The human centipede II: Full sequence 17-10-2017 07:54 (UTC)
   
 

The human centipede II: Full sequence
(Tom Six, 2011)


The human centipede II: Full sequence




Ficha técnica


Título original:
The human centipide II: Full sequence
Año: 2011
Nacionalidad:
Holanda
Duración:
86 min.
Género:
Drama, Terror
Director:
Tom Six
Guión:
Tom Six
Reparto:
Laurence Harvey, Ashlynn Yennie, Dominic Borrelli, Georgia Goodrick, Lucas Hansen, Emma Lock, Dan Burman, Bill Hutchens, Maddi Black, Katherine Templar, Lee Nicholas Harris y Peter Blankenstein


Sinopsis


Martin, un solitario con problemas mentales que trabaja en el turno nocturno como guardia de seguridad en un estacionamiento subterráneo, pone en marcha un plan para emular el ciempiés humano que tantas veces ha visto en su película favorita
en el pequeño televisor de su oficina.


Crítica


Lo primero que hizo Tom Six al anunciar The human centipede II: Full sequence fue asegurar que sería muy diferente de la original (tanto para bien por no compartir apenas matices con aquella como para mal precisamente por lo mismo) y, un año más tarde (y tras prohibirse en varios países, entre ellos uno que coproduce la cinta, el Reino Unido, lo cual no hace sino sorprender) se pudo comprobar que así es, pues la presente es disímil en casi todos los aspectos (la temática central es, como no podía ser de otro modo, idéntica), lo cual no se debe a la mera casualidad sino al cuidadoso trabajo de un autor que no solamente busca llamar poderosamente la atención como podía llegar a hacer creer la primera (sensacional en cualquier caso) sino dedicar el tiempo necesario a la obra para que ésta contenga una labor cinematográfica de calidad, una dirección potente y una fotografía sencillamente sobresaliente; la asombrosa y a la vez ridícula idea de la original, eludiendo a la extravagancia como método de reclamo (coser a varias personas entre sí respetando la obviedad de que los alimentos deben introducirse por cavidad bocal del primero y salir por el aparato excretor del último para que formen un solo sistema digestivo sería la mejor síntesis si se aluden detalles técnicos de menor aunque considerable importancia), generaba carcajadas y arcadas por igual, pero es que confrontada con ésta se podría tildar de preciosa y contenida (si bien algunos comportamientos y percales siguen percibiéndose cómicos), y es que el arduo proceso de rodaje ha dado como resultado una propuesta de inquietante maestría que, no obstante, solamente los auténticos degustadores de lo enfermizo, repugnante y desquiciado sabrán tolerar (algunas secuencias permanecerán imborrables para siempre incluso en las más depravadas mentes), quedando absorbidos por ella desde el segundo uno y, si es tomada en serio, despertando un tremendo sentimiento de gratitud de la ofensa que se les profiere cada toma (la dureza extrema de determinadas proposiciones como la masturbación con papel de lija en la mano activa es tremenda y ejemplificadora de la enajenaci
ón exhibida).
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Hay mucho de ejercicio consciente en esta película (sin ir más lejos la
fascinación con la que la figura del ciempiés se convierte en un símbolo fálico), un fulminante viaje al epicentro del delirio más excesivo que va más allá del onanismo y ofrece alternativas en base a la buena construcción de un personaje principal que se ve rápidamente eliminada en un segundo acto (casi tercero por duración) en el que la creación de la prometida invención humana es el único objetivo de plasmación, reflejándose el desconocimiento (y correspondiente retahíla de atrocidades) de quien lleva a cabo tan detestable experimento desde un punto de vista satírico pero sobrio, obviando dibujar sonrisas a pesar de lo que sucede en pantalla, siendo más adelante, cuando el responsable trata de trascender y pierde cierta entidad (así como gran parte de la fuerza que había ganado en el primer bloque) poniendo en entredicho la finalidad real de la pieza; en la cinta se producen diálogos con cierta sorna y es fácil trazar una delgada línea entre el improvisado doctor y el propio realizador, y aunque ello pueda no percibirse como idóneo (la repetición casi exacta de la fase de adiestramiento podría haber sido suprimida sin el más mínimo inconveniente) sí que sirve para constatar que no nace sólo como provocación sino que hay una necesidad imperial y puede que incluso deje entrever (por no sentenciar que lo hace explícitamente) que se puede lograr convertir lo atrozmente desagradable en un admirable arte a través de la firme convicción en una idea cualquiera, por absurda e irracional que pueda llegar a antojarse.
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Un solitario asmático (un conocido medicamente contra la hiperventilación lo acompaña en su cotidianeidad) mentalmente discapacitado (además de pervertido) que vive con su madre en un barrio marginal londinense, Martin (al que da vida con particular fuerza Laurence Harvey, un villano de ensueño que se percibe como una especie de camaleón cuyo estrabismo y enormidad corporal, aun siendo su tamaño cercano al enanismo, aterran de veras apenas pronunciando unas pocas palabras, la mayoría de ellas fruto no se conversaciones sino de divagaciones pues apenas habla a lo largo de todo el metraje), que trabaja en el turno nocturno como guardia de seguridad en un estacionamiento subterráneo, comienza a obsesionarse cada noche viendo una y otra vez el fenómeno viral de éxito mundial “The human centipede” (recordar la labor de Dieter Laser es menester al observarse fugazmente y estremecer instantáneamente) en el pequeño televisor de su oficina, el cual le sirve de inspiración diaria para tener una meta que alcanzar; al borde de la locura por culpa de su padre carcelario y todavía traumatizado por la difícil niñez que padeció (los abusos psicológicos y sexuales por parte de su progenitor eran habituales), pone en marcha, armado con una pistola y una palanca, un plan para emular la criatura que tantas veces ha visto consumada por su ídolo de ficción en su película favorita y, para ello, secuestra a personas (entre ellas una de las féminas que aparecen en el metraje en cuestión, Ashlynn Yennie, de nuevo notable en su impuesta expresividad, reuniéndose con ella previo convencimiento a su representante de que acuda a una falsa audición) con el objetivo de superar la hazaña de quien él considera su guía, aumentando el número de participantes (la fundamentación de las elecciones, por desgracia, no queda nada clara) en su composición de tres a nada menos que doce (podrían añadirse numerosos detalles al respecto como que en realidad son diez debido a la repentina muerte de dos de ellos a causa de la mala praxis médica llevada a cabo, pero bien merece la pena omitir palabra alguna al respecto y no desvelar absolutamente nada más del argumento)...

