Rigor mortis 22-06-2017 16:40 (UTC)
   
 

Rigor mortis
(Juno Mak, 2013)







Ficha técnica


Título original:
Geung si
Año:
2013
Nacionalidad:
Hong Kong
Duración:
97 min.
Género:
Acción, Terror
Director:
Juno Mak
Guión:
Lai-yin Leung y Philip Yung
Reparto:
Anthony Chan, Kara Hui, Richard Ng, Hee Ching y Siu Chin


Sinopsis


Un veterano actor de acción se encuentra en la actualidad acabado; decide mudarse a un nuevo apartamento, pero éste está embrujado...



Crítica


Las películas asiáticas de (pseudo)terror han demostrado con infinitos ejemplos ser realmente pavorosas, de ahí que la prolífica industria hollywoodiense haya adaptado múltiples filmes japoneses (entre ellos Ringu, The Ring, Ju-On y The Grudge), no quedándose atrás el territorio chino en la presente temporada, y es que desde que vieron la luz las primeras imágenes de Rigor mortis todo hacía augurar que se iba a tratar de un filme sangriento y sin concesiones y, lejos de decepcionar, el resultado final deja corta cualquier expectativa creada merced a un debut en la dirección, el del cantante Juno Mak, protagonizado por uno de los originales cazadores de vampiros (no cabe mencionarlo explícitamente al hacerse lo propio a lo largo de la crónica pero sí nombrarlo para hacerse una idea nada alejada de la realidad del calibre de la producción); se trata de un más asegurador que vanguardista homenaje a las películas de vampiros de dicho origen que se realizaron en la década de los ochenta, especialmente Mr.Vampire, cuya temática englobaba tanto el género de acción (en este caso las artes marciales) como el de comedia, aunque en su versión contemporánea y más escalofriante, contando con excelentes efectos especiales y la inconfundible participación de todo un experto en estos lares aunque teóricamente (es muy dudoso que sea así al estar presente su estilo en cada plano) se limite a aportar dinero, el maestro Takashi Shimizu, coproductor junto con el propio autor de
ésta.
Rigor mortis  Rigor mortis
Se conoce como “rigor mortis” la contracción de los músculos después de la muerte, siendo la causante el trifosfato de adenosina al crear un complejo formado de actina y miosina y provocar la tensión de las fibras de los ligamentos, fenómeno que se produce dos horas después del fallecimiento mostrándose primero en la mandíbula para pasar a la cara y después al resto del cuerpo de arriba abajo instaurándose entre seis y doce horas (un ejercicio intenso antes de expirar o un clima cálido puede acelerarlo) y desapareciendo en ese mismo orden a lo largo de treinta y seis a cuarenta y ocho horas siendo lo más determinante la temperatura ambiente; conviene recoger la definición que da la Real Academia Española de la Lengua a tan concreta expresión porque no se podría encontrar una mejor para el título de la presente producción, resumiendo a la perfección qué depara a todo aquel que se atreva a enfrentarse al complicado reto de observar horrores varios, uno tras otro, sin concesiones ni restricciones (de hecho el grado de explicitud, tanto físico como visual, es tal que en no pocas ocasiones cuesta mantener la mirada en la pantalla), pese a que el poco atractivo y menos dinámico ritmo fílmico invite a la crítica, algo a lo que la sucesión de frases lapidarias (sirvan de ejemplo “el mundo del cine es ridículo pero la vida lo es aún más” y “sonreír es agotador”) para dotar de profundidad queda en un segundo plano, residiendo el logro mayúsculo en lo impactante que resulta, habiendo sido destinada gran parte de los recursos a tal efecto, como se demuestra desde el segundo uno con la larga escena en la que la destrucción causada por una fuerza desconocida se plasma como introducción a ritmo de cantos gregorianos que ser
á el desenlace.
Rigor mortis  Rigor mortis
La veterana estrella del cine de acción en los años ochenta Chin Siu-ho (Anthony Chan, frío aunque complaciente en su tediosa encarnación, sin apenas proferir palabras aun apareciendo en pantalla la mayor parte de minutos que abarca el metraje), actor principal internacionalmente reconocido desde los dieciséis años, se marchó de su pueblo natal a los trece para consolidarse como un referente del séptimo arte en tierras más prósperas (se trata de una serie de datos totalmente irrelevantes más allá de presentar al personaje en cuestión pero la misma es tempranamente revelada y por ello se presume de pertinente nombramiento); décadas después de su apogeo, el intérprete se dispone a instalarse en el apartamento número mil cuatrocientos cuarenta y dos, que sigue deshabitado desde hace mucho por la creencia que alberga toda clase de entidades demoníacas, de un imponente edificio con la finalidad de retomar la senda que tanto éxito le aportó en su carrera profesional y desprenderse de las espeluznantes visiones que le atormentan a diario, todas ellas relacionadas con su hijo y la madre de éste (no se aclara en ningún momento si continúan con su relación conyugal o no), a quienes no ve desde hace un largo período de tiempo.

