VHS 18-09-2021 23:17 (UTC)
   
 

V/H/S
(Adam Wingard, David Bruckner, Ti West, Glenn McQuaid, Joe Swanberg y Radio Silence, 2012)







Ficha técnica


Título original:
V/H/S
Año:
2012
Nacionalidad:
EEUU
Duración:
116 min.
Género:
Suspense, Terror
Director:
Adam Wingard, David Bruckner, Ti West, Glenn McQuaid, Joe Swanberg y Radio Silence
Guión:
Adam Wingard, David Bruckner, Ti West, Glenn McQuaid, Joe Swanberg, Radio Silence, Simon Barrett, Matt Bettinelli Olpin, Tyler Gillett
Reparto:
Calvin Reeder, Lane Hughes, Adam Wingard, Hannah Fierman, Sophia Takal, Kate Lyn Sheil, Jason Yachanin, Chad Villella y Tyler Gillett


Sinopsis


Un grupo de delincuentes son contratados para que vayan a una misteriosa fiesta a recuperar una cinta de vídeo, sin embargo, pronto se darán cuenta que su trabajo no es tan fácil como pensaban; en el salón de la casa, frente a un viejo televisor, se encontrarán un cuerpo sin vida rodeado de cintas VHS, todas ellas repletas de vídeos espeluznantes.



Crítica


Reunir en un mismo trabajo a Adam Wingard, David Bruckner, Ti West, Glenn McQuaid, Joe Swanberg y Radio Silence era una hazaña que parecía impensable hasta la llegada de V/H/S, una curiosa propuesta estadounidense de imprescindible visionado que narra cinco historias de corta duración (a las que cabe sumar la central, aunque ésta únicamente sirva de excusa para unificarlas en una misma trama) tan interesantes individualmente como distantes entre ellas, hecho que hubiese sido preciso modificar para conformar una experiencia completa y coherente (la inconexión es tal que nada tienen que ver conjuntamente), aunque de esta manera el público se encuentra ante la posibilidad de disfrutar de cinco pequeñas aportaciones arto solventes plagadas de tensión y terror; sin embargo, la objetividad empleada en la totalidad del metraje no resulta del todo agradable, pues se convierte en nefasta y denunciable merced a la pésima calidad visual de la que goza aún dotando de mayor credibilidad y efectividad de transmisión de sensaciones al filme, ya que los factores negativos citados impiden deleitarse con una sucesión de acontecimientos que se tornan desconcertantes en cuanto a claridad y mareantes en lo referente a la visceralidad mostrada (abundante pero lastimosamente aprovechada en ciertos compases de la intensa trama).


Un grupo de desechos humanos, cuya ocupación es la de incordiar y dificultar la vida a cuantas personas puedan grabando sus atrocidades en cintas de vídeo a cambio de una mísera suma de dinero proveniente de sus enigmáticos contratantes, se disponen a irrumpir en una casa deshabitada con el objetivo de recuperar una cinta filmada en el ya anticuado formato VHS (anticuado formato carente de valor en la actualidad pero albergador de irrepetibles obras añejas) desconociendo tanto su contenido como su autor; indagando encuentran un lugar repleto de filmaciones, grabaciones que darán forma a la trama central de la producción (la descrita hasta el momento Cinta 56, dirigida por Adam Wingard) a través del visionado por parte de los citados delincuentes.

La primera de ellas, Noche de aficionados (de David Bruckner), cuenta las peripecias de tres calenturientos amigos que planean divertirse toda la noche a costa de inocentes chicas dispuestas a mantener relaciones sexuales con ellos, conquistándolas mediante sus encantos drogadicticos, viéndose inmersos en una vampírica aventura adolescente algo ridícula y jurásica pero disfrutable enormemente en su tramo final (la frenética huída del último superviviente es agónica a la par que primorosa desde su vertiente artística); la segunda, Segunda luna de miel (un desdibujado Ti West es el responsable de la misma), se centra en una joven pareja que recorre la carretera en busca de nuevas sensaciones inmortalizando sus andanzas para recordar dicha escapada romántica, topándose con una misteriosa figura adivinatoria que les augura un cercano encuentro con alguien conocido promovido por el interés, motivo por el cual el sentido de la amabilidad distará mucho del de ellos y se convertirá en un presagio vinculado al aterrador para ellos y gratificante para el espectador desenlace que les depara el destino.

