The amazing Spider-Man 21-10-2021 05:03 (UTC)
   
 

The amazing Spider-Man
(Marc Webb, 2012)







Ficha técnica


Título original:
The amazing Spider-Man
Año:
2012
Nacionalidad:
EEUU
Duración:
136 min.
Género:
Aventuras, Ciencia ficción
Director:
Marc Webb
Guión:
James Vanderbilt, Alvin Sargent y Steve Kloves
Reparto:
Andrew Garfield, Emma Stone, Rhys Ifans, Denis Leary, Campbell Scott, Irrfan Khan, Martin Sheen, Sally Field, Chris Zylka, Embeth Davidtz, Annie Parisse, Thomas Howell, Miles Elliot, Max Charles, Kevin McCorkle, Barbara Eve, Tom Waite, Milton González, Skyler Gisondo, Amber Stevens, Tia Texada, Stan Lee y Keith Campbell


Sinopsis


Peter Parker es un muchacho tímido y retraído que vive con sus tíos, los cuales le han criado desde que era pequeño intentando rellenar el hueco que dejaron sus padres después de abandonarlo; su tío Ben y su tía May han intentado inculcarle una buena educación y unos valores sólidos, lo que han convertido a Peter en un buen chico, generoso y sensato, pero durante una visita a un laboratorio científico será picado por una extraña araña sometida a diversos experimentos genéticos y a partir de entonces tanto su cuerpo como su comportamiento cambiarán radicalmente...



Crítica


Cinco años atrás, Sam Raimi y Tobey Maguire culminaron (de forma espantosa) su particular círculo adaptativo del Hombre Araña, concluyendo una trilogía que apelaba ante todo por la espectacularidad y que padeció un claro descenso imaginativo y cualitativo; la naturaleza del séptimo arte es cíclica y lo que hace diez años triunfaba (los tres títulos recaudaron una descomunal cifra dineraria) no tiene por qué hacerlo ahora, por lo que en vez de una continuación se apostó por un reinicio de la saga contando con un reparto plagado de buenos intérpretes (la mayoría de ellos reconocidos a nivel mundial) y un director implicado que buscara con su toque personal el objetivo de ofrecer un entretenido producto de calidad, y aunque las primeras noticias de The amazing Spider-Man hacían presagiar que nada iba a distar tanto de la realidad, afortunada y sorprendentemente Marc Webb ha logrado dicho propósito merced a una historia mucho más personal, profunda y detallista (es ejemplo de ello el hecho de que el útil que emplea Spider-Man para lanzar las redes lo fabrica él mismo, hecho que de igual modo se ilustraba en los cómics pero de forma biológico fue explicada en las entregas de la anterior saga) que sus antecesoras, aunque el desarrollo de la trama y los sucesos importantes suceden de id
éntica forma (muchos de ellos, que repercutían sobre el El Duende Verde, ahora lo hacen sobre El Lagarto), algo que los seguidores más acérrimos del conocido superhéroe agradecerán enormemente y el resto disfrutará.

Peter Parker (Andrew Garfield, por el que poco apostaba un servidor a priori y es de menester reconocer su enorme calidad interpretativa, por lo menos en este filme) es un hormonal adolescente tímido y retraído que vive con sus tíos (Martin Sheen y Sally Field, igual de anticuados que inconmensurables), los cuales le han criado desde que era pequeño, intentando rellenar el hueco que dejaron sus padres después de abandonarlo y desaparecer; precisamente este inexplicable suceso es el que intriga y atormenta a Peter constantemente, una inquietud que, unida al sentimiento de orfandad que late siempre dentro de él y una tristeza congénita que lo hacen diferente al resto de sus compañeros de clase, hará que indague en su pasado y desencadene la conclusión final.

