- El castillo de las tinieblas 21-10-2017 03:12 (UTC)
   
 

              “El castillo de las tinieblas”, de Juan Carlos Bonet



El castillo de las tinieblas El castillo de las tinieblas



Detalles


Creador
: Juan Carlos Bonet.
Días
: viernes y sábados noche.
Duración
: 210 minutos, de 21:00h a 00:30h.
Precio
: 33€.
Dirección
: C/Josep Lluís Sert nº40, Gavà Mar.
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Descripción



Prólogo

“Castillo restaurante espectáculo de terror donde cenar y sentir el frío sudor del miedo, un reino de tinieblas donde tú serás el protagonista y vivirás una velada en compañía de seres del inframundo... ¿te atreves?” versan las líneas de la portada de la página que sirve de antesala de un cúmulo de sensaciones y emociones sin parangón desarrollado en un salón comedor cuya capacidad es próxima a los doscientos comensales porque, aunque la presente crónica se centre en el denominado “espectáculo de terror”, el “banquete medieval” también acontece los domingos al medio día y se organizan fiestas privadas (tanto particulares como de empresa), eventos, bodas, presentaciones y cualquier actividad a diseñar a petición del cliente; a modo de necesario tributo al inventor de tan original propuesta, Juan Carlos Bonet, conviene señalar que el mismo ofrece pavura por toda la geografía española desde 1979 mediante la compañía familiar The monster show, promoviendo en 1990 túneles en la calle Barcelona y Lloret de Mar, firmando la apertura del primer establecimiento de espeluznante entretenimiento (“El comedor de las tinieblas”) en 1998 y culminando su obra maestra con “El castillo de las tinieblas”, funcional en la actualidad, plasmándose a lo largo del escrito imágenes (tanto descargadas de la red como tomadas por un servidor y su pareja).
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Cronología


Recibimiento

Una autocaravana en un lado de la puerta del templo del mal (en el otro unas lúgubres lápidas), tal vez la morada de la especie de Robert Sawyer (La matanza de Texas) que se persona con su poderosa motosierra, sirve de preludio para conjeturar lo que se hallará en el interior tras la comprobación de los convidados, quienes forman pequeños grupos a la espera de descender hacia los infiernos; al entrar en el demoníaco santuario, el “museo del terror”, el “baño del horror”, la “barra de la vampiresa”, la “taberna de Satán”, la “familia cadáver” y la “mazmorra” (“todo esto y mucho más es lo que te encontrarás si vienes a visitarnos... lástima que no se lo podrás explicar a los tuyos... o sí”, se advierte en la web) aportan datos para conocer la historia intrínseca, pudiéndose aprovechar los descansos para indagar con detenimiento.
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Acto I
Freddy Krüeger (Pesadilla en Elm Street), Jason Vornes (Viernes 13), Michael Mayers (Halloween) y Regan Macneil (El exorcista) se alían para convocar al anticristo, debiendo recurrir para ello a la masacre del respetable a modo de ofrenda carnal a través de apuñalamientos, degollamientos y atrocidades varias que profieren a diestro y siniestro a propios y extraños; se marca lo deseado (cerveza, refresco, agua, gaseosa, sangría, vino y/o cava) en las oportunas hojas para acompañar la comida, al comienzo “colgante de embutidos de cadáver” y “degustación de quesos endemoniados” para abrir el apetito como entrantes y “sopa de verduras en chusco de pan medieval” de primero.
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Acto II

La sensual esencia de Abierto hasta el amanecer en forma corpórea de mujer se apodera, tras analizar olfativamente a quienes considera serios candidatos para su sangriento cometido y sin profanar la escena a la que rinde culto, de un incauto para transformarlo en su féretro; “parrillada de carnes de cadáveres con patatas asadas” de segundo.
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Acto III

Un conflicto bélico de índole nazi al estilo Dead snow inunda de tiroteos el aposento e instantes más tarde se declara la cuarentena como pasaba en [REC], con temblores de mesa y propagación de gas para erradicar la infección; “cementerio de ataúdes Red Velvet” de postre.
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Acto IV

