Hooked up 18-08-2017 03:14 (UTC)
   
 

Hooked up
(Pablo Larcuen, 2013)


Hooked up




Ficha técnica


Título original:
Hooked up
Año:
2013
Nacionalidad:
España
Duración:
79 min.
Género:
Suspense, Terror
Director:
Pablo Larcuen
Guión:
Eduard Sola y Daniel Fernández
Reparto:
Stephen Ohl, Jonah Ehrenreich y Natascha Wiese


Sinopsis


Tonio y Peter, dos jóvenes estadounidenses, viajan a Barcelona en busca de fiesta y, sobre todo, mujeres; durante la primera noche de juerga conocen a unas chicas con las que se van a una casa en la que las cosas darán un vuelco dram
ática y sanguinariamente inesperado...


Crítica


“La primera película rodada íntegramente con iphone” versa entre exclamaciones el eslogan promocional de la que supone la ópera prima de Pablo Larcuen, genuinidad que debió cautivar a Jaume Collet-Serra para posicionarse como presentador de la misma, es decir, una especie de apadrinamiento (así como pequeña aportación dineraria extra al constar también como productor) que sirve para llamar la atención del público al leer el nombre de tan laureado cineasta en un cartel de corte puramente independiente en sintonía con la sumamente económica índole de la propuesta en cuestión, Hooked up, cuyo título significa “conectado” en sintomática correspondencia al dispositivo con el que es filmada; que la tecnología ha evolucionado en los últimos tiempos a pasos agigantados hasta no desmerecer lo más mínimos los aparatos adquiribles por parte de cualquier ciudadano a costosas maquinarias de la cinematografía clásica es una evidencia ya deducible desde hace mucho, pero que con un simple dispositivo telefónico se pueda conseguir algo tan espectacular como lo que se recoge en el presente largometraje era inimaginable hasta comprobarlo personalmente, pues por más que se diga y asegure que así es la única manera de saber si es verídico es teniendo la oportunidad de visionar el producto por uno mismo y, gracias a su incorporación en la programación del decepcionante Sitges Film Festival 2013 (nada menos que en la sección oficial a competición), muchos lo han podido hacer suponiendo uno de los pocos aciertos de tan progresivamente decadente certamen.
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Anímicamente afectado por la reciente ruptura unilateral con su pareja (la decisión la tomó ella tras sorprenderle besándose con otra chica en una festejo), el cometido Peter (Stephen Ohl, en momentos de exigencia alta cae una y otra vez en el error de gesticular en demasía tornándose prácticamente cómica su labor) se une al que promete ser un viaje apoteósicamente libertino junto a su descerebrado mejor amigo Tonio (Jonah Ehrenreich, notable a lo largo de toda la trama), quien logra convencer a su deprimido camarada asegurándole con total convencimiento una experiencia como nunca antes tan siquiera hubiera imaginado en la que el desenfreno se apoderará de ellos proporcionándoles placer a raudales; el destino que han creído como propicio para conseguir consumar su suculento propósito no es otro que Barcelona, una ciudad (según ellos mismos citan conversando entre ellos) en la que abundan chicas bellas a la par que promiscuas (al parecer numerosos estudios demuestran que el origen patrio es sinónimo de ambas características) y alcohol tan abundante como barato (no es ni mucho la primera vez que los turistas comentan esto al venderse en su país mucho más caro), amén de un sinfín de locales en los que la fiesta se prolonga hasta el amanecer (por lo visto cuanto más oscuro y sucio sea mejor es la sensación que causa), propicia combinación que no dudarán en tratar de exprimir ya en la primera salida nocturna que efectúan un considerándola de tanteo para conocer el ambiente de la urbe catalana.

