Escape from tomorrow 17-12-2017 10:11 (UTC)
   
 

Escape from tomorrow
(Randy Moore, 2012)


Escape from tomorrow




Ficha técnica


Título original:
Escape from tomorrow
Año:
2012
Nacionalidad:
EEUU
Duración:
88 min.
Género:
Fantástico, Suspense
Director:
Randy Moore
Guión:
Randy Moore
Reparto:
Roy Abramsohn, Elena Schuber, Jack Dalton, Katelynn Rodríguez, Danielle Safady, Annet Mahendru, Lee Armstrong, Kimberly Jindra, Trey Loney, Amy Lucas, Alison Lees y Anthony Oporta


Sinopsis


Un viaje posmoderno y surrealista en las entrañas de la familia del entretenimiento, una batalla épica que comienza cuando un padre desempleado de mediana edad pierde su cordura durante un encuentro con dos chicas adolescentes en el parque de atracciones más famoso.



Crítica


Disneyworld
es sinónimo de magia, de alegría e ilusión para los más pequeños de la casa, un universo de príncipes y princesas, de reinos encantados, unicornios, malvadas brujas y moralinas recalcitrantes, y es que durante prácticamente cien años la poderosa industria creadora de tan popular infraestructura (toda ella plasmada para la ocasión en una tercera persona que más bien es primera al permanecer la cámara en todo momento a apenas unos centímetros de la acción, facilitando la inmersión en la historia e incluso antojándose como una especie de simulador a la altura del más realista simulador) ha logrado edificar una sólida imagen de marca que evoca la inocencia, la candidez, la bondad y la blancura y, desde luego, una película como Escape from tomorrow no entra de modo alguno dentro de los planes de tan poderosa compañía, siendo así hasta tal punto que augurar que si a alguien se le ocurriera descongelar antes de tiempo a su creador seguramente le daría un síncope al conocer la existencia del filme hasta el punto de desear no haber abandonado nunca la forma gélida no es atrevido sino obvio; es tan evidente que la propuesta se percibe como un ataque directo a la famosa entidad que incluso durante la rueda de prensa posterior a la presentación de la misma en el Festival de Sundance 2013, uno de los pocos certámenes en la que ha sido proyectada tan imperdible propuesta, surgieron las primeras voces que aseguraban la respuesta inmediata de ésta en forma de querella ante los tribunales apuntando que por allí corría un representante que impediría que se diera a conocer en ningún lugar porque iba a hacer todo lo posible para ello, algo que, como era de esperar, despertó más interés si cabe entre aquellos conocedores del producto en cuestión, estéticamente logrado disfrutable, siendo todo un acierto que en el Sitges Film Festival 2013 se le concediera el Premio a la Mejor Película dentro de la Sección Noves Visions Emergents.
Escape from tomorrow  Escape from tomorrow
El origen de toda la polémica se encuentra primordialmente en dos razones, la primera de ellas que el metraje fue íntegramente rodado en el interior de las instalaciones del parque temático sin consentimiento de la compañía (por lo visto el equipo técnico y el artístico entraron como simples turistas y filmaron sin previo aviso y, comprobado el resultado, lo cierto es que la estrategia seguida no deja de tener un descomunal mérito y extenuante para lograr que ninguno de los operarios se diera cuenta de lo que estaba sucediendo a su alrededor) y la segunda, quizás la más sangrante, reside en el hecho de que el largometraje del debutante Randy Moore retrata el popular emplazamiento como una especie de circo del horror bajo cuya carpa tiene lugar una opresión surrealista de tintes kafkianos; obviamente los capitostes de Disney no están felices con la propuesta, pero por otro lado ese lado oscuro y maligno que se saca a flote la añade una gran dosis de morbo, convirtiéndose en el principal reclamo de la controvertida ópera prima del autor y, sea como fuere, a día de hoy no ha mediado querella alguna contra el mismo, probablemente porque no querrán darle a la película más publicidad de la necesaria, pues si se llevara a cabo por la razón que fuera recibiría una atención mediática con la que de otra manera tan siquiera puede soñar el responsable y eso es precisamente lo que se pretende evitar a pesar de que el daño ya está hecho, pues la difusión del trabajo no ha tardado en fructificar de manera masiva habiendo sido premeditado, de buen seguro, desde que se urdió, y es que la directa alusión a la desvinculación más absoluta (“la película es una obra de ficción y ni Walt Disney Company, ni Siemens Corporation ni ninguna de sus subsidiarias, afiliados afiliadas, afines, oficiales, empleados, contratistas o agentes tienen ninguna participación en la producción” es como versa el primer texto) de una problemática que de antemano se conocía iba a originarse (de hecho sin él las limitaciones de difusión del producto serían mucho mayores de las que ya son debido al nulo atractivo de la trama en sí misma), muestra modestia e inocencia de intenciones tan falsa (de qué otra manera podría catalogarse el hecho de anunciar las palabras anteriormente recogidas y posteriormente sucederse los créditos iniciales con la tipografía de letra característica de la compañía afectada en cuestión) por parte del director en aras de, con evidentes pretensiones, tratar de ocupar un lugar en el siempre sugerente cine de culto de una forma tan válida como mezquina distorsionando la imagen de tan visitado e ilusionante emplazamiento, consiguiendo con creces su propósito al presentar un metraje sumamente singular, por lo que los medios puede (por no afirmarlo rotundamente) que no sean los correctos pero el resultado es el deseado y por ende la maniobra podría considerarse reprochablemente inmoral pero infinitamente impecable.

