Exhibit #8 + L’étrange couleur des larmes de ton corps + The amusement park 28-01-2026 20:47 (UTC)
   
 

Exhibit #8
(Ruben Broekhuis, 2022)






Ficha técnica

Título original: Exhibit #8
Año: 2022
Nacionalidad: Países Bajos
Duración: 76 min.
Género: Drama, Suspense
Director: Ruben Broekhuis
Guión: Monique Kessel, Ruben Broekhuis y Sarah Offringa
Reparto: Nastaran Razawi, Claudio Magaña, Mike Reus, Coen Vlijmen, Guido Gerard, Jennifer Evenhuis, Marije Loermans y Arend Brandligt


Sinopsis

Dos personas se unen para filmar un documental sobre la misteriosa desaparición de un joven cruzándose en su camino con otro equipo de filmación que está creando una narrativa más siniestra que la suya...


Valoración

Lo mejor: el ritmo se mantiene de principio a fin (sin concesiones ni demora) para entretener solemnemente, aprovechándose los escasos setenta minutos de duración hábiles para proponer un ejercicio de metacine realmente logrado en una especie de mockumentary que critica severamente las snuff movies con sensibilidad emocional e intensidad argumental; la manera de plasmar la clásica negación a recuerdos pasados (por supuesto de índole traumática) es magnífica, adoptando comúnmente un mecanismo de defensa erróneo e injusto como el aquí observado; el abanico de métodos de filmación (desde cámaras profesionales hasta teléfonos móviles pasando por drones aéreos o sistemas de seguridad) demuestra cuán provecha puede resultar una idea válida con paupérrimos recursos económicos, soslayando el abuso de explicitudes en virtud misterio e investigación.

Lo peor: el dato vertido sobre la cantidad anual de querubines desaparecidos en campos de refugiados dentro del territorio de países bajos (concretamente doscientos cincuenta) estremece por sí solo, si bien se antoja una mera excusa para contextualizar una historia alejada de dicho drama social adentrándose en un campo más turbio si cabe; la tosquedad en los cortes de metraje (constantes e infructuosos en varias ocasiones) denota poca rigurosidad al respecto, descuidándose tanto como el entrecejo de la corprotagonista; el flashback anticipativo que acontece justamente al inicio del último tercio (cuando el clímax comienza a aflorar) perjudica severamente al factor sorpresa final, adelantándose uno de los mayores giros de guión pese a atisbarse bastante antes si uno atiende a ciertos detalles actitudinales que hacen presagiar con nulo margen de error determinadas falsas apariencias.



Daniel Espinosa




L’étrange couleur des larmes de ton corps
(Bruno Forzani y Hélène Cattet, 2013)

L’étrange couleur des larmes de ton corps




Ficha técnica


Título original:
L’étrange couleur des larmes de ton corps
Año:
2013
Nacionalidad:
Bélgica
Duración:
99 min.
Género:
Drama, Suspense
Director:
Bruno Forzani y Hélène Cattet
Guión:
Bruno Forzani y Hélène Cattet
Reparto:
Klaus Tange, Sylvia Camarda, Sam Louwyck y Anna D’Annunzio


Sinopsis


Un hombre decide investigar las extrañas circunstancias de la desaparición de su mujer; ¿acaso le ha abandonado o está muerta?



Crítica


Encontrarse a día de hoy con un artefacto enfermizamente orgiástico que se escucha por la retina y se ve por el oído, que habla mediante los sonidos, la imagen, el montaje y los detalles y no a través de la palabra es ya de por sí plausible por la originalidad que implica, aunque ello implique disponerse a realizar un ejercicio extremo de comprensión abstracta (un ojo plasmado con enorme ampliación, la piel de una mano a toda pantalla pudiéndose apreciar los poros e incluso contar los pelos, el chillido de una fémina sicodélica... son algunos ejemplos de ello); la sinfonía intrínsecamente audiovisual de intimista factura que presenta la dupla direccional (concretar que se trata de Bruno Forzani y Hélène Cattet para clarificar las directrices que depara la cinta no está de más a fin de notificar la extravagancia sostenida que se desarrolla en la misma) es tan introspectiva que resulta sensorial y sensual a la par que malsana e inicua, pero la persuasión siempre está ahí, a través de amenazas, agresiones y penetraciones no manifiestas envueltas en un aura tan fetichista como intensa que tiene en los cueros, los cuchillos y los cristales rotos sus armas primordiales y en la figura de un presumible malhechor al que nadie consigue poner rostro el nexo común supremo.


