Shopping tour 24-06-2017 19:07 (UTC)
   
 

Shopping tour
(Mikhail Brashinsky, 2012)


Shopping tour




Ficha técnica


Título original:
Shopping tour
Año:
2012
Nacionalidad:
Rusia
Duración:
70 min.
Género:
Comedia, Suspense
Director:
Mikhail Brashinsky
Guión:
Mikhail Brashinsky
Reparto:
Tatyana Kolganova, Satu Paavola, Taty Ryaba y Giaia Chandran


Sinopsis


Un grupo de turistas rusos van en un tour de compras a la vecina Finlandia; lejos de disfrutar adquiriendo productos que normalmente no podr
ían, son atacados por caníbales de nacionalidad finlandesa...


Crítica


Plausible modestia y mediana diversión, estos serían los dos adjetivos (elevados al infinito al presentarse en grandes dosis para beneplácito del espectador ávido de experiencias sin pretenciosos objetivos inalcanzables) que mejor definirían Shopping tour, una historia sobre caníbales muy peculiares que vuelve a dar sentido al hecho de conceder oportunidad al tan sobreexplotado desde ya hace tiempo mercado del “found footage” (material doméstico que es encontrado con posterioridad a su grabación para mostrar a quien lo ha hallado las vivencias de quien lo rodó) aun sin terminar de convencer plenamente debido a las insalvables carencias que alberga, demostrando una vez más que nunca se ha de perder la esperanza con respecto a este género (posiblemente no exista como tal todavía pero qué duda cabe que merece ser oficializada su presencia al distanciarse de todos los demás al contener elementos de muchos pero ser narrados de particular forma), ya que a veces agradables sorpresas como la presente acontecen si bien es cierto que podría haberse traducido en un producto mucho más celebrable no lo es menos que un convencionalismo más grande podría haber acontecido también imposibilitando disfrutar de la original visión de los devoradores de personas se da, no siendo precisamente éste el centro de la trama aun asegurándose por activa y por pasiva que se trata del tema central sobre el que pivotan el resto de percales, algo cuanto menos discutible al antojarse más relevantes (y logrados) otros problemas paralelos (sin ir más lejos la tesitura de decidirse a comprobar si un cuerpo inmóvil es el resultado de una enigmática muerte).

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A pesar de que al principio puede parecer que se trata de una película aburrida que no se distancia del montón al presumirse que no sucederá absolutamente nada, enseguida se demuestra que no es así al desatarse una locura que no cesa hasta que aparecen los títulos finales, siendo el ritmo impreso al filme genial y el guión sumamente ingenioso, dos de las más evidentes particularidades que la permiten destacar de entre semejantes propuestas de parecida (o incluso idéntica) índole, padeciendo frente a ellas en cuanto a vistosidad (algunas situaciones son tratadas de tal modo que entorpecen el visionado enormemente al colocarse la cámara en el peor sitio posible) y claridad (el tránsito entre el humor más hilarante y el terror más estremecedor no se lleva a cabo correctamente y ello provoca que la descolocación conceptiva entre el público acontezca) se refiere; narrada en primera persona salvo la última secuencia (uno de tanto ejemplos que demuestran que la producción se traiciona a sí misma constantemente, en este caso particular al haber mantenido dicho recurso hasta el último instante y modificarlo sin sentido en el mismo para estropear el realismo plasmado), los errores que en Shopping tour se dan tal vez no sean mucho mayores (en cuanto a número) que los de cualquier otra película equiparable, pero éstos son tan alarmantemente observables que hubiera convenido pulir un sinfín de aspectos para poder catalogarla positivamente, siendo revelador el hecho que una de las secuencias de mayor tensión se resuelva con un simple arrojamiento de sal a la cara, simple y llanamente inasumible.

