The cabin in the woods 25-06-2017 05:14 (UTC)
   
 

The cabin in the woods
(Drew Goddard, 2012)


The cabin in the woods




Ficha técnica


Título original:
The cabin in the woods
Año:
2012
Nacionalidad:
EEUU
Duración:
95 min.
Género:
Comedia, Terror
Director:
Drew Goddard
Guión:
Drew Goddard y Joss Whedon
Reparto:
Kristen Connolly, Chris Hemsworth, Anna Hutchison, Fran Kranz, Jesse Williams, Richard Jenkins, Bradley Whitford, Brian White, Amy Acker, Tom Lenk, Dan Payne, Jodelle Ferland, Dan Shea, Maya Massar, Matt Drake, Monique Ganderton, Peter Kelamis y Sigourney Weaver


Sinopsis


Cinco amigos se disponen pasar un fin de semana tranquilos, sin que nadie los moleste, en una cabaña perdida en lo más profundo del bosque; lo que no sospechan es que van a formar parte de un experimento que les llevará al límite de sus fuerzas hacia el horror...



Crítica


Atrevida, inquietante e inteligente son los tres adjetivos que mejor definen la nueva propuesta de Drew Goddard (guionista de Monstruoso secundado para éste su debut direccional en el guión y la producción por Joss Whedon, director de Los Vengadores, con el que ya había colaborado anteriormente en múltiples ocasiones), quien osa con sumo acierto ahondar en el misterioso y atrayente origen de las pesadillas (de la más diversa índole) al mismo tiempo que trata de modo irónico la tan recurrida temática terrorífica, arriesgada intención que resulta totalmente gratificante merced a la primorosa originalidad, las consecuentes fatalidades entramadas y el genuinamente entendible desenlace (sangriento, apoteósico y explosivo, en el más amplio sentido del término) de los que hace gala The cabin in the woods, una superproducción disfrazada de falso producto independiente (disimulo que lejos de desagradar satisface enormemente); con el objetivo de proteger al máximo el guión de posibles filtraciones, los responsables del filme no vacilaron a la hora de escribir escenas falsas para que las interpretaran los actores en las audiciones, un clarificador ejemplo de la seriedad con la que se ha llevado a cabo el rodaje de una cinta, que bien podría interpretarse como el máximo exponente del mayor espectáculo televisivo de interrelación social o el mejor videojuego de realidad virtual, pues las similitudes que guarda con ambos ideales resultan tan evidentes como asombrosa y perfectamente combinadas por parte del director.

Cabin in the woods  Cabin in the woods
La película se configura desde un inicio (sin pretensiones ni vacilaciones) como un homenaje a los clásicos del género (de hecho varias escenas recuerdan irrefutablemente a otras plasmadas en Posesión infernal y Suspiria), realidad que no se debe a la casualidad, pues el director de fotografía es Peter Deming (el cual ejerció la misma labor en Terroríficamente muertos y Scream) y ésta ha sido rodada en Canadá (concretamente en Vancouver y Coquihalla Canyon Park), inmejorables premisas que se han cuidado especialmente en la construcción de los diálogos y del bosque y la cabaña que dan título al metraje en aras de aportar al mismo el espíritu añejo que la ocasión exige; la fascinación mórbida es otro de los aspectos más reseñables de la producción, pues es indiscutible el placer que siente el público al visionar una película de terror en la que el mismo no se configura como un simple espectador, sino que participa en ella directamente en el análisis de los pormenores que la sustentan en medio de puro y recurrente horror exquisitamente desgranado, una extraña mezcla que no hace prescindir al director en ningún momento de la ironía más mordaz (aunque algo ridícula en ciertos compases, como la sarcástica posición que adoptan Dana y Marty, quienes agonizando malheridos fuman y divagan sobre un supuesto relevo existencial de dioses malvados gigantes), conservando en todo momento cierto grado cómico para desvincularse así de la clásica cinta de terror insostenible que resulta tan predecible como aborrecible.