En su cortometraje homónimo respecto a la presente película (en efecto, para quien lo desconozca todo nació de un trabajo temporalmente mucho menos extenso), los autores conseguían el milagro de narrar una historia dentro de un plano enfocado desde una perspectiva para nada convencional y, sin moverse la cámara lo más mínimo, todo se construía sobre los reflejos y la formalidad del encuadre usando algunos códigos clásicos (guantes negros, fotografía con colores fuertes y contrastados entre otros) para generar además una mayúscula inquietud partiendo de aspectos formales para ofrecer en rompedora seducción; en su siguiente obra, Amer (triunfadora en numerosos festivales al ser tan fascinante como angustiante), llevaron su peculiar estilo más lejos para, ahora sí con movimiento, desarrollando la historia como si de una alegoría de la propia vida pasando por tres fases muy determinadas se tratase, metódica cualidad que han intentado repetir con considerable menor fortuna en L’étrange couleur des larmes de ton corps, pues aunque se trata de un trabajo con destellos de cierta fuerza, el sentir global no causa tantas buenas sensaciones como hicieran las mencionadas incursiones anteriores (muchas de las muertes quedan sin apenas aclaración de los hechos y las escenas narradas a partir de una sucesión de capturas fotográficas son más espinosas si cabe que el resto, acentuando el desagradable sentimiento de repulsión que se trate de una insistencia).


Dan (Klaus Tange, el cual aparece en pantalla en prácticamente la totalidad del metraje demostrando una irreprochable profesionalidad, sobre todo en los compases que simula un desvarío extremo), un experto en telecomunicaciones del poco se desvela amén de que es considerado un ser despreciable por quienes les rodean, regresa a casa y se encuentra con la desagradable sorpresa de que su mujer ha desaparecido repentinamente (poco después se manifestará que ha sido brutalmente apuñalada en la cabeza) y solamente la vecina del séptimo parece tener respuestas al respecto; promovido por descubrir no sólo el paradero de la citada sino el de todas las víctimas que en los últimos días han padecido idéntico destino a manos de un infatigable psicópata cuyo entretenimiento es separar matrimonios y destrozar familias sin importarle si se trata de integrantes femeninos o masculinos, el arisco virtuoso de la tecnología (cuanto menos eso hace suponer su laborío) de impone desvelar el enigma que se encuentra tras tan misterioso asesino, conociendo tempranamente que el asunto guarda una estrecha relación con el edificio en el que reside y, más concretamente, con una antigua inquilina del mismo y los secretos que tras su ausencia quedaron impregnados en las paredes del restaurado bloque de viviendas, viéndose gradualmente inmerso en una serie de situaciones a cada cual más violenta (y argumentalmente relevante) que la que le precede...


Preciosista hasta la extenuación, el valor artístico de la cinta, perfecto en su imperfección, es tan loable que bien merece la pena disfrutarlo, aunque tal vez hubiese sido más oportuno exhibirlo en una galería de arte que en una sala (o en su defecto en un diseño ocular vía internet mediante la correspondiente difusión online), porque el infinito número de efectos visuales empleados no funciona para contar una historia pero sí para transmitir unas emociones poco convencionales y metafísicas, por lo que entusiasma parcialmente pero bastante antes de llegar al ecuador el interés desparece dejando paso a la curiosidad, la cual termina por no complacer al ser curioso pero redundante y efímero el trabajo, no pudiendo el cuerpo (ni sobre todo la mente) con tanto imaginario emocional; el principal inconveniente de la propuesta reside en que se percibe como una especie de boceto cuya intención narrativa se limita apenas al primer cuarto (posteriormente la evidencia de que lo que para unos es puro vicio para otros es placer, por más incomprensible que se antoje, queda muy bien plasmado pero ridículamente temerario), volviéndose a partir de entonces el inquietante filme en un vertiginoso forzamiento de la experimentación formal que, de tan irregular que resulta (a secuencias de indudable potencia le siguen otras de liviano convencionalismo, propiciando que el único estado anímico de perenne permanencia sea el de frialdad), siendo la lectura totalmente subjetiva y, por ende, injusto no recomendarla pero tampoco animar a hacerlo.


