The night eats the world 13-12-2018 11:28 (UTC)
   
 

The night eats the world
(Dominique Rocher, 2018)






Ficha técnica

Título original: La nuit a dévoré le monde
Año: 2018

Nacionalidad: Francia
Duración: 91 min.
Género: Drama, Suspense
Director: Dominique Rocher
Guión: Dominique Rocher, Guillaume Lemans y Jérémie Guez
Reparto: Anders Danielsen, Golshifteh Farahani, Denis Lavant, Sigrid Bouaziz, David Kammenos, Jean Cylly, Nancy Murillo, Lina Djedje, Léo Poulet, Déborah Marique, Tess Osscini, Fabien Houssaye y Jean Priou


Sinopsis

Al despertarse una mañana en una butaca, un hombre se da cuenta de que está solo y que las calles están plagadas de muertos vivientes...


Valoración

Lo mejor: el minimalismo al que recurre el debutante direccional para adaptar a la gran pantalla la novela original de Pit Agarmen puede ser entendido por muchos como insulso (posiblemente la historia en sí misma lo sea), pero si se aprecia de veras el séptimo arte lo concebirán como un desafío de aprovechamiento supremo de los escenarios en detrimento de grandes alardes visuales que, si bien no da como resultado la película de no muertos definitiva (sería una temeridad tan siquiera mencionar en la misma frase ésta y la complaciente Soy leyenda, por no citar la gloriosa 28 semanas después), sí contiene peculiaridades (el sigilo de los infectados es la más llamativa pero también los curiosos entretenimientos planteados, en especial las sinfónicas melodías compuestas a partir de objetos mundanos) que la hacen distintiva aunque, para ello, la horripilante figura en cuestión sea relegada a un muy segundo plano hasta adquirir un rol poco menos que ornamental; el contemplativo ritmo, pese a invitar al sopor en alguno instantes (la reiteración de situaciones es una gran contrariedad), es el perfecto para la inédita visión propuesta, defraudando sobremanera a quienes esperen frenetismo pero encandilando infinitamente a aquellos que acepten la sustanciación del suspense (que no terror) en la claustrofobia (un apartamento como exclusivo entorno de salvación... o sentencia) y la elegancia (muchas imágenes son muy potentes sin ser explícitas); la personalidad que destila el personaje principal (tal vez justificadora de los nulos sobresaltos gratuitos), quien no emprende quiméricas aventuras refugiándose en el refrán “mejor malo conocido...” hasta que la cordura deja paso a la desesperación, un sentimiento más indeseable que la amenaza corpórea que acecha en el exterior (y eso que aquí es ágil e inteligente, no como normalmente), cual billete directo a la demencia.

Lo peor: el guión (fruto de nada menos que seis manos) está plagado (por traer a colación la problemática plasmada) de un sinfín de fisuras que generan, a la postre, todas las incertidumbres de ese que según el título ha sido tomado por la noche (el mundo), deslices que provocan que a uno le venga a la mente la pregunta de la famosa canción de José Luis Perales que versaba “¿y quién es él?”, y es que apenas se revela del mismo que acaba de padecer un fracaso sentimental previo a la pandemia narrada (sobre su procedencia ni una sola hipótesis se vierte, lo cual se antoja tan intrigante como no despertarse con el mayor escándalo imaginable o dormirse en pleno intento de suicidio); la indefinición del paso de las jornadas para figurarse el sufrimiento de los pocos que resten con vida sobre la faz de la tierra (o, al menos, en el territorio francés, que es donde tiene lugar la trama), teniéndose que calcular con dudosa proximidad a la realidad según los hechos que acontecen y, en último término, observando cierta ventana al no afectar lo más mínimo a los caminantes (cómo no, The walking dead debía estar presente de un modo u otro en la crónica); la naturalidad con la que el protagonista asume tan desolador panorama, tomando muy sosegadas decisiones (cualquiera pensaría que ha estudiado minuciosamente tan remota posibilidad con prelación) alguien muy preparado para el postapocalipsis que, curiosamente, se muestra famélico desde el primer instante (incluso antes de recolectar víveres) y únicamente pone en riesgo su controlada seguridad (e integridad) por un gato callejero (minino que sirve de dificultosa explicación de determinada intrusión femenina), algo ilógico derivando de tan meticulosa (hasta su dieta estricta sigue respetando) persona en aras de mantenerse cuerdo (obviando la temprana estrecha comicidad vecinal y su posterior indignante adiestramiento) ante tanta hostilidad.

Daniel Espinosa


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