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En su búsqueda de emociones fuertes se topan con una explosiva joven que les encandila instantáneamente hasta el punto de seguirla sin tan siquiera preguntarle su nombre ni el por qué de tanta predisposición a la deshabitada casa de sus abuelos, edifico en el que quedarán atrapados tras sufrir el integrante más cuerdo de ellos un fatídico (y sangriento) incidente con la enigmática anfitriona (la nula explicación del motivo por el cual tiene lugar una mordedura en las partes nobles del chico deja en evidencia las carencias narrativas de la cinta), encontrándose encerrados en el mismo sin poder salir ni por puertas ni por ventanas (la cantidad de unas y otras es descomunalmente descabellada, como lo es también el hecho que de un instante a otro se hayan reforzado sus respectivos sistemas encerradores mediante la añadidura de candados y alambres de espino); investigando el emplazamiento averiguan (a través de recortes de periódico colgados en la pared de una de las habitaciones y gracias a la inestimable traducción de la bilingüe conquista del otro extranjero en discordia) que la seductora muchacha que les ha llevado hasta allí para situarlos en tan preocupante situación falleció abrasada varios años atrás al sufrir mortales quemaduras como resultado de un fatal incendio, lo cual no hace sino agravar todavía más un percal de dimensiones gigantescas que rápidamente origina la aparición de sospechas y desconfianzas entre los hasta entonces hermanos no carnales, mas cuando el propulsor de la aventura le confiese a su reacio compañero que él fue quien maquinó todo para que su antigua novia le cazara en plena infidelidad (lo fundamenta en que lo hizo para abrirle los ojos al haber hecho lo ella propio con anterioridad aunque para nada lo crea el afectado al pensar que lo que realmente pretende es salir con ella) la locura se adueñará de ambos deparándoles el destino idéntica suerte aunque con diferente, prácticamente contrapuesta, ejecución.

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Uno de los grandes problemas que tiene el cine patrio es que no sabe promocionar bien sus producciones, ya sea por desidia, falta de medios o cualquier otra excusa más o menos creíble, y es precisamente por ello que muchas de ellas están abocadas a una invisibilidad más o menos pronunciada aunque tampoco haga falta tanto poder adquisitivo para conseguir la curiosidad de los espectadores como bien demuestra el autor con ésta pieza, reconociendo el mismo responsable la capacidad del medio de captura del que se ha valido de traducirse en un gancho comercial, siendo ante todo una herramienta barata que le permitió sacar adelante la propuesta con un presupuesto muy contenido (exactamente catorce mil míseros euros idealmente empleados en el montaje de la misma en un alarde de inteligencia adaptativa); a pesar de las innumerables dificultades que haya tenido para llevar a cabo tan seductor trabajo y los impedimentos técnicos con los que se haya encontrado a medida que lo confeccionaba, lo cierto es que el malsano y claustrofóbico terror que en la pantalla se plasma difícilmente se encuentra al dibujarse un opresivo infierno minimalista del que el respetable es partícipe en todo momento al magnífico aprovechamiento de cuantas posibilidades se presentan, siendo por ende una pequeña obra de arte en cuanto a provechosa (y sumamente admirable) inventiva se refiere, ya que incluso la calidad audiovisual, uno de los aspectos que más podían preocupar a propios y extraños, luce realmente bien salvo en compases de un frenetismo tal que es difícil observar con aceptable claridad la acción.

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Amén de patentar un nuevo subgénero en el tan dilatado ámbito del material preexistente (no se trataría de cámara sino de móvil en mano), Pablo Larcuen ha logrado diseñar un producto que funciona a las mil maravillas si se obvia por completo la racionalidad explicativa y el asumible razonamiento de la misma, siendo este apartado lastimosamente primitivo e incluso inservible (el evidente tránsito de Hostel a Saw pasando por [Rec] entretiene enormemente pero el componente sentimental, abarcando éste gran parte de las escenas que acontecen a partir del ecuador del metraje, entorpece no tanto la sencilla lectura presentada como la sostenibilidad del mismo); el conteniendo de Hooked up alberga en cualquier caso inolvidables momentos que crearán escuela y muy posiblemente darán origen a una revisión americana a juzgar por la evidente viabilidad comercial de una historia tan gratificante como reivindicativa, pues que nadie se olvide de que se trata de una película urdida (tanto direccionalmente en solitario como argumentalmente junto a Edu Sola) por un joven talento dado a conocer a raíz de participar con su práctica de tercer curso en la ESCAC (Mi amigo invisible) en el prestigioso Festival de Sundance 2009 y alzarse hace apenas un año con el premio a la mejor obra de la Sección Oficial Fantàstic del Sitges Film Festival 2012 gracias a su trabajo de graduación (Elefante), hazañas que no hacen sino contradecir las palabras de cierto político que declaró hace bien poco que la subvención estatal (nunca una parte fija sino variable) destinada al séptimo arte es más que suficiente y lo que no es solvente es la calidad de los autores que realizan las producciones que con dicha (escasa) ayuda económica.



Daniel Espinosa




 
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