Maniac 23-09-2017 09:11 (UTC)
   
 

Maniac
(Franck Khalfoun, 2012)


Maniac




Ficha técnica


Título original:
Maniac
Año:
2012
Nacionalidad:
Francia
Duración:
89 min.
Género:
Suspense, Terror
Director:
Franck Khalfoun
Guión:
Alexandre Aja y Grégory Levasseur
Reparto:
Elijah Wood, Nora Arnezeder, America Olivo, Liane Balaban, Sammi Rotibi, Morgane Slemp, Sal Landi, Megan Duffy, Brian Ames, Akbar Kurtha, Délé Ogundiran, Jacqueline Buda y Bryan Lugo


Sinopsis


Frank lleva una vida solitaria como propietario de una tienda de maniquíes; a primera vista parece incapaz de matar una mosca, sin embargo, hay algo profundamente turbador en su mirada, un secreto oscuro y perverso que resurgirá tras su encuentro con Anna, una joven artista que acude a él en busca de ayuda para una nueva exposición.



Crítica


El difundido empeño por realizar revisiones no parece responder al mal envejecimiento de las originales ni al ahorro de guionistas (en tal caso las productoras podrían reestrenar las clásicas con el máximo beneficio, ya que todo se limitaría a encontrar el mejor modo de vendérselas a las nuevas generaciones), únicas explicaciones medianamente racionales para llevarlas a cabo, pero sigue siendo una realidad solamente afrontable con la imploración de una nueva película respetuosa y mínimamente distanciada respecto a su predecesora, deseables requisitos que por suerte se cumplen en la californiana (la película ha sido rodada íntegramente en Los Ángeles) Maniac, y es que la última obra (de hecho la segunda, pues en su currículum consta ésta y la agradable Parking 2, viéndose curiosamente reducido el presupuesto respecto a su debut en dos millones de dólares al destinarse unos escasos seis a la presente) de Franck Khalfoun lo alza como un inexperto aunque ya consolidado director muy a tener en cuenta en vistas a un futuro próximo; tal es el prometedor devenir que depara al autor que ha contado con el inestimable apadrinamiento de Alexandre Aja y su compañero de fechorías Gregory Levasseur para conservar todo aquello reseñable en la antigua versión (la acción plasmada en primera persona se antoja imprescindible) e introducir mejorías en determinados apartados (la adecuación de un guión perteneciente a una época pasada y por ende desfasado es una evidencia, al igual que unos efectos de maquillaje mucho más creíbles) para convertir el clásico de culto de William Lustig (considerado uno de los mejores y más violentos slashers de la década de los ochenta) en un espectáculo audiovisual (al salvajismo explícito le acompaña una banda sonora precisa a la par que singular) de incalculable valor fílmico e inexorable mesura (el libertinaje de determinadas escenas acarreará que la obra lleve emparejada la censura eternamente aunque no se reduzca la misma a tal característica).

Maniac  Maniac
Cuando las calles parecían estar libres de peligro, un asesino obsesionado con el cuero cabelludo vuelve a sembrar el pánico en la ciudad, y es que Frank (Elijah Wood, al que resultará imposible atribuirle con anterioridad a la confirmación de la misma una conducta entrañable como la que encarnaba en la trilogía de El señor de los anillos al despertar verdadero terror en la presente), un tranquilo y solitario chico propietario de una tienda de maniquís familiar cerrada desde hace años, comienza a presentar una actitud perversa y obsesiva (de hecho el factor desencadenante de ello fue la muerte de su madre cuando era pequeño, una mujer a la que rodeaban malas influencias que propiciaban el descuido a su necesitado de cariño hijo); su vida se ha transformado en una espiral de dolor, tanto propio como ajeno, en la que intenta sustituir de cualquier manera la ausencia de una figura materna válida, presentándose la oportunidad ideal para dejar atrás su lúgubre y enfermiza reclusión cuando Anna (Nora Arnezeder, significativamente genial en todo momento), una joven artista con ganas de darse a conocer en las altas esferas, acude a su local en busca de ayuda para su próxima exposición, iniciando  ambos una profunda amistad que día a día crece.

