Mindscape 25-06-2017 15:32 (UTC)
   
 

Mindscape
(Jorge Dorado, 2013)


Mindscape




Ficha técnica


Título original:
Mindscape
Año:
2013
Nacionalidad:
EEUU
Duración:
94 min.
Género:
Drama, Suspense
Director:
Jorge Dorado
Guión:
Guy Holmes
Reparto:
Mark Strong, Taissa Farmiga, Brian Cox, Indira Varma, Noah Taylor, Saskia Reeves, Clare Calbraith, Bruno Sevilla y Molly Malcolm


Sinopsis


Un experto en introducirse en la mente de otras personas acepta un nuevo caso; en esta ocasión su objetivo es una adolescente adinerada, una joven fuertemente traumatizada o una brillante y peligrosa sociópata.



Crítica


La intríngulis de Mindscape, el octavo trabajo de Jorge Dorado (siendo éste su primer largometraje, pues los anteriores se situaban entre los dos y los veintiún minutos de duración, caracterizándose todos ellos por la presentación de un particular sentido crítico en relación a los más diversos temas sociales), pudiera parecer original cuando en realidad es bastante recurrente, y es que no se trata más que de un thriller dramático con la parcial novedad de estar enfocado desde el punto de vista de un especialista en incursiones cerebrales en lugar de un agente de policía, bebiendo directamente de Origen (en algunos aspectos es tan preocupante la exactitud que guarda con ésta que resulta difícil no sentenciar que se trata de la disfuncional alternativa patria a la misma) e incluso de Pesadilla en Elm Street (en menor medida y en cualquier caso como una infame versión irrisoriamente edulcorada), entre muchos otros títulos de igualmente parecida premisa y, por ende, tildar de ideas prefabricadas cuantas representaciones se recogen no se antoja en absoluto erróneo; lo que el autor y el guionista (Guy Holmes, quien no comparte más que el apellido con el personaje ficticio creado a finales del siglo diecinueve) consideran inteligente y perspicaz no se distancia mucho de un juego de niños para cualquiera medianamente avezado o simplemente observador (esforzarse demasiado no es preciso para descubrir ciertas claves cuando se muestra un plano fijo de algo aparentemente sin importancia durante más tiempo del normal), tal vez por el temor a que el público no cohesione todos los elementos expuestos, pero la sobremanera en la que lo hace desvela demasiado para que nadie se pierda por el camino, lo cual, lejos de interpretarse como una consideración con la audiencia, denota mucha inexperiencia, inseguridad y puede que hasta inmerecida impertinencia con la misma.

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Las películas que mezclan realidad, evocaciones y sueños cuentan con la ventaja sobre el espectador de que éste desconoce de primera mano qué es real y qué fantasía, por lo que se encuentra a ciegas totalmente a expensas de a donde la trama le quiera dirigir (al menos durante los instantes predecesores al asentamiento y ubicación de la trama) dependiendo totalmente de la mente creativa residente de la persona responsable del proyecto, pero trazar existenciales desafíos con infantiloides fábulas (la ficción a la que se recurre no puede catalogarse de otro modo en esta ocasión) sobre el poder de la reminiscencia es un arma de doble filo, pues la confusión y la condensación deben contar con un desenlace a la altura de las expectativas; el filme que ocupa no respeta lo mencionado al ir un paso por delante y su protagonista, debido a la torpeza y vulgaridad en la continuación de indicios expuestos con premura y puede que hasta con indecente gratuidad, no corresponderse con lo que cualquiera medianamente cuerdo intuiría tempranamente, dilapidándose así cualquier intento de hacer trabajar a la especie de laboratorio bioquímico que transforma las percepciones, sensaciones, emociones y sentimientos en neurotransmisores que en forma de neuropéptidos son enviados como impulsos al sistema neuronal que controla todo el organismo y que varias veces se menciona, es decir, el incomparablemente complejo y nunca analizado en profundidad cerebro.