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La controversia continúa, la polémica aumenta y el entretenimiento se disfraza de macabro vanguardismo provocando tantas nauseas entre los que creen firmemente que producciones de semejante índole no deberían tan siquiera ver la luz en el ámbito doméstico como levantamiento de pulgares entre aquellos masoquistas que disfrutan con esta especie de reducción al absurdo (así la ha definido la prestigiosa revista Variety junto con otras lindezas como que se trata de una broma enfermiza), disparidad de opiniones, todas ellas aceptables en cualquier caso, que de hecho es lo que trata de generar la ocasión, qué duda cabe; por si fueran pocos los aciertos técnicos que a lo largo del minutaje se disfrutan, la íntegra ausencia de color, posiblemente el aspecto que más detractores pudiera haber llegado a suscitar el filme, lejos de invitar al bostezo o al abandono por falta de tonalidades logra transmitir más desasosiego si cabe en una trama que exige precisamente eso, infundir la esencia de la nula catalogación en la que se abarca, y se hace mediante un contraste que transporta a un mundo que se desarrolla en algún instante indeterminado de los dos últimos años, uniéndose en la misma tal nivel de demencia (en especial el desenlace, que aunque resulte precipitado e inconexo es tan dramático como apoteósico) que bien merece pertenecer a ese selecto listado de películas de serie b enfermizas que dejan absorto al espectador por el horror que está presenciando y el terror que induce imaginar lo que acontecerá.

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En comparación con su antecesora (aunque como se ha mencionado los paralelismos entre ambas son escasos), The human centipede II: Full sequence resulta más escatológica, nociva, visceral y, en resumen, poderosa, convirtiéndose por ello en un claro ejemplo de cómo puede reinventarse un autor a sí mismo con un producto todavía más arriesgado que el anterior cuando aquel parecía imposible de superar (desde su vertiente artística lo cierto es que no lo hace, pues era un verdadero primor de quimérico paralelismo), una odisea audiovisual que alterará por completo el sentido del aguante fílmico que uno tuviera asumido si bien es cierto que el impacto de aquella no lo conseguirá ni ésta ni cualquier otra de la saga, pues la novedad se dio entonces; los expertos aseguran, salvo excepciones tan puntuales como El Padrino 2, que segundas partes nunca fueron, pero tras visionar la presente propuesta tal vez deban reconsiderar su afirmación, y es que, a la espera de que se estrene este dos mil catorce la (presumiblemente) conclusiva tercera entrega de la franquicia, The human centipede III: Final sequence), no se antoja nada aventurado testificar que Tom Six está logrando firmar una trilogía tan poco convencional como apoteósica, siendo por el momento esa secuela una digna demostración de que arriesgar con fundamento puede dar frutos tan sabrosos (siempre habrá, no obstante, quien los considere de un gusto indiscutiblemente denunciable) como los que se desprenden de cada escena en esta inmensa volatilidad permanente, siendo así hasta el punto de que pensar en referentes como Quentin Tarantino (al que por cierto se menciona para dar cuerpo a una argucia) es gratificantemente irremediable, lo cual tiene más mérito si cabe al haberse censurado parte del material para poder ser
comercializado, esencialmente en certámenes especializados.


Daniel Espinosa




 
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