Viaje al centro de la Tierra 2 23-06-2017 15:37 (UTC)
   
 

Viaje al centro de la Tierra 2: La isla misteriosa
(Brad Peyton, 2012)


Viaje al centro de la Tierra 2: La isla misteriosa




Ficha técnica


Título original:
Journey 2: The mysterious island
Año:
2012
Nacionalidad:
EEUU
Duración:
94 min.
Género:
Aventuras, Fantástico
Director:
Brad Peyton
Guión:
Mark Gunn y Brian Gunn
Reparto:
Dwayne Johnson, Michael Caine, Josh Hutcherson, Luis Guzman, Vanessa Hudgens, Kristin Davis y Stephen Caudill


Sinopsis


Sean Anderson es un chico emprendedor que descubre una isla misteriosa en medio de la nada de la que parte una señal de socorro; según los mapas, allí no hay nada excepto el océano, pero Sean es muy tozudo y decide hacer caso omiso de sus mayores e iniciar una cruzada junto a su padrastro para saber qué está ocurriendo en realidad y así poder ayudar a la persona en apuros que está pidiendo auxilio.



Crítica


El espíritu del célebre novelista Julio Verne vuelve a cobrar vida gracias a Brad Peyton (responsable de la divertida Como perros y gatos), quien retoma las fantásticas (desde una vertiente adjetival y también como nomenclatura) aventuras relatadas en las historias del (re)conocido escritor español sucediendo en la dirección Eric Brevig, responsable de la más que decente trama prehistórica que supuso su personal (aunque bastante fiel) adaptación de Viaje al centro de la Tierra, ofreciéndonos una epopeya de gigantescas dimensiones que agradará a los más pequeños (público al que claramente va dirigida la película) y entretendrá al sector adulto gracias a una puesta en escena amena y una sucesión de acontecimientos que también beben directamente de la popular obra del comentado autor de internacional éxito La isla misteriosa (siendo un reflejo relativamente transparente), además de aportar datos históricamente reseñables que parecen desvanecerse r
ápidamente.
Viaje al centro de la Tierra 2: La isla misteriosa   Viaje al centro de la Tierra 2: La isla misteriosa
El joven Sean Anderson (encarnado una vez más, como ya sucediera en la primera entrega, por un cada vez menos infantil Josh Hutcherson, aunque los papeles atribuidos a su persona continúen atribuyéndole dicha característica), huérfano de padre (al menos éste se encuentra ausente, desaparecido desde hace años), descubre una isla misteriosa en medio de la nada de la que parte una señal de socorro, recibiendo unas coordenadas encriptadas de difícil desciframiento; según los mapas comunes allí no puede haber nada más que océano, tratándose de una de las zonas más peligrosas del mismo (cuya latitud resulta de los diferentes mapas propuestos en las distintas obras literarias); sin embargo, Sean se aferra a su verniano corazón (expresión extraída precisamente del filme, adjetivo al cual se recurre en numerosas ocasiones haciendo referencia al autor novelístico responsable de los hechos que van tornándose realidad) para creer incluso en lo imposible.
Viaje al centro de la Tierra 2: La isla misteriosa   Viaje al centro de la Tierra 2: La isla misteriosa
Su padrastro Hank (Dwayne Johnson, desfigurado por completo de su rutinario rol, modificación que parece favorecerle mucho más que en otras ocasiones, tales como su interpretación llevada a cabo en A todo gas 5, ruda pero al mismo tiempo penosa), que en la actualidad comparte hogar con Sean y su madre Liz (Kristin Davis, ausente durante gran parte del metraje pero correcta en las pocas secuencias que protagoniza), le ayudará a descifrar el secreto empleando varios libros de diferentes autores para hallar la repuesta con la finalidad de ganarse su confianza; una vez descubierto el mensaje oculto que se encontraba tras la transmisión recibida no dudarán en emprender un viaje al epicentro del misterio, gracias a la inestimable ayuda de Gabato (Luis Guzman, poniendo el toque de humor a la cinta, imprescindible y atosigante a partes iguales), el piloto de avionetas que los llevará al lugar indicado, y su hija Kailani (Vanessa Hudgens, toda una señora intérprete encasillada indecentemente); todos ellos llegarán (no sin problemas) a la isla, encontrándose con una naturaleza virgen mucho más explosiva de lo que pudieran haber llegado a imaginar, llena de volcanes en erupción y de otras trampas mortales de las que tendrán que escapar si quieren seguir con vida, algo imposible de conseguir sin la colaboración del abuelo de Sean (Michael Caine, un mito del celuloide que estremece con tan solo aparecer en pantalla), quien habita en el lugar desde hace varios años y conoce multitud de recursos de los que aprovecharse para salir del aparentemente paradisíaco sitio  (la isla se sumerge cientos de metros y aflora en períodos de varias decenas de años, y precisamente ahora está en el imparable e incesante ciclo de hundimiento tectónico...).
Viaje al centro de la Tierra 2: La isla misteriosa   Viaje al centro de la Tierra 2: La isla misteriosa
La fantasía es evidentemente el eje sobre el que la trama pivota, un punto central que se ve superado en multitud de escenas por las descabelladas ideas plasmadas (abejas que sirven de transporte, la legendaria ciudad Atlántida presentando un aspecto excesivamente moderno, la célebre embarcación Nautilus situada en un lugar tan complicadamente imaginable como irrealmente fácil de encontrar por parte de los protagonistas...), pero que a la postre resulta sumamente acertado en virtud del público al que va dirigida; la épica aventura, respaldada por un reparto ideal y unos efectos especiales de escándalo al más puro estilo Avatar (salvo algunas excepciones, en las que recuerdan a los de la insultante El sonido del trueno), logra transmitir en todo momento el espíritu luchador e imaginativo que pretende infundir, sensaciones grandiosamente alcanzadas gracias en gran parte a una banda sonora eficazmente trabajada que se sitúa incluso por encima de lo esperado.
Viaje al centro de la Tierra 2: La isla misteriosa   Viaje al centro de la Tierra 2: La isla misteriosa
Que nadie se deje engañar por el aspecto (tal vez demasiado) infantil que presenta Viaje al centro de la Tierra 2: La isla misteriosa, porque tras éste se encuentra una producción perfectamente digerible y gratificante, que sin hacer grandes alardes de pretensiones alcanza su objetivo, que no es otro que el de entretener y hacer sentir las emociones que Julio Verne relataba en sus trabajos, la cual cosa no merece el más mínimo calificativo negativo al implorar dicho abanico emocional desde el primer instante, precisando de escasos diez minutos para definirnos la relación paterno filial que Sean y Hank padecen, y a partir de ahí configurarse una retahíla de secuencias de acción repletas de trepidantes situaciones peligrosas (las rodadas en cámara lenta son realmente espectaculares, como lo es la tridimensionalidad en sí misma de la que hace gala la cinta) teñidas de humor (en especial las acontecidas entre Hank y el abuelo de Sean), algo que puede parecer sencillo pero es infinitamente complicado; en definitiva, se trata de una propuesta simpática que bien vale su visionado a pesar de las numerosas deficiencias narrativas que presente y las incesantes reminiscencias a filmes de semejante o idéntica índole.


Daniel Espinosa




 
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