Cuatro dispares personalidades que únicamente comparten el intervalo de edad considerado como juvenil se dirigen al epicentro de un frondoso bosque sin propósito aparente, cuya naturaleza esconde mucho más de lo que muestra (inexplicablemente la cámara recoge dicha realidad oculta), una metafórica relación directa entre las drogas, el miedo y las alucinaciones que éstos dos elementos pueden suscitar de la que se vale Glenn McQuaid en Martes 17 para mostrar, de manera inconcluyente y parcialmente pésima, una obra que encuentra especial repulsión en sus actores; Joe Swanberg simboliza en Lo mal que lo pasó Emily cuando era más jóven su particular visión de las relaciones basadas en cámaras web, protagonistas de una curiosa relación cibernética que por parte de la integrante femenina sufre visiones fantasmagóricas, extrañas presencias (los sucesos paranormales no sorprenden lo más mínimo pero atemorizan sin remedio) que últimamente suelen acechar su apartamento y que encontrarán una explicación ínfimamente mezquina en la versión más mística de la esquizofrenia, un desenlace decepcionante para una evolutiva genialidad direccional; por último, en 10/31/98 de Radio Silence (Matt Battinelli Olpin, Tyler Gillett, Justin Martinez y Chad Villella), es la última propuesta de esta múltiplemente elaborada cinta, la cual encuentra su existencia en una monumental fiesta de Halloween celebrada en una casa desconocida, emplazamiento al cual han sido invitados cuatro chicos dispuestos a pasarlo en grande careciendo de conocimiento alguno sobre sus moradores y demás personalidades convidadas; la preciosa morada resultará ser una auténtica casa de los horrores en la que la sobrecogedora atmósfera no será el único factor que incida sobre el cuarteto, sino que el gigantesco y satánico hogar aguarda silencioso el momento de poder nutrirse de los recién llegados, convirtiéndose en la más clásica y sencilla obra de entre las cinco (a pesar de ello, los efectos especiales abundan, hecho que curiosa y sorpresivamente propicia un mejor resultado final de la obra).

Los distintos directores, todos ellos empleando las mismas escuetas herramientas tecnológicas y haciendo valer la mínima duración (similar a la de un cortometraje en cada uno de los casos, hecho que facilita la intensidad argumental enormemente sin perder sentido alguno ni prescindir de la ineludible sensación de agobio constante) como mejor alegato en un festival de misticismo, sexualidad y violencia (las escenas explícitas no abundan pero su contundencia y atrevimiento son sublimes), tres características que reúnen cada una de las crónicas plasmadas, se muestran fieles a sí mismos y aglutinadores de numerosos tópicos del género al mismo tiempo; unas actuaciones infernalmente convincentes (aún careciendo totalmente de popularidad y reconocimiento público) y la mínima labor de postproducción avalan un producto singular a la par que creíble, no tanto por lo tratado en el mismo sino por la forma de llevarlo a cabo, tan genuina como recurrentemente empleada de forma errónea al suponer la perfecta ocasión de realizar un trabajo de bajo coste aún sin medios (el problema suele residir en que la idea también carece de valor), siendo por lo tanto una de las películas más prometedoras de los últimos tiempos que lejos de defraudar consigue entretener y abrumar.



Daniel Espinosa




V/H/S 2

(Adam Wingard, Eduardo Sánchez, Gareth Evans, Gregg Hale, Jason Eisner, Simon Barrett, Timo Tjahjanto, 2013)


V/H/S 2




Ficha técnica


Título original:
V/H/S 2
Año:
2013
Nacionalidad:
EEUU
Duración:
96 min.
Género:
Suspense, Terror
Director:
Adam Wingard, Eduardo Sánchez, Gareth Evans, Gregg Hale, Jason Eisner, Simon Barrett, Timo Tjahjanto
Guión:
Gareth Evans, Hason Wisner, Jamie Nash, Jason Eisner, John Davies, Simon Barret y Timo Tjahjanto
Reparto:
Laurence Levine, Kelsy Abbott, Simon Barret, Mindy Robinson, Mónica Sánchez, Adam Wingard, Hannah Hughes, John Woods, Corrie Lynn, Brian Udovich, John Karyus, Casey Adams, Jay Saunders, Bette Cassat, Dave Coyne, Wendy Donigan, Devon Brookshire, Blanca Sánchez, Fachry Albar, Hannah Rashid, Oka Antara, Andrew Lincoln, Epy Kusnandar, Lidya Cidey, Riley Eisner, Rylan Loban, Samantha Gracie, Cohen King, Zachary Ford, Josh Ingraham y Jeremie Saunders


