The human centipede 21-10-2021 05:54 (UTC)
   
 

The human centipede I: First sequence
(Tom Six, 2009)






Ficha técnica

Título original: The human centipede I: First sequence
Año: 2009
Nacionalidad: Holanda
Duración: 90 min.
Género: Drama, Terror
Director: Tom Six
Guión: Tom Six
Reparto: Dieter Laser, Akihiro Kitamura, Andreas Leupold, Ashley Williams, Ashlynn Yennie, Bernd Kostrau, Rene Wit y Andreas Leupold


Sinopsis

Dos jóvenes americanas sufren una avería de coche en una carretera secundaria cerca del bosque, pero no será su principal preocupación...


Valoración

Lo mejor: la indudable certeza de no restar indiferente después de proceder al visionado de tan extravagante y genuino metraje, el cual fue aclamado en prestigiosos certámenes especializados (tales como el Sitges film festival y el Fantastic fest, alzándose en este último con el premio a la mejor película) en su año de producción; el guión urdido por Tom Six no da tregua, desde la presentación de los personajes hasta el desenlace final, pasando por la inclusión de una pareja de policías para dar lugar a alguna escena más de tensión e intriga respecto a la fácilmente presumible fortuna que les deparará a los mismos; el hecho de disfrazar de serie z un trabajo mucho más digno de mención que otros de similar (en ningún caso idéntica al ser la propulsora absoluta en estos lares) índole es fascinante porque, lejos de recrearse en imágenes repulsivas y escatológicas, la primordial baza de la que se vale el responsable es la imaginación de cada espectador, obligándolo a que se cuestione cuán respetuoso es de veras con el pobre prójimo.

Lo peor: la dualidad de caracteres comportamentales de las bellas protagonistas (una débil y otra fuerte) implica que la empatía hacia ellas sea, más que limitada, anecdótica, suscitándola más (aunque sea moralmente incorrecto reconocerlo) el villano elegido para la ocasión, un excelso Dieter Laser que borda su cometido como pocos lo han logrado en la historia del séptimo arte; la violencia plasmada (más psicológica que visual) rompe estereotipos preconcebidos, algo que entusiasmará hasta la extenuación a unos pocos (entre los que se encuentra un servidor) y desagradará sobremanera a muchos, pues en lugar de derramarse cientos de litros de sangre se opta por horrorizar mediante diálogos ácidos como las sustancias contenidas en los bidones de una central térmica; el constante debate interno de cuál de las tres posiciones que forman el ciempiés humano (monstruosa invención que, a juzgar por los datos que se vierten, no parece tan inviable como uno creería) es la peor, una discusión subjetiva que acompañará por siempre jamás al público allá donde vaya al poder vincularse cada minúsculo acto cotidiano con tan perturbadora tesitura.



Daniel Espinosa




The human centipede II: Full sequence
(Tom Six, 2011)






Ficha técnica

Título original: The human centipede II: Full sequence
Año: 2011
Nacionalidad: Holanda
Duración: 86 min.
Género: Drama, Terror
Director: Tom Six
Guión: Tom Six
Reparto: Laurence Harvey, Ashylnn Yennie, Dominic Borrelli, Georgia Goodrick, Lucas Hansen, Emma Lock, Dan Burmaner y Bill Hutchens


Sinopsis

Un solitario con problemas mentales que trabaja en el turno nocturno como guardia de seguridad en un estacionamiento subterráneo pone en marcha un plan para emular el ciempiés humano que tantas veces ha visto en su película favorita en el pequeño televisor de su oficina...


Valoración

Lo mejor: la confesión del director antes del lanzamiento de la pieza, a modo de adelanto argumental, de que la misma sería muy diferente a la original (tanto para bien por no compartir apenas matices con aquella como para mal precisamente por lo mismo) para, un año más tarde (y tras prohibirse en varios países, entre ellos uno coproductor, el Reino Unido), comprobarse que así es, habiéndose invertido el tiempo necesario para que contenga una labor cinematográfica de calidad y una fotografía sencillamente sobresaliente partiendo de la asombrosa y a la vez ridícula idea de la original eludiendo a la extravagancia como método de reclamo (coser a varias personas entre sí respetando la obviedad de que los alimentos deben introducirse por la cavidad bocal del primero y salir por el aparato excretor del último para que formen un solo sistema digestivo sería la mejor síntesis si se aluden detalles técnicos de menor aunque considerable importancia), pudiéndose tildar aquella respecto a la presente de cometida y desenfadada (si bien algunos comportamientos y percales siguen percibiéndose cómicos), y es que el arduo proceso de rodaje ha dado como resultado una propuesta de inquietante maestría que, no obstante, solamente los auténticos degustadores de lo desquiciante, enfermizo y repugnante sabrán tolerar como es debido (algunas secuencias permanecerán imborrables para siempre incluso en las más depravadas mentes), quedando absorbidos por ella desde el segundo uno y, si es tomada en serio, despertando un tremendo sentimiento de gratitud de la ofensa que profiere cada toma (la dureza extrema de determinadas ocurrencias como la masturbación con papel de lija en la mano activa es tremenda y ejemplificadora de la enajenación exhibida); el meticuloso ejercicio (nada casual sino consciente) que contiene la película (sin ir más lejos la fascinación con la que la figura del ciempiés se convierte en un símbolo fálico), un fulminante viaje al epicentro del delirio más excesivo que va más allá del onanismo y ofrece alternativas en base a la buena construcción de un personaje principal que se ve rápidamente eliminada en un segundo acto (casi tercero por duración) en el que la creación de la prometida invención humana es el único objetivo de plasmación, reflejándose el desconocimiento (y correspondiente retahíla de atrocidades) de quien lleva a cabo tan detestable experimento desde un punto de vista satírico pero sobrio, obviando dibujar sonrisas a pesar de lo que sucede en pantalla, siendo más adelante cuando el responsable trata de trascender y pierde cierta entidad; la brillante interpretación de Laurence Harvey encarnando a un solitario asmático mentalmente discapacitado (además de pervertido) que vive con su madre en un barrio marginal londinense merece una mención a parte, siendo un villano de ensueño que se percibe como una especie de camaleón cuyo estrabismo y enormidad corporal (aun siendo su tamaño cercano al enanismo) son rasgos que aterran de veras apenas profiriendo unas pocas palabras, la mayoría de ellas fruto de divagaciones, pues apenas habla a lo largo de todo el largometraje.

