Los mercenarios 3 23-10-2017 15:23 (UTC)
   
 

Los mercenarios 3
(Patrick Hughes, 2014)


Los mercenarios 3




Ficha técnica


Título original:
Los mercenarios 3
Año:
2014
Nacionalidad:
EEUU
Duración:
116 min.
Género:
Acción, Aventuras
Director:
Patrick Hughes
Guión:
Creighton Rothenberger, Katrin Benedikt y Sylvester Stallone
Reparto:
Sylvester Stallone, Jason Statham, Jet Li, Dolph Lundgren, Terry Crews, Randy Couture, Arnold Schwarzenegger, Harrison Ford, Mel Gibson, Wesley Snipes, Antonio Banderas, Ronda Rousey y Kellan Lutz


Sinopsis


Un viejo fundador de un grupo de mercenarios aparece en la vida de sus integrantes; sus caminos se separaron cuando éste se convirtió en traficante de armas, por lo que se vieron obligados a intentar matarse entre sí y, ahora, deberán enfrentarse de nuevo mientras los numerosos componentes se debaten entre nuevas y viejas tácticas de combate.



Crítica


Patrick Hughes
toma el relevo de Simon West para seguir con la saga concentradora de más estrellas (consideradas por la mayoría de público como viejas glorias al verse obligados al ir abandonando el mundo del celuloide no por propia voluntad sino porque el ineludible paso del tiempo repercute severamente en aquellos que han dedicado gran parte de su longeva carrera profesional a participar en cintas de exigencia extrema precisando guardar un estado de forma excepcional) del séptimo arte iniciada por Sylvester Stallone (el fundador y principal artífice de que todo fluya o no al significar el emblema por excelencia del producto) en el dos mil diez (hasta el momento han ido viendo la luz en intervalos bianuales) para recuperar rostros aparecidos en anteriores y añadir nuevos (sorprende que el sector femenino apenas se tenga en consideración más allá de para ejercer de peligroso reclamo carnal a través de la ya retirada una peleadora estadounidense de artes marciales mixtas Ronda Rousey), echándose en falta sobre todo a Chuck Norris y apreciándose especialmente la labor de Wesley Snipes, a quien el cumplimiento de una condena carcelaria impidió consolidarse como el chupasangres más importante de la historia (cómo olvidar su inconmensurable papel de cazavampiros en la trilogía Blade); no es nada difícil escribir una crítica sobre Los Mercenarios 3 ateniendo a que la evolución de la saga no depara mayores sorpresas que cuáles serán los nuevos personajes clásicos a incorporar, cuál será el nuevo villano y en cómo los responsables van a rehacer ligeramente el guión para que todo desemboque en una batalla con disparos, saltos, explosiones y, cómo no, una lucha entre dos (tan fugaz como ridícula) de la que sólo uno puede salir victorioso decidiendo el devenir del resto (de hecho de la humanidad en sí misma al trascender todo el asunto lo meramente personal), podría valer resumir que nunca está de más deleitarse con dos horas de emocionante acción, satírico humor y liviano drama, si ello fuera cierto...
Los mercenarios 3  Los mercenarios 3
La película ofrece más de los mismo (tampoco podría ser de otra manera), pero con dos verdaderos y grandes actores que marcan la calidad actoral, por un lado Harrison Ford (la adaptabilidad interpretativa de la que siempre ha hecho gala sigue intacta) y por el otro Antonio Banderas (y no por pecar de patriotismo ni mucho menos sino por originar sinceras carcajadas suplicando y cortejando), uno con escaso (pero plausible) texto y el otro con abundante (pero disfrutable como nunca), y es que está de más dedicarse a analizar conceptos como el argumento o la coherencia, la franquicia ha dictaminado sus propias normas desde un inicio, siguiendo aquí el mismo tono que el que en sus predecesoras predominaba, siendo tal vez más irregular que aquellas (sin ir más lejos el hecho de que los jóvenes, que por cierto no aportan nada, abarque mucho minutaje en detrimento de las caras realmente reclamadas, tales como la de Mel Gibson, que pese a ser el antagonista de la velada, apenas goza de relevancia suficiente ); la congregación de estrellas, habituales (Jet Li roza el absentismo total al firmar unos irrisorios minutos) y recién incorporados, cumplen las escasas expectativas que sobre ellos pudieran recaer, sin embargo, es la propia trama la que decepciona, repitiéndose el mismo esquema pero con menos (de hecho apenas) elegancia, menos ritmo y más monótono, desaprovechándose enormes talentos como los que albergan Dolph Lundgren, Jason Statham, Randy Couture y Terry Crews (el caso de Arnold Schwarzenegger merece una mención especial al ridiculizarse él mismo tornando a presentar una muy descuidada barba de tres días).

