The world's end 24-06-2017 18:56 (UTC)
   
 

The wolrd’s end
(Edgar Wright, 2013)


The world's end




Ficha técnica


Título original:
The world’s end
Año:
2013
Nacionalidad:
EEUU
Duración:
109 min.
Género:
Comedia, Fantástico
Director:
Edgar Wright
Guión:
Edgar Wright y Simon Pegg
Reparto:
Simon Pegg, Nick Frost, Rosamund Pike, Martin Freeman, Eddie Marsan, David Bradley, Paddy Considine, Mark Heap, Thomas Law, Pierce Brosnan, Sophie Evans, Luke Bromley y Michael Smiley


Sinopsis


Un grupo de amigos quieren saldar cuentas pendientes con su pueblo natal, y es que cuando eran adolescentes participaron en una maratón bebiéndose hasta el agua de los floreros; ahora, veinte años después, se reúnen de nuevo en The World’s End para emborracharse, pero una invasión alienígena hará que el alcohol sea el mínimo de sus problemas.



Crítica


El fin del mundo (al menos tal y como lo anunciaban los mayas) no ha llegado todavía, pero hay otras cosas que si encuentran su término, como es el caso del movimiento creativo que Simon Pegg, Nick Frost y Edgar Wright iniciaron con la excepcional Shaun of the Dead (Zombies party), prosiguieron con la descafeinada Hot fuzz (Arma fatal) y ahora concluyen con The world’s end (Bienvenidos al fin del mundo), y es que el trío británico, confesados hasta la saciedad viejos amigos inseparables, completan de este modo su particular trilogía cinematográfica denominada por ellos mismos “Blood and ice cream trilogy” (las tres, que comparten director y dueto protagonista, están unidas por la sangre y la aparición de la marca de helados Cornetto en un momento u otro de la trama, siendo completamente diferentes pero compartiendo los personajes ciertas temáticas), la cual ha marcado, sin lugar posible a dudas, un antes y un después en el panorama del séptimo arte; mientras que el autor está ocupándose del rodaje de El hombre hormiga para satisfacer las expectativas depositadas en él por parte de la popular Marvel, el primero de los actores citados encabezará el reparto de la aparentemente gloriosa Hector and the search for happiness y el segundo actuará (e incluso se atreverá a bailar) en la comedia Cuban fury, no siendo ésta la primera vez que suman participaciones a sus ya dilatadas carreras por separado (Simon Pegg ejerció de miembro indispensable de Tom Cruise en la espectacular Misión imposible: Protocolo fantasma y Nick Frost encarnó a un desconfiado traficante de drogas en la imperdible Attack the block), por lo que se presume una despedida no definitiva pero al parecer duradera.

The world's end  The world's end
Era apropiado, pues, que su última película juntos (cuanto menos por ahora) se convirtiera en un inolvidable brindis (la expresión no podría estar mejor traída a colación), y vaya si lo es, pues el par de antiguos camaradas de un grupo que se reúne para ocuparse de llevar a cabo una nueva reunión entre todos los que antaño fueron inseparables compañeros de fechorías al que encarnan parece estar ideado (si en efecto no lo está) para atribuírsele a los peculiares intérpretes, habiéndose reunido ambos (en la vida real) con posterioridad en un hotel de Los Ángeles para conceder varias entrevistas y hablar de cine, de su amistad y de cerveza, aunque durante las entrevistas sólo bebieron agua con hielo (esto último puede considerarse una mera anécdota y, aun siéndolo, parece oportuno comentarlo a fin de resaltar la conexión de hermandad que comparten y que en no pocas ocasiones, por intereses obvios, ha sido cuestionada al no saber, o más bien querer, discernir el trabajo de la cotidianeidad); la conclusión a tan singular (auto)homenaje no podía cobrar tintes más épicos y desternillantes, y es que los escasos cuatro meses que fueron precisos para grabarla (para más señas de septiembre a diciembre del año pasado) se han empleado a las mil maravillas para magnificar el poderío de los escenarios en los que transcurre la acción (la mayor parte de la película se rodó en Letchworth Garden City en Inglaterra pero también se observan otros sitios como el rebautizado cine Broadway) y el director, negándose valientemente a adherirse estrictamente a una fórmula que tanto éxito le ha proporcionado, valerse de diálogos sagaces para componer una más que agradecible aventura de espíritu libre en la que abundan las ocurrencias (desprestigiar la validez del agua frente al alcohol afirmando que se trata de lluvia es genial) y las situaciones muy poco probables.

