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“Fuerza F.E.R.O.X. 1: Furia primitiva”, de Xavi Fuentes

Un escuadrón de FEROX (Fuerza Especial de Respuesta Operativa Extrahumana) que como unidad presta servicio cuando las competencias escapan a las del GAONC (Grupo de Apoyo a Operaciones No Convencionales) capitaneado por Bruno Lobo (junto al cabo Navas que mantiene un vínculo afectivo con el dron Lidia, la sargento Vega que por sus dotes extrasensoriales recibe el alias Crito, Rojas e Inés como militares) es enviado a una misión de rescate aparentemente sencilla tras la desaparición de una expedición (entre los integrantes la geóloga Clara Otero experta en sistemas kársticos como cobertura diplomática), avistada en última instancia en una zona no cartografiada en plena ruta vietnamita Ho Chi Minh cerca de un viejo cauce; el objetivo (liberar a los posibles supervivientes) se complica rápidamente al descubrir en el cometido intrínseco de ejercer de cazamonstruos (la sentencia “no somos el plan B... somos a los que llaman cuando el plan A tropieza con algo que oficialmente no existe” define con exactitud la esencia de la organización) que una leyenda local (acerca de los Nguòi’ Rùng’) tal vez sea verídica, enfrentándose a cuantiosos reveses en la desesperada e improvisada huida hacia una extracción exitosa hallando alternativas en coordinación con los demás implicados mientras el foco de la amenaza acecha paciente e impávido.

El transcurso del relato se aproxima al de un videojuego (superando etapas de LZ Alfa a Bravo pasando por una fábrica abandonada como checkpoint amén de escenografías secundarias como oscuras cuevas, flotantes plataformas, estrechas grietas, pestilentes cámaras, contaminados lagos, angostos salientes, desafiantes desfiladeros, sombríos valles, rocosas lenguas, pobladas cornisas, grisáceos cielos o tétricas cumbres como potenciales game overs hasta llegar al boss final) desde un prisma bélico (Los mercenarios con el frenesí) que respeta al público ajeno a él (las alusiones tácticas se explican convenientemente), sazonado con elementos distópicos (Mad Max con los contrabandistas), explorativos (Predator con el visor) e incluso paranormales (El resplandor con las visiones) con el treinta (simple fetichismo o significativa dupla de números observable en distancias o edades) omnipresente; el mensaje subyacente en pro de la conservación natural (tanto fauna como flora) incentivando movimientos ecologistas es magnífico, aunando con tino recursos vintage (mapa plastificado, walkie talkie...) con modernos (receptor, tablet...) destacando como fantástica herramienta argumental para justificar la indagación de hostiles e inaccesibles entornos el aparato tecnológico que filma alzando el vuelo cual nostálgica pérdida.

La ubicación principal en la Cordillera Amanita (cadena montañosa de la parte este indochina que se extiende más de mil cien kilómetros) fomenta la sensación de peligro constante (el semivirginal paisaje selvático de apariencia postapocalíptica hiela la sangre) postulándose como mejor aliado el silencio para evitar alertar a poderosas e indomables presencias sedientas de territorialidad extrema (en sentido tanto figurado como textual equivaliendo a reaccionar ante mínimas agresiones al medio creído propio), con una coprotagonista patria que nutre de pertenencia a una trama ya de por sí (des)dibujada como racionalmente viable a través de determinado material casualmente encontrado tras grabarse en vista subjetiva para documentar lo acaecido (estilo al que los entendidos asignan la etiqueta de found footage) que también contribuye a que uno se mimetice con un caótico drama cuyo suspicaz e hiriente cierre extasía; efectivamente la historia (no exenta de polémica por la feroz crítica vertida hacia ciertos sectores de experimentación de investigación) cautiva (adjetivo nunca mejor traído a colación) merced a un dinamismo tal que fractura la cordura del más pragmático, augurando un atentado al descanso posterior al afectar severamente el concienciador trasfondo sobre el que pivota removiendo más que estómagos con guiño (la trilogía Bigfoot) incluido.