Una ruda cruzada vampírica como en Underwold da paso al despertar de unos maníacos que campan a sus anchas para desesperación de un médico que no cesa en su persecución del control de un teórico psiquiátrico; es momento de cafés, cortados e infusiones, así como de chupitos y de abonar la cuenta para alejarse del muy plausible peligro.
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Despedida

Durante las interpretaciones las fotografías son un ir y venir al tratarse de una atracción más posar junto a los integrantes de la organización, mas si alguien todavía desea alguna podrá en estos últimos intervalos; “hasta pronto” y no “adiós” es lo más apropiado para concluir la visita.
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Club


Aquellos que consientan vender su alma (es decir, proporcionar un correo electrónico) estarán informados de todas las novedades y eventos futuros, gozando de descuentos y promociones, así como teniendo preferencia en las reservas y la situación de la mesa, y es que ser miembro de este selecto y tenebroso círculo tiene sus privilegios; no cabe sino instar a todo el mundo a registrarse para aprovecharse.
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Valoración


La formidable labor de actores, diseñadores, maquilladores, cocineros y camareros, un coral grupo de profesionales que tornan cada velada en única valiéndose de más de treinta números diferentes (se han descrito los de la noche del catorce al quince de abril del año dos mil diecisiete) para impactarle aprovechando al máximo el vestuario adecuado, la coreografía lumínica, el guión musical y los medios tecnológicos sin nada que envidiar a una producción cinematográfica.


La constante interacción que brindan los artistas sumerge incluso al más reacio en las tesituras representadas, participando muy activamente en una lograda e imaginativa experiencia en la que prima el respeto (si a uno no le agobia el reiterado contacto físico, claro está).


La colección de materiales de las estancias es tan dispar como macabramente espléndida (con productos que juegan con la percepción visual y los demás sentidos
como el holograma dactilar), infundiendo inquietud al tiempo que maravilla por su enorme realismo.

La tematización de la carta, con figurativas nomenclaturas propias de la mente más brillante concebible, resalta el armonioso tono de ficción similar al
caserón “Krüeger hotel” del parque de atracciones Tibidabo.

El hecho de disponer de una plaza de aparcamiento asegurada en el recinto anexo destinado a tal objeto (o en las calles contiguas) es de agradecer, así como que a partir de entonces se inicie la tétrica ambientación compatible incluso para culminar una velada romántica.


El precio puede no estar al alcance de todos los bolsillos (cabe señalar que la bebida no está incluida) y la disponibilidad del importe por adelantado tampoco (es menester hacer y abonar la reserva con antelación), aunque la inversión se amortiza con creces cuando se disfruta de lo ofertado y hay que ser consciente del gasto que implica.


La ubicación del edificio dificulta el acceso a unas imponentes instalaciones que, valga añadir, tienen su encanto particular al estar alejadas de la civilización mundana, pues pese a poder recurrir a transporte metropolitano (autobuses y ferrocarril) la única forma de llegar es en coche (propio o taxi) y con las coordenadas consultadas.


El apartado gastronómico no está tan cuidado como el teatral (aunque la primacía de este último es evidente por encima del otro), no por falta de calidad culinaria (de hecho la inmensa mayoría de lo dispuesto no puede catalogarse más que de exquisito) sino por la nula elección del menú (amén de la alternativa de platos para vegetarianos y celíacos).


El contenido no se adecúa a los asistentes y en sus compases más soeces no es nada recomendable para ciertas edades, pues la vulgaridad entendida como distracción es subjetiva y la función podría modificarse menor o mayormente previo superficial análisis
del público.

El entramado no está relacionado entre sí y, por consiguiente, no atiende a la típica sucesión de causas-efectos sino a una de microrelatos autoconclusivos, lo cual afecta negativamente al conjunto.


                                             Puntuación global
                                  


       
Comida          Entretenimiento      Escenografía         Versatilidad
        



Daniel Espinosa

 
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