Los miserables 22-08-2017 22:37 (UTC)
   
 

Los miserables
(Tom Hooper, 2012)


Los Miserables




Ficha técnica


Título original:
Les misérables
Año:
2012
Nacionalidad:
Gran Bretaña
Duración:
152 min.
Género:
Drama, Fantástico
Director:
Tom Hooper
Guión:
Bill Nicholson, Alain Boublil, Herbert Kretzmer y Victor Hugo
Reparto:
Hugh Jackman, Russell Crowe, Anne Hathaway, Isabelle Allen, Amanda Seyfried, Helena Bonham Carter, Sacha Baron Cohen, Eddie Redmayne, Samantha Barks, Kerry Ingram, Aaron Tveit, Colm Wilkinson, George Blagden, Hadley Fraser, Patrick Godfrey, Bertie Carvel, Frances Ruffelle, Marc Pickering, Shonn Gregory, Tim Downie y Mary Roscoe


Sinopsis


Jean Valjean padece su particular camino de redención, desde sus días como prisionero en una cárcel hasta convertirse en alcalde de una ciudad francesa; así, se hará cargo de la hija ilegítima de una mujer, Fantine, ante el impedimento de llevar una vida digna a causa de la constante persecución del inspector Javert, quien pretende revelar la verdadera identidad del antiguo ladrón convertido en distinguida personalidad.



Crítica


Los miserables
supone la ansiada adaptación cinematográfica del abrumador éxito teatral (visto por más de sesenta millones de espectadores en más de cuarenta países en veinte idiomas diferentes) que a día de hoy sigue batiendo récords de taquilla en todo el mundo desde su primera función hace veintiocho años (aunque la obra fue escrita originariamente ciento cincuenta años atrás por Víctor Hugo, en su momento descuidado y en la actualidad admirado); dada la trayectoria que la pieza lleva tras de sí, la quimera de transformar la misma en un largometraje digno suponía una quimera tan inalcanzable como deseada por los acérrimos seguidores a ésta (el visionado de la película de buen seguro hará que el número de simpatizantes crezca considerablemente), por lo que el director que pretendiera realizar tal reconversión iba a ser analizado y criticado hasta la saciedad sin remedio por correcta que fuera su particular visión del clásico escenográfico centrado en personas sin futuro que se unifican esfuerzos para diversos propósitos (legislativos, militares y mayormente pasionales con impactante contundencia visual).
Los Miserables  Los Miserables
Pues bien, albergando decenas de errores en su trabajo (tanto argumentales como de montaje), lo cierto es que Tom Hooper (gran triunfador de la última edición de los Oscar con El discurso del rey) se sumerge en dicha traslación a la gran pantalla del anteriormente citado musical demostrando un don direccional irreprochable, logrando exprimir al máximo las cualidades que todos y cada uno de los integrantes del reparto contraen (en especial el cante, realizando conjuntamente una magnífica labor que puede llegar a ser equiparada, en no pocos casos, con los mejores cantantes de los más diversos géneros musicales clásicos); el mágico realismo recreado y la máxima intensidad que el equipo actoral infunde a la historia alcanzan tal nivel de calidad que únicamente la excesiva duración de la cinta (más de dos horas y media de metraje que se tornan insoportables en ciertos compases) y el hecho de que la misma sea narrada incombustiblemente en forma de cánticos (hecho que es de agradecer en la mayoría de situaciones pero en otras ciertamente dinamita la paciencia del espectador) pueden reprochársele, aunque éstos dos negativismos signifiquen marginales alegatos.