Lo peor: la casi quimérica dificultad para discernir entre realidad y ficción (entendiendo como tales la propia esencia del autor), pues en la cinta se pronuncian diálogos con cierta sorna y es fácil trazar una delgada línea entre el improvisado doctor y el propio realizador en una repetición casi exacta de la fase de adiestramiento (la cual podría haber sido suprimida sin el más mínimo inconveniente), constatándose que no nace sólo como provocación sino que hay una necesidad imperial y puede que incluso deje entrever (por no sentenciar que lo hace explícitamente) que se puede lograr convertir lo atrozmente desagradable en un admirable arte a través de la firme convicción en una idea cualquiera, por absurda e irracional que pueda antojarse, lo cual no hace sino espantar sobremanera; la caricatura (no puede llegar a denominarse retrato) de alguien al borde de la locura por culpa de su padre carcelario que sigue traumatizado por la difícil niñez que padeció (los abusos psicológicos y sexuales por parte de su progenitor eran habituales) solo encontrando razón de vivir en superar la hazaña de quien él considera su guía (es decir, el pletórico Dieter Laser) aumentando el número de participantes (la fundamentación de las elecciones, por desgracia, no queda nada clara) en su composición de tres a nada menos que doce, una personalidad desdibujada hasta convertirse en mera excusa tormentosa (no tanto para él sino para el resto de la humanidad y, más concretamente, para sus sufridas víctimas); la controversia continúa, la polémica aumenta y el entretenimiento se disfraza de macabro vanguardismo provocando tantas náuseas entre los que creen firmemente que producciones de semejante índole no deberían tan siquiera ver la luz en el ámbito doméstico como levantamiento de pulgares entre aquellos masoquistas que disfrutan con esta especie de reducción al absurdo (así la definió  la prestigiosa revista Variety junto con otras lindezas), disparidad de opiniones (todas ellas aceptables en cualquier caso) que impiden catalogarla de sobresaliente para la mayoría (he aquí el motivo de este alegato negativo) pero demencial (en sentido positivo) para un sector muy selecto tanto en la versión original (en apasionante blanco y negro) como en la comercializada años después (a todo color), contradiciendo para éstos la máxima de que segundas partes nunca fueron buenas (después de El padrino 2 no volvió a ser categórica) una secuela directa que, contra todo pronóstico, resulta más escatológica, nociva, visceral y, en resumen, poderosa que su flamante antecesora.



Daniel Espinosa



The human centipede III: Final sequence
(Tom Six, 2015)






Ficha técnica

Título original: The human centipede III: Final sequence
Año: 2015
Nacionalidad: Holanda
Duración: 102 min.
Género: Comedia, Terror
Director: Tom Six
Guión: Tom Six
Reparto: Dieter Laser, Lurence Harvey, Eric Roberts, Robert Sardo, Tommy Lister, Bree Olson, Tom Six, Michael Flores y Clayton Rohner


Sinopsis

El adminsitrador de una penitenciaría urde y lleva a cabo un macabro plan para que la población convicta decrezca radicalmente en días...


Valoración

Lo mejor: la reunión de Dieter Laser y Laurence Harvey, los dos rostros más resolutivos e impactantes de sendas anteriores entregas, en una misma película; el suplemento energético importado de tierras africanas que ingieren los ya citados villanos del filme en varios compases, tan controvertido como la propia trilogía; la satisfacción que supone poder disfrutar del angelical rostro de la actriz de cine para adultos Bree Olson, reconvertida para la ocasión en atractiva (algo nada meritorio al ser innato) e insegura secretaria cual objeto sexual.

Lo peor: el pretencioso desvarío de Tom Six, autor de tan singular saga, al pretender elevar al infinito (de tres integrantes pasó a doce y ahora a quinientos) su propia idea original sin denotar aptitudes suficientes; la tendencia a limitar todo cuanto acontece a un lenguaje escatológico sin sentido alguno, en algún momento cómico pero en la mayoría de compases ofensivo sin más para sustentar las dos nominaciones cosechadas (peores director y largometraje) en los populares Premios razzie; la prácticamente nula oferta de lo que realmente se espera de un producto de semejante índole (tanto impertinente como definido), exceso visual en su decadente esplendor.



Daniel Espinosa

 
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