Mala 23-06-2017 15:21 (UTC)
   
 

Mala
(Adrián Caetano, 2013)


Mala




Ficha técnica


Título original:
Mala
Año:
2013
Nacionalidad:
Argentina
Duración:
89 min.
Género:
Drama, Suspense
Director:
Adrián Caetano
Guión:
Adrián Caetano, Bruno Hernández y Luciana Piantanida
Reparto:
Florencia Raggi, Rafael Ferro, Ana Celentano, Juana Viale, Brenda Gandini, María Duplaa, Julián Krakov, Liz Solari, Arturo Goetz, Daniel Valenzuela, Susana Pampín, Laura Espínola y Rogelio Gracia


Sinopsis


Rosario, una justiciera a sueldo, mata a hombres que maltratan o abusan de mujeres; metódica y perfeccionista en sus tareas hasta entonces, su última empresa la supondrá un verdadero reto moral y sentimental.



Crítica


Resulta increíble que el mismo director de Un oso rojo y Crónica de una fuga pueda brindar un largometraje que esté a la altura de un alumno que apenas haya aprobado todas sus materias en una universidad de cine con escuetos suficientes, pues en cuanto a aspectos técnicos no solo hay que detallar que la fotografía de Mala, el último trabajo de Adrián Caetano, deja bastante que desear sino también que los encuadres y los planos son pésimos, tanto que parece que es así a propósito pero lamentablemente queda claro que esa no fue la intención del autor, y es que si la producción estuviese en clave de película bizarra o de clase b (puede que más bien z) se podrían justificar muchas cosas pero desde un principio el argumento esboza tal formalismo que es imposible analizarla por el lado del absurdo, así que habiendo demostrado tanto en largometrajes como en productos televisivos que el mismo sabe muy bien mezclar los géneros y sacarle el jugo a cada uno de los ingredientes que estos pueden aportar aquí hizo lo contrario y lo que parece ser un thriller psicológico de la mano de un mismo personaje interpretado por varias actrices diferentes no conduce a ningún lado más que a mostrar un pretencioso y pobre guión muy mal actuado por parte de un elenco que tuvo que recurrir a la teatralidad extrema para darle sentido a algo carente de emotividad alguna; muchos aducirán un elemento sobrenatural que no es tal e incluso hablarán de que el director se quiso inmiscuir en temáticas de esquizofrenia y bipolaridad pero no fue el caso, pues cuando esas pequeñas dudas son aclaradas no queda otra respuesta más que la realidad, una grave inconsistencia en la historia, una retahíla de fotogramas mal logrados que intentan ser una producción medianamente decente pero cuyo resultado es una de las peores propuestas que ha brindado el cine argentino en toda su historia.

Mala  Mala
Lo primero que se observa al iniciarse la película es una introducción a otro mundo junto con una reveladora frase que reza “había una vez un mundo sin amor”, paralelismo existencial (que sucede en Argentina como bien podría haber transcurrido en España, pues la intríngulis es universal) en el que vive Rosario (cada vez que adquiere una identidad la encarna una actriz distinta, siendo en su vertiente de policía la colombiana Liz Solari, en la de enfermera Brenda Gandini, en la de veterinaria Maria Duplaa y en el personaje existencialmente genuino Florencia Raggi,  siendo la labor de todas, puede que a excepción de ésta última, verdaderamente paupérrima), una mujer que se dedica a matar hombres que abusan de sus parejas cual justiciera contra el abuso y la violencia de género, pero no realiza su labor gratuitamente, sino que por cada asesinato se embolsa una importante suma de dinero, lo que la convierte en una sicaria de las maltratadas; cualquier atisbo de heroicidad en sus actos es erróneo, pues no deja de ser una persona (obviar por una vez la sexualidad no está de más al recalcarse hasta la saciedad en la trama, con especial insistencia en la necesidad fisiológico de realizar el acto amatorio) que se toma la justicia por su mano (expresión nunca mejor traída al ser la primera de sus víctimas ejecutada mediante una inyección letal) y, además, como pide mucha recompensa a cambio de sus servicios, una asesina a sueldo más y por eso, como mal indica el título, es más malvada que mala, palabra cuyo significado se ajustaría más al modo de actuar con el que consuma su empresa, metódica y perfectamente como bien ha aprendido a hacerlo tras unos comienzos brutales y torpes, cargados de odio (al menos eso se deja entrever en esporádicas escenas rememorativas sin ser éstas muy explícitas).

