The last stand 17-10-2017 07:54 (UTC)
   
 

The last stand
(Kim Jee-woon, 2013)


The last stand




Ficha técnica


Título original:
The last stand
Año:
2013
País:
EEUU
Duración:
107 min.
Género:
Acción, Suspense
Director:
Kim Jee-woon
Guión:
Andrew Knauer, George Nolfi y Jeffrey Nachmanoff
Reparto:
Arnold Schwarzenegger, Jaimie Alexander, Peter Stormare, Rodrigo Santoro, Eduardo Noriega, Johnny Knoxville, Forest Whitaker, Genesis Rodriguez, Mark Sivertsen, Zach Gilford, Luis Guzman, Rio Alexander, Kristen Rakes, Arron Shiver, Chris Browning, Billy Blair, David House, Tait Fletcher, Richard Dillard, Jermaine Washington, Frank Powers, Jeff Sanders, Dieter Rauter, Gregory Leiker y Kelly Ruble


Sinopsis


El sheriff Ray Owens deja su puesto en la división de narcóticos para trasladarse a la tranquila localidad fronteriza de Sommerton Junction, donde el crimen no abunda precisamente; pero esta apacibilidad se ve truncada cuando Gabriel Cortez, el más destacado capo del narcotráfico del hemisferio oeste, efectúa una huida de un convoy penitenciario.



Crítica


El prestigioso director Kim Jee-woon había abordado hasta la fecha un amplio abanico de géneros cinematográficos a lo largo de su carrera, cosechando un número notable de reconocimientos (entre los que destacan los premios al Mejor Largometraje por The quiet family en el Festival de Cine Fantástico de Málaga 2000 y al Mejor Director por El bueno, el malo y el loco en el Sitges Film Festival 2008), pero no ha sido hasta la obra objeto de la presente crítica, The last land, que ha decidido introducirse de lleno en el de acción asumiendo las directrices preestablecidas y adaptándolas inteligentemente al público propio del siglo veintiuno (el poder audiovisual de ciertas escenas exprimen al máximo algunos de los recursos más impactantes de los que actualmente se disponen, lo cual convencerá al espectador iniciado y agradará al experimentado), dificultosa tarea que ya realizó con anterioridad respecto a otras variedades cinéfilas; amén de suponer el primer trabajo estadounidense del citado director surcoreano (tal hecho limita por consiguiente la imaginativa inventiva del mismo en virtud de la imperiosa comercialidad existente en dicho mercado), la cita cobra especial relevancia el significar la vuelta del mítico Arnold Schwarzenegger como encarnador protagonista de una película después de diez años (cabe recordar que su último papel principal se produjo en Terminator 3) ejerciendo de gobernador de California, antigua ocupación que forma parte del pasado, pues al parecer a sus sesenta y cinco años está dispuesto a recuperar el tiempo que ha permanecido alejado de la pantalla y, así, tiene previstos varios estrenos que irán produciéndose a lo largo del recientemente iniciado año (entre ellos se encuentran Ten de David Ayer y The Tomb de Mikael Hafstrom junto a Sylvester Stallone, con el que también compartirá saturables obligaciones policiales y presencia en The unknown soldier de Mike McCoy).

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Con un rodaje comprendido entre Nuevo México (Laguna Pueblo, Mesilla, Albuquerque y Belén) y Las Vegas (Nevada), el autor no titubea lo más mínimo a la hora de afrontar el reto de lograr ofrecer una trepidante película de acción partiendo de una historia tan primitiva como finalmente aprovechada (despropósito de la tríada guionista al no resolver multitud de cuestiones suscitadas y acierto del cierto al ocultar dichas consultas), plasmando frenéticas persecuciones automovilísticas (la velocidad se representa muy clara y concisa), sanguinarios tiroteos (tan abundantes como viscerales, llegando a impactar realmente en los compases finales por la rotundidad con la que se desarrollan), desiguales confrontaciones (de nuevo saldrá victorioso el que mejor se adapte al medio y no el teóricamente más fuerte) y feroces luchas cuerpo a cuerpo (la llevada a cabo por los dos protagonistas masculinos en el tramo conclusivo de la trama alcanza altas cotas de brutalidad injustificada pero igualmente válida para consumar el objetivo de divertimento); aun siendo exclusivamente un pasatiempo (increíblemente disfrutable), el filme debería catalogarse de digno e incluso transgresor, pues aunque la historia no se aleje absolutamente un ápice de las presentadas en producciones de semejante índole ésta cobra tintes épicos en no pocas ocasiones al confluir hilarante humor y grandes dosis de violencia de forma fructífera a la par que alabable (la inmensa mayoría de muertes contienen la reconocible diferenciación de la que solamente un maestro del séptimo arte como el que ocupa puede dotar a cada obra filmada).