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Jim White (Roy Abramsohn, inmensamente convincente) es un pobre desgraciado que recibe una llamada telefónica minutos antes de disponerse a disfrutar de la última jornada de las apasionantes vacaciones de las que está gozando junto a su esposa Emly (Elena Schuber, algo apática pero igualmente correcta) y sus dos hijos, Elliot y Sara (Jack Dalton y Katelynn Rodríguez, de apenas seis años cada uno de ellos ambos aparentan más edad de la que tienen tanto gestual como interpretativamente), en la que le comunican que está despedido, por lo que la infantiloide emoción que hasta entonces presentaba se transforma en agónico desespero y éste, cuando empieza a observar los síntomas de una gripe felina (así es denominada a partir del ecuador de la historia, pudiéndose combatir fácilmente con la paulatina ingesta de vitamina ce según sostienen los entendidos en el percal) que cualquier visitante es susceptible de contraer sin tan siquiera darse cuenta contrayendo graves consecuencias para su salud, en inquietante paranoia; así, con la desconfianza a flor de piel, percibe todos los elementos que le rodean en el parque de atracciones floridense como horribles peligros a excepción de dos preadolescentes parisinas (la nacionalidad francesa la clarifican las escuetas conversaciones que mantienen con el frustrado desempleado) a las que les encanta tararear una misteriosa melodía (cual canto de sirena será la que anuncie la inminente aparición en pantalla de las mismas) con las que casualmente coincide en el tren que transporta a los clientes de un lugar a otro de tan gigantesco escenario, el cual representará su desmoronamiento vital al obsesionarse de forma enfermiza con ellas, viéndose impulsado por fuerzas invisibles a seguir a las desconocidas féminas a todas horas.

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La desestructuración del clásico clan de cuatro integrantes irá incrementando exponencialmente a medida que las alucinaciones se sucedan, siendo las interminables colas que se forman ideales para hacer enloquecer a cualquiera, una eternidad de espera que posibilita (e incluso incita a ello) la confección de innumerables hipótesis existenciales e irracionalidades varias, mas cuando la fantasía de torne realidad (lo cual no tiene por qué ser agradable) todo cobrará tintes pesadillescos, pues todo lo que acontece se debe a un maquiavélico plan urdido por parte de los altos cargos de una corporación robótica que pretende aprovecharse de la imaginación de las personas no para maximizar la rentabilidad de sus servicios sino para satisfacer los aspiraciones de ciertos residentes creídos felices pero tremendamente ávidos de ser apreciados en el período de transición que aseguran están padeciendo; de este modo el protagonista vivirá un viaje posmoderno y surrealista en las entrañas del entretenimiento en la que la cordura no tiene espacio de maniobra y los más variados desvaríos (entre muchos y por orden cronológico se podrían citar pavos que en realidad son emús, collares que resultan ser reliquias de ocultismo, encuentros sexuales tan precipitados como sufridos, competiciones de aguante de respiración bajo el agua que son confundidas con intentos de suicidio, míticas esferas que son comparadas con gigantes testículos, princesas propias de cuentos de hadas que practican la prostitución y fuegos artificiales de clausura que se traducen en el preludio de una tragedia) se suceden.

Escape from tomorrow  Escape from tomorrow
Es evidente que la polémica es un poderoso aliciente y en esta producción abunda en cuantía, y es que aunque de haber sido desarrollada en otro emplazamiento posiblemente hubiese tenido la misma buena acogida de la que ha gozado la manipulación de dicho escenario (al fin y al cabo la realidad es ésta y hay que ceñirse a lo que se muestra y no a alternativas, en cualquier caso basadas en suposiciones, desbravadoras de méritos) que se da, recurriendo a la acidez cuando debiera plasmarse la consagrada alegría, es tan sorprendente como inquietante, turbación a la que contribuye enormemente el formato colorista con el que es presentada, siendo el blanco y el negro los dos únicos tonos que se observan durante toda la trama, lo cual no distorsiona el parecer que se trata de suscitar sino que contribuye a la consumación del mismo, una hipnótica mezcla de obsesiones y divagaciones que mantienen al espectador absolutamente atento de cada acontecimiento que sucede (algunos verdaderamente ocurrentes y otros representantes de la mayor rareza que uno pueda conjeturar); así, Escape from tomorrow no puede dejar de ser recomendada hasta la saciedad no solamente por traducirse en una producción indiscutiblemente original sino por contener una serie de ideologías muy alabables centradas en una curiosa revolución de la mentalidad humana sumamente psicológica, y es que más allá de la extravagante puesta en escena (el autor no busca la espectacularidad sino la contundencia visual) y la simple aunque intensa aventura que protagoniza el cabeza de la familia que visita tan lúdico lugar (no cuesta lo más mínimo conectar con dicho personaje al presentarse muy cercano e incluso reconocible) se encuentra una profundidad tal que más de uno se replanteará su existencia, amén de mostrarse reacio de visitar el vendido desde siempre como edén de la diversión, un pletórico ejercicio de viveza extrema (con falso intermedio incluido) desconcertante a la par que absorbente que encuentra el mejor ejemplo del maravilloso lucimiento de los efectos visuales (así como especiales) de los que hace gala durante algo menos de noventa minutos en su escatológico y vello (que no bello) desenlace, siendo una cinta excepcional de principio a fin.



Daniel Espinosa




 
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