Mala  Mala
Con un misterioso secreto que se esconde en un caleidoscopio del que jamás se separa (inquietante elemento del que el espectador está pendiente pero que termina por ser intrascendente, como si se tratase de un secreto que no interesa descubrir), la corrupción policial la deja en libertad a manos de Patricia (Ana Celentano, no parece oportuno calificarla más que de indigna), cuyo poder económico la permite convertirse en su nueva clienta y Rodrigo (Rafael Ferro, el cual demuestra confundir corrección interpretativa con sobreactuación), el ex marido de ésta, en su último encargo, al que deberá hacer sufrir por haberla dejado y abandonarla por su actual compañera sentimental (Juana Viale, al principio convence pero prontamente muestra su cara más inverosímil), aparentando ser un hombre sin amor y merecedor de la ira de la que se puede considerar profesional en la impartición de dolor (contra todo racionamiento humano, que esté a punto de tener un hijo no hace sino aumentar las ganas de sentenciarle); para cumplir su cometido se convierte en una persona cercana a sus víctimas, siendo preciso en este caso hacerse pasar por veterinaria y representar, como ha hecho tantas veces, una identidad falsa actuando como tal haciendo ver que cuida de los caballos que cría su objetivo en sus tierras recurriendo a una sexualidad que va de la atracción sutil a la brutal empleando la estrategia de la seducción (hay una escena en el cobertizo llena de tórrida tensión que lamentablemente no llega a ninguna parte por un giro inexplicable), momento en el cual desaparece el suspense generado hasta aquí para forjarse un thriller sumamente convencional (que hayan sido precisas seis manos para urdirlo se antoja completamente inadecuado a juzgar por lastimoso conjunto plasmado y, en especial, el desenlace, tan infantilmente calenturiento como indiscutiblemente fuera de lugar).

Mala  Mala
A ciertos errores de principiante, como ver sombras de miembros del equipo situados detrás de los escenarios, se les une una exagerada utilización de la cámara en mano que llega a molestar a la vista (así como una serie de misterios alrededor de la protagonista que ni se resuelven ni cautivan al ser dibujados vagamente), pudiéndose afirmar con rotundidad que el punto fuerte de la propuesta tampoco son las interpretaciones de su reparto (no merece la pena evaluar individualmente a cada uno de los actores pero valga señalar que todos están al mismo nivel, siendo bajo uno infinitamente superior al que mereciera aplicarse) sino su atractivo comienzo (tan mordaz como sangriento), el cual crea en el espectador unas expectativas muy altas (lamentablemente no se llegan a cumplir y van decreciendo a medida que avanza la historia); la cinta no es más que una broma mal incomprendida (y pro confeccionada) fruto de un juego de palabras redundantes que la nomenclatura de la propia cinta es la única explicación creando Adrián Caetano algo sinsentido que como corto o mediometraje podría haber valido pero no daba para tanto como se ha pretendido (de hecho tanto el vídeo promocional como la sinopsis oficial del muestran una historia que nunca pasa a pesar de la violencia, el drama, los desnudos y la tensión sexual expuesta, y es que de lo que se trata es de una serie de escenas continuas que invitan a preguntarse dos cuestiones básicas, qué se está visionando y, sobretodo, por qué.

Mala  Mala
Una supuesta visión profunda, comprometida y con vuelta a los orígenes del responsable es lo que prometía el mismo sin dilucidarse con certeza cuál es el verdadero, si el director de los grandes metrajes anteriores o el inepto de este bodrio inexplicable, imperdonable, sin pies ni cabeza, una historia con la que ha debutado mediocre y pésimamente como la multitud de noveles (con absoluto respeto a todos ellos, pues experiencia no es sinónimo de obra notable ni iniciación de bazofia aunque en este caso sea así) parodiando la genial Bemberg, y es que nunca un título hizo tanto honor a su nombre, pues siendo pésima, incongruente y bizarra la trama termina desdibujándose a medida que transcurre y se convierte en una mala copia de la serie televisiva Nikita fusionada con la genial Kill Bill, pudiéndose afirmar que de tratarse de un filme estadounidense arrasaría con todos los premios Razzie (galardones que se conceden a las peores películas) habidos y por haber; el amor desquiciado, ciego, es la constante que se traduce en una mirada desencantada no exenta de negrura ni violencia tras una media hora interesante en la que el relato se va deshilachando de la mano de un guión tan sinuoso como confuso que depara momentos de absurdo y hasta risibles con personajes maldecidos para el amor, siempre efímero, en contraposición al largo aliento del odio con innegable oficio y muchos condimentos, siendo el resultado provocador, inquietante e incluso seductor como la escena de fuerte erotismo donde la protagonista se enfrenta a espejos que no reflejan exactamente lo mismo, sin embargo, Mala deja la sensación de que podría haber sido mucho más, y es que las contradicciones se remontan a la afirmación vertida por el propio director en un reportaje “prefiero películas que no sean éxitos de taquilla pero que tengan alma”, pues aunque añadiera que se trata de “una película con mucho humor” y que “verla de manera solemne sería un error” no se ha ahorrado ni una gota de sangre artificial pero el alma... ¿dónde diantres ha quedado?



Daniel Espinosa




 
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