Título original: Backrooms Año: 2026 Nacionalidad: EEUU Duración: 110 min. Género: Suspense, Terror Director: Kane Parsons Guión: Kane Parsons y William Bromell Reparto: Chiwetel Ejiofor, Renate Reinsve, Finn Bennett, Lujita Maxwell, Mark Duplass, Krista Kosonen, Avan Jogia, Philip Granger, Patrick Baynham, Robert Bobroczkyi, Ember Ambrose y Peter Newer
Sinopsis
Una extraña puerta aparece en el sótano de una tienda de muebles...
Valoración
Lo mejor: la primera hora de metraje mantiene en constante e intensa tensión al espectador, en gran medida a causa de la fascinación e incomprensión que genera una popular premisa de índole creepypasta nacida de una leyenda urbana de internet en la que se combinan espacios de transición para despertar una desorientadora e inquietante sensación de familiaridad pero a la vez extrañeza elevando el primigenio concepto liminal a una especie de corriente ideológica; la disposición de los recursos visuales se emplean majestuosamente, colapsando los sentidos con planos imposibles de concebir desde una vertiente lógica en la inmensa paradoja mental intrínseca desbordante de anómalos recuerdos sobre la que pivota todo; el provecho del universo ficticio de terror que sirve de base e inspiración compuesto por innumerables e interminables pasillos con un sinfín de habitaciones donde la realidad parece desvanecerse reinando la soledad absoluta debe aplaudirse hasta la saciedad, tomando prestado el término noclip de los videojuegos que consolidaron el éxito de la muy viralizada serie.
Lo peor: el método de filmación subjetiva de estética vintage simulando un found footage en rigurosa visión subjetiva no agradará a los más puritanos, al menos la parte que así se plasman los sucesos narrados la cual acapara prácticamente la mitad de cinta potenciando el caracter personal de semejante particularidad fílmica; el cierre apenas convence por la trivialidad e inexactitud que supone, profundizando poco en una intríngulis que solamente te atisba en determinados compases confluyentes de los coprotagonistas desmerecidas por un uso de la digitalización en la que se muestra plenamente cierta figura que provocaría más pavor de haber optado por únicamente insinuarse con sutileza; la actual confusión de tildar de culto a películas que apenas trascienden lo anecdótico por el mero hecho de desarrollarse atípicamente, aplicándose perfectamente al caso que ocupa al concebirse como una pieza clave del séptimo arte por la alta rentabilidad en la que se ha traducido al recaudar un montante superior a treinta veces su paupérrimo presupuesto de diez millones de dólares.