The house that Jack built 26-04-2019 16:13 (UTC)
   
 

The house that Jack built
(Lars Von Trier, 2018)






Ficha técnica

Título original: The house that Jack built
Año: 2018
Nacionalidad: Dinamarca
Duración: 147 min.
Género: Drama, Suspense
Director: Lars Von Trier
Guión: Lars Von Trier
Reparto: Matt Dillon, Bruno Ganz, Uma Thurman, Riley Keough, Sofie Grabol, Siobhan Fallon, Ed Speleers, Osy Ikhile, Yu Ji y David Bailie

Sinopsis

Un brillante asesino en serie considera arte cada uno de sus actos...


Valoración

Lo mejor: la brillante actuación de Matt Dillon encarnando a, como bien se define en el filme, “un maldito neurótico lleno de compulsiones obsesivas con un sueño patético de ser algo más grande”, siguiéndose la evolución del mismo durante nada menos que doce años destacando, de entre todos sus “incidentes” (más de sesenta confesos), cinco elegidos al azar (por rebeldía, liberación, necesidad, ritualización y superación aprovechando, respectivamente, averías de coche, visitas de desagravio, cotos de caza, citas de pareja y experimentos de ejecución) perpetrados de las más variadas formas (golpeando, estrangulando, disparando, descuartizando y acribillando, no especificándose aquí en qué orden se dan para no desvelar la trama, por supuesto), culminando todo con un epílogo (“katabasis”) que enfatiza el componente teológico que destila (en mayor o menor medida) cada fotograma; la comodidad que denota el responsable al afrontar la plasmación de asuntos tan delicados como polémicos, desenvolviéndose como pez en el agua (analogía traída a colación por el ralentizado, caótico e inverosímil desenlace) en estos controvertidos e impopulares lares, en este caso valiéndose de un lustroso e inteligente hombre de bien reconvertido en despiadado e inmoral asesino en serie (en la comprensión de su psicopatía reside la intríngulis de la cinta) a causa de una sucesión de vivencias a cada cual más sádica que la anterior (el cénit tal vez se encuentre en el material de fabricación de cierto monedero); la profundidad de la que se dota al manipulador e insolente maniático de la limpieza y el orden (a medio camino entre arquitecto e ingeniero, siendo éste un debate que resta sin resolver) cuya compleja personalidad, muy a su pesar, enamorará al espectador, y es que a lo largo de prácticamente dos horas y media el encanto de la demencia y la nobleza de la putrefacción cristianizan entre alemanas terminologías y sofisticadas fechorías que, seguramente, harán las delicias de propios y extraños.

Lo peor: el montaje está plagado de cortes, lo cual afecta al visionado por la escasa fluidez que ello provoca en cuanto a empatizar con un protagonista que ensalza la belleza de la decadencia (si bien la violencia de algunas secuencias es demasiado explícita se justifica enriquecedora e ilustrativamente) como el director lo hace con el arte (en el más amplio sentido del término), trascendiendo la recóndita e implorada divinidad más allá de la pantalla con tanta simbología (pianistas, catedrales, calles, puertas, jurisdicciones, lluvias, carrizos, poemas, sombras, muletas, vinos, iconos, ruinas, alarmas y un largo etcétera) que, a la postre, uno duda de su adecuación argumental al saturar sin remedio; la metáfora como principal método narrativo (recurso sumamente característico del autor) no difiere en exceso de anteriores trabajos (el contraste de la inocencia del cordero y el salvajismo del tigre, sin ir más lejos, es tan típico como atentar contra animales o desarraigarse del seno familiar en edades tempranas en depravados como el tratado), afectando mucho al factor sorpresa y, por ende, a la originalidad de tan creativa e inspiradora propuesta; el comprensible pecado de caer en la tentación de visionar la película doblada debido a su duración, y es que la versión original de la misma aporta matices inapreciables en la traducida, en especial en lo referente al sufrimiento de las víctimas (mujeres en su gran mayoría, por cierto, y es que el machismo es una constante) y, más concretamente, a las tenaces e imprudentes técnicas que, con el paso del tiempo, el narcisista e impulsivo maníaco logra ir perfeccionando.

Daniel Espinosa


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