Tú eres el siguiente 27-07-2017 16:55 (UTC)
   
 

Tú eres el siguiente
(Adam Wingard, 2010)


Tú eres el siguiente




Ficha técnica


Título original:
You’re next
Año:
2010
Nacionalidad:
EEUU
Duración:
94 min.
Género:
Comedia, Terror
Director:
Adam Wingard
Guión:
Simon Barrett
Reparto:
Sharni Vinson, Nick Tucci, A.J.Bowen, Joe Swanberg, Margaret Laney, Rob Moran, Barbara Crampton, Simon Barrett, Ti West y Kate Lyn


Sinopsis


Un retirado matrimonio celebra su aniversario de bodas junto a sus cuatro hijos y amigos más cercanos en las afueras de la ciudad con el único propósito de pasarlo bien y ponerse al día de los asuntos familiares, pero una serie de siniestros incidentes cambiarán todas sus expectativas.



Crítica


Definida por parte de no pocos medios de comunicación como la digna sucesora generacional de Scream (osada afirmación ya de entrada), qué duda cabe que Tú eres el siguiente (título que a la postre supone el preludio de lo que depara el mismo) se ha convertido en uno de los estrenos más esperados del verano del presente año (cabe matizar dos mil trece por si el escrito es leído en otra temporada), y lo curioso es que no lo ha hecho por méritos propios (la publicidad propiamente dicha del producto apenas se ha extendido a un par de vídeos virales y algún que otro poster delatador del aspecto que los antagonistas de la historia iban a tener) sino por el énfasis de los citados canales de difusión, los cuales parecen haber pactado con los responsables del filme verter solamente opiniones favorables acerca de éste con el propósito de ser incluidas en los carteles promocionales, declinando incluir un solo punto negativo (lo cual lejos de alentar al espectador común lo ahuyentará al mostrarse reacio); como es evidente, aspectos negativos contiene la cinta, como cualquier otra, y aunque bien es cierto que las promesas aseguradas se consuman en mayor medida no llegan (ni mucho menos) a poder situarla a la altura del mito cinematográfico del género de terror del habitualmente genial Wes Craven (trabajos como Almas condenadas suponen la excepción que confirman la regla), por lo que como era de esperar no es oro todo lo que reluce (sería sumamente raro que así fuera en plena era en la que prima la repetición de predecibles obviedades por encima del riesgo por presentar novedosas ideas, si bien es cierto que algunas sí se producen y es por ello, además de por otros atractivos que se irán mencionando a lo largo de la crítica, merece la pena concederla un visionado, pues el riesgo a que se produzca una decepción es mínimo si no se posee una predisposición de excelencia) aun pudiendo ser equiparable a obras tan logradas como la magnífica Los extraños (la enorme cantidad de puntos definitorios que comparten ambas hace sospechar que ha sido tomada como patrón a seguir, aunque aquella tenía como recurso primordial el apartado sonoro y ésta m
ás el visual).
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No cabe la menor duda de que Adam Wingard es un hombre de costumbres, y es que suele contar en sus películas con el mismo equipo artístico, encontrándose en este caso entre el escueto reparto actoral los mismos nombres que en sus filmes precedentes (Pop skull y A horrible way to die, premiados en el Festival Internacional de Indianápolis 2007 y el Festival de Austin 2010 respectivamente), a los que cabe sumar la incorporación (podría denominarse así al apenas variar el listado de participantes respecto a aquellas) de su compañero de profesión Ti West, responsable de cintas tan internacionalmente alabadas como The house of the devil y singularmente atrayentes como The inkeepers, quien ya había aparecido en sus propias producciones; el producto se ha fraguado entre habituales a las antologías de terror de corte independiente, género en los que se han consolidado tanto el propio responsable (uno de los veintiséis que contribuyó a conformar la irregular The abc’s of death) como el guionista, que no es otro que Simon Barrett (suya fue la pieza más impactante de la imperdible V/H/S, la primera entrega de la que se antoja una apasionante saga de pequeñas obras recopiladas a modo de tributo al horror más imaginativo), y ello se observa especialmente en la manera de exprimir cada plano, de aprovechar al máximo cada situación, de volver a demostrar cómo una corta trayectoria puede parecer dilatada si se consigue alcanzar el exquisito sentido de la dirección mostrada y cuasi patentada al alejarse de extendidos a la par que aborrecibles convencionalismos apostando por lo extremo por controvertido que pueda llegar a ser (y es) el resultado.

