- Apocalipsis 22-01-2019 04:39 (UTC)
   
 

  “Apocalipsis”, de Daniel Espinosa para Klowns horror fanzine #7



  “Melancholia”: la danza más grandilocuente de la temida muerte
MelancholiaMelancholiaMelancholia
Lo mejor: la respuesta del director danés, en forma de película, a la pregunta antediluviana de si el ser humano está solo o no ya no en el universo sino en la propia Tierra (qué cierto que en ocasiones la soledad parece la única compañía), tratándose de un ejercicio que posiblemente deje al espectador hondo marcado al presenciar la profundidad y complejidad con la que, cual cuento de terror, se narran los hechos; la instantánea empatía que genera la cinta (en gran medida por el buen hacer de una Kirsten Dunst pletórica aunque demacrada como nunca antes), una transmisión de sensaciones que va directa al corazón y que apenas se puede digerir fácilmente tras su visionado a causa de la pasión y la sensibilidad plasmadas; la fidelidad del responsable a sus principios, volviendo a utilizar el tridente (en resumen y simplificando al máximo viscerales mujeres, cuerdos hombres y multitudinarias decepciones) que tan buenos resultados le ha brindado en anteriores obras, así como música de corte clásico y planos de gran obertura, es decir, elementos muy relacionables con él.

Lo peor: el planeta que da nombre a la producción no está especialmente bien recreado (en cuanto a estética visual se refiere), si bien el ciclo que está cumpliendo (denominado “la danza de la muerte”, consistente en gravitar hasta colisionar fatalmente para extinguir a la raza habitante en astros colindantes) simboliza a la perfección lo que se siente cuando un desastre (ya sea personal o profesional) acecha irremediablemente y, sobre todo, el horroroso deseo de no sufrir y ahuyentar dicho cataclismo que, sin embargo, termina sucediendo; la división por capítulos (el primero centrado en la protagonista y el segundo en la hermana de la misma) para evidenciar la dualidad entre la parte ilógica y racional, respectivamente, a la hora de afrontar una posible repentina aniquilación total; la extensión (dramática y temporal) de la mayoría de momentos culminantes, lo cual no hace sino desesperar sin llegar a transmitir de forma directa el disgusto proyectado sobre un reparto repleto de rostros popularmente conocidos, desdibujando sus notables labores (con alguna que otra excepción) al repercutir muy negativamente sobre la fluidez del devenir.



Daniel Espinosa



   “Take shelter”: la premonición como método de concienciación
Take shelterTake shelterTake shelter
Lo mejor: la originalidad (y el atrevimiento) del autor, a pesar de haber sido múltiples y variados las cintas que han tratado (y a su vez ensalzado) las premisas de un apocalipsis (es decir, los acontecimientos anteriores al fin del mundo), de especular con la posibilidad de que tan espinoso asunto se pueda considerar una categoría de análisis cultural, de una característica común en una raza humana que siempre ha tenido un enfoque similar al percal, concretamente singular o a nivel mundial pero nunca como algo innato colectivamente; la forma con la que el comentado desastre global se expone, dotando de gran importancia al terror social e íntimo que, sin remedio, se apodera de la pantalla para convertirse en una opresiva alegoría de la opresión en tiempos difíciles, resultando indiscutible que en un mundo en crisis, en el que todo parece desmoronarse, la locura puede consumir la cordura se cualquiera; el tercio final del metraje (cuando el modélico y respetado padre de familia que tiene miedo de padecer una esquizofrenia hereditaria padece las secuelas físicas, vinculadas directamente al aspecto mental, de sus pesadillescas premoniciones) es especialmente maravilloso, aflorando el insufrible vacío existencial del mismo (sobre si todo lo que acontece en su mente no se tornará realidad en un futuro muy próximo) en el propio público para asombrarlo e impresionarlo con un desenlace emotivo y espectacular que rehúye por completo de entusiastas congratulaciones.

Lo peor: la motivación actitudinal del protagonista, que no es otra que la posibilidad de curar a su hija pequeña, se antoja un alegato demasiado típico, mas teniendo en cuenta que ésta padece sordera el sentimentalismo de índole comercial es más que evidente (aun brindando dicho recurso narrativo formidables momentos); el pausado ritmo (entendible en cierta medida, y más tratándose de una película cuya duración se extiende hasta las dos horas) que impera puede llegar a desesperar y aborrecer incluso al más paciente (si bien el trasfondo es tan magnífico como necesario dentro del panorama del séptimo arte a pesar de su simpleza y obviedad); el  (pretendidamente) agobiante mensaje de no sentirse plenamente realizado nunca mediante la difícil confrontación entre el deber (porque de hecho se trata de una obligación más que de una opción) de aparentar tener todo bajo control y sentir que, en realidad, poco o nada se encuentra bajo dominio propio está siempre presente, una sensación de descontrol total con la que resulta muy sencillo empatizar por un motivo personal u otro (sin profundizar en la sociología, la psicología, la psiquiatría social, la filosofía o las diferentes vertientes de la despersonalización), atentando contra la salud de más de uno generándole una depresión.



Daniel Espinosa

 
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