Mandy 19-04-2019 22:41 (UTC)
   
 

Mandy
(Panos Cosmatos, 2018)






Ficha técnica

Título original: Mandy
Año: 2018
Nacionalidad: EEUU
Duración: 118 min.
Género: Acción, Suspense
Director: Panos Cosmatos
Guión: Aaron Stewart y Panos Cosmatos
Reparto: Nicolas Cage, Andrea Riseborough, Linus Roache, Ned Dennehy, Olwen Fouere, Richard Brakerer, Bill Duke y Hayley Saywell


Sinopsis

Un leñador que vive alejado del mundo pierde al amor de su vida cuando se cruza con el líder de una secta que se obsesiona con ella...


Valoración

Lo mejor: el excitante e irrenunciable viaje por el fantástico más imaginativo (si bien la ficción flirtea con el concepto de utopía en demasiados momentos no lo es menos que maravilla sin remedio como ocurrió en su día con la exquisita Mad max, cinta con la que comparte estética) que propone el director a lo largo de tres capítulos perfectamente diferenciados (titulados muy consecuente y reveladoramente “sombra en las montañas”, “hijos del nuevo amanecer” y “Mandy”), limítrofe con la experiencia cinéfila más espiritual que uno haya tenido la oportunidad de disfrutar en toda su vida; la anunciada (y esperada) venganza de un sobreactuado (como le exige el guión) Nicolas Cage, cual valeroso guerrero, empleando toda clase de artilugios para castigar a aquellos (los calaveras negras) que le arrebataron su posesión más preciada (su amada), pudiendo el público verle sufrir como nunca antes lo ha hecho mientras comprueba su irrefutable resurgir profesional (el actor se mantiene glorioso de principio a fin, desde el “toc toc” hasta el “yo soy tu dios ahora”, retomando en cierto modo su papel de la bochornosa Ghost rider, resultando especialmente impagables las escenas que lo recogen curándose heridas en ropa interior, fabricando armas en la forja y degollando psicópatas en pleno apogeo) en tan visionario y desconcertante trabajo que, de buen seguro, no dejará a nadie indiferente; el misticismo que envuelve a la historia es realmente fascinante, complementándose la música de Johann Johannsson (como expresión de amores, con dualidad) y la fotografía de Benjamin Loeb (como potenciador de sentidos, con talento) a las mil maravillas para capturar cada matiz emanado de la oscuridad cósmica relatada.

Lo peor: el trasfondo religioso no congratula por la obviedad existencial y la trascendencia argumental de las que goza, siendo uno de los pocos aspectos que no encuentran ninguna motivación justificada (incluso la relación de la pareja protagonista, aun siendo tan peculiar como el propio metraje, tiene cierta razón de ser); el ritmo es, posiblemente, excesivamente pausado, aunque se torna revitalizante una vez superado el ecuador de la trama, cuando el poder purificador del fuego hace acto de presencia y hasta la repulsión visual de determinadas secuencias (durante la carnicería se plasman sucesos tan sanguinarios como plausibles) no se percibe repugnante sino hipnótica; el pretencioso desvarío en el que termina convirtiéndose la propuesta (sin un ápice de cordura), con una sobredosis de simbolismos (planetas, pájaros, novelas, camisetas, colores, anuncios, animaciones y tigres son solo algunos ejemplos poco convencionales) cuya correcta interpretación (de existir alguna lectura que se pueda considerar como tal) es una completa quimera no apta, en cualquier caso, para personas con problemas de epilepsia u otros equiparables.

Daniel Espinosa


Mandy Mandy






 
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