La angustia parece menguar al conocer (y enamorarse de ella) a una compañera de instituto, Gwen Stacy (Emma Stone, pletórica y fiable, una actriz que merecidamente está alcanzando el estatus de indispensable), que se convierte en su mayor fuente de apoyo, de amistad y de confidencias (curiosamente la trilogía predecesora apostaba directamente por presentar a Mary Jane Watson, la genuina musa del protagonista, aunque parece mucho más correcta esta técnica, sobre todo si, como es de esperar, se suceden nuevas entregas); durante una visita a un laboratorio científico será picado por una extraña araña sometida a diversos experimentos genéticos, momento a partir del cual el cuerpo de Peter comenzará a cambiar, y pronto se dará cuenta de las increíbles acciones que puede llevar a cabo con su nueva fisonomía, convirtiéndose en Spider-Man y aprovechando sus nuevas adquiridas facultades para emprender la búsqueda de sus padres, lo que le conducirá hasta un excéntrico científico que tiene mucho que ocultar, el doctor Curt Connors (Rhys Ifans, que encarna a uno de los enemigos más costosos del superhéroe de formidable manera, aunque éste esté apartado a un plano muy secundario) y su alter ego, El Lagarto (enormemente desaprovechado al primar las características explicaciones relativas al protagonista), cuyo propósito es el de descubrir la forma de acabar con las vulnerabilidades físicas en la raza humana para que no haya distinción alguna y por lo tanto no tenga cabida las discriminación de ningún tipo (promovido por su discapacidad al carecer de su brazo derecho a raíz de antiguos experimentos realizados).

La abreviación más escueta de la trama podría componerse con dos palabras, comedia dramática, y es que las relaciones personales entre los distintos personajes (en especial, obviamente, entre Peter y Gwen) son el epicentro de la misma, por lo que el director de la notable 500 días juntos consigue reseñar la poderosa intención de hacer de los personajes la acción del relato sin obviar ni desmerecer situaciones verdaderamente ingeniosas a la par que divertidas; puede que Spider-Man haya sido uno de los héroes emblemáticos más desaprovechados cinematográficamente, nunca siendo explotado y explorado hasta sus límites intelectuales y viscerales, pero en esta ocasión se nos muestra más desafiante y sarcástico, con vistas a serlo mucho más en siguientes continuaciones, resultando para el espectador muy cercano y mundano y convirtiéndose en el líder de un ejército silencioso que aparece en el momento exacto y oportuno durante toda la extensión de la cinta (nada menos que dos horas y cuarto de duración).

A todo esto, cabe recordar que la película está ideada para proyectarse en tres dimensiones, recurso que no se aprovecha excesivamente pero sí infunde cierto realismo e intensidad en las secuencias presentadas de forma subjetiva (éstas básicamente se reducen a los movimientos volátiles de Spider-Man); era de esperar una historia algo más oscura que dotara al personaje de más misticismo (similar a lo que intentó plasmar, sin éxito, el gran Sam Raimi en la indecente Spider-Man 3), pero suple dicha carencia el antológico tratamiento personal (en el que tienen cabida apariciones estelares como la del responsable de Hombre Araña en las viñetas, Stan Lee, en una divertida y fugaz escena) y una banda sonora que luce en toda su plenitud (especialmente en los compases de máxima tensión acompañados de trepidante acción).



Daniel Espinosa




The amazing Spider-Man 2

(Marc Webb, 2014)


The amazing Spider-Man 2




Ficha técnica


Título original:
The amazing Spider-Man 2
Año:
2014
Nacionalidad:
EEUU
Duración:
142 min.
Género:
Aventuras, Ciencia ficción
Director:
Marc Webb
Guión:
Alex Kurtzman, Roberto Orci, James Vanderbilt y Jeff Pinkner
Reparto:
Andrew Garfield, Emma Stone, Jamie Foxx, Dane DeHaan, Paul Giamatti, Stan Lee, Sally Field, Embeth Davidtz, Colm Feore, Denis Leary, Marton Csokas, Sarah Gadon, Chris Zylka y Martin Sheen


Sinopsis


Peter Parker lleva una vida muy ocupada, compaginando su tiempo entre su papel como Spider-Man acabando con los malos y en el instituto con la persona a la que quiere, Gwen y, aunque no ha olvidado la promesa que le hizo al padre de ella de protegerla manteniéndose lejos de ella, es algo que simplemente no puede cumplir; las cosas cambiarán para Peter cuando aparezcan en escena un nuevo villano, Electro, y un viejo amigo, Harry Osborn, al tiempo que descubra nuevas pistas sobre su pasado.



