El ladrón de palabras 24-08-2017 00:58 (UTC)
   
 

El ladrón de palabras
(Brian Klugman y Lee Sternthal, 2012)


El ladrón de palabras




Ficha técnica


Título original:
The Words
Año:
2012
Nacionalidad:
EEUU
Duración:
96 min.
Género:
Drama, Suspense
Director:
Brian Klugman y Lee Sternthal
Guión:
Brian Klugman y Lee Sternthal
Reparto:
Bradley Cooper, Zoe Saldana, Olivia Wilde, Jeremy Irons, Dennis Quaid, J.K.Simmons, Zeljko Ivanek, Nora Arnezeder, Michael McKean, Ron Rifkin, Gianpaolo Venuta, Liz Stauber y James Babson


Sinopsis


Rory Jansen es un joven escritor que se convierte inesperadamente en uno de los mayores referentes de la literatura contemporánea tras su última publicación; de la noche a la mañana, Rory se convierte en el centro de todas las miradas, situándose en la cumbre más alta del éxito, sin embargo, su idílica vida se ve alterada cuando un misterioso anciano aparece reclamando los derechos de autor de la historia...



Crítica


Con el envidiable honor de haber supuesto el título que clausurara el Festival de Sundance 2012 (certamen en el que la cinta fue presentada por primera vez al público), El ladrón de palabras supone el soñado debut direccional de los artistas Brian Klugman y Lee Sternthal (encargados de la ficción de la horrenda Tron Legacy), quienes en menos de un mes de rodaje (éste avanzaba rápidamente gracias al sensacional reparto, el cual captó la esencia de los distintos personajes inmediatamente) han logrado conformar un excelente producto en el que el suscitado margen de improvisación y espontaneidad resulta tan enorme como liberalmente satisfactorio; con un guión iniciado doce años atrás y un proyecto desarrollado a lo largo de dicha extensión temporal, los directores y guionistas asumieron la intención de explorar el mundo del artista literario para de este modo plasmar las fases creativas del novelista, un ámbito que se diferencia notablemente del cinematográfico (el escritor solamente trabaja con palabras y lo único que necesita es un papel y un lápiz) y que se recoge de excelente forma en la pantalla mediante una historia que se sitúa en el interior de otra, logrando hacer reflexionar al espectador sobre el precio del poder y la fama mientras se van elaborando distintos relatos atemporales interconectados a lo largo del absorbente desarrollo provocador de la más sentida opresión.

El ladrón de palabras  El ladrón de palabras
Narrada en tercera (y a su vez en primera) persona por Clay (Dennis Quaid, transmisor y sumamente trascendente), un exitoso escritor de enigmático origen que derrocha sinceridad ante sus admiradores y en especial ante la sensual Danielle (Olivia Wilde, pecaminosa aunque inentendible sea su personaje), la trama se centra en el sólido matrimonio formado por Rory (Bradley Cooper, inmenso y misteriosamente carismático) y Dora (Zoe Saldana, bella y tierna), quienes subsisten merced a las pequeñas aportaciones dinerarias del primero (algunas de ellas facilitadas por su padre, encarnado vagamente por J.K.Simmons), cuyo sueño es el de poder publicar las obras literarias que ha ido elaborando sin recompensa alguna a lo largo de su vida, motivo por el cual acude a Joseph (Zeljko Ivanek, previsible pero cumplidor), un reputado representante que desestima su labor basándose en la nula trascendencia de la que goza el poco experimentado autor en el panorama novelístico; la casualidad (o tal vez la causalidad) brota cuando la pareja adquiere un empolvado y descolorido maletín, en el interior del cual Rory encuentra una obra que capta su esencia más interna, la cristalización más fiel e íntima de los sentimientos que siempre ha albergado y nunca ha sabido expresar sobre el blanco y mudo papel.

El ladrón de palabras  El ladrón de palabras
Consciente del valor del relato hallado aunque conocedor de la problemática que puede acontecer al hacer suyo un texto ajeno, el joven escritor decide apropiarse indebidamente del mismo y transcribirlo íntegramente, significando una obra que se convierte inesperadamente en uno de los mayores referentes de la literatura contemporánea suponiendo un referente internacional al ser admirada por la narrativa innovadora y el asombroso y original estilo de los que hace gala, resultando ser un acontecimiento literario de carácter mundial que atrae rápidamente la atención de toda una generación, la admiración de la crítica y la repentina riqueza de su presumible autor; de la noche a la mañana, Rory se convierte en el centro de todas las miradas que alaban su asombroso trabajo y envidian su cuantiosa fortuna y su impactante talento, por lo que el éxito inunda cualquier ámbito de su compartida vida.

El ladrón de palabras  El ladrón de palabras
Sin embargo, el pasado siempre regresa para reclamar lo que le pertenece, y la aparición de un misterioso anciano (Jeremy Irons, inconmensurable y abrumador; Ben Barnes en la época bélica, fascinante
) reclamando los derechos de autor asegurando ser él quien escribió la historia desbarata por completo su idílica existencia, tan inmerecida como aprovechada; el hombre habla de sus preciosos aunque dramáticos recuerdos de su estancia en París, donde se encontraba destinado tras la Segunda Guerra Mundial y donde conoció al gran amor de su vida, Celia (Nora Arnezeder, plenamente cautivadora), con la que compartió amorío y desgracias; Rory tendrá que hacer frente al precio del robo cometido (más allá de la novela éste supone el desfalco de la vida de una persona) y enfrentarse a una serie de conflictos personales que cuestionarán su creatividad y su irrefrenable ambición, dándose cuenta de que aquellas acciones impulsadas por los intereses egoístas que le brindaron felicidad y notoriedad tal vez no le pertenecen.
El ladrón de palabras  El ladrón de palabras
La cinta no reúne los elementos clásicos de un metraje de suspense para simplemente desembocar en una filosófica y absurda moraleja, sino que dicha agrupación se encamina al irremediable deber de avanzar cuando se ha tomado una decisión, ya sea correcta o incorrecta (de hecho tal adjetivación es eternamente subjetiva), asumiendo las consecuencias que ella comporte y los cambios que produzca; más allá de simbolizar la lidia de la condena remordiente, la fuerza de la palabra se muestra (acompañada de una exquisita banda sonora) para brindar tributo a la tan mermada literatura y, al mismo tiempo, ensalzar una metodología tan complaciente como extinta, la fundamentada en la sentimentalidad más sincera y el desarrollo de acontecimientos más inteligente, a pesar de carecer de cierto interés sustancial y ser mayorit
áriamente previsible.


Daniel Espinosa




 
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