Sinopsis


Durante la búsqueda de un estudiante desaparecido, dos investigadores privados irrumpen en su casa abandonada donde encuentran una colección de misteriosas cintas de VHS; en la visualización de los terribles contenidos de cada una, se dan cuenta que puede haber aterradores motivos detrás de la supuesta desaparición de dicho sujeto.



Crítica


V/H/S 2
podría haberse convertido instantáneamente en el más inmediato ejemplo del narcisismo que parece primar en la sociedad actual, considerado por la sociología, la psicología, la psiquiatría social, la filosofía y las diferentes vertientes del análisis cultural como una categoría capaz de explicar la deshumanización o despersonalización que interioriza comúnmente el hombre contemporáneo al estar inmerso en una sociedad en la que el individualismo competitivo prima sobre la categoría periclitada que antaño no podía dibujar al hombre sin una concesión de dignidad metafísica haciendo que la realidad se fragmente al estar impregnada de una telaraña psicoanalítica absorbida en un inmanentismo de la antropología freudiana sin apenas advertirlo; sin embargo, y aunque las cinco piezas que componen el laborioso filme se presentan como grabaciones domésticas reales encontradas con posterioridad de manera fortuita (razonamiento inconcebible a tenor del análisis que suscita el metraje en cuantiosos momentos al narrar los acontecimientos en primera persona de manera subjetiva, poniendo al público en el propio cuerpo del personaje y no en la anunciada cámara que éste porta), el apenas esquemático desarrollo del planteamiento inicial logra esquivar tan indeseable encasillamiento hasta el punto de ser inusualmente impredecible en gran medida gracias al desenfado y exageración con el que son resueltas las situaciones propuestas, interrelacionadas por un siempre presente (y activo) destino mortífero.

El hilo conductor de Simon Barrett, Cinta 49 (la aportación cómica a tanta fatalidad, afirmación a la que se llega al comprobar cómo el integrante masculino de la dupla protagonista pide a gritos ayuda en la morada asaltada mientras la fémina va viéndose consumida mentalmente a medida que avanzan sus visionados pero aún así decide seguir reproduciéndolos), narra cómo dos detectives privados que intentan descubrir el paradero de un solitario estudiante desaparecido pocos días atrás encuentran una serie de películas en VHS (el formato está en desuso total pero sin él el nombre de la película no tendría sentido y, además, dota en gran medida a ésta del entrañable recuerdo que origina rememorar épocas pasadas) en la casa abandonada de éste, misteriosa colección que no dudan en analizar en aras de poder encontrar alguna pista sobre cómo continuar la búsqueda del joven aunque terminar
án por desentrañar las oscuras motivaciones de éste; cómo un sonido estridente puede significar el preludio de una lesión ocular poco común tras ser implantada una cámara en un ojo por parte de la corporación científica a la que uno pudiera pertenecer es lo que propone La primera fase de ensayos clínicos de Adam Wingard, en la que el exceso de movimiento y el sentido del desconcierto emborronan la buena simulación conseguida (incluso el parpadeo es recogido) en lo que comienza siendo una mera consulta médica rutinaria con advertencias de posibles reflejos de luz y termina traduciéndose en múltiples manifestaciones espirituales de certeros sobresaltos pero desastrosa introducción de elementos.