Crítica


Fue toda una sorpresa comprobar cómo el hombre araña regresaba a la gran pantalla de inmejorable manera, y fue así contra todo pronóstico, pues pocos podían acreditar que un prácticamente recién iniciado (el aval se limitaba a las series televisivas Lone star y Silk y a un largometraje, 500 días juntos) tomara el relevo de Sam Raimi satisfactoriamente, pero no solamente lo hizo con respetuosidad sino que mejoró en muchos aspectos la obra del mismo, llegando a entusiasmar incluso a los más acérrimos seguidores del superhéroe y a cuanto menos agradar a todos los que visionaron la pieza; el director en cuestión no fue otro que Marc Webb quien, no contento con el éxito cosechado con aquella, dos anualidades después se dispone a repetir proeza con el claro objetivo de añadir realce visual y dotar a la franquicia de más peso emocional aunque también más redundancia (en cuanto a sonido y furia también), resultando una aventura tremendamente adictiva que resuelve asuntos pendientes (volver a visionar la primera antes de proceder a hacer lo propio con ésta no está de más para tener bien presentes detalles fácilmente olvidables), abre nuevos frentes y, sobre todo, desvela fragmentos de la verdad absoluta que reside tras el origen del concepto primigenio (la importancia de la mayoría queda reservada para el fin del ciclo), la cual se remonta a cuando el actual protagonista era un niño.


Peter (Andrew Garfield, la sustancial duda que generaba su eximo de Tobey Maguire se esfumó rápidamente con una interpretación solvente como pocas) disfruta de su ocupada vida compaginando sus labores de Spider-Man impartiendo justicia entre los maleantes del sud de Manhattan y su faceta estudiantil a punto de graduarse junto con la persona a la que quiere, Gwen (Emma Stone, hace mucho que podía pasar desapercibida pero su ascendente habitualidad en cartelera la ha reservado, no por méritos ajenos, un lugar privilegiado entre las más solicitados actrices del actual panorama cinéfilo), con la que se sigue viendo a pesar de la promesa que le hizo a su difunto padre de protegerla manteniéndose alejado de ella (en su último estertor éste le rogó tal quimera pero, pese a dejar la relación transitoria y frecuentemente, no pueden evitar pensar el uno en el otro constantemente); siempre ha sabido que la batalla más importante es la que mantiene en su interior, la continua lucha entre sus obligaciones diarias como ciudadano de a pie y las extraordinarias responsabilidades morales que su don implica (utilizarlo en beneficio del pueblo y no propiamente al tiempo que alcanzar a entender por qué la combinación genética de especies es un tema que no se limita a sus inquietudes investigadoras sino que ya obsesionaba a su progenitor), pero una mucho más tangible está a punto de desatarse...


Los causantes de la pesadillesca situación en la que se verá envuelto son Rino (un Paul Giamatti minúsculamente aprovechado pese a percibirse inmenso como rinoceronte mecanizado), Electro (un Jamie Foxx soberbio como deidad electrificada) y Harry Osborn convertido en Duende Verde (un Dane DeHaan magnífico como indecoroso volador), un implacable criminal, un excéntrico admirador y un antiguo conocido respectivamente, quienes se convertirán en tres potenciales amenazas dispuestas a sembrar el caos en la ciudad y, especialmente, a complicar la existencia del héroe arácnido, compartiendo los tres una cosa en común, han sido creados por parte de la compañía a la que una vez perteneció su ascendiente, la Corporación OsCorp; es el único capaz de proteger a sus conciudadanos neoyorquinos de la alianza recientemente apalabrada entre los temibles villanos y lo sabe tanto él como ellos, algo que le dificultará sus deslizamientos entre los rascacielos, y es que quedará patente que el precio de sus involuntariamente adquiridas habilidades es muy caro para sí mismo y para los que le rodean (no conviene añadir más información respecto a la historia, aun a riesgo de que pueda parecer desestructurada o cuanto menos incompleta juzgando lo escrito, para evitar desvelar hechos trascendentales y pormenores no tanto relevantes como sorprendentes y restar gran parte su provecho).