The world's end  The world's end
La noche del veintidós de junio de mil novecientos noventa pudo haber sido como cualquier otra pero terminó convirtiéndose en la mejor de sus vidas, en el que suponía su último día de escuela, para Oliver Chamberlain (Martin Freeman, quien deja la Edad Media de la recomendable primera entrega de la saga El Hobbit: Un viaje inesperado para reírse de sí mismo con elegancia), Peter Page (Eddie Marsan, posiblemente el más convincente de todos), Steven Prince (Paddy Considine, un tanto exagerado pero correcto), Andy Nightly (Nick Frost, cuyo tamaño es equiparable al don actoral que alberga) y Gary King (Simon Pegg, el carisma innato del que hace gala es su mejor arma, am
én de aparecer rejuvenecido), quienes se reunieron para participar en el maratón de bebidas “La milla dorada”, consistente en visitar doce pubs (el último de ellos “The world’s end”, evidente juego de palabras que se corresponde con un pronosticado fin del mundo) con un pinta en la mano dentro de la legendaria bienvenida de indulgencia alcohólica de Newton Haven (pueblo en el que residían con orgullo) mientras alternaban diversión, controversia, chicas, drama, tragos y mucha cerveza, tanta cuanto se deseara consumir, pero al llegar al quinto club de su recorrido se creyeron invencibles y decidieron comprar una refrescante (ese es el calificativo que se emplea en el filme para definir la sustancia) hierva a un desconocido al que llamaron reverendo verde, mención religiosa que propició que dieran por perdida la misión en su novena parada al presentar varios de ellos severos síntomas de embriaguez; los cinco aficionados a la espumosa se reúnen veinte años después cuando King, convertido ya en un hombre de cuarenta años que no conoce el significado de la palabra madurez y fuma compulsivamente desde la adolescencia (se deja entrever también otro grave problema de adicción en una aparente reunión de drogodependientes en la que está presente al inicio de la historia), decide volver retomar el evento convirtiéndolo en una ineludible meta personal, arrastrando de esta forma a su camaradas a su ciudad natal para, una vez más, seguirle a un olvido seguro tratando llegar a la taberna de fábula, el punto y final a tal ingesta.
The world's end  The world's end
A medida que tratan de conciliar el pasado (varios viajes memoriales a su juventud se suceden) y el presente (la oportuna puesta al día no es incidente pero sí necesaria a fin de comprender los cambios que han adoptado) se percatan de que la verdadera lucha no será por su banal reto sino por la de toda la humanidad, y es que una hostil invasión alienígena amenaza con hacerles olvidar su objetivo al antojárseles la bebida la menor de sus preocupaciones, emprendiendo una feroz batalla en la que los cinco unificarán destellos de lucidez (si bien es cierto que se producen muy de vez en cuando) en aras de evitar que la raza sucumba ante un atacante que se introduce en el cuerpo humano cual líquido acuoso (precisamente un intenso color azulado es el que les corroe y emiten los ojos de quienes han sido poseídos, una fuerte luz que deslumbra y al mismo tiempo fascina); dotados de poderes sobrehumanos, como si de muñecos articulados se tratasen la única forma de acabar (temporalmente) con ellos es extraerles (el término más indicado es éste al estar formados por piezas) las extremidades (lo cual se hace con relativa facilidad), y aunque sostienen con firmeza que no son robots al implicar esto la esclavitud (de hecho se definen como una potencial comunidad cuyo objetivo es el de ayudar a un ser superior), reemplazan y tornan a su imagen y semejanza a las personas fabricando mediante su ácido desoxirribonucleico (frecuentemente abreviado como adn) clones sin imperfecciones (un modo de reconocerlos es, por ende, buscar cicatrices conocidas) con el propósito de convertir a todo aquel que defienda la libertad (a pesar de la grandiosidad que se desprende de no pocas secuencias en las que los efectos especiales lucen magníficos, una interminable e infundada verborrea resolverá el percal, así que no conviene esperar un desenlace estelar sino uno algo fr
ío).
The world's end  The world's end
La espléndida dupla que dio vida a los dos desquiciantes supervivientes del divertido apocalipsis que proponía Shaun of the dead (no está de más volver a nombrar la producción al haber significado un salto a un estrellato medianamente importante para éstos) vuelve a aprovecharse de los tres elementos clave que tanto les han encumbrado (los amigos, la cerveza y los diálogos absurdos) para asumir el rol protagonista de la nueva oleada de ocurrentes situaciones irracionales que teóricamente podían disfrutarse a partir del diecinueve de julio del presente año en tierras españolas (supuestamente, pues el susodicho estreno previo en territorio estadounidense aproximadamente un mes antes sí se produjo pero la cinta aún no ha llegado en el que supone otro ejemplo de la indeseable demora que habitualmente azota productos de semejante índole, o más bien corte, pues el independentismo no parece causar furor en la industria al romper los cánones más rentables para las grandes compañías), un cúmulo de desvaríos en el que también prestará servicios Pierce Brosnan a modo de pequeñas apariciones (más concretamente dos, alejadas al máximo en la trama); The world’s end (aunque pudiera llevar a equívocos el título asignado a la cinta hace referencia a uno de los lugares en los cuales acontecen los desternillantes sucesos que la trama narra) no se distancia lo más mínimo de las directrices preestablecidas por el género en el que el propio Edgar Wright ha cultivado desde sus orígenes recogiendo asombrosos buenos resultados, aunque no por ello deja de ser atractiva e incluso indispensable (probablemente sea una de las citas más imperdibles para no pocos aficionados ya sea por el autor, su estilo o ambos), y es que el carisma de antaño de los actores se mantiene (la última ocasión en la que coincidieron, Paul, se tradujo en una parcial decepción) y el director innova (levemente) en algún aspecto narrativo sin limitarse a defender la errática creencia de que si algo funciona no tiene por qué modificarse, entendiendo a las mil maravillas que conviene no proponer una suma de repetitivas escenas recicladas y sí algunas originalidades por controvertidas que resulten (el aspecto de los antagonistas, cercanos a los de La invasión de los ultracuerpos en su tamaño estándar y a los de Ultimátum a la Tierra en el gigantesco no cuadran del todo pero se antojan cuanto menos curiosos y convincentes).



Daniel Espinosa




 
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