L’étrange couleur des larmes de ton corps
ha sido definida como “un Amer amplificado en los cinco sentidos con toques del David Lynch de Carretera perdida, del Roman Polanski de El quimérico inquilino, del Otto Preminger de Laura e incluso del Alfred Hitchcock de Vértigo”, y lo cierto es que tal afirmación, aunque osada y muy posiblemente exagerada, se aleja poco de la realidad en lo referente a la laboriosidad que exige la obra que, pese a ser mayormente frustrante debido a que no es disfrutable más allá de la rareza constructiva a la que se recurre, no contiene los momentos de angustiosa intensidad que debiera, mas cabría añadir aquello de que se trata de una película de culto para advertir de antemano de la peculiaridad en la que se traduce la trama; el nuevo trabajo de Bruno Forzani y Hélène Cattet es todo un homenaje al cine italiano de los años setenta pero también a la majestuosa arquitectura de numerosas construcciones bruselenses, una sinfonía entre colores, escalofríos, lágrimas, sangre y mujeres fatales (el amplio sentido de esto último cobra una importancia absoluta en no pocos instantes al ir evolucionando la apreciación a atribuir) que ofrece una experiencia puramente sensorial, tanto que el exceso de planos imposibles (desenfocados u ofrecedores de perspectivas inhóspitas) es su mayor virtud y a la vez su más evidente inconveniente, haciendo alarde de inconexo ocultismo e infinitos detalles tórridos (figurada o explícita), una alternativa fílmica poco efectiva que, sin embargo, resulta absorbente.



Daniel Espinosa




The amusement park
(George Romero, 1973)






Ficha técnica

Título original: The amusement park
Año: 1973
Nacionalidad: EEUU
Duración: 54 min.
Género: Drama, Suspense
Director: George Romero
Guión: Wally Cook
Reparto: Lincoln Maazel, Harry Albacker, Phyllis Casterwiler, Pete Chovan, Marion Cook, Sally Erwin, Michael Gornick y Jack Gottloberer


Sinopsis

Un hombre entrado en años sale de su casa para disfrutar de un día en un parque de atracciones pero antes de que pueda darse cuenta se ve envuelto en una pesadilla de dimensiones que nunca antes padeció...


Valoración

Lo mejor: la concienciación social sobre la vejez en la que se traduce el mediometraje (en ningún caso alcanza la duración de película formal), pareciendo en realidad un reivindicativo en contenido e insolente en formas programa gubernamental al respecto con un reparto compuesto por voluntarios con el capitalismo como trasfondo con sendos speach conclusivo e inaugural del protagonista; la ácida disección de los peores atributos de la humanidad suscita pasión (aclarando de antemano que es una pieza de culta no apta para todos los públicos), despertando multitud de emociones en menos de una hora; el incalculable valor de recuperar semejante material décadas después de su creación (más de cuarenta años desde su filmación original hasta su estreno comercial), resultando un producto cuanto menos curioso cuyo derrumbador mensaje trasciende su época al abordarse cuestiones de rigurosa actualidad sea cual fuere el momento en el que se examine.

Lo peor: la introducción de efectos sonoros para enfatizar ciertos impactos provoca rechazo (asumiendo que dicho recurso se consideraba fundamental tiempo atrás), reproduciéndose a excesivos decibelios sin ningún otro propósito que destacar por encima de la imagen repercutiendo por ende negativamente en ella; la retahíla de metáforas aludidas se antoja redundante (es menester tildarlas así al repetirse de distinta forma pero con idéntico objetivo), en especial las referidas a personas de avanzada edad en relación a las de corta para criticar severamente el aislamiento de las primeras tornándose el mayor castigo sufrible que se llegue a concebir; la inconexión de los acontecimientos plasmados (totalmente nula rehuyendo de abanderar a eruditos e hipócritas que defienden a ultranza la pieza), guardando como único elemento común el esperanzador pero tétrico parque de atracciones en el que acontecen amén de una feroz visión de la vida.



Daniel Espinosa

 
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