La tridimensionalidad (la oportuna versión no es opcional sino obligatoria si se desea disfrutar al máximo la apoteósica experiencia) vuelve a ser una gozada, perdonándose la portación de las gafas durante los ciento cuarenta minutos de duración (puede antojarse una extensión desmesurada pero el desarrollo de la trama resultante del trabajo de nada menos que cuatro guionistas diferentes está perfectamente urdido para que no se haga tedioso el visionado sino sumamente dinámico, alternándose secuencias para deleitar a niños con simpáticos comentarios y a adultos con exquisita sensibilidad), presentándose varios enemigos paralelamente para no dar la más mínima tregua ni al espectador ni al defensor enmascarado salvo para aplaudir espontáneamente como merecida muestra de gratitud, no habiendo lugar posible para el aburrimiento; partiendo desde el mismo momento que clausuró la primera película, ésta secuela mantiene intacta la columna vertebral con la pareja formada por Andrew Garfield y Emma Stone, cuya química sigue traspasando la pantalla para hacer de la relación que mantienen en la vida real una poderosa arma de compenetración, uniéndose al elenco rostros tan conocidos como los de Dane DeHaan encarnando al adinerado de turno que ansía mejorar su calidad de vida (su sensacional demostración en Chronicle le sirvió para ser considerado un talento muy a tener en cuenta y aquí así lo reafirma) y Paul Giamatti como un prometedor (la tercera parte será su escenario de lucimiento) delincuente sin compasión haciendo alarde de su talante para aumentar con su sola presencia el nivel global de calidad al extender su profesionalidad al resto (nada menos que sesenta y dos cintas constan en su muy dilatada trayectoria, siendo premiado asiduamente con numerosos y variados reconocimientos), destacando por encima Jamie Foxx y su maravillosa transición del autismo más absoluto al afán de popularidad tras ser humillado laboralmente (la vertiente más oscura del fenómeno fan queda perfectamente plasmada), sin olvidar la fugacidad presencial de rigor de Stan Lee representando asombrarse al comprobar cómo sus creaciones de viñetas han cobrado corporeidad.


La presumible conclusión a
ésta nueva saga, cuyo título no ha sido confirmado oficialmente todavía (sin embargo, todo hace presagiar que sólo distará de los dos anteriores en la cifra numérica indicadora del capítulo en cuestión, The amazing Spider-Man 3), verá la luz en una fecha indeterminada del dos mil dieciséis bajo la firma del propio Mark Webb, quien puede cerrar el ciclo compuesto por tres entregas insospechadamente celebrables volviendo a tener como protagonista absoluto a Andrew Garfield y contando entre el reparto con la presencia de Paul Giamatti (resulta curioso que éste sea el único nombre garantizado junto con el anterior pero está más que justificado con el desenlace que se da), no sabiéndose con certeza si se brindará la contraproducente sobrecarga de valiosa información que en ésta (sin duda ello complica el reconocimiento del mérito de haber logrado tejer con suma destreza un elevado número de datos, pero la combinación de acción, comedia y drama, así como tintes fantásticos por la propia naturaleza de los personajes, permitiendo observar el diseño de inminentes apariciones estelares, es un primor); del acondicionamiento de los asientos dependerá el dolor muscular que la inversión temporal del metraje conlleva, pero la económica se amortiza hasta tal punto de no antojarse atrevido asegurar que se trata de una de las actividades más aconsejables del año en las que destinar parte del salario (pese al actual precio de las entradas, en efecto) y es que, a la espera de comprobar si la última reinvención mejorada y actualizada de los ideales expuestos por parte de Sam Raimi años atrás cumple con la promesa de seguir respetando la primacía de los efectos especiales en inmejorable conjugación con la propia historia (lo cual, de resolverse de un modo similar al de la actual, ofrecerá emoción y espectáculo a raudales), The amazing Spider-Man 2 supera en cuanto a intensidad a su antecesora pudiéndose disfrutar por separado (evidentemente, para conectarlas es preciso haber asistido a la proyección de ambas), una manifestación fílmica de puro entretenimiento en su sentido más extenso y excelso.



Daniel Espinosa

 
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