Suspiria 16-12-2018 13:17 (UTC)
   
 

Suspiria
(Luca Guadagnino, 2018)






Ficha técnica

Título original: Suspiria
Año: 2018
Nacionalidad: Italia
Duración: 152 min.
Género: Suspense, Terror
Director: Luca Guadagnino
Guión: Dave Kajganich
Reparto: Dakota Johnson, Tilda Swinton, Chloë Moretz, Mia Goth, Jessica Harper, Sylvie Testud, Angela Winkler, Malgorzata Bela, Renée Soutendijk, Ingrid Caven, Lutz Ebersdorf, Vanda Capriolo y Toby Ashraf


Sinopsis

Una joven bailarina de ballet viaja a una prestigiosa academia de danza alemana, descubriendo prontamente que algo siniestro rodea el lugar...


Valoración

Lo mejor: el primer gran proyecto de Amazon studios en su particular transición de apertura de mercados (la compañía se dedicaba hasta ahora al comercio electrónico en la nube a nivel mundial) para expandir horizontes y convivir (sino competir) con otras empresas como HBO y Netflix (plataformas que proporcionan mediante tarifa plana mensual contenido multimedia bajo demanda por internet) no puede tildarse sino de atrevido en aras de adaptarse a las exigencias de los usuarios para proseguir cosechando éxitos ante la certeza de que el mundo del entretenimiento está en constante cambio, por lo que iniciar esta nueva andadura con tan singular e inclasificable obra resulta una decisión atrevida y plausible; la tensión generada a partir de la opresiva atmósfera provoca un delirio tan grande como el aludido en la interminable trama, desembocando el confuso e irritante devenir en un depravado e incisivo desenlace que hará las delicias del más sádico, sentencia tan contradictoria como las sensaciones que despierta la propuesta, siendo ésta un auténtico regalo para los sentidos del espectador que, atónito (por más que medite al respecto no encontrará el por qué), comprobará cómo durante ciento cincuenta minutos es incapaz de desviar la mirada la pantalla; el buen hacer de Dakota Johnson y Tilda Swinton (secundadas por una inmensa Mia Goth) como principales protagonistas femeninas (la primera con mayor química respecto a la segunda en comparación con la percibida junto a Jamie Dornan en la mediocre adaptación de la novela 50 sombras de Grey) facilita la digestión de la mayoría de secuencias (altamente impactantes e infinitamente sugerentes, redundancias a parte) que, a lo largo de seis actos y un epílogo, transforman oscuridad, lágrimas y suspiros en tres conceptos que dan mucho de sí individualmente pero más en comunión, trascendiendo mucho más allá de sus respectivos significados para cobrar fantásticas (en cuanto a género) proporciones.

Lo peor: la revisión (que no es tal) de Luca Guadagnino del clásico homónimo dirigido por Dario Argento allá por el mil novecientos setenta y siete, basándose en los personajes originales del propio autor y Daria Nicolodi, obedece a un guión (urdido por Dave Kajganich) excesivamente sustentado en el apartado audiovisual (con inadvertidas piezas musicales de Thom Yorke y exquisita fotografía de Sayombhu Mukdeeprom), respetando de aquella solo la época (como mero contexto sociocultural) y la especie de híbrido entre Carrie (poderes paranormales) y Cisne negro (talentos danzatorios) porque, amén de lo mencionado, ningún nexo en común se observa aunque sí muchos paralelismos para no rivalizar (hubiese sido una inmolación anunciada) sino complementar (con más intención que efectividad) a aquella; la expectación previa da paso al desconcierto posterior y a la indiferencia final, siendo una muestra fehaciente de ello la siempre espontánea reacción del público asistente al Sitges film festival (tal vez convenga aclarar que la película inauguró la edición número cincuenta y uno de tan prestigioso certamen) que, al término de la proyección, brindó discretos aplausos como reconocimiento de una experiencia única cuya desastrosa y pretenciosa narración dilapida cualquier atisbo de genialidad fílmica, excediéndose el responsable en un registro melodramático en el sentido empoderado del conflicto de telón de fondo en detrimento de una correcta confluencia de fe, política y brujería, los tres pilares básicos sobre los que pivota el metraje; la delgada línea que separa la osadía de la temeridad se cruza en demasiados compases para explorar los misterios del deseo femenino sin, a la postre, convicción suficiente, analizándose vagamente los vínculos entre técnica y perversión hasta que, por arte de magia (palabra traía a colación expresamente), toda lógica (ficticia) se desvanece al introducirse un demoníaco e inesperado giro argumental.

Daniel Espinosa


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