Los Miserables  Los Miserables
Tras diecinueve años de trabajos forzados, el preso número 24601 (todos los prisioneros son tratados como meros números, por lo que resulta propicio citar dicha numerología) Jean Valjean (Hugh Jackman, pletórico e irreconocible, transitando de la más mínima pulcritud a la absoluta señoría tanto física como vocalmente) es puesto en libertad por el oficial Javert (Russell Crowe, inmensamente autoritario en todas las facetas que conforman su encarnación), encargado de los convictos, y el recientemente liberado pronto descubre que es un paria al que todos rechazan, siendo acogido, comprendido y defendido exclusivamente por un obispo (motivación que le impulsa a volverse mucho más cristiano y por ende benevolente), al que a pesar de la incalculable muestra de afecto que le brinda traiciona hurtándole ciertos objetos de valor para poder desaparecer de la faz de la tierra al huir con dicho botín; o
cho años más tarde, y tras la inapropiada venta de los artilugios cosechados del edificio religioso que le albergó y prestó ayuda, Valjean ha cumplido la libertad condicional y desaparecido de la sociedad, pues el dinero obtenido en sus ilegales transacciones le ha permitido reinventarse como el respetado alcalde de la pequeña ciudad en la que reside que una oscura noche decide ayudar a la maltratada y solitaria Fantine (Anne Hathaway, versátil y plenamente emotiva), la cual le confiesa haber vendido su preciado medallón, su pelo, sus dientes y ejercer la prostitución por falta de dinero que aportar a su hija ilegítima secreta Cosette (Isabelle Allen, tan joven como magnífica), de la que apenas tiene noticias pero siente interiorizada devoción y enorme cariño.
Los Miserables  Los Miserables
Cumpliendo el último deseo de la desesperada madre, el piadoso alcalde emprende un viaje en busca de la pequeña, encontrándola en la sucia morada de la pareja que la (des)atendía a cambio de una mensual suma dineraria, los Thénardier (Sacha Baron Cohen y Helena Bonham Carter, desquiciantes así como adecuados en su habitual bufonería), posaderos que regentan un burdel donde aprovechan para desvalijar a los clientes que no dudan en vender a la niña a buen precio en aras de recaudar unas monedas por una persona que apenas les interesa y consideran una carga m
ás que otro miembro de la familia; nueve años después, el descontento del pueblo está a punto de estallar ante la inminente muerte del popular general que gobernaba en la comarca, dificultosa situación que un nutrido grupo de estudiantes liderado por Marius (Eddie Redmayne, complicada aunque magistralmente resulta es la labor que la ha sido encomendada), quien comparte residencia con su enamorada en el silencio Eponine (Samantha Barks, fuertemente convincente y entregada en éste su debut), afronta con reuniones, arengues y acciones incívicas con el objetivo de abanderar una revolución violenta a la par que reivindicativa, éste se encuentra casualmente con una ya crecida Cosette (Amanda Seyfried, de mirada tan intensa como lo es su armoniosa voz), de la cual se enamora perdidamente propiciando que las vidas de todos los personajes aparecidos hasta el momento en la trama se unan en un desenlace tan esperanzador como dramático, un cúmulo de deseos confrontados en los que la lucha y el amor estarán muy presentes aflorados por los sueños y obsesiones de todos y cada uno de ellos.
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No es la primera vez que Hugh Jackman y Anne Hathaway cantan juntos, y es que ya lo hicieron en la ceremonia de los Oscar dos años atrás (incluso una segunda vez fueron invitados a hacer lo propio con “On my own” pero el actor se negó por motivos no declarados) demostrando una conexión que para la ocasión retoman de inmejorable manera, suponiendo una dupla vocal realmente compaginable (comparable a la forma en la que lo hicieran Ewan McGregor y Nicole Kidman en la celebrada Moulin rouge, salvando las evidentes distancias); además de contar con intérpretes de consagrado éxito, el director ha precisado de nuevas promesas del séptimo arte para que prestaran su voz en la tediosa tarea de elaborar un producto compensado (no se muestra como tal en ciertos compases, en los que la incisión en determinadas temáticas secundarias desvirtúan el verdadero mensaje que la trama propone), los cuales se muestran completamente competentes e incluso de prometedora carrera futura (destacan entre tales novedosos rostros los de Samantha Barks y Eddie Redmayne, quienes aprovechándose del romance platónico que protagonizan se lucen plenamente en ésta su carta de presentación), convirtiéndose éste aspecto en el más alabador (no podía ser de otro modo) de la propuesta sin discusión alguna y haciendo de la misma un notable intento por acercar el teatro al cine, la emotividad al público y, en definitiva, convertir una tendencia creída obsoleta en fundada retomada corriente merecedora de los más reconocedores galardones (de hecho es muy probable que Los miserables se alze con numerosos premios, por lo que es cuestión de tiempo comprobar si la majestuosidad en la que se traduce la propuesta es recompensada con justas alavanzas como justamente debiera ser).



Daniel Espinosa




 
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