The philosophers 24-06-2017 18:56 (UTC)
   
 

The philosophers
(John Huddles, 2013)


The Philosophers




Ficha técnica


Título original:
The philosophers
Año:
2013
Nacionalidad:
EEUU
Duración:
102 min.
Género:
Ciencia ficción, Drama
Director:
John Huddles
Guión:
John Huddles
Reparto:
George Blagden, Katie Findlay, Bonnie Wright, Maia Mitchell, Sophie Lowe, Daryl Sabara, Erin Moriarty, Hope Olaide y James Darcy


Sinopsis


En Yakarta, un grupo de estudiantes extranjeros se despide de su profesor de filosofía, que los somete a un último test; en pleno apocalipsis nuclear, solamente diez de los veinte alumnos pueden salvarse...



Crítica


John Huddles
es un director y guionista (ambas facetas son inseparables en su figura hasta ahora) de escasa trayectoria cinematográfica, pues apenas disponía hasta la fecha de dos títulos en su filmografía, ambos realizados en los años noventa, Far harbor y At sachem farm, sendos dramas ambientados en el entorno rural estadounidense que siguen los pasos de un joven que tras abandonar su sueño de triunfar en el mundo de la música se sumerge en una serie de negocios decepcionantes que le apartaron de su verdadera pasión, tal y como ha reconocido el propio autor en numerosas ocasiones; la escasa fortuna (o tal vez las crueles aunque fundamentadas críticas vertidas hacia dichas producciones) que obtuvo con estas obras parece que le llevó a abandonar temporalmente el cine, pues en los últimos quince años su carrera muestra un vacío total, hasta el pasado dos mil trece, año en el que regresó con un trabajo de ciencia ficción que ya deja entrever (de hecho claramente) de qué tratará desde su propio título, The philosophers, ubicándose el mismo dentro de las convenciones del citado género aun fundiéndose éste con elementos del thriller con una fotografía impecable pero una recreación visual poco creíble y nada atractiva al no ofrecer un aspecto razonable para nada (cabe destacar que todo se desarrolla en un aula pese a que la simulación virtual es constante en las distintas tesituras presentadas), y es que tratar de emular a Christopher Nolan sin fundamentaciones no es nada sencillo.
The Philosophers  The Philosophers
El profesor de filosofía de una escuela internacional de Yakarta, Eric Zinit (James darcy, irremediablemente mediocre interpretación la suya), está decidido a poner en práctica su particular teoría de la supervivencia según la cual la inteligencia es la determinante del éxito y no la adaptación medio (de hecho es la recurrida expresión “vivir o morir” la lógica que defiende) para hacer que sus alumnos trasciendan y puedan ver la verdad de las cosas al explorar la imaginación misma (las tesis centradas en las probabilidades matemáticas y paradojas varias urdidas por célebres personalidades que se mencionan durante los primeros minutos es uno de los pocos detalles salvables del metraje) con credenciales para entender las exigencias que imperan en la sociedad del siglo veintiuno, una propuesta alejada del clásico ejercicio de fin de grado en el que creer lo que se siente en vez de lo que es como comúnmente suele suceder no es una opción válida; el experimento, aceptado por los veinte estudiantes (muy correctos en general y excelentes tanto en el caso de la actriz británica Bonnie Wright, conocida por su participación en la saga de Harry Potter, como en el del compatriota de ésta James D’Arcy, flamante antagonista de The purge) por llevar aparejado el suculento incentivo de la otorgación de la máxima calificación de la asignatura, consiste en enfrentarse a la difícil tesitura de elegir qué diez personas (el meticuloso diseño de la estructura no permite otra capacidad) deben ocupar el único lugar seguro que existe frente a la supuestamente anunciada explosión desencadenante de un fatídico apocalipsis atómico (el cual acontecerá exactamente en doce meses, trescientos sesenta y cinco días de interminable sufrimiento para los protagonistas y desgraciadamente también para los espectadores ateniendo al desesperante ritmo con el que transcurren), un bunker que supone un refugio necesario y exclusivo a la inminente radioactividad al estar equipado con toda clase de sofisticados recursos para ello.

