Tabu 29-06-2017 00:31 (UTC)
   
 

Tabu
(Miguel Gomes, 2012)


Tabu




Ficha técnica


Título original:
Tabu
Año:
2012
Nacionalidad:
EEUU
Duración:
110 min.
Género:
Drama, Suspense
Director:
Miguel Gomes
Guión:
Miguel Gomes y Mariana Ricardo
Reparto:
Teresa Madruga, Laura Soveral, Ana Moreira y Carloto Cotta


Sinopsis


Pilar es una señora mayor que se ha dedicado toda la vida a ayudar a los demás sin esperar nada a cambio y sin pensar en ella, en cambio, Aurora es todo lo contrario a ella, es una señora con un temperamento muy fuerte que ha sido siempre muy derrochadora con el dinero; cuando muere Aurora, tanto su criada como Pilar, se enteran de un suceso pasado...



Crítica


Una experiencia personal (más concretamente una acusación de malos tratos a un pariente cercano) fue el detonante que impulsó al prestigioso realizador portugués Miguel Gomes, habitual en los más reconocidos festivales internacionales y máximo exponente del cine portugués junto a Manoel de Oliveira, a contar la historia de las tres mujeres que protagonizan Tabu, su tercer largometraje después de A cara que mereces y Aquele querido Mes de agosto con el cual pretende, influenciado directamente por la visión de los mares del sur de Friedrich Wilhelm Murnau (desde el título de la película hasta la evocación de la aventura africana y colonial encuentran claras referencias en éste), patentar un producto tan genuino como personal fusionando documental y melodrama en sus estadios más primigenios; más allá de significar un acontecimiento medianamente elocuente en cuanto a sucesión de acontecimientos, la propuesta no encuentra explicación racional (entre muchos apartados) ni en la nomenclatura ni en el formato de presentación, pues la palabra tabú se refiere al nombre de una famosa montaña de Mozambique (lugar clave de la cinta, siendo de hecho rodada en el norte de la provincia de Zambezia) que en realidad no existe y la producción ha sido injustificadamente rodada íntegramente en blanco y negro (el propio director dijo que a veces se preguntaba por qué la primera parte de la película no se hizo en color), amén de la bochornosa segunda parte de la misma, la cual no tiene diálogo alguno (utilizando para ello los dieciséis milímetros y una voz ausente relatadora) y es representada horriblemente por el (inmensamente) mejorable reparto.

Tabu  Tabu
La extremada duración en relación al aprovechamiento de ella (algunas secuencias se tornan interminables), los abundantes pero irrelevantes detalles (muchos de ellos tan siquiera resueltos) y la insignificante magnitud trascendental en la que finalmente se traduce la trama (la prometedora premisa no avanza a partir del ecuador del filme) no logran sino confirmar que la desigualdad de gustos es la que hace que una película sea considerada obra maestra o terrible aborrecimiento, siendo en éste caso más obvio que nunca al posicionarse el espectador en un extremo u otro (de otra manera no podrá ser, pues encantará o disgustará totalmente); sea como fuere y siendo completamente respetables ambas posturas, se antoja indiscutible que el género dramático y el romántico no congenian lo más mínimo en la obra (debido al empleo de los elementos característicos de ambos, nefastamente utilizados por el autor), colisionando el uno con el otro desde el momento en que se tratan de unificar resultando ser un poderoso alegato en contra que solamente podría encontrar oposición en la reivindicación simbólica (la cual no acontece) contraída en el intento de homenaje al cine negro con reminiscencias al expresionismo alemán que trata de infundir.

Tabu  Tabu
En la Portugal contemporánea (mal)vive la temperamental Aurora (Laura Soveral en la edad adulta, creíble pero algo sobreexplotada en ciertos compases, y Ana Moreira en la joven, agradable a la vista pero indiferente en cuanto a emotividad), una anciana que derrocha dinero en el casino de Estoril y antipatía en sus quehaceres diarios, especialmente en su convivencia con Santa (Isabel Cardoso, cargante y profundamente inexpresiva), la doncella de Cabo Verde que cuida de la mujer; en el mismo bloque lisboeta habita Pilar (Teresa Madruga, fugazmente sentimental aunque mayormente fatalista), la cual se ha dedicado toda la vida a ayudar a los demás sin esperar nada cambio, bondad que percibe la primera citada y valora de forma tan desmesurada que la confiesa secretos (la mayor
ía de ellos inventados) y padecimientos varios.
Tabu  Tabu
Cuando Aurora fallece, Santa y Pilar descubren un episodio de su pasado que podría justificar la manera de comportarse, un cuento de amor, aventuras y crímenes ocurrido en la África colonial que podría haberse extraído perfectamente de una novela fantástica; sin otro propósito que encontrar al hombre de nombre Ventura (Carlotto Cotta, grandiosamente entregado aunque patéticamente aprovechado) que tantas veces aparece en sus documentos; el devenir de los acontecimientos reconstruyendo terribles sucesos pasados hará que Pilar se cuestione también a sí misma si le queda aún tiempo para recuperar un lejano amor y consumar un
último pequeño gran capricho.
Tabu  Tabu
Las desmesuradas opiniones favorables (tanto crítica como certámenes han coincidido internacionalmente
, obteniendo el Premio FIPRESCI del pasado Festival de Berlín y encontrándose entre las tres finalistas de los premios LUX otorgados por el Parlamento Europeo a producciones que ilustran la universalidad de los valores europeos y la diversidad de la cultura europea) centran sus principales argumentos en sentenciar que se trata de una película aparentemente ridícula que de forma inesperada cambia para ser sorprendentemente enriquecedora y poética, aunque tal giro no se observa en ningún momento (cuanto menos para el público común, correspondiente con análisis mucho más apreciables y simplistas, adjetivos que se aplican perfectamente a la mezquina historia que Tabu torpemente narra); los desubicados emplazamientos y la falta de originalidad narrativa se deben suman al cúmulo de despropósitos citados anteriormente para situar la cinta en una posición fácilmente mejorable en todos los aspectos, convirtiendo la misma en un eludible visionado que lejos de aportar sensaciones positivas al espectador probablemente desesperará y, finalmente, encolerizará sin remedio.


Daniel Espinosa




 
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