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El ya retirado (así lo afirma la sinopsis oficial aun no llegándose a concretar la profesión de ninguno de ellos) matrimonio Davidson (Rob Moran y Barbara Crampton) se dispone a celebrar su aniversario de bodas junto a sus cuatro hijos y amigos más cercanos (una inmaculada Sharni Vinson a la cabeza, la cual hará las delicias del respetable cuando empiece a hacer justicia por mano propia cual Macaulay Culkin en Solo en casa, a la que acompañan, por destacar algunos y no mencionar a todos, un versátil Nick Tucci, un tierno A.J.Bowen, un odioso Joe Swanberg y un fugaz Ti West) por todo lo alto haciendo alarde de su inmensa fortuna y mayor sentido del gusto, decorando el gigantesco hogar que han decidido habitar para la ocasión ubicado a las afueras de la ciudad (de hecho una casa de vacaciones propia que se encuentran abierta, sospechoso incidente que sorprendentemente no les preocupa lo más mínimo) como solamente una cita tan relevante como ésta lo requiere con el único propósito de pasarlo bien y ponerse al día de los asuntos familiares; sin embargo, las discusiones iniciales (jocosas disparidades que en cualquier clan salen a la luz cuando se reúnen todos los integrantes del mismo) dejan paso a una serie de siniestros incidentes que cambiarán por completo sus expectativas, y es que cuando todo parece transcurrir acorde con lo que se espera de una reunión de parientes (con todo lo malo que ello implica) empiezan a suceder hechos extraños que trastornarán para siempre la vida de los comensales, pues un grupo de insaciables asesinos enmascarados (para más de animales, he ahí la gracia del percal al cambiar las habituales tornas de la caza) acosa a todos y cada uno de los visitantes sin piedad pero, para sorpresa de todos los implicados, mientras que el número de los enemigos va creciendo al irse desvelando traiciones varias y el de los supervivientes decrece sin pausa, la pareja de uno de los vástagos se sobrepone a cuantos ataques sufre llegando a averiguar que el interés (en este caso económico) puede despertar el lado más oscuro hasta del más impensable (as
í sucede en la confabulación final).
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No es fruto de la mera casualidad que hayan tenido que transcurrir nada menos que tres años (el filme está datado de dos mil diez al ser rodado por aquel entonces) para que la cinta haya comenzado a comercializarse merced a la desmesurada sobrevaloración de la que ha gozado, pues aun plasmándose perfectamente la esencia del terror setentero (el sentido homenaje se alterna con el irrespetuoso oportunismo) y las reminiscencias a característicos recursos del gran John Carpenter sean tan constantes como inevitables (multitud de secuencias tales como los primeros planos de las sufridoras víctimas se relacionan directamente con él) no llegan a ofrecer nada nuevo que otros productos englobados en el mismo género no lo hayan hecho con anterioridad, mas el sentido cómico que insistentemente estropea la estupenda atmósfera de tensión creada evidencia más si cabe las carencias de un trabajo ya de por sí restringido en todos los sentidos (desde el presupuesto hasta la intríngulis misma); es menester aclarar que no se han analizado las interpretaciones de forma individual a lo largo del anterior párrafo (el correspondiente al resumen de la trama) porque pueden resumirse todas en aparentemente ridículas, el primer concepto debido a que la realidad dista mucho de lo que presuntamente parece (en la mejor vertiente de ello) y el segundo a que el nivel de profesionalidad de prácticamente la totalidad de los actores queda en entre dicho en momentos cruciales, instantes en los que se espera que demuestren sus dotes y sin embargo éstas parecen las propias de un principiante (más de uno tal vez lo sea), algo que como es obvio merma el encanto que delicada y elegantemente podrían haberse ganado tanto ellos como el resto de apartados técnicos, minimalistas pero sin discusi
ón alguna posible sumamente opresivos.
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Tú eres el siguiente
ha sido aclamada en la última edición del Fantastic Fest celebrado en tierras texanas alzándose con hasta cuatro premios (los de Mejor Fotografía, Mejor Director, Mejor Guión y Mejor Actriz) y ha gozado de una envidiable acogida allá donde ha sido proyectada, pero si de veras recompensa dedicar algo más de una hora y media de la corta existencia de la que disfruta el ser humano a un ejercicio que se reduce a defender aquel célebre dicho de que el cazador puede ser cazado es una cuestión puramente subjetiva, pues el plano objetivo debe limitarse exclusivamente a recalcar que las deducciones no abundan en ella (los constantes giros argumentales la hacen muy dinámica pero también irregular) y la visceralidad cobra tintes estratosféricos una vez superado el ecuador de la misma cuando ya han sido presentados los personajes y empieza la verdadera trama adyacente a una velada que se presumía apacible, limitados reclamos que para algunos serán más que suficientes (para éstos la satisfacción alcanzará su punto más álgido en los compases finales) y para otros en absoluto; más allá de la más que extensa diversidad de opiniones que pueda llegar a suscitar la película es evidente que la contundencia de determinadas imágenes (el significado de lo que debe ser considerado explícito podría modificarse tras observarlas) no es nada común resultando por ende celebrable, ya que censuras varias se suelen suceder en las carteleras (la más llamativa de los últimos tiempos fue la de la teóricamente conclusiva Saw 3D) sin tan siquiera ofrecer la oportunidad de disfrutar (o disgustarse) con la versión completa en formato doméstico (en estos casos lo más aconsejable es adquirir la oportuna copia del extranjero mediante la siempre recurrible importación, pues en otros territorios no son tan estrictos y la permisibilidad al menos sí llega al salón de casa, como pudiera ser el caso de la brutal A serbian film, con la cual la presente se identifica en una escena muy concreta), triste realidad que por suerte (o por desgracia) no se cumple, mostrándose en todo su cruento esplendor.


Daniel Espinosa




 
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