Kuso 18-10-2018 20:57 (UTC)
   
 

Kuso
(Steven Ellison, 2017)






Ficha técnica

Título original: Kuso
Año: 2017
Nacionalidad: EEUU
Duración: 89 min.
Género: Ciencia ficción, Comedia
Director: Steven Ellison
Guión: David Firth, Steven Ellison y Zach Fox
Reparto: Byron Bowers, Hannibal Buress, Shane Carpenter, George Clinton, Regan Farquhar, Tim Heidecker, Bob Heslip y Anders Holm


Sinopsis

Una serie de sucesos se desarrollan tras un devastador terremoto...


Valoración

Lo mejor: el debut del músico Steven Ellison (más conocido en el mundo de la farándula como Flying Lotus) detrás de las cámaras no podría ser más arriesgado, surrealista e inclasificable (ante la dificultad de catalogar la cinta el autor ha declarado que el género más cercano sería el de ciencia ficción), convirtiéndose en una magnífica muestra de que el cine independiente (bajo la firma de Brainfeeder films en esta ocasión) puede ofrecer contenidos (no necesarios pero al menos sí alternativos) que jamás asumirá el comercial, más centrado en recaudar dinero que en osar hallar nuevos horizontes; la animación de algunas escenas recuerda a la de Terry Gilliam en la maravillosa Monty Python’s flyng circus, un hecho tan reminiscente como plausible al denotar una gran implicación de los responsables a la hora de confeccionar el trabajo que ocupa, singular como pocos al resultar muy repugnante pero mucho más potente que la mayoría de provocaciones recientes, brindando divagaciones como “el Sol llora cuando come helado” y consejos como “no temas a las heces” mientras la futilidad prevalece en el marco de una sociedad que, ante la amenaza de un desastre natural (un terremoto de proporciones épicas) para simbolizar el fin del mundo en el que parece sumergirse diariamente por sus incívicas actividades, continúan como si nada influyera en el devenir de tan delicado fenómeno; la temática, muy experimental y más agresiva, es capaz de causar repulsión entre el público más escrupuloso y desesperación en los más pacientes a causa del sinfín de ocurrencias (sólo en los primeros treinta minutos se suceden una docena de microrelatos que comprenden desde ridículos informativos hasta inconcebibles clanes, pasando por peligrosas prácticas, estomacales leyendas, comprometidas educaciones, malsanas costumbres, fugaces danzas, pretextas abducciones, repentinos entretenimientos, claustrofóbicos sacrificios, sanadoras clínicas e hilarantes concursos, retomándose y expandiéndose todas más tarde sin llegar a resolverse ninguna a la postre) que, no obstante, sorprenderán sin remedio y por las que el visionado es aconsejable obviando su escasa racionalidad.

Lo peor: el aprovechamiento, por parte del director, de los abandonos que acompañaron a la proyección en el Festival de Sundance 2017, llegando a publicar en redes sociales que “solamente fueron unos veinte de cuatrocientos los que se marcharon, no es tan dramático como algunos quieren que parezca, os lo aviso amigos”, un argumento cuanto menos reprochable que secunda la idea de que el constante enfoque erótico y la recurrida oscuridad audiovisual obedecen exclusivamente a desquiciantes intenciones;
la dudosa fascinación que despierta el extraño mundo en el que se circunscriben las historias (cabe aclarar que no existe hilo conductor alguno sino que se trata de una antología de diferentes fragmentos intercalados unos con otros sin cruzarse entre sí) hace que la propuesta se aleje por completo de cualquier convencionalismo existente pero ello implica que la nota a atribuir a la misma no tenga valor, siendo igual de válido un cero que un diez (se ha optado por una neutral por mero sentimiento personal y no por razones objetivas, despertando en un servidor sensaciones contradictorias por la mezcla de situaciones tan fantásticas como el viaje introspectivo que experimenta la sufridora madre asiática y tan bochornosas como el método al que se somete el hombre de color que teme a los pechos); la vertiente artística, indiscutiblemente sobresaliente, desmerece la monotonía con la que se desarrolla el extraño guión (que se haya confeccionado entre seis manos tampoco habrá ayudado a clarificar propósitos), al igual que sucede con la contraproducente banda sonora (más ruidosa que eficaz) y la desaprovechada imaginación que rebosa cada plano (anteponer la asquerosidad al sentido común, como se suponía, no ha fructificado).

Daniel Espinosa


Kuso Kuso






 
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