Golpe de efecto 16-08-2017 21:51 (UTC)
   
 

Golpe de efecto
(Robert Lorenz, 2012)


Golpe de efecto




Ficha técnica


Título original:
Trouble with the curve
Año:
2012
Nacionalidad:
EEUU
Duración:
111 min.
Género:
Drama, Suspense
Director:
Robert Lorenz
Guión:
Randy Brown
Reparto:
Clint Eastwood, Amy Adams, Justin Timberlake, John Goodman, Matthew Lillard, Robert Patrick, Scott Eastwood, Matt Bush, Bob Gunton, Ed Lauter, Chelcie Ross, Patricia French y Rus Blackwell


Sinopsis


Gus Lobel ha sido uno de los mejores cazatalentos de béisbol durante décadas pero, a pesar de sus esfuerzos por esconderlo, su edad empieza a pasarle factura, empeñ
ándose, no obstante, en no limitarse a quedarse en el banquillo en el que podría ser su último trabajo.


Crítica


El regreso del afamado cineasta Clint Eastwood a la interpretación tras su trabajo en Gran Torino, a pesar de asegurar después de ver la luz la misma que no volvería a aparecer como intérprete en ninguna película continuando únicamente con su trayectoria como director (de hecho es la primera producción en la que interpreta el papel protagonista sin ocuparse también de la dirección desde su actuación hace ya prácticamente veinte años en En la línea de fuego), es tan celebrada como acertada, pues su membrecía en su juventud del club deportivo Atlanta Braves sirve para dotar de todavía más credibilidad si cabe a una cinta que pese a rodarse en escasamente siete meses alcanza un nivel excelente en todos sus apartados; la tentación de adjetivar Golpe de efecto como una especie de respuesta analógica a Moneyball es irremediable, pero ésta desaparece rápidamente cuando se inicia el visionado del inmejorable debut direccional de Robert Lorenz (habitual productor y asistente de dirección del citado actor estadounidense), pues el mismo encamina la trama hacia una vertiente mucho más familiar (y dram
ática) que deportiva suponiendo una clara declaración de principios al centrar la historia principal en un cazatalentos de jugadores de béisbol que todavía se rige por técnicas ancestrales, es decir, el desfasado dinosaurio de la profesión al que los porcentajes y algoritmos informáticos pueden situar en un plano tan subjetivo como reemplazable.
Golpe de efecto  Golpe de efecto
Un descubridor de talentos especializado en béisbol (Clint Eastwood, pletórico en cada una de sus abundantes apariciones) de edad avanzada cuyo nombre responde al de Gus Lobel afronta sus decadencias fisiológicas tratando de ocultarlas tras su dedicación profesional, pero su vida se desmorona cuando descubre que padece una enfermedad de la vista que le condenará irremediablemente a perderla por completo, hecho que conlleva especial relevancia al tratarse del sentido más indispensable para su trabajo; antes de que el fatídico suceso ocurra decide realizar un último viaje, que será al mismo tiempo de trabajo (la búsqueda de un prometedor jugador llamado a convertirse en inminente ídolo) y de encuentro consigo mismo y con la gente que le rodea, con los que nunca se ha implicado por el arraigado temor a errar de nuevo.

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Su hija Mickey (Amy Adams, de aspecto tan elevado como la calidad que desprende su labor), absorbida por su trabajo y erguida sobre un infierno emocional fruto de la difícil relación con su padre tras la temprana muerte de la figura materna, decide abandonar por un tiempo su ajetreado compromiso en la abogacía para acompañarlo en este trayecto hacia Atlanta, convirtiéndose en una iluminadora para el experto deportivo; bajo la presión de los supervisores de Gus, Pete (John Goodman, consolidado actor secundario de lujo para el que últimamente las colaboraciones no escasean, destacando entre las más recientes las llevadas a cabo en la incorrecta Red State y la fascinante Argo, trabajos junto con éste en los que ha brindado la posibilidad de disfrutar de nuevo con su don) y Vince (Robert Patrick, al que todavía se le vincula sin reproche alguno a su atemorizante papel de maestro alienígena en la estupenda The Faculty, demostrando en esta ocasión su versatilidad), quienes planean proponerle una jubilación anticipada contra su voluntad y apostar por las novedosas técnicas de Phillip (Matthew Lillard, ridículo como lo fue el personaje que lo hizo medianamente popular en la sobrecogedora Scream), un experto informático cuya obsesión salarial empuja a realizar sus actos sin miramientos, ambos deberán unir fuerzas (y sentidos) para afrontar con éxito la misión que les es encomendada.

Golpe de efecto  Golpe de efecto
El objetivo del desplazamiento es tantear las posibilidades de éxito de un nuevo y joven talento de béisbol localizado en un equipo de la región estadounidense, para lo cual Gus agudizará su oído (substituyendo en gran medida a los ojos, simbolizando la importancia que la experiencia aporta) y contará con la ayuda de un viejo compañero, Johnny (Justin Timberlake, mediocre como ya lo fue en Con derecho roce, encajando mucho mejor en la comedia que en el drama y en cualquier caso que en la música), quien conectará paulatinamente con Mickey hasta aflorar entre ellos una relación estrecha y profunda; a medida que los acontecimientos avancen la laboriosidad crecerá y la confianza desaparecerá, desembocando finalmente en una conclusión tan comercial como poco previsible (que terminalmente el único defecto de la promesa del deporte sean los golpes con efecto y su adversario más temible un repartidor de cacahuetes no acaba de resultar atractivo).

Golpe de efecto  Golpe de efecto
El positivismo del montaje inunda la pantalla, no cabe la menor duda, pero más allá de arquetipos sobre la aceptación de un legado y la búsqueda de un sitio digno para el pasado en el presente, el principal reclamo del largometraje es indiscutiblemente Clint Eastwood, quien a sus ochentaidós años se muestra más convincente y cercano que nunca (aunque todavía resulte impactante verle derramar lágrimas por motivos totalmente alejados a los que le caracterizaron y cambie la arena del desierto por la de un estadio, a pesar de conservar el rostro de tipo duro y un perenne puro en su boca en las prácticamente dos horas de duración del filme); el sustancial objetivo de recoger una fórmula de reconciliación familiar y autodescubrimiento en los demás se ve complementada por un perfecta dosis de personalidad genérica que lejos de asemejarse a los tópicos aborreciblemente indistinguibles logra una genuinidad de dimensiones tan grandes como lo es el ya mencionado atrayente retorno de una estrella cuya inmortalidad se hace evidente con el paso del tiempo (físicamente la notabilidad vejez hace acto de presencia, pero ello no hace sino demostrar la naturalidad con la que se recibe el incesante sumatorio anual que suponen los cumpleaños) consagrando su desconocida emotividad y la facilidad con la que la logra transmitir.



Daniel Espinosa




 
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