Impávido 22-08-2017 22:38 (UTC)
   
 

Impávido
(Carlos Therón, 2012)


Impávido




Ficha técnica


Título original:
Impávido
Año:
2012
Nacionalidad:
España
Duración:
95 min.
Género:
Acción, Comedia
Director:
Carlos Therón
Guión:
Carlos Therón y Alfonso Aranda
Reparto:
Julián Villagrán, Marta Torné, Nacho Vidal, Víctor Clavijo, Selu Nieto, José García, Pepón Nieto, Pablo Penedo y Manolo Solo


Sinopsis


Ray es un ladrón de coches, jugador empedernido, juerguista y hombre de vida desordenada cuyo ambiente son los bajos fondos, en los que se mueve como pez en el agua, pero está a punto de meterse en un buen lío, nada más y nada menos que en los asuntos de un peligroso mafioso, Mikima, que le va a poner las cosas muy difíciles y no parará hasta ajustar cuentas con él. Rai ha perdido una apuesta con Mikima y para colmo ha perdido todo su dinero al estrellar un coche con el que pretendía escapar.



Crítica


Impávido
supone la enésima pérdida de tiempo de intentar hallar en un producto español englobado dentro del género cómico un ápice de cordura cuanto menos divertida (las ocurrencias fáciles se suceden sin respeto ni sentido alguno), a pesar de que el director de la misma, Carlos Therón, consiguió tal quimera (al menos parcialmente, obviando la multitud de lindezas sobrantes con las que orgullosamente contaba y la supuesta aparición estelar del en antaño apreciado y actualmente mofante David Hasselhoff) con la medianamente aceptable Fuga de cerebros 2; bajo el título en cuestión se encuentra la definición dada por la Real Academia Española, poco aplicable a la ocasión, de “serenidad ante el peligro” (ningún concepto podría distar más de éste), por lo que la distribuidora ha decidido constreñir dicho término como “el mejor homenaje a Snatch, cerdos y diamantes y Airbag, además de la película del año” (poco menos que burlesca si hay que considerarla como seria) e incluso el equipo de la película, en un tono mucho más discernido y clarificador, explica que se trata de un pasatiempo en el cual “jugamos cuatro al mus francés de forma individual y una tipa se mete debajo de la mesa y se la chupa a uno de los cuatro... al azar, si alguien se da cuenta de a quién se la están chupando... fin de la partida, se lleva toda la pasta y todos tan amigos”, diversión que solamente se plasma en el tramo final del filme, por lo que se desaprovecha por completo dicha premisa pudiendo haber sido una de las mayores (sino la única ) baza positiva del mismo y al menos dotarlo de algo de originalidad dentro de la desagradable intríngulis que implica en englomerado expuesto.
Impávido   Impávido
“Puedes estar en la cola equivocada durante horas, puedes confundir el nombre de tu pareja en pleno orgasmo, puedes tirarte de cabeza a la piscina de los niños, pero si te das una hostia con un coche robado hasta arriba de pasta que le traes al mayor hijo de puta de la historia del hombre entonces la has cagado por todo lo alto”, éstas son las reveladoras palabras con las que da inicio la cinta resultando ser realmente una escena perteneciente al desenlace (incluso éste recurso tan empleado en el cine contemporáneo se realiza de forma errónea) provenientes de la voz en off del protagonista, Rai (Julián Villagrán, bastante más divertido que en la indiferente Extraterrestre), un temerario y vividor ladrón de coches cuya envidiable habilidad reside en la capacidad de forzar cerraduras en cuestión de milésimas de segundo; tras ser descubierto en pleno robo, Rai se ve inmerso en la cruel realidad que supone la cárcel, merecido castigo del cual consigue reponerse gracias a Manrique (Pepo Oliva, magistral en cada una de sus intervenciones), un respetable preso que promete brindarle un trabajo de ensueño una vez cumplido el largo tiempo de condena impuesto.
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Cuando ambos ven la luz del sol finalmente, comienzan a elaborar sofisticados aunque de sencillo desarrollo planes, todos ellos enfocados al robo y posterior modificación de coches para venderlos a clientes adinerados; sin embargo el pasado siempre regresa para solucionar (o complicar todavía más) viejos percales, y las deudas contraídas con sus antiguos socios, Tena (Manolo Solo, extraordinario además de guardar un parecido más que razonable con la estrella neoyorquina Gary Oldman) y Mikima (Nacho Vidal, el cual demuestra por qué en sus obras goza de pocos diálogos), pronto le someterán a grandes tensiones viéndose involucradas la viciosa Nora (Marta Torné, funesta y tendenciosa como de costumbre) y Dani (Carolina Bona, elegante aunque desmesurada en su actuación), la antigua pareja de Rai que verá comprometido su futuro laboral en aras de no ayudarlo sino salvarlo.
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Con la fallida pretensión de narrar una historia con varios niveles de lectura en la que además de darse una trepidante aventura se ofreciera al espectador una reflexión sobre la madurez a través de una pequeña radiografía del cerebro de un joven moderno, la irónica revisión de los clichés del cine negro prometida apenas se atisba, y la reivindicación de los personajes femeninos fuertes y activos se convierte en una nefasta fábula moral que lejos de ensalzar dicho aspecto lo entierra de forma irreversible; con la maniática obsesión de argumentar que la suerte no existe y la desesperación es el único sentimiento al que apelar cuando las circunstancias lo permitan, Carlos Therón se estanca en una trama tan poco prometedora como aprovechable, que más allá de ofrecer unas apasionantes secuencias de acción (de hecho únicamente tres a lo largo de los más de noventa minutos de duración), no aporta absolutamente nada más (salvo irrelevantes náuseas gracias a las colaboraciones de un irritante Pepón Nieto y un masacrado Selu Nieto), así penosamente es.
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Es una lástima aunque irremediable no poder verter el más mínimo adjetivo positivo ante tal propuesta, pero realmente queda tan en entredicho absolutamente todo lo recogido en la trama que las más que correctas actuaciones de la mayor parte del reparto apenas se hacen visibles y valorables, así como una dirección impecable desde el punto de vista técnico, ofreciendo grandes momentos de acción pero otros tantos de verdadera vergüenza ajena; es de menester respetar, aunque no se compa, el sentido que para el director tiene dicha producción, el cual se resume en las declaraciones del mismo que versan “no hay mayor placer que proporcionar placer, no creo que haya nada más gratificante que el público respondiendo a tu trabajo en forma de sonora carcajada mientras no estés haciendo un profundo drama histórico”, sabias y compartibles palabras que sin embargo se pueden considerar ausentes en Impávido, pues la montaña rusa que intenta dibujar con trazos de comedia no resulta en absoluto entretenida y mucho menos sorprendente, aunque la cohesión del argumento podría considerarse aceptable y de los pocos aspectos salvables entre el mayúsculo bochorno del conjunto.


Daniel Espinosa




 
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