En Un paseo por el parque de Eduardo Sánchez y Gregg Hale un intrépido ciclista que se encuentra disfrutando de un apacible día de verano en un sendero de carretera perteneciente a un parque estatal se topa con una chica que le pide desesperada que socorra a su novio mientras se convierte ésta en un abominable ser ávido de morderle, y es que está inmerso en una horda zombie en plena naturaleza (prontamente se dará cuenta de ello, pues la diferencia respecto a otras tantas narraciones anteriores de idéntica temática es que no se plasma la lucha contra los no muertos sino la pertenencia a los mismos al transformarse en uno de ellos y las correspondientes necesidades alimenticias con todo tipo de detalles); en Refugio seguro de Timo Tjahjanto y Gareth Evans (sin lugar a duda la obra más controvertida pero a la vez la más elogiable al contener ingentes cantidades de sangre tras desarrollarse eficazmente una magistral premisa inteligentemente tipificada) un equipo de investigadores cuyo propósito es el de indagar en las creencias de una secta espiritual de coreanos (sospechoso es el símbolo que con fuerza defienden, exactamente igual al de El proyecto de la bruja de Blair) se integra en dicha comunidad para documentar los entresijos de un estilo de vida peculiar a la par que hostil basada en la pureza extrema en un mundo considerado temporal, entrevistando a varios de sus integrantes mientras desvelan sus secretos m
ás ocultos y padecen en sus propias carnes el plan urdido por el maestro del clan para que sus acérrimos seguidores lleguen a optar a encontrarse frente a las puertas del paraíso entre suicidios, explosiones corporales y nacimientos diabólicos; la conclusiva Fiesta de pijamas de Jason Eisner, nomenclatura (y de hecho todo cuanto acontece en ella) directamente bebedora de la desconocida a nivel popular Alien Abduction: Incident in Lake County, cuenta cómo una inocente fiesta entre jóvenes amigos se torna una horripilante pesadilla mortal cuando una visita inesperada (especificar de procedencia extraterrestre no supone desvelar nada al mostrarse los alienígenas desde los primeros compases) con propósitos nada provechosos para ellos se suma a la velada, un más que predecible y deficiente cierre parcialmente salvable merced a la constante perspectiva a la que se recurre, la de un perro (de hecho un peluche peludo que simula ser dicho animal de compañía con poco esmero).

Siendo la fórmula prácticamente idéntica existen numerosas e importantes diferencias entre la primera y ésta segunda antología, desde el hecho que el número de trabajos se haya visto reducido en dos (seis propuestas eran las que recogía aquella y cuatro la presente amén, en ambos casos, de la superflua historia vinculadora de tan inconexas divagaciones) hasta la colaboración de determinados autores formando equipo, siendo éstas dos de las más determinantes novedades (una ha supuesto una duración total ostensiblemente menor y la otra una mayor correlación de fundamentación narrativa) aun compartiendo la desigualdad cualitativa del producto (el primer fragmento y el último se sitúan muy por debajo de los dos centrales); la implicación de los responsables de los diferentes relatos en los mismos (independientes entre ellos como ocurría en la anterior) es tan dispar como lo son los medios tecnológicos de los cuales han dispuesto éstos para filmarlos, siendo el máximo exponente Simon Barret (escribe, dirige y protagoniza el suyo) y el mínimo la dupla compuesta por Eduardo Sánchez y Gregg Hale (tan siquiera firman el guión del suyo, el cual corre a cargo de Jamie Nash), otro de tantos síntomas que evidencian la forma de visionado que exige V/H/S 2, que no es otra que la de ser juzgada como puro divertimento intrascendental compuesto por macabras e incorrectas ideas plasmadas con suma visceralidad sin dejar de cuidar (con mayor o menor acierto) el apartado audiovisual (el dinamismo que suponen cuatro cortometrajes no ha mermado nada, por suerte, dicha característica).


Es menester reconocer la valía de la producción aunque solamente sea por el increíblemente extenso reparto (repleto de integrantes secundarios, eso sí, pero llama poderosamente la atención que ni un solo actor repita en tan siquiera dos historias diferentes en aras de ahorrar figurantes, lo cual responde a la clara elaboración de cada una de ellas en ubicaciones e incluso períodos completamente diferentes) que se ha empleado para llevarla a cabo, tan coral como interracial (en este aspecto cabe alabar que los típicos tópicos que dictaminan las muertes de los personajes según su país de procedencia no se respete lo más mínimo, posibilitando que el rango de víctimas abarque la plenitud de cuantos aparecen en pantalla); qué duda cabe, la franquicia (ya se la puede considerar como tal al estar confirmada una tercera entrega) se ha consolidado como una cita imperdible que reúne a algunos de los más destacados directores del género de terror, llegando a ser esta continuación más controvertida, demencial, enfermiza, oportuna e intensa si cabe que su predecesora posicionándose como un producto deseado (e ineludible) para cualquier festival especializado, estando destinado a un sector muy amplio pero limitado a un público muy específico (partiendo de la concepción que ningún menor de edad debería visionar jamás semejante retahíla de atrocidades, puede que para no pocos espectadores la cinta se traduzca en un insufrible cúmulo de barbaridades merced a la libertad e insistencia con la que se muestran las escenas explícitas), realidad que es apropiado citar en cualquier caso a fin de no incitar a pensar lo contrario.




