Sound of my voice 22-06-2017 16:40 (UTC)
   
 

Sound of my voice
(Zal Batmanglij, 2011)


Sound of my voice




Ficha técnica


Título original:
Sound of my voice
Año:
2011
Nacionalidad:
EEUU
Duración:
82 min.
Género:
Drama, Suspense
Director:
Zal Batmanglij
Guión:
Brit Marling y Zal Batmanglij
Reparto:
Christopher Denham, Nicole Vicius, Brit Marling, Davenia McFadden, Kandice Stroh, Richard Wharton, Christy Meyers y Alvin Lam


Sinopsis


Peter y Lorna, una joven pareja de investigadores, se infiltran en una secta en el valle con el objeto de conocer a su líder y desenmascararla.



Crítica


En sentido global, una secta (ya sea religiosa, esotérica, mágica, política, extraterrestre o cientificista) es considerada como aquel grupo de personas aglutinadas por el hecho de seguir una determinada doctrina o líder que con frecuencia se ha escindido previamente de algún clan doctrinal mayor respecto del cual generalmente se muestra crítico, no se trata de una definición sociológica, sino de una facilitada por la iglesia, cuya ancestral experiencia en este ámbito (creída absenta de dicho término pero incuestionablemente frecuentada como supuesto recurso salvador) la convierte en la única aceptada hasta la fecha como afirmativamente representativa y de la cual parte Zal Batmanglij (hace apenas un año ya demostró poseer el don de distanciarse de convencionalidades varias para dotar de una incuestionable personalidad a sus obras con Another earth) para proponer al espectador un reto, un dificultoso desafío consistente en no ceder ante el poder de convicción de una ser que se cree (y se muestra) superior cuya arte oratoria termina por penetrar en lo más profundo de la conciencia, un sujeto de origen comúnmente indefinido (pudiéndose constreñir como divino o extraterrestre) que defiende sus credenciales sin importarle qué acciones deba emprender para justificarlos y transmitirlos; el perfil psicológico del adepto sectario comprende la predisposición caracterológica, la atracción por lo sobre natural, la religiosidad, la predilección por la jerarquización, las carencias afectivas, la soledad, la dificultad para relacionarse socialmente, el idealismo, los intolerables niveles de angustia, la insatisfacción con la vida cotidiana y el padecimiento de problemas de comunicación (así como de orientación, desempleo, conflictos familiares y drogas), adoptando una actitud socialmente pacifista, rechazando las libertades sexuales, absteniéndose de emplear la violencia, mostrando una elevada emocionalidad, posicionándose políticamente demócratas pero más abstencionistas que los demás y siendo religiosamente sumamente creyentes en el espiritismo en lo que resultará ser una secta destructiva (cuya principal particularidad reside en su dinámica de captación y adoctrinamiento, utilizando técnicas de persuasión coercitiva que propician la desestructuración de la personalidad previa del adepto y lo dañan severamente transform
ándolo).
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Los puntos definitorios de esta clase de corporaciones (al fin y al cabo no dejan de ser eso, una empresa que trabaja para cosechar el máximo beneficio posible de cuanto se une a la misma) son la cohesión del grupo con una doctrina tan religiosa como demagógica encabezada por un líder carismático que pretende ser la misma divinidad o bien un supuesto poseedor de la verdad absoluta (siempre relativa) en cualquier ámbito social, la estructura teocrática vertical y totalitaria donde la palabra de los dirigentes es dogma de fe (exigen que sus órdenes sean ejecutadas sin la menor crítica), la exigencia de una adhesión total del grupo obligando bajo presión psicológica a romper con todos los lazos sociales anteriores (característica recogida en los compases iniciales cuando a los protagonistas se les obliga a deshacerse de todo material que porten e incluso se les venda los ojos para que desconozcan la localización del lugar), la vivencia en una comunidad cerrada en total dependencia del grupo, la supresión de las libertades individuales (así como el derecho a la intimidad, el control de la información que llega hasta sus adeptos (manipulándola completamente), la utilización de sofisticadas técnicas psicológicas (también neurofisiológicas, enmascaradas en un renacimiento espiritual), el rechazo total hacia la sociedad (desvinculándose de ella), la tenencia como actividades primordiales del proselitismo (de forma encubierta, para recaudar dinero) y la obtención bajo coacción psicológica de la entrega del patrimonio personal de los nuevos adeptos de la secta (los miembros que trabajan fuera de la secta tienen que entregar todo el salario o parte del mismo); resulta oportuno mencionar dichos aspectos e invertir gran parte de la presente crítica en detallarlos porque todos y cada uno de ellos se reflejan a la perfección en la pantalla, sintetizando la esencia de la complejidad y la problemática que contraen (y en la inmensa mayoría de ocasiones ocultan) dichas congregaciones, y es que en determinados compases lo mostrado se aproxima estremecedoramente al ambiente que se respira en ellas, un entorno aparentemente apacible y realmente hostil que nunca ha estado seguido legalmente como debiera y, como bien se mencionará en el último párrafo, sigue siendo un gran problema inmiscuido en la sociedad.