Rigor mortis  Rigor mortis
No tardará en descubrir que la rumorología que gira en torno a la morada es cierta, y es que mientras almacena algunos de los trajes con los que apareció en varias de sus películas (la delicadeza con la que los guarda evidencia la melancolía que siente) algo extraño sucede y una especie de posesión insidiosa (el contenido místico es recurrente y los efectos especiales de impecable factura una constante de acompañamientos a éste) atenta contra su persona, cambiando desde entonces su percepción de la realidad y más concretamente de aquello que no se ve pero se siente; los vecinos del bloque al que ahora pertenece deciden dejarle solo con su sufrimiento, una opción que no puede considerarse insensata al acontecer múltiples fenómenos paranormales alrededor del recién llegado quien, con asombro y estupor, observará cómo todo se torna oscuridad e incertidumbre a medida que las jornadas transcurren, y es que su llegada a desencadenado el despertar del estado letárgico en el que permanecían de entidades fantasmagóricas, las cuales desatan una espiral de violencia y muertes (atroces en su inmensa mayoría) sin precedentes, estando vinculadas al pasado a través de un hechizo maligno que requiere de una ceremonia religiosa para romperse y poder abandonar por siempre jamás el lugar en el que fueron condenadas.

Rigor mortis  Rigor mortis
Hablada completamente en cantonés, la historia (como bien se ha ido indicando con anterioridad) se reduce a una magnífica ambientación condensada en un tétrico edificio hongkonés cuyos ocupantes median entre los vivos y los muertos en múltiples vertientes (un cazavampiros reconvertido a cocinero, un niño con poderes extrasensoriales abandonado por conveniencia, una mujer que trata de resucitar a su recientemente fallecido marido mediante un curioso ritual de magia negra, un cuarteto de funestas criaturas que deambulan a determinadas horas con oscuros propósitos y un reputado profesor de escuela que es ajusticiado por su propia hija, entre muchas otras rarezas, confluyen en él), siendo tal el grado de bendita demencia alcanzada que no cabe perder la oportunidad de visionarla si se puede (el estreno se produjo el mes de septiembre de la temporada pasada en certámenes especializados y el mes siguiente en el Sitges Film Festival 2013 lo cual demuestra, una vez más, que los retrasos fílmicos están a la orden del día en lo concerniente a difusión española); el combinado resultante de Rigor mortis es de muy fácil digestión pero complicada defensa racional (incluso si uno permite la máxima liberación imaginativa, porque algunos hechos no se desarrollan y otros tantos tan siquiera tienen cabida), pues tratar de justificar por qué confluyen en una trama los elementos más variopintos del género de terror sin caer en la tentación de olvidar la empresa y recurrir a la respuesta más lógica, por puro entretenimiento, es sino imposible muy complicado, aunque bien es sabido que es mejor poder disfrutar de una película sencilla y efectiva que de una con lecturas pretenciosamente enrevesadas sin otro objetivo que el de desubicar.



Daniel Espinosa




 
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