Daniel Espinosa




V/H/S: Viral

(Aaron Moorhead, Gregg Bishop, Justin Benson, Marcel Sarmiento y Nacho Vigalondo, 2014)


V/H/S Viral




Ficha técnica


Título original:
V/H/S: Viral
Año:
2014
Nacionalidad:
EEUU
Duración:
77 min.
Género:
Suspense, Terror
Director:
Aaron Moorhead, Gregg Bishop, Justin Benson, Marcel Sarmiento y Nacho Vigalondo
Guión:
Aaron Moorehead, Dave White, Gregg Bishop, Jay Cimfel, Justin Benson, Marcel Sarmimento y Nacho Vigalondo
Reparto:
Emilia Zoryan, Justin Welborn, Amanda Baker, Emmy Argo, Carrie Keagan, Natalia Ferreiro, Jawed Berni, Michael Flores, Amanda Hall, Jessica Luza, Blair Redford, Michael Milligan y Greyson Chadwick


Sinopsis


Varios adolescentes ansiosos por convertirse en estrellas de internet toman decisiones primeramente equivocadas y finalmente mortales...



Crítica


La tercera entrega de la franquicia de segmentos de terror más disfrutable de la última década llega con una oleada de nuevas piezas bajo el título de V
/H/S: Viral (la variación de un añadido en lugar de otro dígito no es ni bueno ni malo pero sí curioso y significativo de los cambios que respecto a las anteriores se observan en ésta, traduciéndose en toda una declaración de intenciones) y el sello personal de Aaron Moorhead, Gregg Bishop, Justin Benson, Marcel Sarmiento y Nacho Vigalondo (sumándose a ellos Dave White y Jay Cimfel en la elaboración de alguna de las tramas), un septeto direccional de lujo para una obra que mantiene el espíritu de sus predecesoras (sin la característica reproducción de una cinta en el ya anticuado V/H/S como recogedora de todos los acontecimientos desarrollados) aportando formas alternativas de pavura; los responsables, respectivamente (a modo situacional se mencionará el trabajo más representativo), de Resolution, The other side, Resolution (en efecto, el único que consta en su currículum es el compartido junto con el primero), Deadgirl, Los cronocrímenes y The apparition, a los que se les suma Dave White (No tell more) en la faceta de guionista, han sabido, sin abandonar sus credenciales, cómo gestionar sus recursos para dotar al conjunto de una calidad más que notable y un mantenimiento del interés absoluto, convirtiéndolo en un largometraje enérgica e impactantemente logrado.

Digno merecedor de una proyección entre amigos y hasta de ocupar cualquier sesión en certámenes especializados (el Sitges Film Festival fue uno de los marcos más idóneos, pudiéndose nutrir la organización del festival de un formidable torrente de pensamientos circunscritos en el género que con tanto ahínco defienden), el metraje supone el enésimo ejemplo de cómo brindar al espectador (incluso al más exigente) un beneficio fílmico disponiendo de apenas unos pocos de miles de dólares (pese a que la inversión dineraria no se ha desvelado de forma oficial es obvio que la cantidad no alcanza tan siquiera el millón); sin concesiones, los autores mantienen las dosis de sangre (muy bien racionalizadas) y el contenido adulto (sin mostrarse tan siquiera un seno, lo cual es de admirar) presupuesto sustentando sus respectivas propuestas (curiosamente ninguna pertenece al género de terror estricto aunque sí presentan pinceladas del mismo, transitando entre el romántico, el fantástico, el de ciencia ficción y el de acción, por orden de narrativas) sobre dos pilares básicos, el misticismo y el vicio en todas sus vertientes, resultando un cúmulo de espeluznantes imágenes a las que acompañan tétricas atmósferas, una fórmula tan dinámica como efectiva que no llama especialmente la atención pero sí congratula sobremanera al digerirse instantáneamente, siendo mucho más funcional que otras producciones cuya ridícula exposición llega a irritar sino a enervar al no obtener de ellas más que efímeras banalidades disfrazadas de impagables genialidades.