Cabin in the woods  Cabin in the woods
Jules (Anna Hutchison, aceptable aunque prescindible) y Curt (Chris Hemsworth, actor cada vez más solicitado y entregado) forman una pareja que decide visitar una vieja cabaña situada en la frondosidad del bosque que posee el tío de éste, junto con sus respectivos amigos Dana (Kristen Connolly, especialmente locuaz) y Holden (Jesse Williams, frío e impasible), para permanecer en el lugar el fin de semana y evadirse de la rutina, viaje al cual no duda alistarse otro miembro conocido por los integrantes del cuarteto, Marty (Fran Kranz, cargante pero simpático); paralelamente, una misteriosa organización (los altos cargos son interpretados por el siempre agradable Richard Jenkins, el intransigente Bradley Whitford, el inexplicablemente pausado Brian White, la sensual Wendy Lin y la colapsada Sigourney Weaver) cuyo propósito deriva en asuntos místicos, dispone de un complejo sistema de seguimiento que permite controlar minuciosamente lugares artificiales protegidos cibernéticamente, tecnología englobada dentro de un proyecto de carácter mundial que solamente permanece activo en Japón y Estados Unidos (en el resto de países ha fracasado estrepitosamente), el cual se basa en mantener a la vanguardia las más modernas técnicas futuristas (niebla artificial que desprende feromonas, tinte de pelo que se introduce en el cuero cabelludo y modifica la cognición del sujeto, conductos de ventilación por los que recorren gases tóxicos, cámaras ocultas en lámparas de luz...) para que los incautos e inconscientes participantes vean alterados sus sistemas vitales y registrar de este modo un espectáculo sin precedentes que demuestre la crueldad que alberga el ser humano, agravada considerablemente cuando el estrés y desesperación hacen mella en él y se apoderan de su locuaz cordura.

Cabin in the woods Cabin in the woods
Haciendo valer la popular creencia que versa sobre el negativismo que aporta la curiosidad desmesurada, los jóvenes se verán envueltos en una vorágine de indeseables acontecimientos (ante los cuales los miembros de la citada corporación realizan apuestas clandestinas y los más inconcebibles comentarios) cuando encuentren en el sótano de la lúgubre cabaña y procedan a su lectura un antiguo diario escrito un centenar de años atrás, el presagio definitivo del fatídico e inminente catastrófico destino que les depara sus míseras existencias; demonios, zombies y criaturas horrendas desfilarán por la pantalla invocados, de forma fortuita por los cinco jóvenes (pues el devenir de los hechos depende parcialmente de las personas objeto del estudio pero está racionalmente estipulado), quienes sufrirán las más diversas clases de sufrimiento inhumano en un emplazamiento sin cobertura móvil, sin recursos exteriores y, en definitiva, sin ayuda alguna a la que recurrir de precisarla.

Cabin in the woods  Cabin in the woods
Religión, intriga, artificialidad (tanto mecánica como humana), manipulación y sobresaltos confluyen en una trama que justifica el tradicional orden de las muertes (ramera, atleta, estudiante, tarado y virgen) en cintas de semejante índole sosteniendo que responde a un ritual de sacrificio que castiga a los jóvenes por el mero hecho de pertenecer a dicha franja de edad como muestra de respeto a los ancestros (conclusión a la que apela el director al término de la cinta, algo inimaginable y por ende reprochable), quienes padeciendo dolor y confusión se amparan inconscientemente a una única regla confesada, “la muerte de la virgen es opcional siempre y cuando sea la última superviviente”; la abundante irracionalidad que presenta la sociedad actual queda plasmada continuamente en las actitudes adoptadas por los controladores (el mejor ejemplo es el final, cuando mientras la supuesta última víctima sufre sin compasión la ira de los revividos muertos los responsables de dirigir el juego celebran el creído éxito culminado), la incomprensible mentalidad juvenil en las absurdas acciones llevadas a cabo por el grupo protagonista y la difundida inutilidad existencial en el liberal desenlace, el cual baraja la posibilidad de desaparecer en virtud de una nueva especie ansiosa de solventar las infinitas problemáticas generadas por la irresponsabilidad del ser humano; el simple hecho de recogerse éstos tres grandes pilares argumentales de manera tan clara y concisa demuestra la calidad del filme, sin embargo, los apartados visual y sonoro también alcanzan un nivel sobresaliente, por lo que la valoración global del filme alcanza la excelencia (únicamente el raciocinio explicativo espirativo y diversas secuencias de absurdez extrema no terminan de encajar en una historia compleja a la par que elocuente, la cual tampoco permite englobar el producto dentro de ningún género en concreto).



Daniel Espinosa




 
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