Maniac  Maniac
Obsesionado con encontrar a alguien con quien compartir sus denunciables inquietudes (actitud que obedece a la imperiosa necesidad que lleva implícita el ser humano de sentirse acompañado para así no cuestionarse cuan mísera es su existencia, amén de la mencionada pérdida temprana, necesitando similarmente dicha compañía otros personajes aun distando infinitamente la manera de copar tal deseo), el restaurador cree haber encontrado a su alma gemela, aunque ella desconocerá realmente si lo que quiere de ella es que se convierta en nueva amiga o en un trofeo más al que añadir su colección; las intenciones del joven no se darán a conocer hasta al final de la trama, una conclusión que de buen seguro no dejará indiferente a nadie ni contentará a muchos (en efecto, las convencionalidades quedan excluidas hasta el último instante para sorprender y alejarse de todo aquello racionalmente deducible) pero se mantiene en la línea de todo lo anterior, un ejercicio de desubicación mental que concisa e insanamente resulta muy fructífero.

Maniac  Maniac
La distorsionada realidad que cree percibir el maníaco fruto de su demencia se ve incrementada en poderío transmisor por la agudeza empleada para alternar la impactante cámara subjetiva (todo un ejemplo a seguir para las abundantes supuestas grabaciones encontradas que casualmente narran unos hechos transformados con posterioridad en previsible largometraje) con la objetiva (meticulosamente situada para recoger el máximo número de detalles siendo los espejos los mejores aliados para mostrar físicamente al protagonista), no siendo la violencia gratuita (aunque sí abundante en ciertos compases en aras de plasmar en su totalidad la locura que subyace en la historia) al responder a una conducta extrema basada en los deseos más oscuros de un sujeto imprevisible y no a una relación tórrida ansiada por un simple pervertido sexual (complejidad que pudiera ser grotesca pero sin embargo es formidable merced a la delicadeza con la que es tratada en todo momento, incluso en aquellos instantes más complicados en los que la ira cobra especial relevancia para deleite de aquellos ávidos de ver cómo el color rojo sangre inunda la pantalla); atrevido, consecuente y nada cometido es como se muestra un impulsivo pero riguroso Franck Khalfoun fiel a su tan distinguible como demencial estilo, atribuible a una mente privilegiada que no se deja amedrentar por las clásicas pautas preestablecidas ni las despiadadas críticas que un producto con las características de éste obviamente suscitará, afrontando con gran destreza y mayor desparpajo la cuasi quimérica tarea de combinar con maestría todos los elementos pretendidos con los para cualquier otro insuficientes medios de los que disponía primigeniamente y así ofrecer un producto plagado de inolvidables y crueles imágenes dantescas (sin lugar a duda deja poco, por no decir ninguno, lugar a la imaginación).

Maniac  Maniac
En el actual panorama de decadencia social en el que la población se encuentra constante y premeditadamente (que los altos cargos podrían hacer más de lo que obran para tratar de solucionar ciertas injusticias no es precisamente un secreto) con globalización e incremento de la crisis (incluso la famosa red social Twitter ha visto reducido el número de caracteres permitidos por mensaje enviado, ejemplo traído al observarse cierta crítica a dicho método de relacionarse con personas completamente desconocidas en el filme aunque los usuarios de dicho servicio apenas vayan a resentirse por ello al limitarse mayormente a pulsar dos símbolos a modo de emoticono), propuestas como ésta se agradecen más si cabe de lo que se haría en el marco de una situación más estable y enriquecedora, pues es habitual que cintas próximas en cuanto a ideas (difícilmente en lo concerniente a contenido) recurran sin medida a la tan deplorable comercialidad en virtud de la arriesgada innovación que pudieran proponer de no verse presionados sus responsables por la compañía que las difundirá, caso que no se aplica a Maniac (ayuda infinitamente el hecho que se trate de Aja/Levasseur Productions junto a Blue Underground y P2 Productions) en absoluto al contar con una libertad direccional prácticamente absoluta que torna cada secuencia en una pequeña obra de arte digna del mejor autor (no sería conveniente citar ninguno en particular porque tildarlo de tal forma significaría algo tan personal como discutible en cualquier caso); en definitiva, el público que adquiera o tenga la posibilidad de ver el metraje (los asistentes al Sitges Film Festival 2013 fueron agraciados al ser exhibido en toda su macabra plenitud) se encontrará ante una bendita locura deliciosamente sádica que rememora el terror que antaño predominaba gratamente y ahora apenas se atisba en alguna producción (proveniente normalmente de tierras francesas, país referencial donde los haya), una memorable a la par que inolvidable oportunidad de presenciar cómo al fin equipo técnico y actoral bordan sus respectivos cometidos (habitualmente uno de ellos cumple religiosamente pero el otro no) unificando esfuerzos para ofrecer un producto realmente convincente en todos los aspectos y mucho más profundo de lo que pudiera parecer.



Daniel Espinosa




 
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