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Existe una manera (juzgar si es lícita o no es una consideración puramente subjetiva) de ingresar en la mente de alguien y conocer con exactitud sus recordaciones, y a ello se dedican reputados detectives como John (Mark Strong, algo sobreactuado pero por lo general muy correcto al permanecer robóticamente sosegado como su personaje exige), una especie de psicólogo para adinerados (refutando su alto coste de servicios en la increíble técnica que lleva a cabo) que tras un descanso forzado por trágicas circunstancias vuelve a trabajar como inspector de recuerdos para ocuparse del caso de Anna (Taissa Farmiga, la cual construye con el anterior una química magnífica pero innecesariamente fructuosa), la futura heredera de una de las riquezas americanas más grandes jamás existente, una joven de dieciséis años con un cuadro de depresión, trastorno bipolar y narcisismo arraigado acusada de haber cometido multitud de atrocidades (de magnitud tan gigantesca como un triple homicidio) sufridora de abusos (tanto escolares como sexuales) que curiosamente comparte nombre con la fallecida esposa del experimentado psíquico; el asunto, en plena iniciación del programa Mindscape (el propósito de éste es el de facilitar el trabajo de los terapeutas a partir de la revelación de los recuerdos remontándose a un pasado lejano reconstruyendo los hechos vividos por parte del sujeto) para desmentir que la visualización remota es un elaborado fraude, exigirá que los psicoanálisis (de gran interés para el público a fin de entender la metodología a seguir para autoanalizarse) sean más efectivos que nunca, pues la aparentemente apática joven dota de racionalidad todo cuanto se la plantea despertando un terror interno en el atormentado viudo manipul
ándolo, y es que las habilidades de él son múltiples pero las de ella para destruir la vida de los demás también...
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Una empresa de investigadores que se inmiscuyen en las evocaciones de quienes les solicitan su auxilio para solucionar problemas o resolver delitos es, más que inaudita, alambicada, pero si además se pretende patentar una extraña mezcla de la ya mencionada obra de culto de Christopher Nolan y El sexto sentido dependiendo de una cuidada factura visual (la cual se da) llama irremediable y poderosamente la atención, aunque derive asiduamente (sin tan siquiera disimularlo) a una anticipada deducción permanente conllevando, eso sí, un destacado entretenimiento que hace que en un futuro inmediato haya que estar muy pendiente de posteriores obras del responsable español, nacionalidad que habría que recalcar con ahínco a fin de reafirmar la correspondencia de la que algunos talentosos todavía gozan pese a que no sepan plasmarla del todo; a pesar de lo señalado, la propuesta empieza bien, con fuerza y ritmo, ofreciendo una escena inicial briosa (de las que provocan ferviente curiosidad), efecto que se mantiene al presentar a la familia que contrata al experto sobre el cual pivota todo cuanto sucede, estando el misterio correctamente exhibido y desarrollado, sin embargo, en el momento en el que el versado se relaciona de forma emocional extremadamente rápido con el clan mientras se desvela que arrastra un trauma personal que le martiriza albergando un fuerte sentimiento de culpabilidad (un terreno sobradamente conocido donde la evolución natural es prototípica y nada sorprendente), todo los positivismos se desvanecen poniendo en entredicho el sentido del prometido asombro.

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Jorge Dorado
retrata en Mindscape un pretencioso thriller con un planteamiento argumental tan sugerente como escasamente estimulante, y es que los aires de grandeza nunca son buenos aliados y cuando a un desarrollo aceptable a la par que tramposo le sigue un final aceptable pero poco consecuente, las contraposiciones son tan evidentes, extendiéndose asimismo tanto al reparto (algunas actuaciones son sobresalientes, en especial la fugaz pero contundente labor de Brian Cox, y otras dejan mucho que desear) como al conjunto fílmico (visualmente resulta intachable gracias a unos filtros limpios, propios de Jaume Collet-Serra, productor para la ocasión), que los potentes giros resultan vanos, más aún cuando se aceleran indebidamente entrelazándose con datos que a la postre no tienen motivación existencial alguna y que evidencian que el atractivo reside más en la forma de conjeturarlo que en la historia en sí misma; ateniendo a que la mente es un concepto abstracto que se utiliza para señalar el asiento del conocimiento en los registros de la conciencia y el pensamiento es el hilo conductor de ésta actuando como foco de atención determinador de que una conducta sea voluntaria o automática según esté o no presente esa vigilancia, la película hierra rotundamente las nociones sobre las que parte y en último término confunde los medios para resolverse, aun siendo disfrutable (al menos dos tercios, pues el conclusivo es verdaderamente soporífero) en un plano más terrenal y mundano, válida en la medida que lo son muchas otras (sin duda demasiadas para beneplácito de la mayoría y castigo de la minoría considerada más notable) de semejante índole pudiendo haber sido infinitamente mejor.


Daniel Espinosa




 
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