El hilo argumental, “Vicious circles” de Marciel Sarmiento (el guión lo han escrito a seis manos el mismo junto a David White y Jay Cimfel), muestra cuán dañino puede llegar a ser el fenómeno viral (aquel cuya máxima es destacar en la red para que muchas personas sigan un trabajo concreto, habiéndose convertido en una enfermiza meta que no entiende de costes limitados) a partir de una persecución policial en la que varias unidades tratan de dar caza a una camioneta de helados que parece causar graves consecuencias a quienes se aproximan a ella, mientras que la apertura de cortometrajes unidos para conformar un metraje, “Dante the great” de Gregg Bishop, propone cómo sería la magia en estado puro mediante la existencia de una capa negra como el carbón que dota a quien la posee de inimaginables poderes; por su parte, “Parallel monsters” de Nacho Vigalondo, recoge la confrontación entre dos universos paralelos prácticamente iguales a excepción de ciertos detalles (como bien es sabido en las pequeñas diferencias residen los grandes contrastes) y la pieza conclusiva, “Bonestorm” de Aaron Moorhead y Justin Benson (el argumento ha sido urdido en solitario por éste último), narra las peripecias de un grupo de descerebrados amantes del monopatín que involuntariamente despiertan una fuerza demoníaca en la frontera mexicana viéndose envueltos en una sucesión de brutales disturbios a cada cual más violento y pirot
écnico.

Habrá a quienes no les guste el formato en el que la película es presentada (el recurso de la cámara en mano siempre ha contado con detractores desde sus orígenes), pero éste es tan preciso para la ocasión (de ningún otro modo podría experimentarse tan sufrida y subjetivamente el desarrollo de la trama) que incluso aquellos menos partidarios del mismo deberían hacer un esfuerzo y concederle una oportunidad al filme, pues de buen seguro V/H/S: Viral, con sus muchos aciertos (el “Himno de la Alegría” sonando a todo volumen en los compases finales y la originalidad máxima de la que hacen gala a lo largo de escasos setenta y siete minutos los cuatro capítulos) y algún que otro defecto (la resolución se antoja incomprensible por más que se trate de adivinar el motivo de tanta microescena y el desenlace impropio de una saga que nunca había cedido ante la siempre seductora pretenciosidad) gratificará; se aconseja proceder a ello tanto a propios como a extraños porque los primeros pasaran un fugaz período de entretenimiento y los segundos puede que contemplen como una alternativa la manera de plasmación en cuestión a partir de entonces e incluso, tal vez, les haga reflexionar acerca de si los prejuicios les han impedido divertirse de otras tantas películas por el mero hecho de aparentar poca profesionalidad (nada más lejos de la realidad, pues si hay una técnica que requiera amplios conocimientos del medio es precisamente la que aqu
í se da).

Todo hace suponer que, si nada extraño sucede, la temporada próxima verá la luz la cuarta parte de esta eternamente inventiva y contemporáneamente reivindicativa (citarse que se basan en hechos reales sería una impertinencia pero algunas contingencias sí han parecido extraerse de recientes problemáticas, sin ir más lejos el asedio, cada vez con mayor frecuencia, que enmascarados están protagonizando en muchas zonas estadounidenses es directamente relacionable con los minutos que sirven de antesala al poco próspero término, lo cual se antoja tan pertinente como preocupante) franquicia; de ser así se respetaría la norma que ha imperado de que cada anualidad, desde que en el dos mil doce la primera viera la luz, se lance al mercado una entrega, forjándose una trilogía (hasta la fecha) que, a medida que se hace más extensa y longeva, más convence de su valía y de la necesidad de su existencia, ya sea unitaria o conjuntamente (el maratón implicaría destinar más de cuatro horas pero en absoluto sería una mala opción).




Daniel Espinosa

 
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