uno, sintiéndose perdido hasta que las directrices son obvias (allá por el minuto veinticinco), y es que la historia precisa de más filosofía que la promesa de la recepción de una carta misteriosa que nunca se efectúa para disfrutarse debidamente; la optimista visión que se atribuye al trabajo temporal (refiriéndose a la media jornada y a la posibilidad de establecer un horario compaginable con otros menesteres) desvirtúa el escenario tangible para dibujarse poco menos que comprensible, estando muy en sintonía con una hospitalidad que de cautivadora (en el más amplio significado del término) que se presenta se torna pretenciosamente abusiva; la adicción a la tecnología (concretamente al canal de comunicación más popular del momento, Whatsapp, que desbancó hace años al ya extinto Messenger) se capta trivialmente en una desequilibrada mental que, cambiando más actitudinal que presencialmente, se evade de lo que le rodea, tan triste como su rostro (apenas esboza ligeras expresiones afectivas en él pese a laburar en una clínica dental cuyo lema versa “sonrisas sin fin”).



Daniel Espinosa


The end?
(Daniele Misischia, 2017)






Ficha técnica

Título original: In un giorno la fine
Año: 2017
Nacionalidad: Italia
Duración: 97 min.
Género: Drama, Terror
Director: Daniele Misischia
Guión: Cristiano Ciccotti y Daniele Misischia
Reparto: Alessandro Roja, Carolina Crescentini, Claudio Camilli, Euridice Axender, Benedetta Cimatti, Bianca Friscelli y Roberto Scotto


Sinopsis

De camino a una importante reunión de negocios, un hombre queda atrapado en el ascensor y, en el exterior, se desata una hecatombe...


Valoración

Lo mejor: el talento del responsable, hasta ahora autor de innumerables cortometrajes inspirados en películas de pseudoterror (tales como Resident evil y Silent hill), para sugestionar al espectador generándole la sensación de que algo va a suceder cuando, si bien es cierto que ocurren muchas cosas a lo largo de la trama, el ritmo no es ni mucho menos frenético, ofreciendo asimismo un buen número de muertes (la mayoría insinuadas y no plasmadas) cuya sutileza tensiona e impacta para evidenciar que aquel con afán de superioridad (probablemente por complejos internos de, precisamente, lo contrario) se comportará en consecuencia incluso en la situación más impensable; el relato de la secuencia de acción narrada vía radio es detallista e intensa, muy posiblemente la única que convendría destacar entre tanto convencionalismo (desde la presentación de los personajes, precipitada y superficial, hasta el origen del virus, típico e insostenible), convirtiéndose los bellos paisajes romanos en tan inconsistentes (no se aprovechan en absoluto) como las actuaciones (durante la crítica se pone especial énfasis en este aspecto al ser el más catastrófico), no lográndose diferenciar entre terror y dramatismo en los rostros del reparto; el maquillaje luce formidable en las caracterizaciones de los infectados, infundiendo respeto a base de técnicas artesanales ya que, para satisfacción de aquellos más nostálgicos (o simplemente valedores del verdadero mérito del cine clásico), los efectos digitales apenas tienen cabida, una decisión sin duda encomiable (a la par que arriesgada) en los tiempos que corren.

Lo peor: la cobertura en el interior del teóricamente infranqueable ascensor es perfecta (la comunicación con el exterior es curiosamente nítida para facilitar el devenir del guión), lo cual sorprende (negativamente al no ser creíble) tanto como que el mismo no disponga de un sensor de humo (qué casualidad que fumar sin mesura sea el mayor de los placeres terrenales para un protagonista que ningún interés suscita debido a, como se señalará acto seguido con mayor exactitud, su apatía), repitiéndose la fórmula de valerse de un único y claustrofóbico espacio como ya se hiciera Rodrigo Cortés en Buried (de hecho el presente producto es un mediocre híbrido entre la misma y La trampa del mal de John Dowdle), eso sí, un resultado bien distinto; el semblante del reputado y egoísta (por qué será que ambos términos suelen confluir también en la vida real) hombre de negocios de nacionalidad italiana (procedencia explicativa de su adulador carácter) que, tras una noche repleta de altercados (no de índole terrorista sino caníbal), debe enfrentarse a un inesperado reto de supervivencia en el que aprenderá a respetarse a sí mismo y a valorar lo que posee (la figura de la mujer complaciente no hace sino confirmar la escasa imaginación argumental), siendo esto maravilloso sobre el papel pero no en su traslación a la pantalla, pues el nivel interpretativo de Alessandro Roja deja mucho que desear; el desenlace, que recoge el valor del litro de leche más costoso de la historia (cuando se proceda al visionado se entenderá el comentario), es un burdo homenaje a 28 días después sin entidad propia, no traduciéndose en una de las peores propuestas del género (las hay a centenares) pero sí en una prescindible, y es que pésimas decisiones (como perder de vista a una gran amenaza corpórea conscientemente o entregar un arma reglamentaria por la empuñadura profesionalmente) e incomprensibles absurdeces (como que las llamadas telefónicas se finalicen automáticamente al producirse un ataque o emplear un palo de golf aparecido de la nada cual portentoso artefacto) abundan sobremanera.



Daniel Espinosa

 
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