Los mercenarios 3  Los mercenarios 3
En calles, prisiones, muelles, puertos, hospitales, bares, garajes, discotecas, fábricas, mercados, cafeterías, hoteles, almacenes, alcantarillas, carreteras, ríos, sótanos, bosques o descampados, ya sea a bordo de trenes, helicópteros, barcos, lanchas, camionetas, camiones, coches, aviones, motocicletas o tanques, los aventureros defensores de la ley paralela (por denominar de alguna manera poco ortodoxa la praxis a la que se ciñen) harán mil y una locuras visuales con triviales resultados e inservibles renovaciones aliadas; ya sea haciendo uso de ametralladoras, torretas, lanzamisiles, bombas, cuchillos, pistolas, rifles, botellas, granadas, escopetas o, especialmente, puños, el grupo de tatuados mercenarios dejará volar su imaginación más ruda (y rudimentaria) para impartir lecciones de sabia venganza, porque aunque los indestructibles (he aquí la traducción del oportuno título) musculados se postulen como unas fieles tutores de la justicia no hacen sino cobrarse las vidas de quienes interfieren en sus planes mediante técnicas puramente militares o, en su defecto, m
ás vistosas como las marciales.
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Maravillarse con los paisajes que ofrecen localizaciones tan variopintas como Somalia, Rusia, Nevada, Wyoming, Nueva York, Arozona, California, Méjico y Rumanía es todo un placer, pero no cuando la apetecible visita turística alrededor del mundo se emplea a modo de telón de fondo para dibujar una forzada actualización a los tiempos actuales en los que la anarquía de las últimas tecnologías está en constante alza y el enfrentamiento entre la conciencia moral y el lucro sin escrúpulos se teje banalmente no tiene razón de ser, puede que igual o menos que la lección que se pronuncia como si de una existencial enseñanza se tratase, “nunca hacer negocios con el gobierno”; por todo lo expuesto y lo restante, la taquilla puede que responda como se espera (a pesar del malsano impacto negativo que la piratería está teniendo al circular por internet varias copias en versión original de alta calidad, un inesperado enemigo casi tan dañino como la red terrorista Al Qaeda que, según aseguran las autoridades, ha recaudado alrededor de noventa y tres millones de euros en concepto de secuestros), pero desde luego el respetable degustador del buen cine no lo hará, y es que cuando se emplea más los músculos que el cerebro (literalmente, pareciendo las venas de los brazos de los rompehuesos lombrices de metros de longitud( nada intelectualmente bueno puede esperarse, pero que hasta el sentido del espectáculo se confunda con licencias irrespetuosamente desvirtuadas para ponerse en evidencia es sarcásticamente surrealista.

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La mitológica (c
ómo denominar sino un largometraje en el que aparecen más leyendas que en una antología de relatos de terror urbano) industria (es evidente que las tres partes, y las que de buen seguro seguirán, están destinadas a generar ingresos económicos más que a rendirse culto a quienes aceptan formar parte de un equipo consignado a reírse de uno mismo y de los demás) de Los mercenarios ha decaído, y mucho, apreciándose una desgana global considerable a la hora de realizarla tanto interpretativa como narrativamente, percibiéndose bastante lenta e incluso aburrida; demasiados diálogos que no llevan a ninguna parte y numerosas situaciones que están fuera de lugar hacen que el metraje no pueda ser catalogado de memorable en ningún caso, mas si la mayoría de las aportaciones son poco menos que anecdóticas y la ansiada acción se concentra en el último cuarto (a lo que cabría añadir la poca sangre que se ve, antaño productora de ríos y ahora escatimada como si de un bien preciado se tratase) la sensación de desasosiego se apoderará del público mínimamente exigente, y es que, entrelazando las sensaciones que suscita la cinta con el título más que notable de los hermanos Coen, el país recreado no es ni para viejos (sólo hubiera el dúo formado por Bud Spencer y Terrence Hill, siendo más nacionales, el compuesto por Andrés Pajares y Fernando Esteso, para redondear el asunto) ni para jóvenes (la superficialidad con la que son tratados no merece tan siquiera mencionarse), recomendable exclusivamente a quienes no le importen los tópicos y defectos en abundancia con la excusa de comprobar cómo varios mitos cinéfilos de los noventa han perdido su carisma y adulterado con pésimos añadidos farmacológicos.


Daniel Espinosa




 
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