Se extrañan pistas de audio (tipo playlist) para ambientar auditivamente la sufrida e intensa velada al igual que alguna ilustración adicional (la de la portada enamora tanto que despierta dicha plausible e insaciable necesidad), sirviendo no obstante para que cada cual forme a su antojo (dentro de los márgenes que concede el apartado) la banda sonora e imagine el semblante de los personajes (la redundancia en el aspecto de las criaturas repitiendo detalles de pelaje u ojos desquicia un poco) que desfilan por las hojas (concretamente ciento sesenta y cuatro omitiendo las de rigor técnico, adelanto de la formidable Embalse rojo e invitación a compartir la opinión para ayudar a dar visibilidad) a lo largo de dieciséis capítulos (perfecto seccionamiento para ir asimilando correctamente el devenir) repletos de epicismo (sobre todo en cierta bifurcación con hechos paralelos al unísono que aumenta el desconcierto e imprevisibilidad); pese a ello debe celebrarse que en plena época de la mentira (con habitual e imperante abuso de la IA) el concepto de corte clásico (léase la primacía de la originalidad neuronal en contraposición de la electrónica capaz de equipararla pero jamás superarla) siga estando en auge gracias a propuestas como la que ocupa, reivindicativo alegato donde los haya en sintonía con la temática central consiguiendo hacer reflexionar sin pensar ello durante la odisea.

Este primer volumen de la nueva línea del “rey del pulp” (pseudónimo totalmente merecido que entusiasma al autor) no solo ofrece emociones fuertes para el presente sino que las promete para el futuro (el multiverso de las anomalías biológicas que ocultan gubernamentales secretos e industriales fechorías se expandirá sin duda), dejando plenamente abierta una puerta (de gigantescas dimensiones) a que en próximas entregas el abanico de dantescos seres (por citar así a las consecuencias del narcisismo de creerse un semidiós capaz de controlar cualquier creación) se incremente ostensiblemente para seguir maravillando a la par que horripilando (en la mejor de las acepciones); Xavi Fuentes (no está de más nombrarlo por si alguien se desorienta con la vorágine de acontecimientos evadiéndose perceptiblemente de la realidad) vuelve a lograr captar la atención de principio a fin con su característica narrativa (más allá del género en el que se ha labrado una identidad propia en el panorama literario) más pasivo que de costumbre (acentuando la tremenda labor descriptiva en un registro ligeramente diferente) que denota una envidiable e inusitada polivalencia escritural, enfatizando la adrenalítica acción en detrimento de la profundidad argumental sin descuidar el hilo conectivo en aras razonar (la mayoría de) las decisiones conductuales.

Como sintética e ilícita conclusión cabe (re)afirmar que la ficción se torna tan factible (en gran medida por el minucioso e inabarcable plano expresivo del que hace gala el trabajo) que el desasosiego profana e invade la tranquilad e integridad del más inalterable provocando que el producto no pueda catalogarse sino de brillante, antojándose altamente recomendable (u obligatoria) su adquisición (el precio apenas alcanza los doce euros en formato físico mientras que en digital está disponible gratuitamente con una suscripción a Kindle unlimited) atendiendo al majestuoso entretenimiento brindado con el riesgo añadido (en cuanto a contenido explícito) que únicamente la autopublicación asume por tácitos e inquebrantables intereses; la estrategia de declinar una edición coleccionista (en tapa dura y/o con suculentos extras) seguramente obedezca al incremento dinerario de fabricación que llevaría aparejado (con la consecuente elevación del montante requerido para la compra), pero muchos optarían por ella para lucirla en su preciada estantería junto al resto de la bibliografía al colmarles de satisfacción correspondiendo las expectativas que tuvieran residiendo en esta objeción una petición para que la fascinación e inspiración que suscita el lore tenga efectos prósperos en la práctica de cara a las ya confirmadas (por gratificante fortuna) secuelas venideras.

El término fika hace referencia al momento para la pausa del café en territorio sueco derivando con el tiempo en ritual e institución social (se aprovecha para relacionarse con camaradas o familiares) similar a la hora del te para los ingleses, parafraseando dicha información del cartel de la archiconocida cadena Ikea como anecdótico inicio de la lectura por parte de un servidor (justamente lo portaba al haberlo recogido escasos instantes antes) al tratarse de un bizarro pero elocuente simbolismo de la sutil e indirecta internacionalidad que alberga la obra poniendo de manifiesto que toda excusa (o situación) es válida para empezar con lo que uno desea; como versa el lema de la presentación del perfil instagramer del responsable “si aún llevas a ese niño dentro que se niega a crecer esto es para ti” al transportar fehaciente e increíblemente a los orígenes del bestiario popular (evidente e irremediable resulta quimérico no recordar al mítico King Kong al ser su sombra muy alargada), patentado para la ocasión (inteligencia artificial mediante) la confrontación personal (a la postre las ideas que surgen de la mente son proyecciones de cuestiones e inquietudes internas) de manera puramente visual en la siguiente imagen como humilde obsequio de despedida por la gentileza de permitir de disfrutar semejante lindeza novelística a elogiar a raudales.

Daniel Espinosa, a fecha 27 de agosto del 2026 |
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