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Tras varios meses de preparación en el exterior reuniéndose en intervalos semanales en un centro comercial junto con otros veinte reclutas que fueron eliminados eventualmente al no superar las pruebas cada vez más exigentes, Peter (Christopher Denham, impecable y honesto demostrando que puede llegar a ser considerado un genio de la interpretación), un matemático que suple esporádicamente al profesorado de las más variadas disciplinas, y Lorna (Nicole Vicius, de singular belleza física y privilegiadas dotes emocionales), una recién reinsertada que no ha tenido vigilancia adulta alguna durante su adolescencia, una joven pareja residente en el humilde pueblo de Silver Lake, se dispone a llevar a cabo un trabajo propio del más atrevido periodismo de investigación consistente en documentar con todo tipo de detalles el submundo de una secta cuya actividad se desempeña en el valle de San Fernando, emplazamiento al que se dirigen sin titubeos con la pretensión de desenmascarar a su líder; ésta se encuentra en la figura de la inmunológicamente sensible (excusa que la sirve para permanecer recluida en el misterioso sótano en el que se celebran las quedadas) Maggie (Brit Marling, sensual e indiscutiblemente hipnótica), la cual permanece inamoviblemente en el lugar llevando a cabo su labor de manipulación sin consentir el más mínimo rechazo una vez ha emitido el dictamen diario que recoge las pautas que sus sumisos discípulos deben seguir, quienes creen a ciegas que proviene del años dos mil cincuenta y cuatro y por lo tanto se trata de una guía espiritual a seguir a fin de convenir ser uno de sus elegidos para ser llevados a un lugar seguro.

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Integrándose concienzudamente en el grupo a lo largo de diez demoledoras etapas cronol
ógicamente variantes en cuanto a concepción del ideal infundido se refiere (intercaladas con pequeños apuntes del relevante pasado de los protagonistas), la dupla investigadora creedora de que la viajera temporal no es más que una maestra de la estafa comprobará cómo los adeptos la alimentan, la santifican obsesivamente y hasta la ceden su propia sangre para numerosas transfusiones, actos que deben presenciar y finalmente ser partícipes de los mismos para no levantar sospechas y poder filmar todo lo que acontece mediante sofisticadas cámaras ocultas mientras van cobrando cada vez más relevancia en los rituales y actividades que se realizan, implicación que hará que la primitiva intención de poner en evidencia a la farsante y liberar a los miembros de su sumisión se convierta en redención total hacia la misma, evolucionando la misión hacia una vertiente puramente mística e interiormente trascendental; la luz al final del túnel se atisbará cuando el departamento de justicia mediante la actuación de su agente Carol (Davenia McFadden, en absoluto pertinente más allá de la simpleza que su personaje contrae) les revele que la persona que dice ser una especie de deidad es en realidad una delincuente buscada por cometer robos a mano armada y practicar la piromanía, debiéndose todo (incluyendo el encargo del secuestro de una niña de ocho años que asegura es su madre) a un plan para saciar sus ansias de sembrar el caos entre los más necesitados de atención (al fin y al cabo éstos son los que acuden a ella en busca de respuestas), aunque tal vez los errados sean ellos y de veras la megalómana posea el don que tanto proclama...
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Recientemente varios expertos del sector han documento que el trece por ciento de los jóvenes españoles (por aquello de dar cifras válidas y limitarse al territorio de incumbencia) son proclives a pertenecer a sectas, alarmante porcentaje que pone de manifiesto y refuta la pretensión última del director de evidenciar que cualquier individuo puede ser captado si es abordado en el momento oportuno y, así, centrando sus esfuerzos en demostrar el poderío credencial del adalid, la creíble trama logra generar en el público una gran fascinación e incluso cierto terror al observar cuán sencillo es verse inmerso en una espiral de sutiles manipulaciones que desemboque en una dualidad pensativa de difícil solución, y ello se consigue no empleando burdas añagazas sino aplicando metodologías profundamente admirables desde una perspectiva puramente racional que se ven reforzadas por unas interpretaciones mayúsculas y una fotografía impactante, aunque la espectacularidad visual no tenga cabida y el transcurso argumental se vea entorpecido por la parsimonia narrativa (frustrante en algunos compases) y un desenlace, como era de prever, oportunamente incierto aunque desmesuradamente ambiguo; dirigida de forma elegante con unos planos muy específicos que recrean la cotidianidad de la pareja y la naturalidad de la religiosidad en los momentos en los que se opera para consumarla usando la luz y los encuadres para crear opresión en dichos segmentos (siempre de forma natural), la película se alza por la poderosa encarnación de quien coescribe el guión (Brit Marling para más señas), consiguiendo lograr las muy específicas ambiciones que se la presumía sin despuntar pero encontrando en esa modestia y regularidad su mayor hallazgo, creando un inesperado interés en lo ocurrido mediante técnicas muy básicas y asumibles que engrandecen la dureza extrema recogida en ciertos compases, no siendo nada descabellado afirmar que se trata de una película de culto tan válida como la imperdible Donnie Darko como bien demuestran frases tan memorables como “cada vida es una muerte y la mayoría son suicidios, algunos más graduales que otros como el cáncer tras años de fumar” o costumbres tan originales (as
í como impactantes) como la purificación a través del vómito tras la ingesta de alimentos.


Daniel Espinosa




 
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