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Atormentado por la culpa tras una operación fallida, el agente Ray Owens (Arnold Schwarzenegger, reinventándose a sí mismo sin esfuerzo aparente) deja su puesto en la división de narcóticos del departamento de policía de Los Ángeles para trasladarse a la tranquila localidad fronteriza de Sommerton Junction, lugar en el que el crimen no abunda precisamente y cuya empresa se limita a las labores típicas del sheriff del condado junto a sus ayudantes, Sarah Torrance (Jaimie Alexander, la cual apenas goza de popularidad a pesar de bordar sus papeles tanto en la presente cinta como en su primeriza Área de descanso), Jerry Bailey (Zach Gilford, sobrepasado al desacertar transmitir sensaciones) y Mike Figuerola (Luis Guzman, adorable como pocos y desternillante como ninguno), cuarteto dispar a la par que unido; esta apacible existencia se ve truncada cuando Gabriel Cortez (Eduardo Noriega, medianamente cumplidor salvo cuando se le exige infundir la tensión propia de un antagonista como el que encarna), el más importante capo del hemisferio oeste, efectúa una espectacular y sanguinaria huida de un convoy penitenciario del FBI bajo la atónita mirada del mayor responsable de dicha organización, John Bannister (Forest Whitaker, impecable en su densa aportación, tan personal y eficaz como en la magnífica En el punto de mira), encargado específicamente de velar por la seguridad ciudadana y mantener estrictamente controlado al susodicho fugitivo.

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El despiadado Cortez, respaldado por una banda de forajidos comandado por un frío mercenario llamado Burrell (Peter Stormare, soberbio como el entrañable Harry Dean Stanton, con quien comparte una fulminante escena), emprende una endiablada carrera hacia la frontera mexicana a cientos de kilómetros por hora en un Corvette ZR1 modificado llevando consigo a una supuesta rehén (Genesis Rodriguez, algo sobrante como su personaje); la ruta de huida pasa justo a través de Summerton Junction, donde un nutrido dispositivo policial, que incluye al improvisado defensor de la ley Lewis Dinkum (Johnny Knoxville, célebre creador del éxito televisivo Jackass que últimamente parece gozar de cierta habitualidad merced a la espontaneidad con la que hace relucir la locura humana), tiene una última oportunidad de interceptar al violento traficante antes de que se escabulla para siempre al otro lado de la frontera, por lo que, a pesar de su renuencia inicial a implicarse y de la supuesta ineptitud del modesto efectivo, Owens decide colaborar y, con la ayuda de su equipo, prepararse para un desafío descomunal.

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Sin obviar que la película ha sido ideada sin otro propósito que entretener (en éste aspecto se podría catalogar de pasatiempo inmejorable), son tan evidentes las carencias imaginativas (aunque los métodos empleados para presentar las diferentes situaciones que van aconteciendo a lo largo de la historia puedan considerarse novedosos no lo son sus resoluciones) como la participación hispana, pues además de Eduardo Noriega inundan de tal nacionalidad el reparto intérpretes como Rodrigo Santoro, Genesis Rodriguez y Luis Guzmán (éste último destacable entre los tres al encarnar la simpatía y aprovecharse la misma insaciable y gratamente); Arnold Schwarzenegger de desenvuelve triunfante ante un nuevo desafío interpretativo (a pesar de antojarse cuanto menos discutible la implicación dramática del mismo), Kim Jee-woon se luce en una dificultosa dirección (los paisajes y sucesos se compaginan a la perfección a pesar de los inconvenientes que los guionistas le han impuesto), el reparto cumple perfectamente con el cometido que le ha sido atribuido (las calificaciones de los integrantes transitarían desde el escueto correcto de Zach Gilford hasta la suma notabilidad de Forest Whitaker) y The last stand copa de satisfacción a todo aquel que la digiera como se merece, por lo que el visionado de la misma es propicio siempre que las expectativas no trasciendan del simple divertimento, pues de lo contrario ésta no es nada aconsejable.



Daniel Espinosa




 
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