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Un grupo de turistas rusos, entre los que se encuentran una madre (Tatyana Kolanova, entregada en su empresa aun excediéndose en ciertos compases que exigen mayor naturalidad) y el hijo de ésta (Timofey Yeletsky, junto con el resto de reparto su labor se sitúa muy por debajo de lo mínimamente exigible), van en un tour de compras a las vecinas tierras finlandesas, en las cuales pretenden realizar múltiples detenciones para visitar cuantas tiendas sea posible y así hacerse con toda clase de material que diariamente no podrían adquirir en sus respectivas ciudades natales al comprender el catálogo toda clase de objetos y bienes, pero, lejos de disfrutar adquiriendo productos, en una de sus últimas paradas (curiosamente una que no estaba planeada y surge de improviso, lo cual deja entrever que son parte activa del asunto, digamos carnal, personalidades mucho más influyentes que las que protagonizan los agresiones) descubren que los lugareños son caníbales (la explicación que a ello se da es que es una costumbre popular que se remonta a cientos de años atrás); éstos emplean supermercados, tiendas de comida rápida e incluso comisarías (en una de ellas se produce el encuentro vocal con Giaia Chandran en el papel del carismático prisionero de origen árabe Ahmed) para retener a sus presas y abalanzarse sobre ellas en cuanto tengan ocasión (por la cuestión que formula la niña cerca del final acerca de la procedencia de quienes están a punto de convertirse en sus víctimas se deduce que el racismo en su vertiente más productiva es su vara de medir), lo cual les hace reflexionar acerca del turismo de consumo, el cual es aconsejable siempre y cuando nos sea uno mismo parte del inventario con posibilidad de adquirir...

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El director ruso Mikhail Brashinsky firma su tercer largometraje decidiendo apostarlo todo a sí mismo y llevar adelante su proyecto (además de la propia dirección se encarga del guión, la edición y la producción), siendo éste totalmente independiente (ni un solo actor o miembro del equipo técnico de renombre colabora en el mismo) que ha contado con un ínfimo presupuesto (setenta mil dólares exactamente) y un ridículo periodo de grabación (tan solo doce días), todo ello para tratar de ahorrar el máximo de dinero posible e invertirlo en una edición que finalmente se podría considerar correcta pero muy mejorable (además de los siempre toscos cortes secuenciales la incerteza de tratar el producto como una experiencia realista o una desinhibida se origina desde el principio); evidentemente hay muchos puntos negativos en la obra, y a riesgo de ensombrecer más aún la presente crítica, es menester mencionar los más destacables que restan, haciendo especial ahínco en las actuaciones (salvo la de la progenitora coprotagonista), tan próximas al bochorno más extremo que en absoluto transmiten credibilidad alguna, habiendo momentos que de veras dan ganas de presenciar cómo mueren atrozmente y disfrutar con su desaparición de la historia, algo que por desgracia no sucede tempranamente aunque se soporta más o menos centrando la atención en otros aspectos más logrados, siendo de todos modos insoportable el descafeinado inicio, y es que se dedica prácticamente la mitad del metraje en introducir a solo dos personajes a modo de improvisado trivial, lo cual teniendo en cuenta que apenas alcanza los setenta minutos de duración es totalmente imperdonable.

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Retomando el tema del guión, decir que se merece la catalogación de incomprensible el giro hacia el final de la cinta y la manera en la que todo queda explicado, siendo preciso dedicar unas cuantas cuestiones sin resolver a Mikhail Brashinsky en relación a la poco ortodoxa manera de mezclar escenas realmente desternillantes con otras terriblemente perturbadoras, no siendo por ello menos meritorio el apartado de los efecto de maquillaje, pues ni uno es realizado por ordenador y todo lo que se ve es maquillaje, énfasis en tildar este apartado de impecable (trabajo de Tamara Frid y Natalya Gaponova) que solamente es comprensible cuando se concede el oportuno visionado al irregular filme; las escenas de acción, aunque escasas, están muy bien rodadas y consiguen infundir la tensión suficiente como para que los escasos minutos que abarca transcurran agradablemente, pudiendo presuponer una de las producciones más interesantes de la pasada temporada en cuanto a temática se refiere al no respetar convencionalismo alguno, una cinta cargada de humor negro y mucho desenfreno que brinda la oportunidad de pasar un buen rato de puro entretenimiento al prevalecer el esfuerzo por parte del responsable de desprenderse por completo de posibles complejos que la escasa disposición de medios pudiera haber suscitado en caso de exigirse metas arduamente inalcanzables, conformándose con cumplir las expectativas reales, permitiendo otorgarla un cinco sobre diez llegado el momento de decidir su nota ateniendo al conjunto fílmico.



Daniel Espinosa




 
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