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Pese al atractivo inicial de la invitación, el deber de dividirse entre imprescindibles y descartables hará que los recelos previamente existentes entre ellos afloren mientras el instinto irracional determina quiénes ocupan las plazas disponibles, una rivalidad originada por el azar (o cuanto menos eso es lo que asegura en un principio el tutor), pues la elección ciega de una tarjeta es la que establece preliminarmente el rol a desempeñar (carpintero, astronauta, químico, electricista, vinícola, mayordomo, diseñador, heladero, zoólogo, psicoterapeuta, soldado, senador, poeta, granjero orgánico, ingeniero civil, cirujano ortopédico, agente de bienes, cantante de ópera, manager de banco, etcétera, con las correspondientes habilidades a defender como esenciales), un azar que evidencia la complejidad de un desafío (dividido en tres etapas de aproximadamente media hora cada una) ya de por sí confuso; bajo la influencia de la amenazadora nube tóxica venidera, el apremio del poco tiempo que la llegada de ésta brinda y la obligación de preservar la existencia de la raza humana después de la misma, la veintena de participantes (a pesar de la desesperación que padecen ninguno pierde un ápice de su inmaculado aspecto físico) deberán encontrar su propio destino al tiempo que definen cuáles son sus prioridades, aquellas necesidades imperiosas (los conceptos de evolución y procreación están curiosa y equívocamente unidos) que les permitan disfrutar del futuro del pasado (suena algo paradójico pero tras la proyección se entenderá semejante extravagancia expresiva) mientras mantienen un debate acerca de los límites de la moralidad, la cual obviarán en más de una ocasión para desmitificar el sinsentido de toda deliberación exigida.

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La película se estrenó en el Festival de Berlín 2013 con el objetivo de conseguir distribución (oficialmente todavía no ha logrado tal empresa) bajo la particularidad, como explicó el responsable en una entrevista concedida al diario local The jakarta globe, de recurrir a la multiculturalidad como uno de los asuntos principales a tratar, siendo el mensaje oculto tras la misión de que la humanidad subsista tras un holocausto nuclear mediante la enorme capacidad de superación que el ser humano alberga, pero es que las comparaciones siempre son odiosas y si se tratan de clásicos como Battle royale todavía más, y es que aun siendo muy difícil (por no decir imposible) trazar una delgada línea de premisas entre la de The philosophers y aquella obviando el inmaculado apartado macabro de la obra de culto de Kinji Fukasaku inspirada en la novela escrita por el también nipón Koushun Takami al compartir la intríngulis conflictiva de la supervivencia del más fuerte en detrimento de otros más débiles, haciendo especial hincapié la presente en las relaciones interpersonales, algo se aproxima más al desorden presencial que a la locuacidad mental al desfilar por la pantalla un gran número de personajes sin otro propósito que el de incidir constantemente en el hecho de que cualquiera puede convertirse en el mal denominado alfa macho de la manada, aquel líder al que el resto sigue sin cuestionarle lo más mínimo sus imposiciones; a pesar de tratarse de una premisa sumamente atrayente, lo cierto es que los derroteros son totalmente diferentes a los anunciados, y lo que parece ser en un inicio un drama de dimensiones épicas teñido de convicciones científicamente poco demostrables termina convirtiéndose en una tediosa lucha en la que los instintos más primarios priman sobre las conductas apaciguadoras, un válido resumen de lo que la cinta alberga que suena mucho mejor de la sensación que resta una vez finalizada el correspondiente visionado del metraje al no distanciarse apenas (por no sentenciar absolutamente nada) de convencionalismos varios aun tratando de simular lo contrario mediante el empleo de dudas existenciales, dedicando cerca de sesenta minutos a abanderar la igualdad ante la división de clases para resultar finalmente que los jóvenes adinerados no solamente son astutos sino que además aprenden a adaptar sus pensamientos asestando un (supuestamente) golpe mortal a la capacidad reflexiva de su mentor, pero lo hacen cayendo en el mismo pecado que él, alimentando en el fondo la disparidad y la desemejanza envolviendo ambos conceptos en una hipócrita manta de comunismo místico que, por mucho que sea más vanguardista y moderna que pueda considerarse, se rige parecidamente.

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La película plantea preguntas pero no las responde, siendo lo insuficientemente inteligente (o parece serlo, que también hubiese tenido mérito) como para dejar el espacio necesario al espectador y que éste mismo forme su opinión, es más, lejos de poder barajar que estas cuestiones de suposiciones extremas hagan cambiar la perspectiva que algunos tenían de sí mismo lo que se consigue es aburrir supremamente al resultar un ingrato ejercicio de paranoia argumental con tintes de simple conflicto amoroso en el que la única positividad radica en la evidencia de que cualquier postura, por más ridícula que se antoje, puede ser defendible, demostrando asimismo que el arte del tercer acto no es dominado por todos los profesionales del medio, ofreciendo el director al raíz del mismo una resolución alejada de cualquier previsión tolerable; en este caso, la imprevisibilidad no juega a favor del producto, porque lo que al principio es un deductivo juego pensador después se convierte en un cuento honorable en el que únicamente los adolescentes tienen voz y voto, alegoría del buen ambiente timorato y sin fronteras que aburre hasta la saciedad, pues hasta entonces se trataba de situar al respetable al borde del límite decoroso, desnudo ante la falta de soluciones y esa innecesaria clase, y más tarde se produce un impacto categóricamente inconcebible con una lección tan involuntaria como aborrecible de pura demagogia tan siquiera fundamentada sino poco menos que denunciable debido al modo con la que se plasma en la pantalla, con efímera elocuencia e insana imprudencia, algo totalmente inconcebible.



Daniel Espinosa




 
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